Lia Karavia

Antología poética

   
 
Te amo

 

Te amo porque eres fuerte.
Podrías sostener en tu puño
un jacinto
sin provocarle dolor alguno.
Te amo porque eres ético como el animal.
Seguro como la naturaleza.
Fecundo como la lluvia.
Humilde como los ríos
que desembocan en el mar.
Perfecto como el círculo.
Y sobre todo
inalcanzable
como la línea del horizonte
en un largo viaje
Dibujos en el agua”, (1956)
 
Trad. Marta Silvia Dios Sanz
Poetisas Griegas contemporáneas”, Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos, Universidad de Chile, 2006
 

 

¡Mira qué momento!

 

Mira qué momento!
Ahora que se colmaron de aromas los senos de las jóvenes,
ahora que se han fortalecido los brazos de los jóvenes,
¡mira qué momento eligió!
Ahora que esbozaron una sonrisa los labios de las jóvenes,
ahora que brillaron los ojos de los jóvenes,
¡mira qué momento!
Y se extienden para recibir todas las manos de las jóvenes,
pesadas se aceleran las respiraciones se los jóvenes,
¡mira qué momento eligió!
Y yo
sola debo quedar
“Dos momentos de hierro”, (1960).
 
Trad. Marta Silvia Dios Sanz
Poetisas Griegas contemporáneas”, Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos, Universidad de Chile, 2006
 
 
 
 
La razón por la que callo

 

La razón por la que callo
es la gran belleza de vuestra palabra
Pabro neruda
Yannis Ritsos
Langston Hughes.
Pero esta noche hago una excepción
porque no visteis mi amado
torso desnudo a la luz de la luna
con hombros de mármol
brazos de intensa luz
cuello de cisne
vosotros no escuchasteis
su gemido suave
que ensancha su mítico tórax
listo para combatir
y es en verdad una pena
que quede sin alabrar
tanta gallardía.
 “La señal”, (1973)
 
Trad. Marta Silvia Dios Sanz
Poetisas Griegas contemporáneas”, Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos, Universidad de Chile, 2006
 
 

 

Poemas de amor disfrazados

 

Era un gran globo y lo inflábamos riéndonos, una vez tú otra yo, aspirábamos e inflábamos tan fuerte que nos mareábamos, todo se arremolinaba a nuestro alrededor, cómo si estuviésemos embriagados, ven, mi turno ahora, no recuerdo quién comenzó primero pero inflamos los dos como locos, el globo crecía, crecía, nunca habíamos visto un globo tan enorme y brillante, creerías que podría llevarnos a los dos alto en los cielos, y la primera vez no tuve miedo, no pensé en ningún momento detenerme, ni en detenerte, Dios mío, no ha vuelto a suceder, es como si renaciera ligera, inocente, ven, mi turno ahora, una gran aspiración, ZAS – el ruido nos sorprendió más que asustarnos, observábamos nuestras manos vacías extrañados, cómo es posible, tan brillo, tanta embriaguez – no recuerdo quién fue el último que sopló - ¿ qué importancia tiene? Nos detuvimos mirándonos mutuamente, no desesperadamente, sino tiernamente.
“La bandera y la señal”, (1976)
 
Trad. Marta Silvia Dios Sanz
Poetisas Griegas contemporáneas”, Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos, Universidad de Chile, 2006
 

 

Debe existir todavía

 

Debe existir todavía alguna vena.
Antiguamente dónde golpeaba el pico
sonaba oro.
Bastaba que rasparas la pared
para que rodasen esferas brillantes.
Descendías dos, tres mil metros
y las venas en vez de escasear
se espesaban.
Debe existir todavía
en alguna parte, entre las duras rocas,
algún metal inexplorado.
Avara no soy, tampoco presumida
Pero para alguien que se acostumbró a tanta riqueza
amargo es vivir en completa privación.
Parece que entiendes de yacimientos
sobre todo una seguridad tal que
me dejaba siempre asombrada
como si fuera siempre aurífera.
Te espero entonces, humildemente.
“La bandera y la señal”, (1976)
 
Trad. Marta Silvia Dios Sanz
Poetisas Griegas contemporáneas”, Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos, Universidad de Chile, 2006

 

 
 

Copyrigh© todos los derechos reservados por el autor