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Impresión No. 2
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Hago versos
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luego: existo.
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Luego:
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amo, sueño, sufro
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trueno y relampagueo
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Vivo tres días en uno;
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y alguien sembró conmigo
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hectáreas de futuro.
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Crezco y salto cuerda con las horas.
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Piedra sonora soy
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atravesando el siglo y la frontera.
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Y que por tanto muero.
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Con las esperanzas puestas
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pero muero.
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En virtud-virtud de lo anterior
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declaro que sin mi
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serían menos ojos
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dándoles vuelta-vuelta a las
estrellas.
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Que cuando me sepulten
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que sea bien parada.
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En consecuencia, pues,
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por tanto, ahora bien:
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puedes darme la mano
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porque existo.
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Contracanto al miedo
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(A mis
primos, que creen
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que hay que
liberarse)
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Como animal huérfano fui a comer el
musgo de la soledad. EL día quebraba sus contornos y al atravesarlos fui
a caer de bruces. Luego me despertó la risotada de los brujos. O fueron
las raíces de la guerra en el país natal. O el llanto prolongado del
destierro.
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Vi otras grandes ciudades. La moda es
cosa seria: óyeme niña bien, bajo tu minifalda imaginé geometrías de
amor. En la sombra reproduje tu cuerpo. Pero qué te importaba si a mí me
duele más el mundo.
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O meditaba: somos la vieja historia
de la esperanza: superpoblada está la oscuridad. Por eso nacen en
descontrol más y más y los niños etcétera, etcétera.
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No encontré la palabra mágica. Pero
sigo creyendo que hay que matar al miedo.
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Pues bien vale la pena ser
equilibrista de la cólera aunque detrás del salto esté la muerte.
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Contracanto a mi cuerpo
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Así soy yo: desde el temblor de la
piel asta la trompa de Eustaquio: incógnito al cuadrado y sin remedio. A
veces mi clavícula sale por el dolor izquierdo y no me importa más
llamarme loco. Tengo muchos pies para el misterio. Bajo el ombligo casi
siempre me está llevando el diablo. Quisiera más fémures para huir del
hastío; menos pulmones hasta no inhalar el discurso de los dictadores ni
contestar las buenas noches porque esta época huele mal.
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Estudio la resistencia del hígado en
las rondas alegres. Pero sobreabundo de bilis ante las viejas que se
pintan los pómulos. Creo en su majestad la caja craneal. Maldigo mis
costillas por dejarse golpear como marimba humilde Sin embargo no me
asusta el ácido úrico que arroja la clase dominante. Respondo con el
tambor del tórax: mis glóbulos rojos no temen al tarso-metatarso de las
bestias.
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Son mis ojos un barco de emociones.
Por el duodeno me gustaría expulsar esta angustia y quedarme
espermatozoo no más, para el amor. Con mi nariz sé dónde le pica al
mundo. Y haría buenos versos para ensartarlos como columna vertebral.
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De noche me baja hasta el ombligo un
grito de rebeldía ante la muerte. Y pongo a remojar mi corazón en la
incertidumbre de la madrugada siguiente. Alargo los brazos para tocar el
ángel de los niños pobres. Y, finalmente, mis nervios de guitarra están
enfermos.
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Tambores de guerra
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I
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¡Ay de mí, que soy hombre de paz en
medio de la guerra;
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ay de mí que odio los uniformes y las
balas,
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que no creo en tenientes capitanes
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ni menos en mayores coroneles
generales
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esos pontífices de la muerte
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pastores de escuadrones, oficiales o
no, lo mismo da.
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II
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Ay de ti, burgués; ay de tu,
proletario,
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si el río de la historia va a pasar
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sobre tus huesos, tu sangre, tu piel,
tus ojos
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para que sean otros los que lleguen
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después de tanto
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al jardín prometido;
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al reino del amor y la armonía
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donde los hombres serán pájaros
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u los pájaros joyas
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del Dios de la pintura y de la
música.
