Juan José Vélez Otero

 

Antología sexta 

 
 

ESE TREN QUE NOS LLEVA

 
 
Resonante,
jadeante       
marcha el tren.
( A. Machado)
 
 
Y ese tren que se va, con ruido alegre
de silbidos y alegres despedidas
lo di ya por perdido.
(F. Benítez Reyes)
 
 
1
 
No tardes. Si no vienes la tarde es una hoguera
de gélido cansancio, de lluvia sin sentido.
No tardes, que los peces del mar se desorientan,
se van las avefrías camino del otoño.
 
No tardes. Los jazmines despiertan de la siesta
y vuelven a dormirse callados por la ausencia.
No tardes, que las calles no encienden sus farolas,
ni empiezan en los cines los sueños inventados.
 
No tardes, que te espero sentado en la reliquia
cansada de mi alma antigua como el vino.
No tardes, no me abras las páginas pintadas
de olvidos y resacas, de nieve en los espejos.
 
 
 
 
2
 
DESGANA DE LAS HORAS que vierten en las copas
silencio de ginebra para mi lengua ciega
me dieron a probar los vientos del vacío.
 
Desgana de  los días en los vasos de magma
que alumbran la memoria maldita y necesaria,
la memoria que guarda las lágrimas del tiempo
en viejos pastilleros y en cuadernos secretos
usados cada fiesta de fuego en los crepúsculos.
 
No es fácil inventar un nuevo calabozo
donde encerrar las voces hirientes del recuerdo,
donde guardar baúles de billetes sin fechas
que pica cada día el revisor del tiempo.
 
 
 
 
3
 
AQUÍ LA SINESTESIA  de la luz del domingo,
aquí la mansedumbre de este faro apagado,
de este día sin cielo, sin color y sin alma.
 
Es tu cuerpo un helecho al capricho del sueño,
distraído en la tierra que modelan mis manos,
tan desnudo y sonoro como el agua en la fuente,
fuego blanco de plumas y magnolias dormidas.
 
Corazón almoneda de tristezas azules,
oh, latiendo en el odre de mi boca embriagada.
 
Aquí la sinestesia de la luz del domingo,
en tus pechos redondos, frutos blancos de luna,
en tu boca, caliente paraíso de moras.
 
Y también la tristeza.
O quizás el otoño
que ha traído la lluvia con su túnica  gris
y una música anciana de tambor en las calles.
 
 
 
 
4
 
SIEMPRE FUISTE VIAJERA golondrina de tardes
que cruzaba mi calle con sus alas de libros,
la mirada perdida y la blusa celeste
de colegio de monjas.
                            Golondrina de tardes,
te miraba asomado por los vidrios de enero.
Se imantaba mi pecho en aquellas ventanas
apagadas de luces, telegramas de lluvias.
 
Siempre fuiste viajera y cruzabas mi calle
hacia el blanco ciruelo y las cepas podadas,
hacia un mundo de cañas y macetas azules
donde estaba la casa, nido tibio de invierno.
 
Vino un tiempo deleble, de siluetas lejanas
y tu casa quedó atracada al olvido
y mecida en la niebla de los muelles borrosos.
 
Viene el tiempo a su cauce, mariposa invisible,
y volviste volando sin la blusa celeste,
sin los libros del aire y tus alas son otras.
 
Pero un nuevo temblor resucita en mis labios
y aún revienta la luz en la cal de la calle
desde donde la tarde pensativa se asoma
al balcón de las olas repetidas de entonces.
 
 
 
 
5
 
ME ENCUENTRO EN LA ESTACIÓN sentado en los andenes,
debajo del naranjo que huele en primavera,
vagando con las nubes que parten cada tarde
camino de los montes brumosos del olvido.
 
Te espero con los ojos perdidos en los trenes
que van al horizonte huyendo de la angustia.
 
No llevo más caudal que el viento y la tristeza,
ni llevo otras alforjas  que un muerto entre mis ropas
que pide cada tarde que exhumen la esperanza.
 
Te espero en la estación debajo del naranjo
mirando hacia un reloj parado en la memoria.
 
 
 
 
6
 
DABAS BESOS DE PLUMA y de mora agridulce,
dabas besos mojados de verano caliente,
de naranja partida, de silencio y granada.
 
Dabas besos pacientes de saliva infinita
y la noche temblaba toda llena de alas
en los labios desnudos de tu boca sin prisas.
 
