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ESE TREN QUE NOS LLEVA
- Resonante,
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jadeante
- marcha el
tren.
- ( A. Machado)
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- Y ese tren que
se va, con ruido alegre
- de silbidos y
alegres despedidas
- lo di ya por
perdido.
- (F. Benítez
Reyes)
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1
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-
No tardes. Si no vienes
la tarde es una hoguera
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de gélido cansancio, de lluvia sin sentido.
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No tardes, que los peces del mar se desorientan,
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se van las avefrías camino del otoño.
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-
No tardes. Los jazmines despiertan de la siesta
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y vuelven a dormirse callados por la ausencia.
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No tardes, que las calles no encienden sus farolas,
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ni empiezan en los cines los sueños inventados.
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No tardes, que te espero sentado en la reliquia
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cansada de mi alma antigua como el vino.
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No tardes, no me abras las páginas pintadas
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de olvidos y resacas, de nieve en los espejos.
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- 2
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DESGANA DE LAS HORAS que vierten en las copas
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silencio de ginebra para mi lengua ciega
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me dieron a probar los vientos del vacío.
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Desgana de los días en los vasos de magma
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que alumbran la memoria maldita y necesaria,
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la memoria que guarda las lágrimas del tiempo
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en viejos pastilleros y en cuadernos secretos
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usados cada fiesta de fuego en los crepúsculos.
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No es fácil inventar un nuevo calabozo
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donde encerrar las voces hirientes del recuerdo,
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donde guardar baúles de billetes sin fechas
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que pica cada día el revisor del tiempo.
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- 3
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AQUÍ LA SINESTESIA de la luz del domingo,
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aquí la mansedumbre de este faro apagado,
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de este día sin cielo, sin color y sin alma.
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Es tu cuerpo un helecho al capricho del sueño,
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distraído en la tierra que modelan mis manos,
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tan desnudo y sonoro como el agua en la fuente,
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fuego blanco de plumas y magnolias dormidas.
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Corazón almoneda de tristezas azules,
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oh, latiendo en el odre de mi boca embriagada.
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Aquí la sinestesia de la luz del domingo,
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en tus pechos redondos, frutos blancos de luna,
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en tu boca, caliente paraíso de moras.
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Y también la tristeza.
-
O quizás el otoño
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que ha traído la lluvia con su túnica gris
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y una música anciana de tambor en las calles.
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- 4
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SIEMPRE FUISTE VIAJERA golondrina de tardes
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que cruzaba mi calle con sus alas de libros,
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la mirada perdida y la blusa celeste
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de colegio de monjas.
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Golondrina de tardes,
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te miraba asomado por los vidrios de enero.
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Se imantaba mi pecho en aquellas ventanas
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apagadas de luces, telegramas de lluvias.
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Siempre fuiste viajera y cruzabas mi calle
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hacia el blanco ciruelo y las cepas podadas,
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hacia un mundo de cañas y macetas azules
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donde estaba la casa, nido tibio de invierno.
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Vino un tiempo deleble, de siluetas lejanas
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y tu casa quedó atracada al olvido
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y mecida en la niebla de los muelles borrosos.
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Viene el tiempo a su cauce, mariposa invisible,
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y volviste volando sin la blusa celeste,
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sin los libros del aire y tus alas son otras.
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Pero un nuevo temblor resucita en mis labios
-
y aún revienta la luz en la cal de la calle
-
desde donde la tarde pensativa se asoma
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al balcón de las olas repetidas de entonces.
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- 5
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-
ME ENCUENTRO EN LA ESTACIÓN sentado en los andenes,
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debajo del naranjo que huele en primavera,
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vagando con las nubes que parten cada tarde
-
camino de los montes brumosos del olvido.
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Te espero con los ojos perdidos en los trenes
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que van al horizonte huyendo de la angustia.
-
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No llevo más caudal que el viento y la tristeza,
-
ni llevo otras alforjas que un muerto entre mis ropas
-
que pide cada tarde que exhumen la esperanza.
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Te espero en la estación debajo del naranjo
-
mirando hacia un reloj parado en la memoria.
