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LA SOLEDAD DEL NÓMADA
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- Otros,
queriendo huir la humana y triste
- suerte,
en cambiar de climas y de tierras
- gastan
la edad
- (Giacomo
Leopardi)
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-
- No paso
dos veces por el mismo sitio.
- Ni en
un mismo cielo
- me
extasío.
- (Antonio
Cillóniz)
-
- Todo
sigue en su sitio.
- Pero el
viajero no comprende; trata
- de
entrar. Abre la puerta.
- Y está
saliendo siempre de su casa.
-
(Joaquín Márquez)
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Il me semble que je serais tojours bien là où je ne suis pas
- (Charles
Baudelaire)
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- I
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- Hay
momentos en que la vacuidad de sentirse vivir
- llega a
tener el espesor de algo positivo
- (Fernando
Pessoa)
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- PRIMER ASUNTO
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- Porque sabes que es tangible
el dolor
- como lo es la música, la
ausencia
- o el aire en los rincones,
- y como la oscura fiebre del
desengaño
- nos hace despertar con el
sudor del miedo,
- es preciso tomar el equipaje
- y marchar donde los recuerdos
- sean astros de otros cielos
- y las cicatrices viejas de
los ceniceros
- no tengan el mismo color
- que los espejos de noche.
- Has dejado tres monedas
- en el platillo oscuro del
oráculo
- y una jarra de vino para los
espíritus
- de la conciencia.
- Sales al atardecer,
- cuando las moscas ácidas de
la tristeza
- se escapan de las casas y
recorren las calles
- buscando otras ventanas de
luz donde posarse.
- Te llevas la esperanza bajo
el brazo
- y una brújula de viento y
carne viva
- sin puntos cardinales.
- El viejo mapa de la
desafección
- te indicará caminos nuevos
- y destinos escondidos entre
las piedras yermas.
- No sé por qué te vas. Tal vez
te marchas
- por declarar batalla ante la
muerte,
- la muerte que nos tiene toda
una vida en vilo
- cuando al fin y al cabo sólo
aparece una vez.
- La vida irá pasando como el
volar de las abejas.
- Si vuelves, nos traerás tu
cabeza sangrante
- en una bandeja de plata.
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-
- PANORAMA
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- Murió mi
eternidad y estoy velándola
- CÉSAR
VALLEJO
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- Desde esta nueva casa
- vemos el monte cuando
atardece,
- la soledad y yo vemos el
monte
- cuando atardece,
- cuando se abren las ventanas
- a las ascuas de este incendio
- repetido y nunca el mismo.
-
- Aparece ese momento
- en que la sangre siente
- cómo se agota el saldo,
- en el que la tarde habla
- con oculto aliento de metal y
leña
- de la precariedad del tiempo.
-
- Uno no canta lo perdido;
- reclama lo olvidado. Y no lo
llora.
- Es el humo voraz del abandono
- el que hace saltar las
lágrimas.
-
- Encendemos un pitillo
- y me apuro otro gin tonic
- por aliviar el dolor, este
dolor
- cómplice y milenario del
crepúsculo,
- el dolor de la ceniza,
- el mismo que deja
- la carne huidiza de mujer
adolescente.
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- EL SUEÑO DEL NÓMADA
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- Pensabas
que el que deserta de la vida vive en el desierto
- W.
SZYMBORSKA
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- Estar así. No temer al
tiempo,
- ni al hogar, ni al abandono,
- ni al residuo que queda
- tras un día de silencio.
-
- Desterrar el miedo.
-
- Ni oscuridad, ni viento de
cometa
- han de abrir estas ventanas.
-
- La madurez supuesta está
formada
- por signos invisibles de
derrota,
- por los desnudos ritos
- que celebra la ausencia.
-
- Estar así:
- la utilidad del pan y la
nostalgia
- de los atardeceres vivos
- cargados de palabras
habitadas.
-
- Sepultar las tablas diversas
del recuerdo,
- que lo que cubre la tierra,
- si no es semilla, se pudre.
-
- Estar así. No más temor al
destino:
- la incertidumbre espesa
- de un día de lluvia
- al amparo de un sueño
- que, seguramente,
- nunca habrá de ser cumplido,
- nunca, nunca,
- nunca habrá de ser cumplido.