Yo besaba tus besos aterido en la noche
y un relámpago azul traspasaba mi lengua
tan descalza en las ascuas de tu lengua encendida.
 
Y me olía a duraznos madurando en el sueño
de tu aliento: racimo convertido en palabra.
 
Y sonaban campanas en tu risa de niña.
 
Y crujían las uvas, y crujían las algas
de tus años tempranos, del fulgor de mis días.
 
 
 
 
7
 
LA LUZ DE CADA DÍA de nuevo en la ventana
hiriendo con ventosas los pechos de la aurora,
vaciando de silencio las sábanas del sueño
con trompetas heladas y teclas invisibles.
 
La luz. Y las maletas detrás de los portales
como perros sin dueños esperando acomodo
en los trenes que arrastran por el hielo los pasos
que conducen al frío temblor de los andenes.
 
La luz de cada día de nuevo en las ventanas...
 
La bruma arrinconada detrás del horizonte
espera la llegada constante de los trenes,
y los postes del tiempo, fugitivos espejos,
recorren las lucernas de mis ojos atónitos.
 
 
 
 
 
8         
 
 
Y yo corría hacia la plaza vieja
y seguía hasta el río.
( Jaroslav Seifert)
 
 
NO TIENE LA CARCOMA lugar en la nostalgia,
ni tiene la nostalgia lugar en el otoño.
No tiene la tristeza lugar en este cielo
nacido de los ojos azules del recuerdo.
 
Es tiempo lo que mide la edad de los objetos,
mas no la de la vida incierta como lluvia
que inunda la memoria. ¿Recuerdas? Era otoño.
Desde el puente de Carlos mirabas el Moldava
dorado por las luces ya viejas de la tarde.
 
El jazz y la cerveza por las calles de Praga.
Resonaban los pasos de los viejos poetas,
los últimos fulgores allí en la Plaza Vieja,
crepúsculos de sombras y piedras silenciosas.
 
Vencidos en la noche buscábamos tabernas
y un sueño donde hallar faroles encendidos
que nos tocase el alma con manos ruborosas.
 
Yo sé que lo recuerdas. Las calles de Hradcany
tenían la belleza del tiempo ya vivido,
de un tiempo de pasión vivido con dulzura.
 
Y era bueno aprender que la vida no es nada
si un instante en la dicha es un beso desnudo
que en las calles vacías reverbera en el aire.
 
 
 
 
 
9
 
 
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
(Alberto Caeiro)
 
 
LA HUECA SOLEDAD de ruinas calladas
que se acuesta en las tapias de las casas caídas
por el viento de siglos y las lluvias tenaces,
la misma soledad de búcaro en invierno
que ha llamado a mi puerta y me espera paciente,
sabe bien que es eterna tentación en la umbría
de los muros vencidos que ya nada resisten.
 
La sorda soledad que conozco hace tiempo,
que ha vivido conmigo en ciudades diversas,
en diversos recintos acotados al musgo.
 
La soledad desnuda, de pechos prodigiosos
y tentadora boca que llevan al olvido,
la soledad amante, puta súbita y bella
en los vidrios sin brillo, en el cáliz gozoso
de abandono lascivo, ha llamado a mis huesos
y me pide cansancio, y  me ofrece un celeste
relicario de sombras.
 
                                   Soledad o clemencia,
sucesión  de los días por las aguas dormidas.
 
Tomaré la tristeza que me ofrecen sus pechos,
volveré hasta el aljibe de los pájaros dulces,
al incendio de chopos amarillos del alba.
 
 
 
 
10
 
BORRACHO DE TABERNAS, papel y bibliotecas,
de luces otoñales, de angustias y de brumas,
de besos olvidados, de libros y de cines
me tiendo en el silencio angosto de la noche.
 
Borracho a cada hora de vida encandilada,
borracho incompetente que espanta a los nacidos
del bien y del progreso, los hijos de la era
final de nuestro siglo. Borracho. Me emborracho
de nuevo y me repito borracho por las calles,
borracho por las plazas, borracho por la vida
que no tiene sentido si no es estar borracho,
borracho por vivirla, borracho de perderla,
borracho por sentirla borracha por la sangre.
 
Borracho de tabernas, papel y bibliotecas
orino en las aceras del tiempo que me espanta
y sigo tan borracho que no tengo conciencia
del sueño que me toca vivir pero borracho,
borracho por la savia de vida que me inunda
la piel de escalofríos: enigma de los cuerpos
que marchan en los trenes que parten sin aviso.
 
