Luis Arias Manzo

 

Antología poética

 
 
 
 
En un eterno coro de amor

[A Marcia Motta* en el día del amor]

En esta noche oscura
En que todas las luces de mi aliento se apagaron
Me voy a refugiar en tu recuerdo
Renegando a todo
Renegando a mí mismo
Y a todos mis viejos amores
Para sólo demorar en tu ser íntimo.

¡Oh Amor!
Me muero sin ti
Como si fuera una hoja muerta y solitaria
Perdida solo en el bosque de luciérnagas.

En esta noche oscura
En que se apaga mi vida
Te voy a decir fuerte y eterno:
¡Te amo!
Te amo y te añoro
Y mis palabras, ya lo sé
No te pueden alcanzar.

¡Oh Amor!
¿Por qué no lo dije antes?
¿Por qué no brotaron de mí los verbos?
Cuando aún te podía alcanzar.

Yo me pierdo en el abismo de lo oculto
Y me pierdo tanto
Que ya no sé quien soy
Y creo que soy,
Que soy una hoja muerta
Solitaria y vagabunda
En el triste espacio de lo misterioso.

¡Oh Marcia mía!
Mía y lejana como un astro errante
Que tus pasos caminen hacia mí
Siempre hacia mí por entre la fronda humana.

Cuando camino al lecho sin ti
Es como si caminara directo al paredón
Amor, no me dejes nunca,
Nunca más te vayas
Y si te vas
Que siempre sea para unirte a mí
En este coro de eternas sábanas amorosas.
©Luis Arias Manzo


 

Kyoko: la llave, la puerta, el Reiki.

[A Kioko Moriyama]

Japón fue el país que elegiste,
Cuando en la Tribu te preparabas
Para emprender este viaje
Terreno y Terrenal.

Tú fuiste la primera que irrumpió
En mi espacio sombrío,
Venías liviana
Serena y sonriente,
Traías la mirada baja,
Como queriendo encubrir un secreto,
Pero reías espontánea,
Familiar y campechana.
Yo, solitario y cansado,
Creyendo mi misión concluida,
Ya me preparaba para mi partida feliz.

Pero con tu sabiduría legendaria del Oriente
Cumpliste con creces tu misión secreta
Dejándome apto, limpio y puro
Para la historia meticulosamente preparada.
Con tus manos calientes de energía
Nutriste mis sentidos de poesía.
Y me vaciaste del cansancio que me agobiaba.

Yo me resistía,
Ay, cuanto me resistía a creer en otra cosa,
Y para mí mismo me repetía:

¡Aterriza, aterriza!!!
¡Aterriza Luisito!!!
Y vive lo terrenal,
Y sólo lo terrenal.

Porque eres el Maestro de tus decisiones,
El Director de la orquesta que nutre tu vida,
El conductor de tu carro corporal,
El maquinista de tu mecánico tren.
Vas por los rieles prediseñados,
Pero tú, y sólo tú sabes
Dónde, cómo y cuando detenerlo.
Tú, y sólo tú eliges la velocidad de la máquina,
Los rieles son tu destino
Y la locomotora, la locomotora eres tú.
Si quieres descarrilar,
Entonces acelera, acelera,
Acelera más y más
Hasta agotar el equilibrio,
Y entonces,
Entonces ya no hablaremos más.

Pero tú,
Maestra mía,
Sabías lo que hacías,
Y manejabas las herramientas del tiempo,
Con tu oriental y desconcertadora paciencia.
©Luis Arias Manzo
 


 

Agualuna, Suprema y Panameña.

Quizás la más esotérica,
La más escalofriante,
Más severa y, más austera,
Venías con una delicada misión:
Penetrar en los rincones oscuros de mi conciencia
Y atrapar desde allí a tirones la nebulosa,
Esa bruma que empaña los ojos
Y no deja mirar el luminoso universo.

Debías invadir atrevida mi alma
Para que aflorara la capacidad intuitiva,
En mi mente bien demasiado terrenal.
Yo materialista, guerrillero virtual,
Y machista contemporáneo,
Me resistía y me negaba,
Y me re-negaba.

Tú, maquiavélica y profana,
Usabas todos los medios a tu alcance;
Venías por las noches en ruido de viejas bisagras,
Penetrabas insolente en mi lecho
Y en aquel catar de sábanas transpiradas,
Me violabas la intimidad.