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Pero no: consoláos, burgueses,
proletarios,
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explotadores y explotados, consoláos,
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porque con los buenos oficios de
vuestros huesos,
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de vuestro plasta, de vuestro polvo,
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será construida la cuidad nueva, la
ciudad de Dios
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de que hablaron hace milenios los
revolucionarios.
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Porque si así no os entendéis,
concientemente,
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a vosotros mismos, como los
basamentos de una nueva
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arquitectura social, más allá de la
lucha de clases,
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más allá del odio y de la pólvora,
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entonces, si así no os entendéis,
habría que decir
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como lamentaciones de profeta:
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ay de tu, burgués; ay de tu,
proletario;
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ay de todos, ay de tantos, ay de
nosotros.
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III
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Resuenan tambores de guerra:
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ayer, lo dice el diario,
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el coronel Francisco Helena Fuertes,
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ese cacique al revés
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jefe de la Primera Brigada de
Infantería
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mejor conocida como Cuartel San
Carlos,
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encabezó el desfile de (diz que) 400
reservistas
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que “voluntariamente”fueron a
enlistarse
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para defender la propiedad privada
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en las zonas rurales.
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Helena Fuentes, indio traidor,
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quiere más y más guerra.
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Los oficiales, los jefes del estado,
los millonarios,
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quieren más y más guerra.
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Los blancos quieren guerra; los
indios quieren paz.
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¡Negociación o muerte!: ya
hablaremos…
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-
IV
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(INTERMEZZO SINFÓNICO)
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Viene a mí Holst, autor de la suite
Los planetas y me ofrece el capítulo “Marte, portador de la
guerra”, gracias a la orquesta filarmónica de Berlín, bajo la amorosa
tutela de Herbert Von Barajan, recientemente ido al infinito. EL rojo
dios de la guerra, Marte o Huitzilopochtli, la energía de la destrucción
y de la muerte, suena entre trompetas y tambores que estallan
pentagramas cono alambres de TNT sobre la negra Jericó de la Colonia
Escalón de San Salvador, de donde la burguesía salió corriendo. Las
trombas y flicornos arrecian en un allegro macabro sus andanadas de odio
sobre los combatientes de uno y otro bando, mientras Herbert vuela
metafísicamente, añorando la paz, entre violines y combos melitúos, con
su batuta y sus dedos de pequeño dios. Pero los vientos de la guerra
total son como duendes negros e implacables que nos asedian a pesar de
la música y los ángeles.
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Oigo así, pues, estremecido, a Marte,
portador de helicópteros y tanquetas, con su fuerza de fiera cósmica,
sus huracanes de fuego, sus bombas de 500 libras o más, cayendo
inmisericorde sobre los valles y colinas de San Salvador…
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-
V
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Aquí en El Salvador ha llegado la
hora de la hora.
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Aquí, si no nos entendemos:
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ay de la clase alta
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ay de la clase baja
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ay del periodista-mensajero
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ay del fotógrafo-preguntón
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ay del profesor-obrero
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ay del vendedor-fabricón
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ay de la sirvienta-camillera
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ay de la enfermera- matrona
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ay de la esposa-contadora
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ay del marido-patrón
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ay de tantos, ay de todos, ay de
nosotros.
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-
VI
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Porque de nada servirá después del
trueno decir: ¡Jesús-María!
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Mejor es ahora deponer la saña
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invocar a los dioses de la vida
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poner los hijos como escudos contra
el dios de la guerra,
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Marte o Huitzilopochtli,
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ver la luz que está al final del
túnel
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sembrar y cosechar de una vez
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las manzanas del paraíso o tierra
prometida
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más allá del desierto de la muerte
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haciendo vino el verbo de la paz
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hablando antes del trueno de la ira,
¡Jesús-María!
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para que cese la tormenta del odio,
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para que caiga la torre de babel
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de rodillas sobre sus lenguas muertas
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y el himno de la cuidad de Dios vaya
sonando…
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¡Negociación o muerte!: ya
hablaremos.
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La creación de Dios
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Y al octavo día
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el hombre y la mujer despertaron:
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y vieron que su invento de Dios
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era bueno.
