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-
-
- y en esta isla atormentada,
- de oscuridad y roca,
- mis pies pisan el mundo
desolados.
- (Francisco Brines)
-
- La
torre semeja, sobre el pueblo
- sin ilusión y sin sentido, mi
fracaso;
- (J.R.Jiménez)
-
- Mère de souvenirs, maîtresse des
maîtresses
- (Ch.
Baudelaire)
-
- I
-
- Recuerdo
los naranjos y la aulaga
- del sur,
las noches blancas de azahares,
- recuerdo
de la tarde las campanas,
- las ebrias
golondrinas, las paredes
- de gruesa
cal y sombras de poniente.
- Recuerdo,
desde el ático, la lluvia
- camino del
colegio y las muchachas,
- de chicle
las sonrisas, la anilina
- mezclada
de los parques y balcones.
- Recuerdo.
-
-
Y desde el
ático ahora veo
- la gris,
quieta epidermis del asfalto,
- el gris,
lento carruaje de las nubes
- de otoño,
de noviembre, de este día
- sentado en
el salón. Sobre la mesa
- la mano
del recuerdo vive sola.
- La aulaga,
los naranjos, la epidermis
- tan dura
del asfalto, y la desidia.
-
-
-
- II
-
- De
asfódelos, caléndula y cantueso
- el campo,
el corazón, la boca, el alba,
- el vidrio,
el manantial de las ventanas,
- el sueño,
el despertar. Oh, la fragancia
- de vid de
aquellos patios: cal y cobre,
- la hierba
y la ensenada de azucenas,
- las
conchas y las algas, mar y cielo.
- La lluvia
en los maizales, las granadas
- maduras
del otoño renaciente.
- E1 atrio
del colegio y las palmeras.
- Y el mar.
La luz, el mar y los veleros,
- las gotas
de rocío en las mañanas,
- la arcilla
entre los dedos. Por los ojos
- la aurora
de pestañas azuladas.
- Sonaba una
canción en los pupitres
- de mudas
cordilleras y de ríos.
- E1 mar. La
luz, el mar y los ahogados
- de siglos
por las venas de la tarde.
- E1 mar, la
arena, el mar. Y las cenizas,
- la noche
expectativa, las eternas
- imágenes
del aire en decadencia.
- De
asfódelos, caléndula y cantueso
- la tela
del hogar y los paisajes.
-
-
-
- III
-
-
-
- ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
- (J.R. Jiménez)
-
- Magnolias
en mis sábanas dejaba,
- magnolias,
azahar y labios duros.
- Sus senos,
de la tarde flor dormida,
- aroma de
amapolas y cerezas,
- temblaban
en mi boca, entre mis dedos.
- Magnolias
y sabor a playa y barro,
- a sol y
arena, hierba y gorriones.
- Oh, cómo
retornar ya a este vacío
- la luz de
la alborada por sus ojos,
- el vino de
su piel y su cabello.
- Magnolias
en mis sábanas dejaba,
- su cuerpo
de clepsidra y su alma nueva.
-
-
-
- IV
-
- Oh, tardes
del balcón. Abril. Cuajada
- de pájaros
y númenes el alma,
- expuesto a
la aquiescencia de la brisa,
- soñaba con
las voces de poniente.
- Los dijes
de oro y tul del horizonte,
- la
inquieta sensación de estar naciendo
- al gozo y
al clamor de savia nueva.
- Oh, tardes
del balcón, fecunda en flores
- y añil,
ciegas de cal, ciegas de vides.
- Qué vacuo
este vivir si vacua el alma
- de luz, de
tiempo y sal, de Dios y espigas,
- se baña en
la desdicha del recuerdo.
- Qué vacuo
el caminar hacia el olvido,
- hacia la
ungida torre de los siglos.
-
- V
-
- Si he
venido a colmar de enredaderas
- la nieve
de tu talle es porque tengo
- cansado el
corazón de tantos siglos
- en busca
del incendio de la aurora.
-
- Hoy vengo
del desorden y a la nada
- retornaré
con labios florecidos,
- al yugo de
la noche, a las quimeras
- del sueño
y al olvido complaciente.