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-
- LA LUZ DE LA NOSTALGIA
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- Si no fuera de noche
- saldría a buscar futuro,
- saldría a buscar
- desnudo entre los árboles
- el antídoto fugaz
- contra el desamparo.
-
- Si no fuera de noche
- todo sería diferente: la
inocencia,
- el color, la casa, los
espejos,
- la luz severa de los muelles,
- la voz irreductible de la
fiebre,
- el canto interminable de los
grillos.
-
- No debiera proclamar con el
silencio
- el golpe seco y pertinaz
- del tiempo que me habita.
- La memoria es un pájaro
disecado
- que mira hacia la nada
- en su mutismo,
- el veneno tenaz y reiterado,
- reiterado
- y tenaz de la nostalgia.
-
- Sería diferente si no fuera
de noche,
- mas ya puse en la vasija a
fermentar
- las horas que se fueron con
el sueño
- y nos dejaron brindando solos
- en el porche
- con un vaso apagado de su
vino.
-
- Sería diferente.
- Nunca recordé un presente
feliz,
- aunque estimo el pasado
- en su luz como dichoso.
-
- Si no fuera de noche
- saldría a quemar las naves
- de esta plomiza nostalgia.
-
- Me pregunto si los muertos
- echan de menos la vida.
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-
- LA SOLEDAD DEL NÓMADA
-
- La diaria trashumancia del
barro,
- esta deletérea sensación
humana
- de saberse nómadas del tiempo
- que nos roba la sombra, nos
recuerda
- la ira de los dioses, la
venganza
- por el hurto
- ancestral del fuego.
-
- Es esto:
- caminar sin rumbo hacia el
olvido,
- sortear las tumbas del deseo
- y del fracaso,
- compartir la incertidumbre
- con las tribus hermanas
- oliendo el aire y sus
serpientes
- lo mismo que una loba.
-
- Nada más solitario que el
hombre
- y su condición de hombre
- fugaz y trashumante
- que pasa las tardes mirando
las veletas.
-
- Nada más solo
- que un poblador del desierto
- necesitado y áspero.
-
- Observa, y no lo pienses,
- cómo te excluyen los
planetas.
-
- Van llegando al estanque las
últimas palomas
- mientras tiendes los brazos a
la noche
- en atávico rito de estrellas
incipientes.
-
- Mas ya nada te salva.
-
- No hay más remedio, tú
eliges:
- Nietzsche, el alcohol, la
demencia, el suicidio.
-
-
-
- AL CABO DE LOS DÍAS
-
- Sentado escucho el tiempo y
sus rigores
- pasar. La ausencia no se
llama espera.
- Aquel que espera el tiempo
pasa y fluye
- borracho de relojes y de
miedos.
-
- Es una enfermedad
inconfesable
- el irse acostumbrando a la
renuncia,
- besar el vaso estéril del
consuelo
- en las tabernas turbias del
olvido.
-
- Es bella la derrota si
aceptada
- permite al derrotado
reponerse
- de los fantasmas vanos del
fracaso.
-
- Al cabo de los días soy la
herencia
- del tiempo que he perdido
persiguiendo,
- del tiempo que he ganado
contemplando.
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-
-
- PANORAMA (II)
-
- Desde esta misma ventana
- vemos también los buitres.
- Planean lentos y negros
- como próceres hojas aciagas
- de un viento ominoso.
-
- También nómadas de la tarde
- regresan con cansancio
funerario,
- borrachos de carne, ebrios
- de materia
- perecedera y breve.
-
- Notarios de la muerte,
- ¿qué advertirán de nosotros,
- qué olor a química reflexiva
- les llegará en el aire?
-
- Lentos planean, y negros,
- hacia un lugar sin torres
- que les sustenten;
- ni cigüeñas, ni alondras, ni
torcaces,
- sacerdotes del aire,
- qué olerán de nosotros.
-
- Los augures de Roma
- adivinaban lo oculto
- por el canto de las aves.
-
- Pero estos buitres no cantan.
-
- Cuando vemos las siluetas,
- no presagian lo terrible;
- ya ha sucedido.
-
- Y nos parece mentira
- que después de tantos años
- no nos hayamos
- aún
- acostumbrado a la muerte.
-
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-
- CARTA DE OTOÑO
-
- Hoy te escribo porque sé que
estás sola
- y oyes la radio en una
habitación
- sin vistas al mar y lees
libros
- que leíste hace tiempo.
