Juan Eduardo de Urraza

Antología poética

 
 
Rocío
 
Soy una pequeña gota de rocío
que se despierta con la mañana
sabiendo que cuando el sol la bese
morirá.
 

 

 
Ojalá
 
Siento que dije tanto ayer,
tantas cosas olvidadas...
 
Las palabras son inmundas,
ojalá no existieran...
Ojalá existieran sólo las miradas.
 
 
 
En Vano
 
Artificialmente rompimos lazos invisibles,
arrancamos sentimientos imposibles,
engañamos a las emociones inmortales,
y destruimos lo único que fuimos.
 
En vano.
 
 
 
POBREZA
 
Tuve que viajar,
recorrer cuatro países,
tres fronteras
y cruzar dos ríos.
En cada aduana,
entre las maletas y los guardias,
en cada bar,
recorriendo las mesas y vitrinas,
me topé con varios niños,
sucios, lastimados
(en la piel y el corazón),
inquietos, despabilados.
 
Unos me hablaron en guaraní,
otros en español, y otros en portugués,
unos me pidieron guaraníes,
otros pesos,
los demás reales.
Y todos eran diferentes,
pero tenían el mismo rostro,
el mismo apetito infinito
(físico y espiritual).
Todos estaban solos,
en el frío, en el calor,
a la sombra, o en la noche
cubriéndose apenas con un manto de estrellas.
 
Solos y hambrientos.
 
Y allí me di cuenta que,
a pesar de las barreras sociales,
políticas, ideológicas, o del idioma,
de las creencias religiosas,
del pasado atormentado,
del futuro incierto,
hay algo que unifica a nuestros países...
 
Y es que los pobres son todos iguales.
 
 
 
DIÁLOGO
 
Si hablo, no hables.
Si callo, no calles.
Si te amo, ámame más.
 

 

CÍRCULOS
 
Nos miran.
Permanecen.
Palpitan.
 
Un cúmulo brillante y eterno
allí arriba,
testigo de nuestro pasar
tan poco importante.
 
Círculos, círculos, círculos.
 
No somos más que un planeta
dando vueltas en círculos,
seres cuya vida no es más que un círculo,
existencias repetitivas,
experiencias reiteradas,
sentimientos conocidos.
 
Un círculo irrompible nos atrapa,
un avanzar para llegar al mismo lugar.
 
¿Será que cuando el viaje termine
habremos aprendido algo?
¿Habremos avanzado?
¿O permaneceremos eternamente atados?

 

Melancolía de la vida
 
¿Cómo el ser humano
no va a estar repleto de melancolía,
cuando la muerte espera
y acecha en cada esquina?
 
¿Cómo no va a estarlo,
cuando remendamos nuestro corazón
con piezas de otros corazones rotos,
quebrados por nosotros mismos?
 
¿Cómo no vamos a necesitar
un parche para el alma,
siendo tan débiles,
tan efímeros?
 
La melancolía se vuelve infinita en cada noche,
los deseos de ser más de lo que vemos,
la necesidad de reparar lo irreparable,
el delirio de la soledad en que vivimos,
la necesidad del otro,
el apoyo en el amor.
 
La melancolía no es nostalgia,
no son recuerdos de lo perdido
sino añoranza de lo jamás poseído,
un final incierto, aquello que falta,
impreciso, ausente, vacío.
 
Los hilos del tiempo se tejen hacia adelante,
y los nudos del pasado son la fuente del dolor.
 
El sentimiento más atroz es la melancolía.
 

 

¿QUÉ SEREMOS?
 
¿Qué seremos
cuando ya no seamos,
no tengamos existencia,
no pertenezcamos?
¿Cuando nuestra vida sea devorada
por el hambre insaciable
que nunca acaba?
¿Cuando nuestro yo se haya perdido,
nuestra boca callado
y nuestra alma convertido?
 
¿Qué seremos?
Ya no los de ahora.
Ya no los de ayer.
Ni tampoco los de mañana.
 
Ya no seremos nada,
o más bien un recuerdo
en un mundo efímero,
en un mundo que olvida,
en un mundo que tampoco será más.
 

 

Puzzle
 
La vida es como un rompecabezas:
tenemos unas cuantas piezas ya puestas en el pasado
que no pueden cambiarse de lugar,
unas pocas en la mano,
que debemos colocar ahora y con mucho cuidado,
y muchas que irán apareciendo en el futuro,
cuyo color y forma desconocemos,
por lo que de nada sirve especular...
 
El rompecabezas no tiene forma definida,
puede ser cuadrado, una larga hilera o una esfera;
la cantidad de piezas también es desconocida,
y lo único que podemos esperar es que,
cuando hayamos puesto la última ficha,
el resultado sea tan coherente y hermoso
que Dios mismo quisiera colgarlo en su sala,
sobre el hogar.
 
 
 
Yo
 
Sólo tengo tiempo para ser yo...
Y a veces... Ni siquiera eso...
 
 
 
 

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