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Casi la tarde
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“Es tan
fácil nacer en sitios que no existen "
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Mario
Benedetti
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El brillo del sol a medias
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Va respirando el ansia del silencio
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Todo es liviano esperando
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Todo el círculo de país pequeño
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Que se queda quieto
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Nadie camina por la calle
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Nadie se sienta a mirar en el parque
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Como si hubiesen escuchado la risa de los árboles
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Allá lejos susurra el canto de la chicharra
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La bienvenida misteriosa y perpetua
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Desligando la tristeza de su fondo
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Qué recoge el misterioso murmullo de los hombres
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Que siempre vuelven
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Al instante pasajero de la memoria
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A la serenidad de la vida
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Entonces, solo hay ecos disimulados:
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Perros que ladran, hojas que se mueven,
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Brisas que esperan inquietas las tardes
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Horas
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He visto mi rostro
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He visto mis ojos
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En el acantilado de reflejos
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Subiendo por las grietas del árbol
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Y mi rostro y mis ojos
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Sin prisa se han ido a la tarde
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Ahí esperan
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Todas las cosas del universo
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El rayo que parte el cielo,
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El niño corriendo en el césped,
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La sombra débil y simple
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En el borde de la calle
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Y el preciso instante en que todos se marchan
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Y el silencio inunda
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A todos los niños y a todos los hombres.
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La luz
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El calor entibia la casa
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Cuando el frío descansa
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Y en la piel entra la vida
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Como en la tierra las húmedas gotas
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Aunque no haya pan
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Y los dientes busquen el polvo seco y el trigo
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Aunque no lleguen temprano las ocupaciones
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Y todas las páginas sean razones
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Que escapen perdidas en el espacio
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Para ver y saber que el árbol
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Es más que un verde grito
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Para ver y saber que el cielo destila
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Tristezas y alegrías
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No hay romance en la oración de las pupilas
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En las añoranzas de la boca
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En el miedo de los parpados abiertos
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Solo hay vida cuando se abren las entrañas
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Y entra a borbotones la luz del sol dormido.
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Medio segundo
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Hay pobladores de hojas
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Para crear abismos
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Seres blancos y sin miradas
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Luces girando…
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Podría ser la caballería del siglo esplendoroso
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Ricardo observando desde su torre el oscuro bosque
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Era bueno visitar su castillo
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Sosteniendo la lanza en vestido ocre
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Y un idioma de metal entre los labios
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Podría ser una cruz entre las costillas
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A Él si llegue a amarlo
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Hasta el fondo y sin miedo
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Un día en aquel monte sostuvo mi cara entre sus manos
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Sospechaba haberlo visto antes
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Pero lo sabíamos y fue suficiente
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Ahora navego
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Busco el paraíso en las indias.
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Cristo
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“Fui
idolatra como el sol y el agua.
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Una religión que solo los hombres ignoran”
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Fernando Pessoa
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Cristo, camina por la hierba
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Posee pies pequeños
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Casi de niño
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No
hay distancias entre nosotros
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Y
estamos así hablando y hablando
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Hasta que amanece
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Hasta que atraviesa la luz herida
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Cristo, si caminaras por la hierba
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Tus
pies serían tan inmensos
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Que
llegarían más allá de la casa de las hormigas
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Todo el azul de su mano cabe en mi universo
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Su
frescura rodea lentamente el espacio hondo de mi cabello
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Y
la redonda barca de mi cabeza
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Cristo
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Entre tú y yo hilan pájaros y duermen abejas.
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Innombrable
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El
alma, las piedras, la sombra…
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Amanecen en la tarde
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Los
sueños dormidos
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Recordando las ventanas de arena
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Los
gritos entre las olas
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Cambiando levemente ante mis ojos
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El
azul por verde
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El
sol verde, la luna verde
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Calladas las nubes son un tiempo de ecos
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La
soledad pequeña dulce transparente
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Soledad de los rincones
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Todas las sombras que conocí entonces
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Se
llamaban de esa manera
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Volaban como algas en las manos
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Allá lejos
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El
ruido rozaba el muelle
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Y
el muelle escuchaba.
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El mar
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Su
voz recorre la orilla
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Inunda el rostro del sol
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Como una ola de hojas
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Los
pescadores bordean la brisa,
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Y
en sus ojos el firmamento
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Se
despliega sobre la arena
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Cansado y hambriento de horas,
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El
muelle aprisiona la tarde
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En
un reflejo sereno y lejano,
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Las
aves se posan graves en las rocas
- Pensativas y
soñadoras…
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