-
Porque sientes
- como si fuera a llegar la
noche de inmediato,
- la inquietud de una tarde de
espera
- en la aséptica sala de un
dentista.
- Hoy te escribo porque sé que
estás sola
-
- y se han roto tus sueños,
- y tus mitos murieron,
- y la tarde está fría y no hay
nadie en la calle.
-
- Y menuda miseria asumir los
errores
- y los golpes al aire, el olor
del fracaso,
- las arrugas del tiempo y los
días perdidos.
-
- Trazas en el espejo
- con el lápiz de labios el
mapa
- trashumante de la vida y lo
vuelves
- a borrar por retomar de nuevo
- el mismo camino que
reiniciaste
- mil veces. Con el lápiz de
labios.
-
- Quién conoce la senda que
buscaste,
- quién tiene
- en la mano la llave que
perdiste
- muchacha de vaqueros y
suéter.
-
- El mar sigue rompiendo en la
orilla,
- en la misma orilla
- por donde andabas descalza
- y mirabas –pezones agraces
- y alma incendiada-
- al horizonte y la bruma.
-
- Hoy te escribo un poema
- que tal vez nunca leas,
- que tal vez nunca llegue a tu
cuarto de humo
- donde suena la radio
- esta tarde de otoño.
-
-
-
- MONÓLOGO
-
-
- No soy yo
quien escribe estas palabras huérfanas
- OLIVERIO
GIRONDO
-
-
- Otra vez buenas noches.
- Hazme un hueco en mi cama,
- un lugar junto al sueño
- entre las sábanas lúbricas
del silencio.
-
- He pasado la tarde leyendo a
Girondo,
- contemplando la lluvia detrás
de las ventanas
- caer como plumas calladas del
otoño.
-
- Las arañas ya duermen
- en los turbios rincones
- de esta casa sin muebles,
- y yo vengo dichoso,
- y me pesan los ojos.
-
- Sigue sonando la lluvia
- y hay goteras antiguas
- detrás de las cortinas;
- .
- un tambor de pétalos
empapando la tierra.
-
- Soy feliz como un viernes al
abrigo de un puerto,
- como un libro plagado de
palabras brillantes.
-
- Mañana, ya mañana,
- seguiré esperando no sé qué,
esa espera
- interminable del huérfano de
suelo,
- del viajero del tiempo
- que ignora su destino.
-
- Ya no sé si soy yo
- o el fantasma oxidado de mi
nombre en el agua
- quien pronuncia estas
palabras huérfanas.
-
- No me apagues la luz,
- soledad. Buenas noches.
-
-
-
- DEFINITIVAMENTE VOY A SER
FELIZ
-
- De todas las maneras de vivir
el tiempo
- es la mejor la del cobarde,
aquella forma
- carente de solemnidad y
deseo,
- contemplando la vida de
puntillas,
- gastándola sin hacer ruido,
- oyendo la dicha en las
paredes
- sin que nada, sólo la luz
- gratuita y los montes tras
los vidrios
- puedan cambiar el ánimo
surgido del fracaso.
-
- Ladran fuera los perros, y me
sorprendo
- en estas últimas tardes de
noviembre
- leyendo poemas escritos por
otros
- que no conozco, que jamás
conoceré,
- lejanos en otras latitudes,
- extraños como yo, transeúntes
del tiempo,
- que alguna vez sintieron
- el dulce dolor incontenible
- de emborronar con vida un
papel.
-
- Leyendo poemas, envejeciendo
- al abrigo de las cenizas que
dejaron los sueños,
- sin piedad, sin ambición ni
entusiasmo,
- sin la necesidad fatal de la
esperanza.
-
- Se van borrando en los suelos
- las últimas sombras de la
tarde
- y llega una calma aún más
profunda,
- vestida con parcos trajes de
silencio,
- a traerme la imagen nimbada
de la infancia,
- el eco entrecortado del cine
de verano,
- el recuerdo de las mujeres
que perdí
- o el de las que nunca tuve,
- la ruina asumida de los
sueños,
- el cansancio agradable del
que nada desea.
-
- Es la superación, al fin, del
deterioro
- lo que me lleva a esta paz.
- Creo que voy a ser feliz
definitivamente.