-
- Yo seguiré
asomado a mis balcones
- rodeado de
astrolabios y de estrellas,
- de
inciertos firmamentos y de mirtos
- dormidos
sobre viejos ataifores.
-
-
-
- VI
-
- La playa
de la infancia, aquella playa
- lejana...
De repente ahora siento
- llamar al
corazón con las espumas
- borradas
del ensueño y la nostalgia.
- La playa
de la infancia acumulada
- a golpe de
oleaje en las entrañas
- amargas.
Agua sola, abandonada,
- cansancio
de gaviotas en los cielos.
- Será que
estoy más solo cada día,
- será que
estoy más solo con la ausencia
- del céfiro
callado en las pestañas
- y el beso
de las algas por los labios.
- Oh, playa
irrepetible, lejos suenas
- y lejos
sueño yo con el regreso
- caliente
de la arena y de los tiempos
- celestes y
desiertos en el aire.
-
-
-
- VII
-
- Cuántas
veces, la frente en los cristales,
- mirando
caer la lluvia sobre el patio,
- pensaba ‑
voz de cémbalos el agua -
- el niño en
manantiales eviternos.
- Espectros
de la tarde y de las sombras,
- de
insectos y campanas, proferían
- canciones
ancestrales y espejismos
- hermanos
de la fábula y el sueño.
- La lluvia
en la ventana y en los ojos
- la bruma
vespertina de los muelles
- y hermosas
procesiones de violetas.
- La vida
dio carlanca a la inocencia,
- al humo
incierto y bello de la aurora.
- Cuántas
veces, su vaho en los cristales,
- la tarde
rememora aquellos días
- y el
hombre busca el alma desterrada
- clamando a
las campanas del poniente.
-
-
-
-
- VIII
-
- A qué esta
sinrazón y este deleite,
- qué sabia
languidez me ocupa el alma
- de
fértiles lloviznas y de lucios
- calmados
en las llamas del crepúsculo.
- A qué este
azul litigio de la tarde
- me lleva
hacia los pájaros cansados
- que buscan
las higueras en las sombras
- dormidas
por el láudano del tiempo.
- Yo,
histrión sobre el triclinio recostado,
- engullo
mieles y uvas de calendas,
- me
absuelvo en el silencio etéreo y negro,
- en
cándidas sonrisas de vestales.
- De
euménides un rito me acrisola
- en urna de
cristal y cadmio blanco.
- No sé qué
piedras ávidas de muerte
- me
muestran las necrópolis hambrientas.
-
-
-
-
- IX
-
- Un beso de
estramonios y alhelíes,
- tan dulce
y a la vez veneno y nieve,
- caliente
flor o musgo sorprendido
- por la
herrumbrosa niebla del pasado;
- un roce de
amapolas y de plumas
- que nutren
con certero humo las sombras
- postradas
en los páramos desiertos
- y
estériles al sueño de centurias.
- E1 tiempo
irremediablemente arcano
- es cáliz
destinado al sacrificio
- pomposo de
los días sepultados
- en cieno
de nostalgias y embalajes.
- Oh, dónde
se perdieron las valijas
- antiguas y
olvidadas y el enigma
- creado en
el insomnio de lo obscuro.
- A dónde
recurrir, dónde, vencido,
- saciar la
sed de agua no llovida,
- de eterna
soledad sobre el alféizar.
-
-
-
- X
-
- Volver la
vista atrás sabe a saliva
- de pan y
aceite denso en los tunales,
- en los
cañaverales donde el silbo
- de abejas
retornantes desbordaba
- los aires
de la tarde inacabable.
- Volver la
vista atrás sabe a alhucema
- y a la
jacarandá de azules sombras
- que altiva
desde el parque soportaba
- bullicios
transparentes de canicas.
- Volver la
vista atrás, hacia las trenzas
- de blancos
lazos y sangrientas flores,
- hacia los
senos rosas e incipientes
- de la
vecina tímida, olorosa.
- !Qué
aromas de geranios y claveles
- me cierran
las pestañas!. Y en el alma
- ¿qué
buscan los nevados azahares?.
- Volver la
vista atrás.