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Instantánea
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A veces me sorprendo de nada
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de la calle
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de las gentes que pasan
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de que vaya mi tacto fuera de órbita
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como si las disímiles esquinas
vinieran hacia mí
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A veces me prendo del instante
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porque sí
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porque a pesar de nada
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siento que voy
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en la cresta del río
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al ritmo me acordono del pedazo del
mundo
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que me toca
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sin palabras deletreo una gloria
invisible
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adentro mi corazón estira el fuelle
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cabe al universo.
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Dios
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Dios es el círculo
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de su propia vuelta
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es decir un ojo metido en su
mismísimo
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túnel de ensayo
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o el compás de su música
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para cada animal inteligente.
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O es el azul en el fondo del tiempo
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el suspiro de la mujer eterna
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el cambio editándose uña tras uña
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el más acá de todo más allá
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multiplicando al sol y las estrellas
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y por añadidura
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saliendo de su boca un sí
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y entrando por su noche un no
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Dios es el que habla antes y después
de la raíz
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el escondido en cada
rinconcito-corazón
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(yo tengo tentación de un beso).
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La dirección del verso al universo.
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Nosotros somos árbol
interminablemente populoso
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-copulante-
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junto al paso del río.
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Dos es en cambio
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el Poemar del Hombre.
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Ay de ti si no sabes soñar
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Despierta:
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Sueña.
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Por el arco del triunfo
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La poesía es el único lugar
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donde la mujer y el hombre pueden
pasarse las leyes
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por el arco del triunfo.
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A lo lejos tu cruz
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“Ay, tata
brujo,
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yo también
soy coralero!
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MOISES
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A lo lejos tu tumba
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a lo lejos tu cruz
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Es la voz antigua
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son los brujos que lloran
-
túm-túm
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porque vienen la ráfaga
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es el cruce de luz
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es el toque de muerte
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son tus dudas en profundos espejos:
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las palabras no tienen la culpa.
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Vivir
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Es hacer
cola para morir
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No: más bien es
escribir una historia
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para que los creyentes sumen y
dividan
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cuenten otra y otra hasta que sólo
queden
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los libros y el polvo
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Pero no: vivir es jugar
a esconderse del tiempo
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encerrar en los baúles una gota de
luz
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para ponerle flecos al
recuerdo
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Eso es: las vidas son
los ríos…
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Más bien son las islas.
¿Quién no
confundirá el paraíso
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con una isla propiedad privada?
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- Mentira: vivir es la
cadena
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del apagón perfecto
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- O quizás un teatro de
pensamientos
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un viaje a la nada
-
o a lo mejor
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un
reloj
de manos cansadas
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O en fin
-
un hueso
echando
flores.
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-
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-
Espejo
roto
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Mi pasado es un espejo roto:
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porque perdí a Dios.
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(ÉL me perdió).
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Por eso, nada más que por eso.
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Eso pasó en un país remoto llamado
Juventud
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por donde fui de noche.
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(Joven: mírate en este espejo roto).
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Pero hoy he vuelto a nacer,
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por eso estoy aquí
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al filo de mi lápiz
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contándoles el cuento
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desde el palacio de mi padre pródigo.
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Esta es la historia de un sol y un
mar que hicieron un espejo
-
pero vino temprano la pierda de la
duda
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y lo quebró en pedazos.
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El sol era el principio (llámese
Padre, Dios, Gran Todo
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o Dador de la Vida): era la del ojo
cosmológico
-
puesta en el punto exacto de mí
mismo.
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-
El mar era mi madre, el arrullo de
Dios a mi semilla,
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el canto entre las manos y la sombra,
-
la trepidez del tiempo
-
lanzándome a las playas del dolor.
-
-
Y yo era tú más él y fui nosotros.
-
por eso nos amamos, gracias al sol de
la palabra:
-
por eso nos alzamos
-
a todo amor.
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Entonces, con tus manos, el espejo
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volvió al ciclo del agua de verdad
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en la fiesta del tiempo: Ohuaya,
ohuaya.
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-
Nudo de amor
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-
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-
A mi
esposa,
-
Con luz de
jacarandas.