-
-
-
- RETORNO
(Paréntesis)
-
-
-
“This used to be my playground”
-
-
- Esta solía ser la calle donde
jugabas,
- la calle de los murciélagos
- surgiendo en tropel de las
bodegas
- cuando afinaban sus élitros
- los primeros grillos de la
noche,
- la calle donde al sol, por
las mañanas,
- dormían las lagartijas de las
tapias.
-
- Solía ser en esta calle
- donde ocupabas las tardes
- inmensas del verano
- entre el navazo y la playa,
- donde eran dulces las siestas
y sencillas,
- largas, debajo de los árboles
dorados,
- la calle espectadora de los
pájaros,
- de insectos y de cal; de los
visillos.
-
- Solía ser la calle donde
jugabas,
- la calle de las primeras
lluvias,
- de las oscuras nubes de
poniente
- y amarillas hojas otoñales.
-
- La calle del silencio.
-
- Después llegaba el invierno
- y podaban las moreras: la luz
- donde las ramas, sobre las
piedras
- desnudas.
-
- Cuántas veces, merienda en la
mano,
- esperabas que tu padre
- regresara del trabajo
- con los primeros desmayos del
crepúsculo.
-
- Solía ser la calle donde
jugabas,
- la de amigos olvidados,
- la de amigos ya turbios
- por la niebla del cronómetro,
- la calle indeleble en la
memoria
- el paladar y los ojos. La
calle
- donde vuelves perdido
buscando las farolas,
- a barrer con la vista las
puertas del sueño,
- a llorar la distancia con tus
ojos vacíos,
- a llenar de rumor ese hueco
del alma.
-
-
-
-
-
- DE AMOR Y DESENCANTO
-
- La vida
no es un sueño, tú ya sabes
- JAIME GIL
DE BIEDMA
-
-
- Que la vida no es un sueño
- ya lo sé desde hace años,
- hace ya muchos años, amor,
- que la vida no es sueño, ya
lo sé,
- por mucho que te esfuerces
- o me esfuerce
- en tus pechos de piedra,
- en tus piernas de nieve,
- en tu lengua, jengibre,
- ginebra y granadina,
-
- Son tus ojos extraños
- como flor de la ipomea.
- Hermosa calipigia,
- la vida definitivamente
- no es un sueño, no,
- ni habrá momentos, amor,
- que levanten todos los huesos
de la tierra.
-
- No es más que el tránsito
irremediable,
- hacia el lagar, de las
avispas.
- No me canses con arengas ni
gramáticas.
- No te entiendo, ya lo sabes,
- cuando me hablas del edículo
- donde la felicidad habita,
- ni del estíptico ascensor
- que nos transporta a la nada.
-
- No me hables de nihilismo,
- panteísmo, hilozoísmo:
- son conceptos que traté
- y ya he olvidado.
-
- No están los tiempos para
arengas, no,
- no me hables
- del paroxismo de la lírica
- ni de las tristes
convulsiones de las musas.
-
- No me diagnostiques
- ni me radiografíes, pues es
esto,
- esto es todo lo que hay.
-
- Con tus ojos extraños como
flor de la ipomea.
-
- La inmolación de la carne.
- Bésame, el alcohol
- disfraza el aliento, ¿no
notas
- el inconfundible sabor
metálico
- que deja el fracaso en las
encías?
-
- Hermosa calipigia,
- hace tiempo que la vida no es
un sueño,
- hace ya muchos años
- que la vida no es un sueño,
- ni hay paroxismo, mi amor,
- que levante todos los huesos
de la tierra.
-
- Dame la carne y asumamos el
fracaso,
- pero antes dime, ¿qué me
notas?,
- ¿me encuentras cínico,
eleático,
- estoico o peripatético?
-
-
-
-
- PRIMERAS LLUVIAS
- (Variación sobre un tema
posterior)
-
- Hoy ha venido la lluvia a la
ciudad
- en este otoño gris de luces
lasas
- a preñar de tristeza las
calles
- y los árboles desnudos de los
parques.
-
- Hoy ha venido
- susurrante y extraña a veces.
- Otras,
- como un festejo de tambores
rotos
- en los tejados solos
- y azoteas de olvido.
-
- Hoy pasean las hojas,
torrente abajo,
- dormidas en el sueño
- callado de la tarde.
