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- Los vencidos
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- Los vencidos esperan la media
noche para hablar a solas
- con los fantasmas anodinos
- y auto compadecerse
- para que nadie los escuche
sollozar entre los almohadones
- cuando no es necesario
- que los demás se den cuenda que
chapoteamos en el fango
- más tristes que los tristes
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- Nadie por supuesto se pregunta por
los vencidos cuando allá dentro hay tanta dicha
- nadie se preocupa por nosotros
cuando llega la hora de las bodas y las fuentes
- mucho menos aquellos que quedaron
enteros y entraron oriundos al salón,
- a costa de quebrarnos las
costillas y arrancarnos las uñas
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- los que nos quedamos afuera de
esos salones de celofán –por ahora-
- suspiramos convulsos
- y agitamos un trago con aceituna
en la antesala de la podredumbre
- para saludar a la soledad que es
la condena contemporánea de los abandonados
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- los vencidos somos así
- exagerados para describir las
lágrimas que nos provocó el fin del amor
- el término definitivo de los
contratos y las heridas con papel
- insultamos
- al gigante que hizo trizas las
muñecas
- con la frialdad del asesino
- y el cinismo del traidor
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- la historia obvia totalmente la
existencia de los vencidos
- y los cuentos de finales felices
no incluyen postdatas que nos narren
- la frustración de la bruja que no
pudo envenenar a Blanca Nieves
- o la consecución existencial
- de las hermanastras que lloran en
los rincones del pan
- por haber perdido al príncipe que
se fue con la chica de la zapatilla
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- los vencidos tomamos de más
- fumamos de más
- y lloramos ridículos al repasar
- las canciones de pasados
inalcanzables y clausurados por nuestras odiosas muecas
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- los vencidos vamos por ahí
mascullando maldiciones
- arrastrando la nube negra de la
que huyen los felices
- y hasta los infelices
- que consiguieron rozar los pies y
explotar el polvo
- para volver a ser los mismos
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- Y en la cruda tarea que consiste
la recapitulación
- esto es lo que queda de nosotros,
los vencidos:
- un montón de huesos de aves
- platos sucios
- pocos muebles
- explicaciones
- eufemismos de fraudes y fiascos
- una caja con cartas de ayer
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- y sobras
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- Nosotros,
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- sal de cadáver,
- esperamos
- levantarnos
- de entre las cenizas
- recoger los vidrios rotos, cada
vez más rotos
- recuperar, por fin,
- el temple que nos robó la derrota
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- y volver a empezar
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- Los infelices
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- Nos vieron arrastrando los
restos de aquella noche en que nos unimos
como pulpos viciosos tras las cortinas de una habitación prestada
ingenuos y sucios
hacíamos el amor entre antorchas vivas
Fue hace ya tanto tiempo
fantasmas de cadenas
esquinas rotas de un retrato milenario
serpientes en caída libre
pantomimas
El público nos abuchea, somos payasos
repeticiones inservibles de maquinarias sociales
las suposiciones apuntan a que deberíamos dejar de comportarnos como
cíclopes seniles
genitales de sangre y suspiros
¡Hay la crítica!
espiral devoradora de júbilos
Pero regresan las risas y en la intimidad rozamos los pies
invocando la pasión que nos parió hace tiempo
como placentas de ballenas
Solos, volvemos a ser los mismos
Regresan las risas y en la intimidad nos fundimos como pulpos
viscosos
almas pétreas/ resistencias
delgadez entre los muros
Al rozar los pies
cuando explota la mañana en rayos de sol y polvo
entre las sábanas tibias y olorosas a nosotros
dejamos de ser los infelices que todos conocen
vencemos el escarnio
y no somos más
la nostalgia
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- Gato azul
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- un gato azul devora un bollo
de estambre a la mañana
como engulle –de noche- la piel disecada de su colega minina
los ojos se le pegan a las sábanas, bosteza molesto al tener que
abandonar la cama
esparce espuma de afeitar sobre su pelaje, para apartar el vello del
trasfondo
lava los rastros blanquecinos de la humedad de los revuelcos
nocturnos
recuerda -con todos los disgustos- el frío de la loza
el hielo que lo hizo tan temprano erizarse
hace cuentas abruptas de lo largo que le depara la jornada
se estira, contra su gusto, para espantarse la melancolía
y se tira un rato al sol, orgulloso
como todos los días
el gato azul prefiere no ser morado
disimula todo lo que tiene de cariñoso
lucha a contra luz para aminorar el amor que lo invade
y lo distingue de tantos otros gatos grises
tan tristes y solos
espera –entre masturbaciones- la llegada de la otra noche
para bailar en el entablado la próxima melodía
cómo ansío tu voz ronroneándome al oído
ese miau contagiado de agónica lujuria contenida
Ay el gato azul, tan poco probable
Ay la noche espesa, tan largamente añorada
Ay la luz de la luna sobre tu rostro agatado y azul
Ay tus manos de felino tímido sobre mis tetas y mis uñas
Ay tus gritos esféricos de éxtasis y confesión
Ay mis palabras para consolarte cuando devorás un bollo de estambre
a la mañana
y tenés que abandonar –inconforme- la madriguera de mi vientre tibio
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