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De “Viaje y Círculo” 1992
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Tomates
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El tomate es un mundo rojo
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un círculo en el mapa
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de una ciudad perdida
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tiene el temblor de un témpano
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que navega hacia un puerto sin edad
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dónde todos los caminos se cruzan.
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Indescifrado
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su interior guarda ese combustible
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que inflama —detrás de las cortinas—
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los vientres de la eternidad
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y se aferra a los precipicios
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que salen de paseo por las noches
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en nuestra compañía
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esperando la consumación.
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¿Y nosotros?
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Convencidos de su redondez
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y permanencia.
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Intento entonces asir
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Intento entonces asir
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la caricia
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el germen que proclama el desborde
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el plenilunio
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la metamorfosis
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y la maduración
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—despierta con la secreción nuestra
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de cada noche—
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que fluye como espiral
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en esta aurora
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y deja en el agua nuestra imagen
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renovada
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fija
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impostergable.
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Siempre Icaro
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Sólo Icaro me llaman.
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Desde el centro
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inevitablemente la cúpula del cielo
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me succiona
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y una mancha estelar
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incrustada en las líneas de mi mano
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me persigue.
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Así sobre un filo del espacio
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camino equilibrando la sed de
movimientos
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que me acosa.
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¡Pero esta vez iré más lejos!
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La primera caída siempre fue inmortal
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los golpes que terminan por hundir
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a la eternidad
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harán un traje nuevo a mi destino.
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Y héme aquí
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horadando la raíz de mis alas
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escrutando adolorido el ojo de la bóveda
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traduciendo la escritura de mis brazos
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para ensayar una y otra vez
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una y otra vez
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mi próximo vuelo.
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- De “Bestias de Papel” 1996
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- El
estigma
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- No
conocía el estigma
- o más
bien
- no tenía
la precisión
- para
apartar las hilachas
- y
desgarraduras que lo ocultaban
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llevándolo como un adorno ciego
- un
resplandor detrás de la mirada.
- La carne
fue más inteligente
- e hizo
caso omiso de mí mismo
- pasó de
largo
- y me
otorgó unos minutos
- para
organizar una casa
- una
heredad
- esas
tareas habituales que lo delatan
- y hacen
que pierda su poder
- de
iluminar con anticipación
- las
cerradas fosas del olvido.
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De “Versiones del Fénix” 1998
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- Acertijo
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- Aquí no hay preguntas (No le haces
preguntas).
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- Estás solo contra la esfinge
- cuya presencia no es más enigma
- que tú mismo.
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- Siempre le golpeas y desgarras sus
entrañas
- pero el espejo te devuelve
- a una flor que sangra dentro de ti.
- La tomas con tus manos
- y así sangrando la colocas
- entre las suyas
- para recorrer el tiempo
- que les fue entregado.
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- Al final
- en un límite cualquiera (No hay
exactitud en esta trama)
- rehacen la escena en el camino.
- Ella para deglutir tus cenizas
vorazmente
- y tú ya olvidado
- para nacer como una larva
- de su descomposición.
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- De “Zona de Perturbaciones”
2002
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- De las
formas
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- Había alguien con vida.
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- No un género
- o especie en particular
- pero ciertamente
- algo se expelía:
- una señal
- un lenguaje
- o quizás
- una impugnación.
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- Desde aquellas linfas en
torbellino
- percibí entonces un color
- tal vez una tristeza
- como una aquiescencia
- aún no desplegada
- para abrir cualquier herida
- y por ella verter no sólo
aliento
- sino también todo latido.
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- Después supe que estos seres
- regresan siempre a la corriente
- unos por la vía del recuerdo
- y otros bajo el imperio del
olvido
- aunque nunca entendí con qué
- o con quienes compartía
- y si las formas no son más
- que el lugar de cada instante
- en el torrente
- un trasegar de indicios
- el signo del caudal
- y el movimiento.
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- Algo de espuma
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- Todos venimos aquí alguna vez
- a esperar a que alguien muera
- para desnudar con la mirada
- aquella desolación de los
sonidos
- al marcharse.
- Siempre dejan en el fondo de la
ausencia
- un eco de su furor
- un reflejo de su estremecimiento
- en la lejanía.