Tu estadía sería transitoria,
Treinta días y veinticinco poemas de amor,
Poemas de guerra del guerrero invencible
Que cabalgaba por las vastas llanuras de la vida
Y acudía a la cita de nuestra guerra actual.

Después te fuiste clandestina
Como si te escaparas de un trágico acontecer
Y me dejabas sumergido, casi enterrado,
Buscando mil explicaciones sin respuestas
Hasta ver el amanecer de tu libro:
“Agualuna”
Que entre lágrimas y fríos
Poco a poco fui construyendo.

Tenía el verbo herido entre mis entrañas
Y el alfabeto se retorcía como tripas enfermas
Cuando sacaba adelante mi literario karma,
Pero tú, sabia, suprema y esotérica,
Con dedicación y esmero
Lo habías preparado todo,
Te fuiste sin dejar ningún cabo suelto
Y me dejaste taciturno y sumergido
En un mar de preguntas diáfanas.

Era el cálido mes de Febrero,
Dos mil y un años después de Cristo,
Cada día, y todos los días,
Día tras día,
Venías con tu figura afligida
Y tus voces quebrantadas,
Trayéndome las lecciones del RAM
Rigor, Amor, Misericordia.
 
 
 
 
Pachamama III

¿Cuánto tiempo anduve en la oscuridad
Antes que tu llegaras en luces de luciérnagas?
El bosque estaba oscuro desde aquel día
Cuando nos acorralaron en la emboscada.

¿Cuántos siglos estuve perdido
En la memoria muerta de la luz?

¡Qué negro panorama nos pintaron
Con los colores de la nada y del vacío!
Creían que nos enceguecían y nos mataban,
Pero jamás pensaron en nuestro pacto.

Nos dejaron vagar en el sombrío paisaje
Y en la falla del caos y la perdición.

Pero ya nada nos detiene,
Cada uno de nosotros acude a la cita
Y nos volvemos a juntar como antes
En el abrigo de las grandes gotas de la tempestad.
Sólo ustedes podrán acompañarme en mi ocaso.
©Luis Arias Manzo
(Libro: "Mil Años de Amor")

 
 


 
Pachamama VIII

Esta noche escribo desde adentro,
Desde nuestro mundo, Pachamama,
Desde el espacio que conocemos,
Donde nos amamos en carne y suspiros.

Es un mundo material con forma real,
Pero todo es real, adentro y afuera,
Afuera y adentro es la misma lucha;
La lucha por la existencia y la vivencia.

Es por eso que a veces me aflijo
Como un niño sin recursos,
Como un inocente sin verdades de labios,
Y como un amante sin realidad que favorece.

Pachamama, mujer que me inspiras,
Y que te entregas a mí sólo porque me gustas,
Eres celestial en mis brazos y en mi sangre,
Eres grandiosa adentro y afuera.

Yo era un combatiente adentro,
Tu lo sabes, un guerrero materialista,
No he cambiado, Amor mío, no he cambiado,
Solamente que ahora he mirado por la ventana.

Desde que me conecté con el exterior
Creí que todo se había solucionado,
Que las batallas se habían terminado,
Y que ahora sólo bastaba esperar.

Pero mira que curioso, Pachamama,
A ti que te he amado fecundo,
Siempre es la misma pelea, lo quiera o no,
Siempre habrá que luchar con nobleza.

Ahora comprendo más tus palabras inquietas
Y tu ímpetu por sacar adelante tu mensaje,
Las horas eran pequeñas como segundos
Y yo, impaciente, sólo quería explorar tu cuerpo.

Es que no sabía amada mía, no sabía,
Ahora que sé, porque tu silencio de días
Devora cada minuto de espera mía,
A latigazos me lleva hasta tu cumbre.

Y ya sea, antes o ahora,
Adentro con sufrimientos carnales,
O afuera con dolores legendarios,
Siempre, siempre hay que combatir.

Humanidad por la que tanto he luchado,
El cielo no existe, no existe!!!
Jamás existió, todo fue ilusión,
Solo hay de verdadero, un campo de batallas.

Compañeros míos, torturados y quebrantados,
La lucha nunca fue en vano,
Porque las fuerzas del bien y del mal
Siempre se han enfrentado, allá y acá.

Compañeros míos, fusilados y asesinados,
Sois guerreros de siempre,
Ayer moríais por luchas carnales,
¿Dónde lucháis en estos días?