-
Insecto anclado
- en los
balcones altos de la alcoba.
-
-
-
- XI
-
- Hay tintes
de domingo, hay esencias
- de otoño
ya en las tardes de este pueblo
- y hay
niños invisibles en las voces
- lejanas
que se escapan del silencio.
- E1 viento
ya parece haber callado
- su acento
en los alambres de los huertos.
- Qué muda
soledad entre las vides,
- qué
extraña languidez la de los cuerpos,
- ausente en
el altar qué sola el alma,
- qué quedos
los naranjos. En los suelos,
- allá,
desde el balcón, hacen las sombras
- enormes
abanicos de cemento.
-
-
-
-
- XII
-
- Sí,
cuéntame tus tiempos de geranios,
- tus
blancos plenilunios en la arena
- bruñida
por el mar de la bahía
- y el
tuétano de siglos y memorias.
- Sí,
háblame de aquellas alboradas
- que aún
llevas indolentes en los ojos,
- de brisas
otoñales y veleros
- cruzando
el horizonte de tu playa.
- Sí, dime;
yo te oigo y enmudezco
- parado
ante la voz de aquellas horas.
- Yo sé que
primaveras en tu boca
- son gotas
de cristales en la niebla,
- mas,
háblame y sonríe, no adolezcas
- de patios
y jazmines nocturnales.
- Descifro
tus palabras en el éter
- cansado
que se esconde en tu mirada.
- Preludio
es que tus sueños prevalezcan
- al tiempo
y al cansancio y al olvido.
- Sí, dime,
mientras yo callado observo
- la tarde
que ensombrece tus arrugas.
-
-
-
-
- XIII
-
- Paciente
hay un desmayo en las adelfas
- de sombras
y libélulas brumosas
- que en los
abrevaderos del serano
- tatúan de
tristezas el otoño.
- Hay cantos
solitarios de violines
- dorados en
los campos vespertinos
- y pétalos
celestes en la brisa
- silente
que espumea el horizonte.
- Sin
brújula de luz las horas mudas
- dormidas
al amor de los hastiales,
- sin
brújula de luz, en el olvido
- del limo,
la semilla esclavizada
- espera el
renacer de acequias verdes
- y el sol
entre los vanos del ergástulo.
-
-
-
- XIV
-
- Qué solos
los columpios de la plaza
- mecidos
por el viento. Y la llovizna.
- E1 tiempo
inexorable en los tejados
- que cala
como orvallo en la memoria.
- Tan sólo
los columpios en la lluvia,
- tan sólo
la quietud, la imperturbable
- fachada
ante los ojos. Y el olvido.
- Ni
pájaros, ni luz, ni flores blancas,
- ni cintas
del color de la amapola.
- Tan solos
los columpios de la plaza
- sin niños,
sin ensueño, sin pasado.
- La lluvia
en la fachada inescrutable
- sin luz,
sin piedra blanca, sin rumores
- azules,
sin ufanas cantinelas.
- La lluvia
de cobalto ante los ojos,
- la lluvia
de este octubre que no cesa.
- Detrás de
los visillos hay siluetas
- de humanas
soledades compartidas.
-
-
-
-
- XV
-
- Cubiertos,
ay, de polvo los anhelos,
- expuestos
en la mesa , en densa muerte,
- tupidos de
hojas secas y de flores
- en páginas
dejadas al olvido.
- Cubiertos,
ay, de cera los caminos,
- de ceras y
cenizas ancestrales
- calladas
en los pozos de agua verde
- y ciegos
manantiales de silencio.
- Qué triste
carnaval el de las voces,
- qué triste
musitar el de las peñas.
- ¿No oís
desde el dolor y la derrota
- el viento
en la epidemia de la noche,
- el mar
rotundo y vasto en la agonía
- precisa de
los sueños que no encuentran
- el cálido
sendero de lo eterno?
-
-
-
-
- XVI
-
- Ya sabes.
Es tan bello este ostracismo,
- tenderme
junto a ti, sentir tus dedos
- rodarme
por la piel en esta alcoba
- caliente y
apartada del vacío...