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Un duende recorre nuestra casa
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con sus pasos de viento:
-
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es el don de tomarnos otra vez esta
noche
-
el cielo de los dos por asalto…
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-
I
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Hay olor de manzana bajo techo:
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el árbol de la noche
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se planta en nuestra alcoba
-
con música de parras
-
con enjambre de susurros y tientos
-
con sus ramas que ahí se desparraman
-
como cabellos de ángeles
-
-
El silbo de la flauta de Dios
-
se desliza de pared en pared
-
en el templo de nuestro domicilio:
las voces
-
se confunden y yo
-
me llamo tú y tú
-
me llamas yo: las almas
-
se arrodillas en desnudez de fruta o
de corola
-
mientras los dedos de las manos de
los pies se entrelazan
-
solazando llamitas de ternura que
estriban
-
alrededor del cuello del tronco de
los brazos
-
o subiendo el temblor de tus pechos
-
incendiando tu ombligo tus caderas
mientas mis manos
-
viajan por tus rodillas tus ojeras
tus lágrimas
-
gorgoriteando sílabas de ensueño
-
mientras la brisa nos camina con
caracoles tenues
-
desatándonos más a allá del tiempo.
-
De tibieza las sábanas palpitan.
-
Los pozos de la dicha están copando
estrellas.
-
La eternidad
-
está siendo asaltada por la nuestras
almas.
-
-
II
-
-
Después de la batalla bien ganada
-
me preguntas qué pienso: si recuerdo
-
los años de la ausencia.
-
Tus miradas se yerguen como espadas
-
y me hieres de pronto la memoria.
-
Es que estoy a punto de escalar
-
los torreones de tu melancolía
-
como con un abrazo de naufrago
-
para que dones los perdones
-
a cambio de izamientro de esta luz
-
que las fuerzas del mundo nos habían
negado
-
Como mejor respuesta
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mis manos vuelven a ser pequeños
pájaros
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que viajan fluyen cantan
-
al brillo de tu risa y tu sonrisa
-
picoteando tu oído con palabras
apenas perceptibles
-
y vuelven a la cima de tus pechos
-
oyen las vibraciones de tu sangre
-
adivinan el río que te coreo y tras
él
-
bajan hasta el ombligo y caen
-
contigo para ti
-
para mí en este instante
-
al pozo de la dicha.
-
-
III
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Nubes arriba
-
la luna va en carroza con halos de
cristal
-
y hace guiños como cocuyos de paz
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para que nos sigamos amando tanto.
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La luna llena.
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Ahora nuestra casa es el edén: somos
de nuevo
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la primera pareja.
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Orquestas y jardines alrededor de
nuestros besos.
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Flota un dulzor de vino en las
palabras
-
que casi no decimos.
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Al principio éramos tú y yo
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y era el edén: enseñoreábamos
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cuerpo a cuerpo sobre la grama
-
o sobre las flores de los cinco
negritos
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bajo los maquilishuats
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bajo el almendro
-
bajo el palo de fuego.
-
Entro adentro de ti
-
y todo se ilumina
-
como si la electricidad de Dios nos
acudiera…
-
Entonces todo cabe entre tú y yo:
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la recámara aflauta sus esquinas
-
la cama se pone intempestivamente
dulce
-
mientras yo te persigo gota a gota
-
como un pececillo sobre la crestas
del mar océano.
-
-
IV
-
-
Dicen los amorosos que en el primer
edén de nuestras vidas
-
de mi costilla quizá saliste
-
o que quizás
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de mi costado saliste
-
como una flor-dolor que yo mismo
-
desposé en la semilla
-
de aquel nudo de amor.
-
-
Oh tú mi compañera
-
mi otra yo en la aventura del bien y
el mal:
-
fue de ti y fue de mí
-
que allá en Ocelotlán hace como mil
años
-
dijo Dios:
-
Dejarás a tu padre y a tu madre
-
y te unirás por siempre a esta mujer
-
y serán
-
una sola persona por el mundo.
-
-
Desde entonces advengo por ti a toda
hora
-
con un nudo de amor en la garganta.
-
-
-
Tomados del Libro inédito “El
Poemar”
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San Salvador-México: 1978-2004
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