Pero la lucha siempre es la misma,
Pachamama vino a decírmelo,
Llegó vestida de mujer seductora como ella es,
Me amó, me habló y me enseñó el verbo de la luz.

Ya nos vamos yendo, Amor,
Ya nos vamos yendo calladitos,
Simples y modestos, como siempre,
No a llorar, sino que a luchar.

Ya nos vamos yendo, Pacha,
Siempre es igual, la misma cosa,
Allá afuera en el reino de la luz
O aquí adentro, en el espacio de átomos.

Siempre hay que construir algo,
Nada es gratuito, siempre hay que batallar,
Afortunadamente, Pacha, afortunadamente,
La vida es así, la muerte también.
©Luis Arias Manzo
(Libro: "Mil Años de Amor")

 
 


El reencuentro en cada instante

Todos, de alguna manera nos reencontramos,
Aquí o allá; acá en mi lecho o allí en un bus,
No importa donde, pero nos reencontramos,
En una encrucijada, o en un jardín azul,
En el fondo del camino, o en una casualidad,
No importa el lugar, lo cierto es que ahí estás.
Y así, asimismo, lo inmenso deviene pequeño. Y,
El laberinto se vuelve un mapa de calles con nombres.

Todos, creyentes o no creyentes,
Pero de este lado, Opacos por la sed y el hambre,
Pero con la luz en la mirada,
Todos, en algún instante nos volvemos a cruzar.

Todos los de este lado, luchadores infatigables,
Guerreros de antaño y combatientes modernos,
Justos y equivocados, hombres de una causa,
Militantes del bien y del amor noble,
Caminantes, viajeros donadores de sonrisas,
Trovadores que reparten la esperanza,
Poetas que van por las calles oscuras aclarando el alma,
Todos, no importa dónde ni cómo, lo cierto es que ahí estás.

Todos, ateos y escépticos,
Pero de este lado,
Desteñidos por los latigazos del sol,
Pero de corazones coloridos,
Todos, en algún instante nos vemos en esta lucha de siglos.

Apaga tu dolor, porque no estamos solitarios en esto,
Ya somos muchos, ya se cuentan por millones,
Sométete al silencio y, escucha...
Contempla la luna, sólo, en la noche oscura,
Observa tranquilo aquella mirada y, perfórala.
Déjate llevar por el viento, como si fueras una hoja,
Busca el sueño en la noche. Así. Profundo,
Y ya verás, seguro que mañana me encontrarás.


Los círculos viciosos de la existencia

Todo gira, y también giramos nosotros,
Como giran las estrellas,
Y la luna vestida de azul,
Y mi alma un poco desahuciada,
Por ti mi amor, por ti,
Y por la vida de mi alma,
Y por la muerte de mi cuerpo.

Todo gira constante y regular,
Como giras tú mi amor,
En este ir y venir, perenne,
En que me punza cuando estoy aquí.

Todo gira, como gira la ciudad,
Con sus hambrientos en las esquinas
Y los hombres de negocios que giran,
Y las prostitutas que buscan girando,
Como yo, Amor, como yo,
Que te busco atolondradamente rodando,
Y no te puedo encontrar.

Todo gira, como los electrones de mis átomos,
Cuando iracundo voy en tu búsqueda, Amor,
Para materialmente amarte. ¿Sabes?
Pues mi mente hace un alto en la espera.

Todo gira, como las ruedas del bus,
Que implacable rodaban robándome tiempo,
Cuando sólo podía amarte, largo y profundo.

Todo gira, como giraban las gotas de mi sudor,
Y la rueda solitaria de mi carretilla,
Cuando inserto allá arriba rodaba,
Rodaba ignorante de tu existencia lejana.

Así también giran las cosas al otro lado,
Porque todo es circulo y circular,
Como el cosmos y el átomo,
Como mi alma y tu alma, Amor.

Las cosas giran como gira la historia;
El nacimiento surge de un circulo indescriptible,
Y el renacimiento mana de una gran rueda
Cuando agotada deja de girar.
Entonces, naces tú y nazco yo, enamorados ya.
Y nos vamos por la vida, lejanos,
Pero, en la rodoviaria nos volvemos a encontrar.

Y así, eternamente, perpetuamente,
Todo, como tú, y, como yo, Amor,
Todo se reencuentra Amor, todo se va,
Y todo vuelve, así, en un instante todo retorna.
©Luis Arias Manzo
(Libro: "Instantes")
 
 
 

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