- Lo sabes
cuando beso, cuando hiero
- tu boca
con torrentes de amapolas,
- lo sabes
cuando busco tu saliva
- y toco tus
pezones como almendras.
- La carne
hecha canela, el aire entero
- dehesas de
ambarinas deliciosas.
- Lo sabes
que me huelen tus cabellos
- cual
huelen las higueras en septiembre,
- cual
huelen los geranios en los patios
- y el aire
de las huertas tras la lluvia.
- Es bello
estar tendido, acostumbrado
- al musgo
de las ingles delicadas,
- que sólo
el tragaluz sea blanca orilla
- del mundo
que ahí afuera nos pretende.
-
-
-
- XVII
-
- Subí mi
soledad a la ventana
- por ver
los grajos tristes de la tarde,
- por ver la
destrucción del horizonte
- y oír la
antigua voz de las campanas.
-
- Subí por
ver la luz en los ribazos
- morir cual
muere el gozo en las pupilas,
- por ver
pasar el tiempo disfrazado
- hacia la
historia incierta de la noche.
-
- Subí por
respirar brisas de malva
- y el aire
joven, vivo, tembloroso
- que mueve
cada tarde las celindas.
-
- Subí mi
soledad a la ventana
- sin alas
ni reloj, buscando sólo
- el son de
una canción y he descubierto
- que tengo
el corazón en el exilio
- y muerta
la ilusión en el olvido.
-
-
-
-
- XVIII
-
- Columbro
aquel color en la memoria,
- la tibia
primavera en los granados,
- la luz que
en las paredes de la alcoba
- creaba los
fantasmas de mi mente.
- Columbro
los almendros en febrero
- floridos
de albos pétalos y el aire
- sencillo
de las calles bajo el cielo
- azul de
las mañanas de domingo.
- La misa al
despertar y las palomas
- retando el
campanario a los vencejos,
- la
incómoda y ridícula corbata
- de fiesta
sobre el cuello almidonado.
- E1 agua de
colonia que mi madre
- ponía en
mi cabeza ahora la huelo,
- la huelo
como huelo el tibio aroma
- a hojaldre
del convento de las monjas.
- Columbro
aquel pasado desde el mástil
- del tiempo
que se torna como arena
- al viento
irrepetible de los días.
- Hoy
llueve, escribo y llueve en los tejados,
- profana
procesión de notas lentas
- que imita
al celuloide entre las llamas.
-
- XIX
-
- Ya vienen
reventando los espinos
- en blancas
mariposas diminutas,
- ya zumban
los insectos en las jaras
- y aroma la
lavándula los aires.
- Los álamos
crisálidas cambiaron
- por un
clamor de plata temblorosa.
- Hoy vuelvo
a pasear, llevo mi cuerpo
- camino de
la Vía como antaño,
- mirando
hacia la mar, hacia el poniente
- de luz
añil y yodo perfumado.
- Qué
verdes los serbales y las cañas,
- igual que
cuando niño los miraba
- colmadas
de colores las pupilas.
- La vida se
repite y cada muerte
- levanta un
vendaval de flores nuevas.
- Hoy vuelvo
a revivir la primavera
- dormida en
los relojes de hojalata
- que un día
perecieron al olvido.
- Ya vienen
reventando los espinos...
- Recuerdo
que "por mayo era, por mayo".
-
-
-
- XX
-
- Palabras
en papeles amarillos
- tan viejas
como el barro y la nostalgia,
- recuerdos
que estas tardes van cavando
- las luces
del otoño en las paredes.
- Es sólo
soledad lo que me habita,
- es sólo
soledad lo que transluce:
- el alma
con el sueño del destino
- y el sueño
en el candil de la memoria.
-
-
-
-
- XXI
-
- Yo quiero
con las grullas en la tarde
- buscar un
horizonte de naranjas
- y un cielo
de cristales encarnados
- detrás de
las montañas de amaranto.
- Yo quiero
aniquilar la voz del tiempo,
- tangir las
siemprevivas y los lirios
- que
esperan las mañanas y el rocío
- de luz que
los devuelvan al encanto.
- He abierto
los balcones de mi alma,
- he abierto
el ajimez y en los aleros
- he visto
serpentinas de otros días
- y estampas
ensiladas en el humo.