-
- Cansada, la ilusión
- sacia su sed en ruinas de
silencio,
- palpando la belleza
- castrada e inútil de este
día.
-
-
-
- ORFEO
-
-
- Ese
cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
- ¿ha
empezado a retoñar?
- T. S.
ELIOT
-
-
- En noches de olvido como
ésta,
- en mi propia fiesta y sin
dolor,
- discreto en la penumbra de la
sala,
- oigo canciones viejas y
converso
- con este borracho, invitado
de ceniza,
- que me acompaña.
-
- Mi casa tiene el calor, en
estas noches,
- de un cuerpo joven de mujer
- entre las sábanas,
- y huele al humo de la
marihuana
- y al aire que tienen las
bodegas en septiembre.
-
- Nada hay espectacular en
estas noches,
- pero entiendo más
intensamente
- el secreto animal de la
existencia
- y encuentro hermoso el paso
incomprensible
- de los años.
- No es
nada extraño que a veces,
- después del abandono de un
naufragio,
- lleguemos a la costa asidos a
un tablero
- que despedazamos presto en la
derrota
- para hacer fuego en la arena
- y tendernos junto a él, como
una gata,
- a dar calor al cansancio.
-
- No es necesario que nadie
sepa de qué hablo.
- Estoy otra vez sobre la
tierra,
- pisando con la carne viva de
mis pies
- esta tierra que amo.
-
- He visitado el infierno,
- y de la mano de nadie.
-
-
-
-
- LA VENTANA
-
- Muchas veces
- he cerrado la ventana
- que da a la calle de
entonces,
- muchas veces
- porque no entrara el aroma
- de caléndulas e hinojos,
- de las primeras lluvias en
las cañas
- y en las dalias del
cementerio,
- porque no entrara,
- blancas cintas en las
trenzas,
- a besar mi boca Elena,
- ni Rafael con su libro de
insectos,
- ni el sonido ronco de las
ranas en la tarde.
-
- Muchas veces
- la he cerrado con postigos
- por olvidar
- el olor a nuez y manzanilla
- que mi padre traía entre los
dedos
- o la fragancia del patio
- cuando mi madre lavaba.
-
- Otras tantas,
- mirando al tiempo y perdido,
- fugitivo del desierto,
- en noches como ésta
- la he vuelto a abrir
- buscando no sé qué de sepia y
niebla
- por dar alivio a esta nada.
-
-
-
-
-
-
- II
-
-
-
Contemplo yo a mi vez la diferencia
- entre
el hombre y su sueño de más vida
- (José
Ángel Valente)
-
-
- NOCTURNO
-
- Cuando la luna,
- farol de leche entre las
nubes negras,
- fugitiva asoma fría,
- el pueblo duerme.
-
- Los eucaliptos gigantes,
- anclados como buques en la
noche,
- silban, tañen
- campanas sin sentido
- en la soledad insomne
- de esta nada eterna.
-
- Anuncian las señales del
vacío
- un signo incorruptible de
oquedad y tiempo.
-
- Ya dónde el esplendor, dónde
la llama,
- si es vómito callado el de
los vientos,
- el de las horas muertas,
- el del silencio inteligible
del cansancio.
-
- ¿Mañana habrá de ser lo que
reclama
- el lienzo almidonado de la
dicha?
-
-
-
-
- TOCATA Y FUGA
-
- Hay noches en las que el
insomnio avisa
- y no te asalta el cuarto por
sorpresa,
- ni te sostiene los brazos y
te asedia.
-
- Hay noches en las que el
insomnio avisa
- y no se te hace la indolencia
extraña
- ni el fracaso se torna
repentino
- en esta soportable habitación
deshabitada.
-
- Son noches en las que no te
acuestas
- y te pasas las horas a las
puertas de un poema;
- deambulas por la casa y fumas
- y te asombras del silencio
- que hay detrás de las
ventanas.
-
- El latido nómada de tu voz
menguada
- busca el verso exacto del
cansancio
- que te permita retornar al
desierto
- donde fuiste un día mercader
de sueños.
-
- Y piensas. Y se te insinúa la
vida
- en la música, la luz y los
cuadernos.
-
- El alcohol de la repisa se te
ofrece fácil y barato
- como una prostituta triste.
