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EL SONIDO DE LA RUECA
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PRELUDIO
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- Et l'amertume est
douce, et l'esprit clair.
(Paul Valery)
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Ahogado
en soledad, duela de olvido,
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ujier del abandono,
día a día
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frecuento el lupanar
de la poesía.
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Y sueño, no descanso,
lucho, pido
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la luz; viene la
sombra, el alarido
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nielado, sin cesar la
lluvia fría,
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la noche viene negra,
la agonía
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de amar la aurora azul
y estar perdido.
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Enferma, la razón
quiere dejarla,
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mas llama a la pasión,
tierna rabiza
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y muero por morderla y
por besarla.
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Se escapa por la
sangre y descuartiza
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con saña el corazón,
que por amarla,
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la toma por hetaira y
por nodriza.
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PRIMER MOVIMIENTO
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(Adagio)
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...y no hallé cosa en que poner los ojos
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que no fuese recuerdo de la muerte.
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(Francisco de Quevedo)
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Me llamarán, nos llamarán a todos.
(Blas de Otero)
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Abrir los ojos para ver
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lo mismo,
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poner el cuerpo en marcha para andar
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lo mismo,
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comenzar a vivir, pero sabiendo
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el fracaso final de la última hora.
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(Ángel González)
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De
nuevo, en esta tarde de febrero,
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la lluvia mansa, plomo
y naftalina,
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ha visto deslizarse,
vespertina,
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la dulce soledad hacia
el sendero
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que lleva hasta mi
alma. Prisionero
-
de nubes, tierra negra
y mar albina
-
me duermo y acrisolo
en la resina
-
del limo de la tarde
en aguacero.
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Dejadme momia intacta
hasta que venga
-
la muerte a
despertarme de la vida.
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Dejadme aquí olvidado
hasta que tenga
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de nieve la crisálida
teñida,
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de noche el corazón
parado, y luenga
-
el alma de soñar
enternecida.
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En
vano me detengo, en vano abarco
-
las ondas del segundo
con el pecho;
-
tan pronto en el
empeño soy maltrecho,
-
en otro batallar nuevo
me embarco.
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Me aferro y me
apresuro como barco
-
de ciego timonel hacia
el barbecho
-
que espera a mi
cadáver, hacia el lecho
-
que espera a mi
cadáver frío y parco.
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Mas sigo a mi pesar, sigo la marcha
-
al ritmo de manillas y
trompetas
-
en busca de la fría y
dura escarcha.
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Ya oigo el retumbar de
las piquetas,
-
ya arrecia el viento
crudo en esta almarcha
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haciendo enloquecer a
las veletas.
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Traemos
un reloj cuando nacemos
-
que siempre nuestras
horas va marcando
-
ansioso, las manillas
golpeando,
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chascando nuestra
carne como remos.
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La nave nos transporta y no sabemos
-
qué puerto ni qué
orilla agonizando
-
tocamos confundidos,
mas buscando
-
bonanza o tempestad
que no tenemos.
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Ganamos o perdemos la
partida
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trepando por los
riscos con la suerte
-
del pájaro que ignora
donde anida.
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Y observas indefenso,
frío, inerte,
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la bruma oscura y fría
de la vida,
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la niebla helada y
negra de la muerte.
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Amó,
cantó y oró. Desde el convento,
-
de oscuro añil preñó
la tarde ufana,
-
plagó de tristes
grajos la mañana,
-
con bronces le cambió
la voz al viento.
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Vivió
entregado al rito y al lamento.
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Sonora marioneta, la
campana
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tañía. Arrinconado en
la sotana
-
a Dios sirvió de
ofrenda y de sustento.
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Fue el día en el que
oyó negros tambores;
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al ver almidonado su
sudario
-
gritó desde la vega a
los alcores:
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No quiero estar en voz del campanario
-
ni hacer de las
cigüeñas altas flores.
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¡Manténme preso, atado
a este calvario!
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A Manuel Núñez Rguez.
- In memoriam.
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A
muerto, la
campana toca a muerto.
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Ha muerto con la tarde
y sin billete
-
de vuelta. Beberá
pronto del Lete
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cubierto de serrín y pez, cubierto.
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Navega el ataúd
destino a un puerto
-
de sombras, carne
muerta en el grumete;
-
golpea hacia el vacío
triste ariete,
-
golpea hacia la nada,
en el desierto.