 
 
 
11
 
SALDRÉ AL AMANECER buscándote en los pétalos
mojados de la tierra. Tal vez entre las sombras
primeras yo te halle lloviéndote en los pechos
la luz y las pavesas desnudas de la aurora.
 
Sabré que habita en ti la miel de los racimos,
que agosto vive ya prendido de tu sexo,
oculto en el secreto salado de tus muslos.
 
Tal vez  recogeré los frutos de las vides
rondándote la lengua con labios temulentos
y borraré palabras antiguas de abandono
copiando un palimpsesto con letras de tu boca.
 
 
 
 
12
 
EN ESTAS TARDES PLÁCIDAS, las últimas de marzo,
tras meses de avenidas umbrías y de lluvias
en el jardín cerrado, en la casa que abre
sus ventanas al cielo y al verdor de los montes  
pendientes de amapolas, te deseo. Te invoco
a la verde marea de viñas encendidas,
al incendio de rosas que me enturbia la boca.
 
Te llamo y te deseo como llamo al constante
resurgir de las hiedras y a los nuevos paisajes
de la aulaga amarilla. 
 
                                      Te llamo al mar de siempre,
al de las olas blancas y desnudas estelas.
A los juncos te invoco y te invito a la rama
de los pájaros mudos. No tardes. Ven. Te espero
con la luz en las manos y en los ojos la llama
temblorosa de vida.
 
                                 En estas tardes plácidas,
las últimas de marzo, buscaremos cerezas
en los tolmos del sueño y en los llanos despiertos.
Jugaremos al sol en los campos de aulagas,
en los chopos del aire que al invierno han dormido.
 
 
 
 
13
 
LLOVIENDO EN LAS FAROLAS. Cogidos de la mano,
tan ebrios por las calles brillantes de la tarde,
mirando escaparates camino  de los cines
oscuros y lascivos, camino de los sueños,
los labios y la carne.
                                   Te tronchas como dalia
si toco tu cintura. Si toco tus caderas
rezumas, oscilante, la savia de tu fondo.
Lloviendo en las farolas. “Mañana es el examen,
mañana nos veremos a la entrada del aula,
o en los arcos del patio donde todos los días”.
 
Visito los remotos recuerdos sepultados
por aludes de tiempo y de sábanas muertas.
Visito aquellos bares de cervezas nocturnas
entre libros y besos, y sonrisas, y besos,
y emociones, y besos, y bocados fluviales.
 
Lloviendo en las farolas te tronchas como dalia
si toco tu cintura con mis dedos curiosos.
 
Si toco aquellos días me suenan las canciones
olvidadas de entonces, y vivo del latido
de tus discos lejanos. Let it be... Let it be...
 
 
 
 
14
 
 
...yo voy muerto, por la luz
agria de las calles
(J.R. Jiménez)
 
 
ES DÍA DE DIFUNTOS, exequias de noviembre,
me anudo la corbata y asisto al funeral
del hombre sumergido en tumbas de ladrillos,
del hombre sepultado que asiste a la agonía.
 
Cuerpos a la deriva por pasillos de insomnio
he visto esta mañana, por las dunas de asfalto
y jardines de hierro; ataúdes de carne
en esquinas heladas. Muertos en las aceras,
todavía calientes, respirando lo hueco.
Muertos en los negocios que producen el oro
que requiere Caronte. 
 
                                      Hoy he visto rebaños
de difuntos al paso que les marca el entierro,
sin dolor ni recelo; el espanto es de vivos
y los muertos no sienten, sólo habitan la nada.
 
Es día de difuntos, día exangüe de niebla,
cementerio de vivos, columbario de ideas,
es un día cualquiera, como tantos, vacío,
sólo lleno de muertos,  sólo lleno de muertos.
 
Muertos, trenes de muertos disidentes de vida,
empañados del vaho que les ciega el cerebro.
 
¿La esperanza está viva? Quién nos pone los trenes
sin cabinas ni vías, sin ventanas al viento.
 
Oh, necrópolis vanas, apestáis al vacío
de las tumbas sin cuerpos. Quién nos pone los trenes...
Olvidad la esperanza, que también dios ha muerto.
 
 
 
 
15
 
EL SILENCIO, EL OLVIDO junto al mar sólo quiero,
retirarme a las olas y al rumor de los peces,
gaviotas silentes sólo quiero en las tardes
que me enseñen los signos de las redes dormidas.
 