- Al sueño
he de volver con mariposas,
- al sueño
he de volver por los senderos
- que trazan
en el aire las palomas
- que vienen
a anidar en las ruinas.
- Yo quiero
con los pájaros alegres
- calmar el
tiempo nuevo en los dinteles,
- cambiar el
panorama de tristeza
- que nace
desde el fondo de las tapias.
-
-
-
-
- XXII
-
- Me vienes
con las manos germinadas
- y pétalos
de amor entre los dedos,
- sin nombre
y sin ayer, con la sonrisa
- nevada
entre los labios de verano.
- Me vienes
de la luz y traes contigo
- el mosto
de la piel y frescas uvas
- que al
mueso de tu carne se revientan.
- Hay agua
de jazmín en tu saliva
- y cielo en
el olvido de tus ojos.
- Tú llegas
hacia mí, pisando nubes,
- borrando
la memoria con los brazos,
- luchando
como ángel con la muerte
- que
observa sigilosa tras los vidrios.
- No queda
soledad en los visillos
- ni oscuros
alfileres de ceniza
- que puedan
destrozar la primavera.
- Miremos
más allá de los espejos,
- al cielo
de alas blancas y espumosas
- que hay
sobre las olas de los puertos.
-
-
- XXIII
-
- Jamás lo
olvidaré. Por las ventanas
- veíanse
las tunas y la playa
- de arenas
amarillas y los barcos
- azules y
las redes en el muelle.
- Veíanse a
lo lejos en la bruma
- la sal,
las cañas verdes, las angostas
- veredas
que llevaban a las conchas,
- los altos
eucaliptos de la huerta,
- el humo de
los buques hacia el río
- paciente
entre la niebla y las marismas.
- "La dulce
boca que a gustar convida..."
- escrito en
la pizarra por la mano
- del triste
profesor. Aquel silencio
- de
hormigas y bolígrafos baratos.
- Jamás lo
olvidaré. Tenía los ojos
- del verde
de los musgos en enero
- y el
cuerpo despertando a la caricia
- cual nacen
aguaturmas junto al río.
- Jamás lo
olvidaré. Yo la miraba
- callado en
el enigma de la clase,
- mordiendo
la emoción que engendra nubes.
- "A
fugitivas sombras doy abrazos..."
- "Escrito
está en mi alma vuestro gesto.."
- Petrarca,
Juan Ramón, Jorge Manrique,
- Quevedo,
Garcilaso, Juan de Mena...
- la magia
de los versos y del tiempo
- parado en
los dibujos medievales.
- Jamás lo
olvidaré. Jamás la tuve,
- o sí, la
tuve asida a la inocencia,
- la tuve en
los poemas de las tardes
- sentado a
la templanza de los sueños.
- La tuve
cuando era caballero
-
- y torpe
trovador ilusionado,
- la tuve
entre las juncias de mi patio,
- en jarchas
y canciones provenzales,
- cuando la
vida era a nuestros ojos
- un libro
sin abrir, un mar ignoto,
- "rumor de
besos y batir de alas".
-
-
-
- XXIV
-
- Va glauco
declinando del invierno
- el día con
su lluvia en los alambres
- de pájaros
vacíos y de abejas.
- Las flores
de papel y los retratos
- callados
en las sombras de los muebles
- y el ocre
cenicero sepultando
- los restos
de horas áridas y huidas.
- Licores en
las copas de la tarde
- hoy tienen
el sabor del estramonio,
- y hay
flores de alcanfor en los jarrones
- y sueños
en espejos empolvados
- que acaban
duplicando la tristeza.
- Monótona
es la luz en los cristales,
- monótona
en la piel de la verdina,
- monótona
en la cal del campanario
- y en las
desnudas varas de las viñas.
- La triste
bordadora de las sombras,
- sentada al
bastidor, hace sudarios
- con hilos
arrancados al silencio.
-
-
-
-
- XXV
-
- Como el
agua que fluye en los vergeles
- la voz del
tiempo suena en la memoria,
- la voz del
tiempo hermano de la muerte,
- hermano de
la vida y de la nada.