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- 6
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-
DABAS BESOS DE PLUMA y de mora agridulce,
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dabas besos mojados de verano caliente,
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de naranja partida, de silencio y granada.
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Dabas besos pacientes de saliva infinita
-
y la noche temblaba toda llena de alas
-
en los labios desnudos de tu boca sin prisas.
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Yo besaba tus besos aterido en la noche
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y un relámpago azul traspasaba mi lengua
-
tan descalza en las ascuas de tu lengua encendida.
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Y me olía a duraznos madurando en el sueño
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de tu aliento: racimo convertido en palabra.
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Y sonaban campanas en tu risa de niña.
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Y crujían las uvas, y crujían las algas
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de tus años tempranos, del fulgor de mis días.
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- 7
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-
LA LUZ DE CADA DÍA de nuevo en la ventana
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hiriendo con ventosas los pechos de la aurora,
-
vaciando de silencio las sábanas del sueño
-
con trompetas heladas y teclas invisibles.
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La luz. Y las maletas detrás de los portales
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como perros sin dueños esperando acomodo
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en los trenes que arrastran por el hielo los pasos
-
que conducen al frío temblor de los andenes.
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La luz de cada día de nuevo en las ventanas...
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La bruma arrinconada detrás del horizonte
-
espera la llegada constante de los trenes,
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y los postes del tiempo, fugitivos espejos,
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recorren las lucernas de mis ojos atónitos.
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- 8
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- Y yo corría hacia la
plaza vieja
- y seguía hasta el
río.
- ( Jaroslav Seifert)
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-
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NO TIENE LA CARCOMA lugar en la nostalgia,
-
ni tiene la nostalgia lugar en el otoño.
-
No tiene la tristeza lugar en este cielo
-
nacido de los ojos azules del recuerdo.
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Es tiempo lo que mide la edad de los objetos,
-
mas no la de la vida incierta como lluvia
-
que inunda la memoria. ¿Recuerdas? Era otoño.
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Desde el puente de Carlos mirabas el Moldava
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dorado por las luces ya viejas de la tarde.
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El jazz y la cerveza por las calles de Praga.
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Resonaban los pasos de los viejos poetas,
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los últimos fulgores allí en la Plaza Vieja,
-
crepúsculos de sombras y piedras silenciosas.
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Vencidos en la noche buscábamos tabernas
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y un sueño donde hallar faroles encendidos
-
que nos tocase el alma con manos ruborosas.
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Yo sé que lo recuerdas. Las calles de Hradcany
-
tenían la belleza del tiempo ya vivido,
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de un tiempo de pasión vivido con dulzura.
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Y era bueno aprender que la vida no es nada
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si un instante en la dicha es un beso desnudo
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que en las calles vacías reverbera en el aire.
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- 9
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- Ser poeta no es una
ambición mía.
- Es mi manera de estar
solo.
- (Alberto Caeiro)
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-
LA HUECA SOLEDAD de ruinas calladas
-
que se acuesta en las tapias de las casas caídas
-
por el viento de siglos y las lluvias tenaces,
-
la misma soledad de búcaro en invierno
-
que ha llamado a mi puerta y me espera paciente,
-
sabe bien que es eterna tentación en la umbría
-
de los muros vencidos que ya nada resisten.
-
-
La sorda soledad que conozco hace tiempo,
-
que ha vivido conmigo en ciudades diversas,
-
en diversos recintos acotados al musgo.
-
-
La soledad desnuda, de pechos prodigiosos
-
y tentadora boca que llevan al olvido,
-
la soledad amante, puta súbita y bella
-
en los vidrios sin brillo, en el cáliz gozoso
-
de abandono lascivo, ha llamado a mis huesos
-
y me pide cansancio, y me ofrece un celeste
-
relicario de sombras.
-
-
Soledad o clemencia,
-
sucesión de los días por las aguas dormidas.
-
-
Tomaré la tristeza que me ofrecen sus pechos,
-
volveré hasta el aljibe de los pájaros dulces,
-
al incendio de chopos amarillos del alba.