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La vida en su destino
es el destierro
-
salvaje, culminado
cual si fuera
-
un baile de relojes el
entierro.
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Callado funeral de
nieve y cera,
-
qué golpe de azahar,
de flor y hierro
-
morir naciendo ya la
primavera.
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Dejado
de la mano de la Ira
-
aquí me ves, perfecto
abandonado,
-
mascando soledad y
deshojado,
-
temblando ante el
otoño que me mira.
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De nuevo la tristeza
me suspira
-
puñales al oído, y a
mi lado
-
un baile de esqueletos
ha empezado
-
a
armar los fundamentos de mi pira.
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Oh, tiempo, soledad,
vacío, muerte
-
proclaman sin cesar la
danza eterna
-
de arena en los
relojes, negra suerte.
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Postrado de huracán y
de galerna
-
aquí me ves dormido,
frío, inerte,
-
soñando que la aurora
en mí se cierna.
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Levanta
el sol su luz de blanca cuna,
-
y joven, de la aurora
va surgiendo
-
lozano y a las sombras
persiguiendo,
-
atado con el día a la
Fortuna.
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Las horas, lentamente,
una a una,
-
ansioso hacia el cenit
va consumiendo.
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Las puertas del ocaso
resistiendo
-
le esperan tras el
monte en tumba bruna.
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Si larga la mañana,
lenta y verde,
-
¡qué presto el
declinar hacia la sierra!
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Si alegre fue subir,
¡cómo ahora muerde
-
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del tiempo el corazón!
La luz se aferra
-
al último rincón y al
fin se pierde
-
lo mismo que el humano
hacia la tierra.
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- Y yo me iré. Y
se quedarán los pájaros
- cantando; ...
- (J.R. JIMENEZ)
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¿Adónde
van los sueños, la sonrisa,
-
adónde la ilusión,
dónde los años,
-
adónde la pasión, la
voz, los caños
-
de luz y de color van
tan deprisa?
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¿Por qué la ola
abrupta se hace lisa
-
y empiezo ya a
contarme los peldaños
-
del tiempo y
desempolvo los antaños
-
que
ordeno como un viejo en la repisa?
-
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Agarro con la voz y
con los dientes,
-
agarro como un loco
agonizando
-
los prados de mi
tiempo y las corrientes.
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Cualquiera que me
oiga: estoy bramando;
-
mañana seré polvo
entre vivientes.
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Se quedarán los
pájaros cantando.
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La
tarde, mitad fuego, mitad cera,
-
transforma el carnaval
que suena dentro
-
en huero funeral.
Varado entro
-
al
laberinto atroz de mi quimera.
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Florecen amapolas a mi
vera,
-
de sangre la color, de
luto el centro.
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En todo el derredor,
cegado, encuentro
-
señales de ebullente
primavera.
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¿Y qué es, si no, la
vida silenciosa? :
-
constante primavera
que inventamos
-
huyendo del otoño que
prorroga
-
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la horca disfrazada y
sentenciosa
-
que acecha a nuestro
cuello. Recelamos
-
la firme meretriz,
postrera soga.
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-
Disfruta,
sí, los zumos de Sileno,
-
la miel sabrosa y
dulce de Aristeo,
-
no duermas mientras
dure el apogeo
-
de
címbalos y flautas sobre el heno.
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Oh, goza de la ménade
su seno,
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da mano, sí, ¡evohé!,
libre al deseo,
-
que el vino, ciegas
aguas del Leteo,
-
arrastren la
conciencia al negro cieno.
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-
Oh, bebe de la vid
gozosa fuente,
-
oh, liba sin cesar del
vientre nuevo,
-
oh, brinca con la
ninfa en la corriente.
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-
Y piensa que si hoy
eres efebo,
-
los días pasarán
severamente;
-
mañana dormirás en el
Erebo.
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-
-
Si
el hombre es soledad, carne y cadenas
-
atadas a peñascos de
la tierra,
-
si libra sin cesar
perpetua guerra
-
con ansias y temor a
manos llenas.
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Si son sus sueños cantos de sirenas
-
que llaman al lugar
que siempre yerra
-
y al fin de tanto
errar sus ojos cierra
-
cumpliendo la más ruin
de las condenas.