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- Así si una voz se esfumara
- en este instante
- escucharíamos su resonancia
- todavía algunos años
- al igual que las estrellas
- cuya luz ya extinta
- vemos hoy titilar bajo la noche
- soportaríamos su asedio
- tal vez sin percatarnos
- de su intermitencia
- de su debilidad
- persistiendo como una gota
- sobre la dureza del tímpano
- y del tiempo.
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- Si tan sólo viniéramos ahora
- a esta imprecisión del horizonte
- no sería necesario elucidar
- cuál estruendo ha llegado más
lejos
- o si tal estridencia ha
desaparecido ya
- de los caminos.
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- Nos sorprendería quizás
- algo de espuma saliendo
- de las grietas
- y la raíz de una palabra
- aferrándose como un vampiro
- a la fructífera materia
- de la muerte.
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- Tiempo a
tientas
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- Tiempo a tientas
- lento para penetrar
- en la exactitud de los
resquicios
- desorientado
- y sin nadie con el de la mano
- que lo deposite en los espacios
- donde todos los engranajes
calzan.
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- Perdido quizás
- entre tanta bifurcación
- atrapado en la urdimbre
- de la desposesión
- ligero como las esporas
- ante la incertidumbre de nacer
- cada vez que el sentido del
tránsito
- se agota.
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- Suelto
- y sin ninguna probabilidad
- de saciarse con la materia
- y finalmente ciego
- sin más remedio
- que devorarse a sí mismo
- para establecer tal vez un rumbo
- hacia donde no hay lugar
- y nada fructifica.
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- De “En un lugar llamado
dónde”, 2005
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- De patria y lengua
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- Primero se vende el territorio
- lo de las palabras viene
después.
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- Ocurre en todas partes
- pero en estos confines
- se exacerba hasta el delirio.
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- Antes ya lo habían anunciado
- Pessoa y Saramago
- “la patria es solamente la
lengua”
- tierra de inciertos sonidos
- que algunas tardes
- insisten en florecer.
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- Después de cada transacción
- los propietarios arrojan a los
campos
- tercos demonios verdes
- y en las miradas ya esquivas
- otros signos maduran
- otras posesiones.
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De
líquidos y navegaciones
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- Mis amigos hablan siempre de un
río
- cuyas aguas pasan hacia ningún
lugar
- y tampoco se detienen.
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- No vuelven —dice Heráclito—
- mientras Zenón insiste
- en que son las mismas
- y no otras.
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- ¿Será o no será un líquido
- de lo cual se habla?
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- Quizás este fluido no cabe
- en el cauce del mundo
- y tampoco en una vida.
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- Tal vez observamos
- y al mismo tiempo navegamos
- de tal manera que flotando
- nos creamos el hábito del ser
- aunque verlo no podamos
- y si por mirar no somos
- se hace imposible entonces
- navegar.
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- Epitafio I
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- Insistió en perdurar como forma
- y obviamente no pudo.
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- La eternidad
- —es decir— la transformación
- lo acogió como a todos
- pues la
materia nunca es igual
- a sí misma
- cada instante ya es otra.
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- ¡Ah!... ¿Y las palabras?
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- Espasmos del azar
- excrecencias de la carne
- alimento y combustible
- del vacío.
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- Desde lejos
-
- Desde lejos
- —sin apenas notarlo—
- hemos llegado a esta tarde
- en la que finalmente
contemplamos
- el crepúsculo.
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- En lo alto
- el sol aún deslumbra
- como un espejo
- que nos devuelve imágenes
- tantas veces repetidas.
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- Habitamos entonces ese instante
- como una apoteosis
- a punto de derrumbarse
- bajo la madurez de la luz
- muy cerca ya de la ausencia.
- El escenario se comparte con
nubes
- deshilachándose
- como un telón en llamas.
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- Sin embargo... ¿ qué esperamos
sentados
- en la orilla?
- si el mundo se incendia otra vez
- frente a las aguas
- y cuando la sombra
- borra ya nuestros contornos
- un giro del azar
- tal vez un coraje
- germine viscoso
- en la cavidad más tibia
- de la sal.
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- Opciones
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- Una mente muy lúcida
- es algo así como una antorcha
- un faro que derrama a su
alrededor
- enjambres de luz
- para iluminar los rumbos
- de la vida.
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- Tiene sólo dos opciones.