-
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- 10
-
-
BORRACHO DE TABERNAS, papel y bibliotecas,
-
de luces otoñales, de angustias y de brumas,
-
de besos olvidados, de libros y de cines
-
me tiendo en el silencio angosto de la noche.
-
-
Borracho a cada hora de vida encandilada,
-
borracho incompetente que espanta a los nacidos
-
del bien y del progreso, los hijos de la era
-
final de nuestro siglo. Borracho. Me emborracho
-
de nuevo y me repito borracho por las calles,
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borracho por las plazas, borracho por la vida
-
que no tiene sentido si no es estar borracho,
-
borracho por vivirla, borracho de perderla,
-
borracho por sentirla borracha por la sangre.
-
-
Borracho de tabernas, papel y bibliotecas
-
orino en las aceras del tiempo que me espanta
-
y sigo tan borracho que no tengo conciencia
-
del sueño que me toca vivir pero borracho,
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borracho por la savia de vida que me inunda
-
la piel de escalofríos: enigma de los cuerpos
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que marchan en los trenes que parten sin aviso.
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- 11
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SALDRÉ AL AMANECER buscándote en los pétalos
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mojados de la tierra. Tal vez entre las sombras
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primeras yo te halle lloviéndote en los pechos
-
la luz y las pavesas desnudas de la aurora.
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Sabré que habita en ti la miel de los racimos,
-
que agosto vive ya prendido de tu sexo,
-
oculto en el secreto salado de tus muslos.
-
-
Tal vez recogeré los frutos de las vides
-
rondándote la lengua con labios temulentos
-
y borraré palabras antiguas de abandono
-
copiando un palimpsesto con letras de tu boca.
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-
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- 12
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EN ESTAS TARDES PLÁCIDAS, las últimas de marzo,
-
tras meses de avenidas umbrías y de lluvias
-
en el jardín cerrado, en la casa que abre
-
sus ventanas al cielo y al verdor de los montes
-
pendientes de amapolas, te deseo. Te invoco
-
a la verde marea de viñas encendidas,
-
al incendio de rosas que me enturbia la boca.
-
-
Te llamo y te deseo como llamo al constante
-
resurgir de las hiedras y a los nuevos paisajes
-
de la aulaga amarilla.
-
-
Te llamo al mar de siempre,
-
al de las olas blancas y desnudas estelas.
-
A los juncos te invoco y te invito a la rama
-
de los pájaros mudos. No tardes. Ven. Te espero
-
con la luz en las manos y en los ojos la llama
-
temblorosa de vida.
-
-
En estas tardes plácidas,
-
las últimas de marzo, buscaremos cerezas
-
en los tolmos del sueño y en los llanos despiertos.
-
Jugaremos al sol en los campos de aulagas,
-
en los chopos del aire que al invierno han dormido.
-
-
-
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- 13
-
-
LLOVIENDO EN LAS FAROLAS. Cogidos de la mano,
-
tan ebrios por las calles brillantes de la tarde,
-
mirando escaparates camino de los cines
-
oscuros y lascivos, camino de los sueños,
-
los labios y la carne.
-
Te tronchas como dalia
-
si toco tu cintura. Si toco tus caderas
-
rezumas, oscilante, la savia de tu fondo.
-
Lloviendo en las farolas. “Mañana es el examen,
-
mañana nos veremos a la entrada del aula,
-
o en los arcos del patio donde todos los días”.
-
-
Visito los remotos recuerdos sepultados
-
por aludes de tiempo y de sábanas muertas.
-
Visito aquellos bares de cervezas nocturnas
-
entre libros y besos, y sonrisas, y besos,
-
y emociones, y besos, y bocados fluviales.
-
-
Lloviendo en las farolas te tronchas como dalia
-
si toco tu cintura con mis dedos curiosos.
-
-
Si toco aquellos días me suenan las canciones
-
olvidadas de entonces, y vivo del latido
-
de tus discos lejanos. Let it be... Let it be...