Quiero ser abandono en las piedras mojadas
o quizás el mutismo silencioso de dunas
donde yacen las barcas disfrazadas de muerte.
 
He notado cansancio y no encuentro la causa
ni el dulzor que me llama a buscar las mareas.
 
Estilita del agua, ermitaño del viento
quiero ser y contar los navíos que pasan,
los fanales azules del callado horizonte.
 
 
 
16

 

A quién podría hablar
en la casa vacía.
( K. Kavafis )
 
 
Y ES QUE LLEGO CANSADO  a la casa vacía ,
a las sábanas donde aún retoza el silencio,
y es que llego sin prisas al balcón de geranios
donde habita la noche. Me recibe en sus brazos
el exilio de nieve y me arrulla canciones
que mañana he olvidado. Bailo tangos a solas
en el cuarto de mimbre y hago brindis a tientas
con las copas del sueño y a los muebles desnudos.
Bailo tangos a solas y es que llego cansado
hasta el bosque de mapas que no entienden mis ojos.
Los vecinos ya duermen y yo bailo en los brazos
del olvido y las sombras de este tren  invisible
que transporta la nada que sustenta la vida.
Es que llego cansado y te miro brindando
con licor de amapolas y retamas sin flores.
Y te miro cansado en las sábanas donde
aún perduran los ecos de tu voz imposible,
el retrato impreciso de tu cuerpo de niebla.
 
 
 
17
 
SE PROHÍBE PENSAR  en las tardes de octubre
frente al faro y las dunas cuando todos se han ido,
cuando el mar se oscurece y las horas no existen,
sólo un grato silencio de cenizas dormidas.
 
Se prohíbe pensar abrigado en la arena
o mirando al temblor de las últimas olas,
a los pájaros blancos y a las sombras del aire.
Se prohíbe pensar, corazón, no es tu tiempo,
ni es el tiempo preciso de gozosas mareas.
 
Se prohíbe pensar, sólo un tibio arrecife
se permite crecer en la sangre parada.
 
Se prohíbe pensar, despertar se prohíbe,
se prohíbe vivir como vamos muriendo.
 
 
 
 
18
 
EN LAS CALLES LA CALMA amarilla del tiempo
y esa lluvia tenaz que se llama derrota,
que se llama renuncia, desencanto y vacío.
Llueve gotas de angustia que se traga el asfalto.
Mientras miro asomado al cristal de Narciso
reflejado me veo en la gris mansedumbre.
Esta lluvia sin voz entregada al hastío,
sombra triste enjaulada en los vidrios, no es sólo
manantial que me lleve al lugar olvidado
donde tejen las horas sus capullos eternos.
Mientras llueve la tarde se arrincona en el alma.
Nace un nuevo jardín en las hojas de otoño
donde pisa y pasea ese viejo fantasma
que bailara extasiado agarrado a su espejo
el último Vals Triste de una fiesta inventada.
 
 
 
19
 
A VECES EL MAR TIENE un extraño sosiego
que las aves imitan, una incierta conciencia
de la vida que pasa inútilmente bella,
hermosamente vana, calladamente quieta.
Es el mudo deseo de ser hoja en la brisa
lo que emulan las aves. A veces el mar tiene
una cierta tristeza que las aves imitan,
el rotundo vacío de un poniente sin ecos
de veranos antiguos. Es la blanca nostalgia
de la infancia sin prisas lo que emulan las aves.
A veces el mar tiene las ventanas abiertas
y el batir de visillos que las aves imitan,
un aroma de fruta otoñal y madura
en el cesto dormido. Es el lento destino
en espejos de agua lo que emulan las aves.
A veces el mar tiene reflejos de mis alas.
 
 
 
 
20
 
PORQUE VAMOS SIN ALAS a las nubes de olvido,
porque es nuestra la misma vagoneta de vida,
porque somos la misma vía muerta a la nada,
yo te escribo estos versos sepultados y vivos,
abrumados de tiempo, impregnados de miedo.
 
A menudo he sentido que tú sientes la misma
confusión de bocinas cuando llega la noche,
y te encuentras desnuda en la eclisa del alba
acuñando monedas que perdieron su curso.
 
Porque existe la vida y ese tren es el nuestro
no pasemos la noche en los bancos de niebla
ni en los fríos andenes de maletas perdidas.
 
El vagón del amor nos espera un momento
y nos llama hacia allí la jornada que escapa.
 
Porque existe el amor este tren es el nuestro.
 