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- Consumirse en el incendio
- de sí misma
- o provocar desprendimientos
- de retina
- la ceguera en los otros
- la marcha a tientas
- por la intensidad del brillo
- capaz de revelarnos las
nervaduras
- y filigranas del abismo
- la textura de
todas las ausencias
- del vacío.
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- Deslumbrados por ti
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- Hemos sido deslumbrados por ti.
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- Por eso te hemos llamado
- como a un relámpago
- que encienda nuestras carnes
- para conjurar así
- toda imagen de la ausencia.
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- Pero es precisamente en ella
- donde habitas
- y desde allí entonces excavas
- –con tanta luz– la nuestra.
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- Educo
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- Educo a pequeñas criaturas
- de la especie.
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- Les enseño a lavarse los
dientes
- y a ejercitarse
- en otras normas de higiene
- para el cuerpo.
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- Me acosan con dudas
- cada vez mas extrañas
- y sutiles.
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- Insisten —por ejemplo— en saber
- quiénes somos
- y obviamente no puedo
responderles
- pues el don de la
interpretación
- corresponde tan sólo a los
profetas.
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- Yo les hablo solamente del humo
- y también del polvo
- de sus partículas que se
agitan
- y chocan entre sí
- creando entonces la ficción
- del tiempo
- y la del espacio
- donde algún eco
- se pueda quizás establecer
- para indagar
- si los sonidos regresan desde
lejos
- aunque su respuesta
- —en otra voz—
- insista en ser siempre la
misma.
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- Ejercicios de natación
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- Nadas.
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- Ríos.
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- Nadando en la avalancha
- de lo ausente.
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- Nadas siempre abiertas
- para entrar
- pero imposibles de llenar
- una sola donde permanecer
- y de donde salir
- para bucear
- en esas aguas
- que allí mismo van a dar.
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- Todo para nada
- aunque nada quien está
- pues cuerpo
- y extremidades tiene
- en su afán de construir
- la nada que es nadar
- moverse entre corrientes
- y así regresar
- teniendo algo que llevar
- a la insaciable
- y persistente nada.
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- De paso
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- De paso por aquí
- por este lugar
- al que llamamos siempre
- dónde.
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- Ni ellos
- ni yo
- podemos detenernos
- y aunque breve el paso
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aprovechamos cada instante
- para desgarrarnos
- pues es lo único cierto
- en este sitio
- imposible de ubicar
- o percibido apenas
- como la imagen de alguien
- bajo el umbral
- que buscando permanecer
- nuevamente se asoma a la luz
- y torciendo su cuello
- dirige la mirada hacia el cielo
- y al suelo
- pero sin posibilidad alguna
- de volver a recordarlo.
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- El aire que seremos
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Comprendo a todos
- y a todas
- sentado a la orilla
- de sus lenguas.
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- Sólo donde nadie escucha
- me encuentro a gusto
- pues la dispersión
- es el centro del entendimiento.
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- Entonces me acerco
- al forcejeo entre sus voces
- y las descubro maltratadas
- desangrándose en el fondo
- de mis venas
- fragmentándose
- hasta sus manifestaciones
- más imperceptibles
- listas para pasar
- desde el agua que somos
- al aire que seremos
- de la materia
- a sus emanaciones
- de lo putrescible
- a la diseminación.
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- De la
inmovilidad
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- Máscaras como
rostros
- con la señal
- de la propia
destrucción.
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- De lejos
- –es decir– desde
la muerte
- todo luce tan
pequeño
- diminuto en su
incidencia
- al igual que la
verdad
- tan cruel y
obsesiva
- para poseer los
cuerpos
- y así someterlos
- a la próxima
ilusión.
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- Ella arde
- pero quien nos
consume
- es la esperanza
- esa manera
- de agitarse para
llegar
- a cualquier sitio
- y también al
desencanto.
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- Nunca sabremos
–claro está–
- si en la
inmovilidad anida
- el germen de la
dicha
- o quizás por un
instante
- su culminación.
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- Virgo Veneranda
-
- A estos labios
- encomiendo no sólo
mi espíritu
- sino también
- toda la
trascendencia
- de mi carne.
-
- Abrir la
perfección de su fruta
- y gozarla
- es detener el
olvido
- pues por ella
- he de trasladarme
a los días
- que vendrán
- y bajo un idéntico
temblor
- he de venerar
- a través de otros
ojos
- la misma divinidad.
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