-
-
-
-
- 14
-
-
- ...yo voy muerto, por la
luz
- agria de las calles
- (J.R. Jiménez)
-
-
-
ES DÍA DE DIFUNTOS, exequias de noviembre,
-
me anudo la corbata y asisto al funeral
-
del hombre sumergido en tumbas de ladrillos,
-
del hombre sepultado que asiste a la agonía.
-
-
Cuerpos a la deriva por pasillos de insomnio
-
he visto esta mañana, por las dunas de asfalto
-
y jardines de hierro; ataúdes de carne
-
en esquinas heladas. Muertos en las aceras,
-
todavía calientes, respirando lo hueco.
-
Muertos en los negocios que producen el oro
-
que requiere Caronte.
-
-
Hoy he visto rebaños
-
de difuntos al paso que les marca el entierro,
-
sin dolor ni recelo; el espanto es de vivos
-
y los muertos no sienten, sólo habitan la nada.
-
-
Es día de difuntos, día exangüe de niebla,
-
cementerio de vivos, columbario de ideas,
-
es un día cualquiera, como tantos, vacío,
-
sólo lleno de muertos, sólo lleno de muertos.
-
-
Muertos, trenes de muertos disidentes de vida,
-
empañados del vaho que les ciega el cerebro.
-
-
¿La esperanza está viva? Quién nos pone los trenes
-
sin cabinas ni vías, sin ventanas al viento.
-
-
Oh, necrópolis vanas, apestáis al vacío
-
de las tumbas sin cuerpos. Quién nos pone los trenes...
-
Olvidad la esperanza, que también dios ha muerto.
-
-
-
-
- 15
-
-
EL SILENCIO, EL OLVIDO junto al mar sólo quiero,
-
retirarme a las olas y al rumor de los peces,
-
gaviotas silentes sólo quiero en las tardes
-
que me enseñen los signos de las redes dormidas.
-
-
Quiero ser abandono en las piedras mojadas
-
o quizás el mutismo silencioso de dunas
-
donde yacen las barcas disfrazadas de muerte.
-
-
He notado cansancio y no encuentro la causa
-
ni el dulzor que me llama a buscar las mareas.
-
-
Estilita del agua, ermitaño del viento
-
quiero ser y contar los navíos que pasan,
-
los fanales azules del callado horizonte.
-
-
-
- 16
A quién podría
hablar
en la casa vacía.
( K. Kavafis )
-
-
-
Y ES QUE LLEGO CANSADO a la casa vacía ,
-
a las sábanas donde aún retoza el silencio,
-
y es que llego sin prisas al balcón de geranios
-
donde habita la noche. Me recibe en sus brazos
-
el exilio de nieve y me arrulla canciones
-
que mañana he olvidado. Bailo tangos a solas
-
en el cuarto de mimbre y hago brindis a tientas
-
con las copas del sueño y a los muebles desnudos.
-
Bailo tangos a solas y es que llego cansado
-
hasta el bosque de mapas que no entienden mis ojos.
-
Los vecinos ya duermen y yo bailo en los brazos
-
del olvido y las sombras de este tren invisible
-
que transporta la nada que sustenta la vida.
-
Es que llego cansado y te miro brindando
-
con licor de amapolas y retamas sin flores.
-
Y te miro cansado en las sábanas donde
-
aún perduran los ecos de tu voz imposible,
-
el retrato impreciso de tu cuerpo de niebla.
-
-
-
- 17
-
-
SE PROHÍBE PENSAR en las tardes de octubre
-
frente al faro y las dunas cuando todos se han ido,
-
cuando el mar se oscurece y las horas no existen,
-
sólo un grato silencio de cenizas dormidas.
-
-
Se prohíbe pensar abrigado en la arena
-
o mirando al temblor de las últimas olas,
-
a los pájaros blancos y a las sombras del aire.
-
Se prohíbe pensar, corazón, no es tu tiempo,
-
ni es el tiempo preciso de gozosas mareas.
-
-
Se prohíbe pensar, sólo un tibio arrecife
-
se permite crecer en la sangre parada.
-
-
Se prohíbe pensar, despertar se prohíbe,
-
se prohíbe vivir como vamos muriendo.