 
 
21
 
MARCHAN SOLAS LAS SOMBRAS por las calles vacías
y un crepúsculo roto reclamando la luna
pone llave a las puertas y abre un libro sin folios
a los pies de la noche. Es un humo sin nombre
que aparezca en las guías lo que habita la tarde
relegada al ambiguo declinar de las voces.
 
Y regresan los pájaros a los mismos tejados
incendiados del aire con las alas plegadas.
 
Un rebaño de antenas, multitud de esqueletos,
desdibujan el lienzo confundido del éter.
 
Ya mañana vendrán con el alba las luces
a girar en la rueda imparable y callada
y un bullicio de aves, un tañido de alas,
volverán a alegrar el cadalso del tiempo.
 
Marchan solas las sombras sin tambor ni trompetas
como tristes soldados hacia un cambio de guardia
en los tiempos de paz o de inútil vigilia.
 
 
 
 
22
 
PONME VINO EN LOS LABIOS. Ya no tengo otro afán
que el olvido y la dicha de los líquenes blancos.
 
El sereno silencio me ha marcado en estigma
con letargo de dioses y crisálidas negras.
 
Ponme vino en los labios con los tuyos. ( La copa
no me importa que sea del color de tu carne
ni del tibio cristal de tus muslos desnudos ).
 
Dame vino en la llave poderosa que abra
las entradas al mar del constante abandono.
 
Ponme vino despacio a la orilla del sueño
de tal forma que olvide tantos trenes perdidos.
 
 
 
 
23
 
ARRANCANDO AL SILENCIO la voz de los poemas,
indagando en la nada con los ojos cerrados,
recobrando campanas de las tardes perdidas...
 
Aquí en el corazón tengo un cuarto habitado,
decorado con cintas y almanaques extraños,
con espejos abiertos a los cielos azules
que me evocan los aires luminosos y tibios
de los mares de Ulises.
                                        Tengo un cuarto cerrado,
sólo abierto a la idea irreal de quimeras
y a los labios sin dueñas que me besan el alma.
 
Sólo escribo, tal vez, retirado en la huida
y en jardines insomnes protegidos del frío,
sólo escribo, tal vez, disfrazado en la noche
del payaso que mira con careta al espejo.
 
Hay un cuarto habitado, - corazón sin paredes -,
donde libo las horas agridulces y hieráticas,
arrancando poemas a la voz del silencio.
 
 
 
 
24
 
QUE LA VIDA NOS HACE vagabundos sin perros
es verdad como el vino que enturbia las palabras
en sórdidas tabernas de calles solitarias
donde el viento barriera los últimos residuos
de verbenas conclusas, los confetis flotantes
sin más rumbo que olvido en los cubos del alba.
 
Es cierto que la vida nos convoca a los ritos
del reloj en las aras del dios intransigente
que reclama demencia. Que la vida nos quiere
vagabundos errantes es verdad. Nos regala
un epítome nuevo cada huida de luna
con que, solos y a tientas, redactar el asunto
que nos tiene ocupados en las salas del tiempo
donde esperan los trenes que nos llevan confusos
por paisajes futuros y estaciones diversas.
 
Oh, la vida otras veces nos acuna en sus brazos
y comete un instante en nosotros estupro
y nos deja en la ropa el esperma del sueño,
un olor indeleble a colonia barata.
 
 
25
 
ESA NOCHE BAILARON el vals de la ternura
en la casa habitada por recuerdos y cactus,
el vals que sólo bailan los cuerpos solitarios.
Decoraron la mesa con flores encarnadas
y brindaron con besos en las copas antiguas.
 
Bailaron esa noche un vals hasta el desmayo.
Apagaron las luces y sólo las farolas
testigos fueron albos detrás de las ventanas.
 
Se pusieron los trajes de los días de fiesta
y bebieron la dicha de los peces del alba.
Y mecieron sus cuerpos como tallos dormidos
en los brazos borrachos de dulzor y diamantes.
 
Bailaron desde el sueño el vals de la ternura,
tuvieron en la boca las uvas del estío.
 
En el patio la noche les olía a mimosas
y tomaron la senda de la aurora de mayo
dejando la tristeza desnuda en el armario.
 
Cogidos de los labios huyeron del escombro.
 
 
 
26
 
 
Tanto aspirei, tanto sonhei, que tanto
De tantos tantos me fez nada en mim.
( Fernando Pessoa)
 
 
TANTOS DÍAS DE ESPERA, tantas noches de insomnio,
tantas cartas trucadas, tantos sueños en tumbas,
tantas fotos guardadas en carpetas perdidas.
Tantas copas en bares refugiando el fracaso.
 