- Y amas entonces la música,
- y Ella Fitzgerald llora por
ti,
- y la oyes, y estás contento
- de que alguien llore por ti
- y de que la desolación no
consiga inmutarte.
-
- Te vengas de la vida en la
pereza
- y haces inventarios de tus
sueños
- en un poema nuevo
- -menos triste de lo que
esperabas-
- que rompe la placenta y te
abandona.
-
- Se va,
- se va,
- se
va
-
y cierra la puerta
- dejándote más solo todavía.
-
-
-
- DE UN LIBRO OLVIDADO
-
- Me gusta en las tardes frías
- de invierno, como éstas,
- beber coñac tras los
cristales,
- encender un cigarrillo, ir
mezclando
- el humo blanco con el aire
- apagado de la estancia.
- Me gustan estas tardes
cotidianas.
- Se diría que nada existe
- más allá de los balcones
- por donde miro las abruptas
- montañas azuladas,
- las quietas nubes suspendidas
- sobre la paz de los montes
- grandes, tornasol y sombras.
- Me gusta en las tardes frías
- sorber licor muy despacio,
- imaginarte desnuda
- brillándote la piel,
- descifrar los lugares
- donde tu cuerpo pisa,
- el peinado que llevas,
- el color de tu vestido.
- Me gusta recordar en estas
tardes
- de invierno y bruma tus ojos,
- la calidez mordiente de tu
boca,
- el bronce torneado de tus
piernas,
- el olor tan sumamente cálido,
- coñac y madreselva, de tu
carne.
-
-
-
- DICIEMBRE
-
- La luz ya no va siendo la
misma
- y vuelven antes los pájaros
al árbol;
- lo notas en los días de
diciembre
- lentos como un corazón
moribundo.
-
- Un día sucede a otro
- y los ves pasar como a las
grullas altas
- en estas tardes dulces del
olvido
- que huelen a dióxido de leña.
-
- Te vas acostumbrando a la
existencia
- que es lo mismo que adecuarse
al abandono.
-
- Después de tantos años vas y
sientes
- la extraña sensación –mas
deplorable-
- de poder vivir sin la
esperanza,
- pues fue la humana propensión
al sueño
- la que nos hizo despreciar la
propia
- condición humana.
-
- La luz ya no va siendo la
misma,
- y en estas dulces tardes de
diciembre
- se acortan sin remedio ya los
días
- para ser lo que soñamos ser
- cuando tan ilusos éramos.
-
- Un año más, un año más han
vuelto
- a quedarse desnudos los
granados.
-
-
-
- FOTO DEL 63
-
- Hay una luz de claustro en
esta foto,
- de soledad de esperma
- y de locura, una luz
- de tormenta de otoño
- y de colegio de fantasmas.
-
- Hay un niño y un mapa
- y una bola del mundo
- que lleva años enteros
- girando en un cajón oscuro.
-
- Hay una sonrisa de metal
helado,
- de mercurio de termómetro
difunto,
- un humo de alquimista
- sonámbulo y misericorde
- que se forja en el frío
- de los muertos en vida.
-
- En esta fotografía
- hay cristales rotos de un
sueño diezmado
- y espumas olvidadas de una
playa distante.
-
- Un suicida
- podría haber escrito en su
reverso
- la despedida solemne y
temblorosa
- del cansancio y la duda.
-
- Mientras, el niño sonríe
- completamente ajeno al
espejismo
- donde se iban formando en
silencio
- las larvas venenosas de la
nostalgia.
-
-
-
- INSCRIPCIÓN FUNERARIA
-
- La soledad de un hombre es la
certeza
- de saberse olvidado como un
ancla
- en el mar de los sueños, un
madero
- al final de un naufragio
presentido.
-
-
-
- MAL DÍA
-
- Hoy, como siempre,
- puse todas las esperanzas
- en que los dioses me fueran
favorables.
- Hoy que amaneció lloviendo,
hoy
- sin paraguas, hoy
- que alimenté todas las
ilusiones.
- Hoy que salí acicalado
- porque no volvieran a irse de
fiesta sin mí.
- El presagio empezó a
insinuarse, hoy,
- cuando puse la radio al
levantarme
- y apareció una niña cantando
- de pata negra. Hoy
- que la guerra sigue sin
terminar
- y el hombre sigue amando
- el color de la sangre, la
resina del odio,
- el hedor de las desdichas.