-
-
-
-
- 18
-
-
EN LAS CALLES LA CALMA amarilla del tiempo
-
y esa lluvia tenaz que se llama derrota,
-
que se llama renuncia, desencanto y vacío.
-
Llueve gotas de angustia que se traga el asfalto.
-
Mientras miro asomado al cristal de Narciso
-
reflejado me veo en la gris mansedumbre.
-
Esta lluvia sin voz entregada al hastío,
-
sombra triste enjaulada en los vidrios, no es sólo
-
manantial que me lleve al lugar olvidado
-
donde tejen las horas sus capullos eternos.
-
Mientras llueve la tarde se arrincona en el alma.
-
Nace un nuevo jardín en las hojas de otoño
-
donde pisa y pasea ese viejo fantasma
-
que bailara extasiado agarrado a su espejo
-
el último Vals Triste de una fiesta inventada.
-
-
-
- 19
-
-
A VECES EL MAR TIENE un extraño sosiego
-
que las aves imitan, una incierta conciencia
-
de la vida que pasa inútilmente bella,
-
hermosamente vana, calladamente quieta.
-
Es el mudo deseo de ser hoja en la brisa
-
lo que emulan las aves. A veces el mar tiene
-
una cierta tristeza que las aves imitan,
-
el rotundo vacío de un poniente sin ecos
-
de veranos antiguos. Es la blanca nostalgia
-
de la infancia sin prisas lo que emulan las aves.
-
A veces el mar tiene las ventanas abiertas
-
y el batir de visillos que las aves imitan,
-
un aroma de fruta otoñal y madura
-
en el cesto dormido. Es el lento destino
-
en espejos de agua lo que emulan las aves.
-
A veces el mar tiene reflejos de mis alas.
-
-
-
-
- 20
-
-
PORQUE VAMOS SIN ALAS a las nubes de olvido,
-
porque es nuestra la misma vagoneta de vida,
-
porque somos la misma vía muerta a la nada,
-
yo te escribo estos versos sepultados y vivos,
-
abrumados de tiempo, impregnados de miedo.
-
-
A menudo he sentido que tú sientes la misma
-
confusión de bocinas cuando llega la noche,
-
y te encuentras desnuda en la eclisa del alba
-
acuñando monedas que perdieron su curso.
-
-
Porque existe la vida y ese tren es el nuestro
-
no pasemos la noche en los bancos de niebla
-
ni en los fríos andenes de maletas perdidas.
-
-
El vagón del amor nos espera un momento
-
y nos llama hacia allí la jornada que escapa.
-
-
Porque existe el amor este tren es el nuestro.
-
-
-
- 21
-
-
MARCHAN SOLAS LAS SOMBRAS por las calles vacías
-
y un crepúsculo roto reclamando la luna
-
pone llave a las puertas y abre un libro sin folios
-
a los pies de la noche. Es un humo sin nombre
-
que aparezca en las guías lo que habita la tarde
-
relegada al ambiguo declinar de las voces.
-
-
Y regresan los pájaros a los mismos tejados
-
incendiados del aire con las alas plegadas.
-
-
Un rebaño de antenas, multitud de esqueletos,
-
desdibujan el lienzo confundido del éter.
-
-
Ya mañana vendrán con el alba las luces
-
a girar en la rueda imparable y callada
-
y un bullicio de aves, un tañido de alas,
-
volverán a alegrar el cadalso del tiempo.
-
-
Marchan solas las sombras sin tambor ni trompetas
-
como tristes soldados hacia un cambio de guardia
-
en los tiempos de paz o de inútil vigilia.
-
-
-
-
- 22
-
-
PONME VINO EN LOS LABIOS. Ya no tengo otro afán
-
que el olvido y la dicha de los líquenes blancos.
-
-
El sereno silencio me ha marcado en estigma
-
con letargo de dioses y crisálidas negras.
-
-
Ponme vino en los labios con los tuyos. ( La copa
-
no me importa que sea del color de tu carne
-
ni del tibio cristal de tus muslos desnudos ).
-
-
Dame vino en la llave poderosa que abra
-
las entradas al mar del constante abandono.
