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ESTA VOZ DE LO ALTO (TIGRA
DEL VIENTO)
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para
Liliana Herrero
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Una voz.
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Una voz
contra tinieblas.
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Una voz
contra la boca
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en el
ojo monstruoso.
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Una voz
contra muerte,
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contra
vestigios,
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contra
viejas ruindades.
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Una voz
contra sombras de sombras
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de
mentiras y falsificadores,
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contra
cascotes de la sumisión.
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Una voz
contra silencio.
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- Aquí
el murmullo
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nace un
cuerpo que es tribus
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llevándome al manantial del COMIENZO.
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Es que
esta lengua atraviesa ríos:
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Vuela
desde la semilla
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y es
semilla.
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Tatúa
nuestras pieles
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y es la
casa del mundo.
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La voz
padre y madre
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abre las
puertas
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del aire
anarquista, de un agua de ternuras,
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del
fuego y de tu tierra en celo.
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Es que
la lengua atraviesa heridas:
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las
raspa, las lame, las perfora.
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¿Y estos
cántaros corriendo sublevados
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por la
sangre, cerbatana de verdades?
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¿Quién acaricia a esta mujer que llora
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en una
casa a solas
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cuando
todo ha partido
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y me
descrucifican?
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¿Pero
quién el prisionero alerta
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golpeando entre los hierros?
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Por
todas las edades del asco y del amor hube corrido
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hasta
beber en el viento, hasta embeberme en el viento
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los
telares del día.
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¿Y con
qué desesperanza
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levantaré estos sudarios?
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Ah, la
felicidad como una hamaca de lianas
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oscilando en la memoria.
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Tigra
del viento,
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la
música es tu naúfraga y tu reina.
- ©Manuel
Lozano
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Buenos
Aires, julio de 2006
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LA APARIENCIA DEL
PAN
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Se
tiembla siempre, incluso de aquello mismo
que ha
sido hallado.
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Pascal, Discours sur les passions de l´amour
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a Liliana Herrero
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¿Qué
devoción te consagra frente a los piadosos?
Soñé con
El y enardecía su cabeza
desde el
lenguaje inconcebible (sin trampas ni cautivos ni sílabas),
azotado
por la purísima tempestad,
la
inevitable araña del hartazgo
más acá
de nubes, de pinzas y de hierros,
corrompiendo tu precaria pena
hasta
donde llegan los ojos.
Ven en
mí con el decoro atribulado del desertor
que
lleva en sus espaldas la esquiva catedral llena de perras.
¿Qué
llaga admirable gime en el costado de mi imperfección?
Fuiste
arrojado por la boca que ve.
¿Por qué
testimoniabas con desechos de tus padres y hermanos
al
posible, enano morador de esa lujuria?
¿Es que
tal vez había para mí una casa hundida
en el
barro elemental de la pantera y el arce?
¿Nunca
una casa para mí, un velador del infierno?
Allí no,
allí no estaban nunca los hospedados de su insomnio,
adláteres en ascensión a la fiebre, pluma entre las piedras.
¡Pero
qué quieres hacer muerte mía!
Y dije
que hubo un soplo de sol agrietando los designios,
pero
nadie escuchó.
El miedo
-que abstrae y que somete-
subía
por la carne amenazada.
¿Qué
nieve perpleja sobre las rotaciones de esta opulencia futura?
Enmascarado en un terrón de incalculable soledad,
él te
pidió inocentes para la desgracia,
exhibió,
inexpugnable, agujeros de dolor en estos nichos
descendiendo como espuma hacia el lugar en que estás
caído
hacia adentro y a oscuras.
Las
glicinas me recuerdan, me suceden, me envenenan.
¿Y es
éste el viento que desaparece
donde
alguna vez dibujó el amor como el blanco relámpago
sobre
los rizos dorados en la boca litúrgica?
Ladrón,
cuenta los días: resquebrájate.
Pobres
las manos que no encuentran las flores.
Pobre el
marchito que viaja sin cesar entre magnolias.
Ni
siquiera un albergue, ni la gota de lacre
adherida
al mantel de los difuntos.
¿Qué se
somete a la firme transfiguración
del
supliciado por la noche?
¿Hasta
aquí llegó el olor de tu hijo,
la suma
insobornable de las tribus de Thot debajo de la luna?
Era en
cuarto creciente y sobre tu cabeza.
©MANUEL
LOZANO
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(De su
libro "Bizancio Bajo las Aguas")
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RADIANTE EN AGUA UMBRÍA
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Lo más
terrible es que pensamos. ¿No es enloquecedora la soledad
del hombre: único ser pensante en medio de los mundos?
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Pieter van der Meer de Walcheren, Nostalgia
de Dios
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para
Liliana Herrero, voz taumaturga
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Primer
nocturno de Oficio de Tinieblas, pídeme.
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Se oyen
soledades en el jardín desierto
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y araño
y tajeo las puertas
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que un
día abrirán en mí lo inhabitado.
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La
liturgia es despiadada:
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las
catedrales muerden en el linde del planeta
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la
certidumbre de los huesos.
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No
puedes saciarte de contemplar así
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el cruel anfiteatro de revelaciones.
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Como el
ave fénix intrauterino que te comiera
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la piel
hasta el cansancio,
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la piel
hasta el tatuaje,
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eres la
costra final de la melancolía.
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¿Por qué
vagué en el agua negra
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con todo
el humo del pasado
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y la
extremaunción de los verdugos?
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He de
salmodiar un reino de paciencia:
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chimeneas, murallas, pizarrones.
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¿El
éxtasis fue torbellino
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en la
sombra soplada del comienzo?
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Suntuosa, esta soledad
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separa
las aguas con tu musicadora lengua
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para
juntar mi sangre a viva luz del grito.
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Sosías
de los nacimientos falsificados,
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no
caigas en el barro de medusa.
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Guarda
el canto milagreante de la hierba.
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Guárdame
en Shakespeare, en araña-dios, en hervidero.
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El reino
está inclinado:
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se
inclina a la sangre.
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©Manuel
Lozano
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Mato Grosso
do Sul, mayo de 2006
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*(De su
libro "La Rueca Dorada"-Incluido en el "Interludio para un
poeta
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asesinado
en un mundo que se enfría-Suite para música de cámara y tres
voces".)
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