Hoy
- el autobús ha pasado dos
veces completo.
- Hoy la planta carnívora del
deseo
- ha vuelto a morderme el
corazón.
- Entré en el supermercado,
hoy,
- y han vuelto a subirme el
whisky.
- Hoy me siento más fracasado
que nunca,
- el cartero ha pasado de largo
- y tú no piensas volver. Hoy
- paseo de nuevo solo por las
calles.
- Hoy sigo defendiéndome de mí,
- de ti, de la tristeza.
- Hoy de nuevo he perdido la
partida,
- y son las horas muy largas,
- y no he leído ni un verso,
- y he despistado a las musas,
y tengo la sangre quieta.
- Hoy ha faltado la alumna que
me gusta,
- y ha oscurecido pronto,
- y he vuelto a casa un poco
triste.
- Estaba la sala sola, desnuda
y fría
- y el servicio contestador de
Telefónica
- me informa de que no tengo
mensajes.
-
-
-
-
-
- SESIÓN PRIVADA
-
- Fui solo aquella tarde al
cine.
- Cansado entré en la sala
- donde habían
- preparado pulcramente una
butaca.
- Tomé asiento. No había nadie
alrededor.
- Yo, abrumado en el silencio.
Fueron
- pasando las imágenes al
ventrículo
- de la nostalgia en blanco y
negro.
-
- Una calle solitaria la mañana
- de un domingo,
- unos libros
- que un niño guardaba en su
estante,
- un granado en un campo
- bajo un sol de septiembre,
- un colegio sin luz,
- un corral con palomas, una
fiesta con rostros
- olvidados, sin nombres,
- un hermano estudiando a la
luz de la tarde,
- un domingo de fútbol
- en la radio
- del padre, un amor
- o cenizas en un plato de
sueño.
-
- Una pared con fotografías
- de artistas de cine y las
mujeres desnudas
- de aquellas primeras revistas
eróticas,
- los primeros libros de
poemas... Me fui durmiendo
- a la luz temblorosa de una
lámpara
- colgando de un guión que
recordaba.
-
- Desperté
- y hallé mi rostro derretido
en la pantalla.
- Volví a salir a la calle
- solo, tal como había entrado.
- Llovía. Un orvallo menudo
- poco a poco fue empapando
- el caballo de cartón de mis
recuerdos.
-
- Llegué a casa
- absurdamente melancólico.
-
-
-
-
- VARIACIÓN EN MI DULZOR
-
- Seguimos construyendo sueños
de abandono
- para huir de la dulce
realidad
- que ofrece lo querido, lo que
amarra.
-
- Es costumbre
- que después de tantos lustros
de amargor
- nos venga un gusto dulce a la
saliva
- que dura un momento inútil,
- un momento sólo de tregua
- en el letargo viejo de la
dicha;
- el recuerdo de un futuro
- que rara vez sería
- como la ilusión lo imaginara.
-
- Yo también he estado alguna
vez
- en un cuarto piso
- de la Rua dos Douradores
- atándome al dulzor del
desamparo,
- ahogándome sin pausa en ese
pozo
- de leche condensada que es la
vida.
-
-
-
- BUCÓLICA
-
- He comenzado el día echándome
al campo
- y me muerde la resaca el
yogur del cerebro.
- Mojados están aún los
acebuches
- y amarillean las veredas de
jaramagos y oxalis.
-
- Soy minúsculo y feliz, aunque
me pesa el cuerpo;
- la faz colateral de la
existencia.
-
- Otros seguirán soñando esta
mañana blanca
- y se habrán dormido con las
últimas pavesas
- de la luna de enero.
-
¿Quiénes otros estarán
- en su alcoba, derrotados y
ácidos,
- expirando el insomnio?
-
- Me siento un despreciable
burgués afortunado
- que pasea por el campo
- pisando solitario el rocío.
- Y los perros me ladran, y
cantan los pájaros voraces.
-
- Hay un sol en el cielo
impropio de estas fechas.
-
- No quiero vivir con tristeza
el placer de este instante,
- por eso he de olvidar, como
otras tantas veces,
- que un tiempo ha de llegar en
el que añore este día,
- esta extraña mañana soleada
de invierno
- que me trae recuerdos de
antiguas primaveras,
- y de nuevo me enseña
- que no es más la soledad
- que la hermana bastarda de la
nostalgia.