-
-
Ponme vino despacio a la orilla del sueño
-
de tal forma que olvide tantos trenes perdidos.
-
-
-
-
- 23
-
-
ARRANCANDO AL SILENCIO la voz de los poemas,
-
indagando en la nada con los ojos cerrados,
-
recobrando campanas de las tardes perdidas...
-
-
Aquí en el corazón tengo un cuarto habitado,
-
decorado con cintas y almanaques extraños,
-
con espejos abiertos a los cielos azules
-
que me evocan los aires luminosos y tibios
-
de los mares de Ulises.
-
Tengo un cuarto cerrado,
-
sólo abierto a la idea irreal de quimeras
-
y a los labios sin dueñas que me besan el alma.
-
-
Sólo escribo, tal vez, retirado en la huida
-
y en jardines insomnes protegidos del frío,
-
sólo escribo, tal vez, disfrazado en la noche
-
del payaso que mira con careta al espejo.
-
-
Hay un cuarto habitado, - corazón sin paredes -,
-
donde libo las horas agridulces y hieráticas,
-
arrancando poemas a la voz del silencio.
-
-
-
-
- 24
-
-
QUE LA VIDA NOS HACE vagabundos sin perros
-
es verdad como el vino que enturbia las palabras
-
en sórdidas tabernas de calles solitarias
-
donde el viento barriera los últimos residuos
-
de verbenas conclusas, los confetis flotantes
-
sin más rumbo que olvido en los cubos del alba.
-
-
Es cierto que la vida nos convoca a los ritos
-
del reloj en las aras del dios intransigente
-
que reclama demencia. Que la vida nos quiere
-
vagabundos errantes es verdad. Nos regala
-
un epítome nuevo cada huida de luna
-
con que, solos y a tientas, redactar el asunto
-
que nos tiene ocupados en las salas del tiempo
-
donde esperan los trenes que nos llevan confusos
-
por paisajes futuros y estaciones diversas.
-
-
Oh, la vida otras veces nos acuna en sus brazos
-
y comete un instante en nosotros estupro
-
y nos deja en la ropa el esperma del sueño,
-
un olor indeleble a colonia barata.
-
-
- 25
-
-
ESA NOCHE BAILARON el vals de la ternura
-
en la casa habitada por recuerdos y cactus,
-
el vals que sólo bailan los cuerpos solitarios.
-
Decoraron la mesa con flores encarnadas
-
y brindaron con besos en las copas antiguas.
-
-
Bailaron esa noche un vals hasta el desmayo.
-
Apagaron las luces y sólo las farolas
-
testigos fueron albos detrás de las ventanas.
-
-
Se pusieron los trajes de los días de fiesta
-
y bebieron la dicha de los peces del alba.
-
Y mecieron sus cuerpos como tallos dormidos
-
en los brazos borrachos de dulzor y diamantes.
-
-
Bailaron desde el sueño el vals de la ternura,
-
tuvieron en la boca las uvas del estío.
-
-
En el patio la noche les olía a mimosas
-
y tomaron la senda de la aurora de mayo
-
dejando la tristeza desnuda en el armario.
-
-
Cogidos de los labios huyeron del escombro.
-
-
-
- 26
-
-
- Tanto aspirei, tanto sonhei,
que tanto
- De tantos tantos me fez
nada en mim.
- (
Fernando Pessoa)
-
-
-
TANTOS DÍAS DE ESPERA, tantas noches de insomnio,
-
tantas cartas trucadas, tantos sueños en tumbas,
-
tantas fotos guardadas en carpetas perdidas.
-
Tantas copas en bares refugiando el fracaso.
-
-
Tantos trenes lejanos y estaciones cerradas,
-
tantos besos y tantas despedidas de luna
-
tanta música rota, tanta niebla sonora.
-
Tanta lluvia encerrada en aljibes de cal.
-
-
Tanta muerte en las alas, tanta vida en la cesta
-
de papeles usados. Tanto fuego en la nada.
