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LUCIÉRNAGAS EN FUGA (Poemario
inédito)
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En el claro de la noche
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me
desprendo de las
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ataduras del día.
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Olvido la lluvia, el asfalto,
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la
puerta por donde no logré entrar.
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Me
detengo ante tu mirada.
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Y
la distancia que nos separa
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es
sólo una pequeña duna en el
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desierto de nuestra alma.
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El acantilado deja que resbalen
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las añoranzas que se escapan de
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las águilas en pleno vuelo.
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El mar las recoge, las acaricia,
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les impregna su fuerza y
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las adormece sobre sus olas.
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Y el misterio continúa.
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Quebré el cristal del cielo
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para apoderarme de sus luceros.
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Necesitaba su calor y cercanía.
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Esperé la noche más oscura,
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rompí el cristal con
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mis manos y las ráfagas
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de luz incendiaron
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mis pupilas.
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Quebré el cristal del cielo
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para apoderarme de sus luceros.
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Y acorté el espacio de
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la esperanza.
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Me equivoqué al querer medir
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la distancia entre mis ojos
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y el primer lucero.
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El sinfín de millas
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se resuelve sin lentes
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de largo alcance.
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Me refugié en mi
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paisaje más recóndito
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y me encontré con su
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luz bendita y
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por mi olvidada.
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Habito en las estancias
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que guardan las emociones
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del colibrí y de la luciérnaga:
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Vuelo y luz henchidos
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de ilusión.
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Y al intuir su
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entrega, todo mi ser
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anhela difundir
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su candor.
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Seré otra en el amanecer.
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Llegaré al arco iris
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con la reverencia
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del peregrino que
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ha hecho suya
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la luz auroral.
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Seré otra en el amanecer.
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Y nadie más lo intuirá.
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He trabajado el
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verano a golpe de
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arado blanco.
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He escrito mil palabras
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y canciones bajo
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el sol incandescente.
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He dibujado arco iris,
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estrellas y girasoles.
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Y un hogar que acoja
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la silueta renovada
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de mi alma.
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Cuando los guerreros
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te desafíen con sus armas,
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dispárales rosas rojas
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desde el cañón
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de tu alma.
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Llegué al borde del río.
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Mojé mis pies en
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un gesto de cercanía.
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Buscaba la silueta
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de mi destino sobre
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la superficie.
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De pronto, una pequeña
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hoja comenzó a descender
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en sutiles espirales.
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No necesité más señales.
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Me reconocí en su
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fragilidad y en su
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voluntad de navegar
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sin hundirse.
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Desde entonces ya
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no voy al río.
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Voy al bosque y me
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interno en su ramaje.
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Me impregno de su
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fuerza y su ondular
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ante la vida.
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Soy hoja, no ninfa.
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Me estanqué en el
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prólogo de mi destino,
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ahí donde la música
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carece de armonía,
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donde los ríos esconden
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guijarros partidos.
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Me faltó trazar la línea
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del horizonte que anhelo
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y seguir su rumbo
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sin escalas, en hondo silencio,
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con los brazos abiertos
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al fluir del viento.
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Llené un vacío al existir.
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Ensanché un horizonte con mi voz.
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Esculpí rimas en frágiles
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pétalos.
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¿Habré pintado lienzos de fulgor?
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Jamás lo sabré.
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Mas no descansaré en mi ruta
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hacia la cumbre.
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PEREGRINAJE DE LUZ (Prosa poética)
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LAZOS CELESTIALES
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Se había cosido tantas veces el alma que no le quedaba ya un espacio
sin remiendo. ¿Qué haría la próxima vez que tuviera que emplear el
hilo de la esperanza? ¿Dónde lo pondría? Abismado en sus
pensamientos, el joven pastor fue quedándose dormido. Inmerso en un
profundo sueño, vio innumerables hebras doradas que descendían del
cielo y penetraban suavemente en su alma, hilvanando nidos de fe. Y
en ese momento intuyó que siempre habría un espacio para seguir
tejiendo los jirones de su ideal -golpeado por la incomprensión y el
desencanto- hasta unirlo con los lazos celestiales.
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