-
-
-
- APÁRTATE, QUE ME NUBLAS EL
SOL
-
- Ciertas gentes padecen un mal
inconfundible:
- pasean solitarios y sonríen a
la vida con tristeza,
- beben mucho, mienten y
sueñan. Con ojos errantes
- miran hacia detrás. Con
frecuencia
- se olvidan de la muerte y no
aman la vida
- como la amamos otros.
- Leen y no comentan, oyen pero
no votan
- (postura reprochable a los
ojos de otra gente
- ciertamente comprometida.)
- No son rentables socialmente.
Estatuas de sal,
- no sienten el vértigo del
tedio,
- ni acuden ciegos a la luz de
la purpurina.
- No son aprovechables, ni
necesitan consuelo,
- ni religión, ni futuro: la
paz y el vacío
- hace tiempo que ya están en
sus maletas.
- Ciertas gentes eluden el
dolor como la dicha
- y la muerte no les aplica
- un estado nuevo en la
existencia.
- No aman la esclavitud
- que los demás amamos.
- Y viajan en el tiempo, y el
tiempo
-
se oculta en ellos.
- Cierta gente
- tiene una
extraña
-
inclinación
-
a la
tristeza.
-
-
- CAE LA NOCHE
-
- Se fueron los pájaros con el
viento opaco
- y vino un bostezo
- cargado de humo negro y
absenta,
- de hormigas voraces
- y enmohecidas páginas.
-
- Es duro estarse con la
niebla,
- solo, sin dedos de junco
- que acaricien la médula.
-
- Una muerte, y otra muerte,
- y un desierto entre las
tumbas.
-
- Anochece desconsoladamente,
- como el tiempo que se aleja
silencioso
- perdiendo niños donde
encuentra hombres
- de espaldas anchas para
pasear la angustia.
-
- La noche viene y se consume
- buscando el carnaval grotesco
y negro
- de ser la niebla y la cera
conjuntadas.
-
-
-
-
- LOLITA
-
- Qué estupidez a mis años
- jugando a las muñecas
- contigo. ¿Qué castigo se
impondrá,
- según el Libro,
- por pecar de pensamiento
- con las hijas de los hombres?
-
- No hay dioses que me culpen
- si sienten lo que siento.
-
- Tengo la edad de tu padre,
- aunque no existe duda
- de que te miro con otras
gafas.
-
- Espero que no trascienda.
-
- Cómo me gustaría
desabrocharte la camisa.
-
- Ese bullicio de hormigas en
el pecho
- es el premio secreto a tu
sonrisa.
-
- Debo de estar enfermo porque
me siento feliz:
- esta mañana
- me he levantado antes de lo
acostumbrado
- para besar las colillas
- que ayer tarde dejaste en mi
mesa.
-
-
-
-
- TATUAJE
-
- No te esfuerces en huir
- ni en buscar horizontes más
allá
- de las montañas.
-
- No juegues a encontrar
- el país desconocido,
- ni valles nuevos
- de paz
- entre los montes del alma.
-
- La soledad te habrá de hallar
- en el cubil más lejano,
- en la más fría casa olvidada,
-
- pues con la negra máscara
- de su rostro
- tatuada llevas la piel.
-
-
-
- ÚLTIMO ASUNTO
-
-
- Estoy
cansado de haber soñado pero no cansado de soñar
- F. PESSOA
-
-
- Quema las fotos de los
álbumes,
- si tienes,
- y rompe los espejos de la
casa.
-
- Cierra los armarios con sus
llaves
- y tíralas al pozo del olvido.
-
- Que tus vecinos no vean
- la luz en las ventanas,
- ni salgan mensajes de duda
- con el humo de tu chimenea.
-
- Cámbiate a un nuevo lugar y
sigue
- contemplando a tu vez la
diferencia
- entre el hombre y su sueño
de más vida.
-
- Volverás tranquilo y solo
- a pasear por las calles
extrañas,
- pues no te habrá de delatar
- tu rostro turbio de actor
secundario.
-
- Las puertas a escena
- pocas veces se abren.
-
- Deshazte para siempre del
guión
- y exhibe en la bandeja tu
cabeza sangrante.
-
- Lo que pudo ser no ha sido.
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