-
-
-
-
- 27
-
-
YA LO SÉ. NO HACE FALTA que me escribas postales,
-
ni me envíes esquejes de cristales oscuros.
-
Hace tiempo que vivo con mis libros a solas
-
y me invento aventuras en las islas lejanas.
-
-
Ya lo sé. Bebo mucho y redacto poemas
-
que se van al olvido en cajones helados
-
donde guardo la magia de las nubes de invierno
-
y una bruma arenosa de veranos difusos.
-
-
Aún conservo el espejo que en las tardes me habla
-
de pezones rosados y caderas fugaces.
-
-
Tengo mapas guardados de tesoros deshechos
-
y las llaves del frío las escondo en el alma,
-
como éstas que abren el caudal de los versos
-
y el espectro agotado de cenizas furtivas.
-
-
Te olvidaste un pañuelo y una blusa de encajes
-
en el cuarto de baño, y una barra de labios
-
me dejaste en la silla donde nadie se sienta.
-
-
Ya lo sé. No estoy solo. Tengo aún la memoria
-
y una voz que dispersa sus espumas al viento,
-
y unos versos ahogados en un mar de abandono,
-
y unas pálidas manos que acarician mis horas.
-
-
Ya lo sé. No hace falta que me escribas postales,
-
ni me envíes las fotos de los ecos de un cuerpo.
-
Tengo flores de sombras en jarrones sin agua
-
y un sabor en la boca a cadáver hermoso.
-
-
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QUÉ ESFUERZO COMPRENDER que detrás de los montes,
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cuando en esta ventana antesala del alma
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que refleja la tarde, centinela del oro,
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los pájaros azules acumulan sus vuelos,
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(la marea incesante de abanicos plumosos
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y sonidos alados que preludia la noche),
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nos espere el olvido. No es fácil comprender
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que después de esta brisa mensajera de olas,
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recadera del bronce que tiembla en las campanas,
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que detrás del crepúsculo, cuando juegan los niños
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en las sombras del aire, nos espere la nada.
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No es fácil comprender la ebriedad del destino.
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O será que el olvido no es más que una redoma
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donde yacen dispersos los naipes del vacío.
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- 29
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ERA YA POR SEPTIEMBRE. Las muchachas subían
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por las calles del brazo y dejaban olor
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a limón y a vainilla. Las muchachas se iban,
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( mariposas de cobre pulidas en verano ),
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a ciudades de otoño, a jardines de adelfas,
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hacia oscuros colegios de ventanas altísimas.
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Nos dejaban la playa solitaria y desnuda
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y quedaba en los muelles una tenue tristeza,
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( gaviotas varadas y algo hueco en las olas),
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que jamás comprendimos. Las muchachas se iban
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y llevaban los pechos como pájaros vivos,
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y sus labios cargados de fresones maduros
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se llevaban el sol de las tardes de agosto.
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Y volvíamos solos, como gatos heridos,
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otra vez con las cañas a las verdes chumberas,
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a esquilmar los membrillos en los huertos de siempre
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o a mirar los esteros con sorpresa en los ojos.
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Nos fue nuevo sentir en la sangre abandono
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y aprendimos a oír el silencio en las viñas,
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a notar amargor en la piel de las uvas.
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LO QUE UN DÍA DEJASTE en el agua del pozo
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has venido buscando, pero el pozo está seco
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como nube en el horno de mañana de estío.
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Ahora vienes y encuentras soledad, que no es poco,
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unos pájaros sordos en los trenes del humo
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y una niebla escondida detrás de los cipreses.
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Un ejército dulce de libélulas rojas
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se ha posado en las cañas del poniente morado
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anunciando la noche, cuna vieja de insectos.
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Y te vas a la playa solitaria y vacía
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sin querer ser feliz, pues la dicha no es nada,
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sólo un labio fugaz que se pierde en el alba.
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Lo que un día dejaste en el agua del pozo
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ahora vienes buscando, pero el pozo es un lecho
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de guijarros dormidos, de madera olvidada,
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ese tren que nos lleva por crepúsculos ciegos.
- Sanlúcar de
Barrameda, octubre de 1997 – mayo de l998
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