Tantos trenes lejanos y estaciones cerradas,
tantos besos y tantas despedidas de luna
tanta música rota, tanta niebla sonora.
Tanta lluvia encerrada en aljibes de cal.
 
Tanta muerte en las alas, tanta vida en la cesta
de papeles usados. Tanto fuego en la nada.
 
 
 
 
27
 
YA LO SÉ. NO HACE FALTA que me escribas postales,
ni me envíes esquejes de cristales oscuros.
Hace tiempo que vivo con mis libros a solas
y me invento aventuras en las islas lejanas.
 
Ya lo sé. Bebo mucho y redacto poemas
que se van al olvido en cajones helados
donde guardo la magia de las nubes de invierno
y una bruma arenosa de veranos difusos.
 
Aún conservo el espejo que en las tardes me habla
de pezones rosados y caderas fugaces.
 
Tengo mapas guardados de tesoros deshechos
y las llaves del frío las escondo en el alma,
como éstas que abren el caudal de los versos
y el espectro agotado de cenizas furtivas.
 
Te olvidaste un pañuelo y una blusa de encajes
en el cuarto de baño, y una barra de labios
me dejaste en la silla donde nadie se sienta.
 
Ya lo sé. No estoy solo. Tengo aún la memoria
y una voz que dispersa sus espumas al viento,
y unos versos ahogados en un mar de abandono,
y unas pálidas manos que acarician mis horas.
 
Ya lo sé. No hace falta que me escribas postales,
ni me envíes las fotos de los ecos de un cuerpo.
Tengo flores de sombras en jarrones sin agua
y un sabor en la boca a cadáver hermoso.
 
 
 
 
28
 
 
QUÉ ESFUERZO COMPRENDER que detrás de los montes,
cuando en esta ventana antesala del alma
que refleja la tarde, centinela del oro,
los pájaros azules acumulan sus vuelos,
(la marea incesante de abanicos plumosos
y sonidos alados que preludia la noche),
nos espere el olvido. No es fácil comprender
que después de esta brisa mensajera de olas,
recadera del bronce que tiembla en las campanas,
que detrás del crepúsculo, cuando juegan los niños
en las sombras del aire, nos espere la nada.
No es fácil comprender la ebriedad del destino.
O será que el olvido no es más que una redoma
donde yacen dispersos los naipes del vacío.
 
 
 
 
 
29
 
ERA YA POR SEPTIEMBRE. Las muchachas subían
por las calles del brazo y dejaban olor
a limón y a vainilla. Las muchachas se iban,
( mariposas de cobre pulidas en verano ),
a ciudades de otoño, a jardines de adelfas,
hacia oscuros colegios de ventanas altísimas.
 
Nos dejaban la playa solitaria y desnuda
y quedaba en los muelles una tenue tristeza,
( gaviotas varadas y algo hueco en las olas),
que jamás comprendimos. Las muchachas se iban
y llevaban los pechos como pájaros vivos,
y sus labios cargados de fresones maduros
se llevaban el sol de las tardes de agosto.
 
Y volvíamos solos, como gatos heridos,
otra vez con las cañas a las verdes chumberas,
a esquilmar los membrillos en los huertos de siempre
o a mirar los esteros con sorpresa en los ojos.
 
Nos fue nuevo sentir en la sangre abandono
y aprendimos a oír el silencio en las viñas,
a notar amargor en la piel de las uvas.
 
 
30
 
LO QUE UN DÍA DEJASTE en el agua del pozo
has venido buscando, pero el pozo está seco
como nube en el horno de mañana de estío.
 
Ahora vienes y encuentras soledad, que no es poco,
unos pájaros sordos en los trenes del humo
y una niebla escondida detrás de los cipreses.
 
Un ejército dulce de libélulas rojas
se ha posado en las cañas del poniente morado
anunciando la noche, cuna vieja de insectos.
 
Y te vas a la playa solitaria y vacía
sin querer ser feliz, pues la dicha no es nada,
sólo un labio fugaz que se pierde en el alba.
 
Lo que un día dejaste en el agua del pozo
ahora vienes buscando, pero el pozo es un lecho
de guijarros dormidos, de madera olvidada,
ese tren que nos lleva por crepúsculos ciegos.
Sanlúcar de Barrameda, octubre de 1997 – mayo de l998
 
 
 
 

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