-
- XXVI
-
- No
encuentro la razón de esta tristeza
- que viene
sigilosa a la ventana,
- ni
entiendo que en las tardes de domingo
- se atreva
sin aviso a visitarme,
- pasteles
bajo el brazo, acicalada
- cual fuera
un familiar.Es la presencia
- estéril de
la estatua que no mira.
- Se sienta
junto a mí. Ante la mesa
- las tazas
de café sorbe despacio,
- las copas
de licor que difuminan
- la blanca
realidad en los espejos.
- Y la oigo
musitar sin entenderla,
- apenas sin
saber que me acompaña
- vestida de
amarillo y perlas grises
- cayéndole
hacia el seno perfumado.
- Me vierte
la resina de su aliento
- antiguo en
la redoma de las horas
- y lléname
la sala de humo dulce:
- aroma de
capilla y de cadalso.
- Después me
besa fría en las mejillas
- y vuelve a
los cristales de la noche
- colmando
de vacío los fragmentos
- de vida
que conducen a la nada.
-
-
-
- XXVII
-
- La
eternidad cansada del insomnio,
- el musgo
que en la madrugada duerme,
- la sombra
y el silencio del vacío
- que
llevará la carne al columbario,
- el vino
resignado, la impotencia
- callada
que no evade la marea,
- la luna de
ceniza y amianto
- serán
espumas frágiles al viento
- y sueños
de madera entre las ascuas,
- serán
tambores viejos y clarines
- ahogados
en los lucios del olvido,
- puñales
que no hirieron la memoria
- larguísima
que nutre la esperanza.
-
- XXVIII
-
-
-
- Je suis belle, ô mortels! comme un rêve de
/ pierre
- CH. BAUDELAIRE
-
-
- El alma de la
tarde, la belleza
- marchita de la
luz en las callejas,
- el múrice
dorado de las nubes,
- los ecos
mortecinos que el levante
- difunde por
trigales y labranzas...
- mortales son
si mueren con nosotros,
- si mueren a
los ojos y a la lengua,
- al tacto y a
la flor de los sentidos,
- si un día han
de acabar como acabaron
- las horas ya
difuntas que, sin freno,
- capaces de
asolar el tiempo, fueron
- veloces,
fugitivos rayos mudos.
- La tumba de
los sueños profanada
- hoy huele como
algas insepultas
- que no vuelven
al mar con las mareas.
- Dejadme
contemplar el panorama:
- de piedra
sueños muertos en sudarios,
- la soledad, el
viento en las acacias,
- los folios del
recuerdo y el lamento
- de que algo se
está yendo para siempre.
-
-
-
-
- XXIX
-
- Han vuelto a
florecer cárdenos lirios
- al borde del
camino entre la hierba
- y mielgas de
azafrán en los linderos
- serenos del
arroyo transparente.
- Hay pájaros
que llenan los espinos
- de alegres
acuarelas y de oboes
- y suaves
amapolas donde insectos
- un néctar
carmesí liban ansiosos.
- Perséfone del
Tártaro sombrío
- alzó fértiles
pechos a la tierra
- abriendo una
estación de golondrinas.
- Nos sorprendió
la luz y la fragancia,
- sentimos como
ayer llenar las venas
- un mar de
vivas aguas y de albricias.
-
-
-
-
- XXX
-
- Dormidas en el
ático han quedado
- la sombra del
reloj en las cortinas,
- la brújula del
sueño y de las nubes
- que giran sin
dejar lluvia en las tejas.
- He vuelto las
vasijas boca abajo
- y es blanca
soledad lo que derraman
- al suelo
contagiado de alas secas.
- La rosa de los
vientos he tomado
- naciendo del
escombro.Hay un destino
- que llama
desde el mar y oigo bocinas
- silbando entre
la niebla que clarea.
- Un nuevo sol
desnudo se levanta
- detrás de los
cristales del rocío,
- un nuevo mar
de índigas espumas
- y cándidas
ciudades ribereñas.
- Recuerdo los
naranjos y la aulaga...
- Ya es vano
recordar, que quiero olvido,
- eterno
bebedizo de esperanza
- y enjambres de
hojas verdes en las manos.
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