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-
Si es tiempo lo que
mide su existencia
-
fugaz, etérea, apenas
perceptible,
-
desde el primer
sollozo en decadencia.
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Si al polvo tornará
toda su esencia,
-
a qué temer la Dama
Imprevisible
-
si no es más que el
final de la advertencia.
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-
SEGUNDO MOVIMIENTO
-
(Andante con
Variazioni)
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So are you to my thoughts, as food to life,
-
or as sweet-season´d showers are to the ground.
-
(W. Shakespeare)
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que mi dolor oscuro no se muera en tus alas,
-
que en tu garganta de oro no se ahogue mi voz
-
(Pablo Neruda)
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Tu
carne entre las olas se hace roca
-
de nácar y el clavel
liba en tus pechos
-
la leche de alga y
miel. Tiemblan helechos
-
precoces en tus ojos.
En tu boca
-
-
el sol, fragua de
sangre, se desboca
-
en púrpura, arrebol.
Tus muslos hechos
-
de luz al manantial
suben derechos
-
en perlas de agua y
sal que el oro toca.
-
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La piel de tus
caderas, tersa y dura,
-
es fría porcelana
entre las olas.
-
El suave ocaso en
ellas apresura
-
-
su luz hacia un lugar
de caracolas.
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Me tiene atravesado la
ternura:
-
la tarde, el mar, tu
cuerpo, tú y yo a solas.
-
-
Mi
boca en un suicidio descubría
-
la playa de tu piel
calmada y clara,
-
el tibio manantial de
mirto y jara
-
que al
roce de tu boca florecía.
-
-
Colmado de mirarte
amanecía
-
un sol entre tus ojos
tristes para
-
cegar de claridad y
dulcamara
-
mis ojos, sombra y
sed, el alma mía.
-
-
¡Los pétalos del
cuello con las ceras
-
fragantes de los
pechos!... Hoy aúlla
-
el ángel solitario por
las eras.
-
-
Mi cuerpo es soledad.
Deja que huya
-
del ascua de tus manos
pasajeras,
-
del leve acariciar de
pluma tuya.
-
-
-
-
Las
siete de la tarde. Estoy contigo.
-
Si sientes soledad
tenme a tu lado.
-
La sangre del poniente
me ha dejado
-
anclado con mis brazos
al postigo.
-
-
El sol rojo de otoño
que persigo
-
detrás del horizonte
cae pausado
-
en lento incendio.
Miro aniquilado
-
la luz de la que soy
mudo testigo.
-
-
Sonríe, y que se
mezcle con el viento
-
la blanca candidez que
hay en tu boca.
-
Oh, de ella
expectativo estoy y sediento.
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-
El sol, limón enfermo,
ya se apoca.
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Levanta tu alegría al
firmamento
-
que quiero aquí
escuchar tu risa loca.
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- Donde habite el olvido
- (Luis Cernuda)
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-
Tú
tienes labios rojos de amapola
-
y lengua de mezcal, el
vientre claro;
-
yo tengo un corazón de
sueño avaro,
-
de sueño, llanto azul
y pena sola.
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-
Tú llevas en la boca
la corola
-
del nardo y del
jazmín, la flor del maro.
-
Si yo abro el corazón refulge un faro
-
de nieve y soledad, de
viento y ola.
-
-
Tú tienes juntos mar,
la luz del día,
-
el cielo vasto, azul
en la mirada;
-
yo miro solitario en
la agonía.
-
-
Tú habitas en mi
olvido todavía,
-
celosa centinela, con
la espada
-
guardando bajo llamas
mi alegría.
-
-
-
-
Y
vino como
lluvia hasta mi lado
-
e hizo germinar las
sementeras
-
del huerto que refugio
fue de fieras,
-
del huerto alijariego,
emasculado.
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-
El vino de su carne y
su pecado
-
volcó de mi contorno
en las esteras.
-
Los páramos
volviéronse praderas
-
azules bajo el sol de
luz preñado.
-
-
La noche sería alba perseguida
-
si atada al mismo alba
renaciera
-
un día tras el otro
merecida.
-
-
No importa que haya
sol o niebla fuera,
-
no importa que la
muerte esté escondida,
-
mi bosque tiene flores
por doquiera.
- Dormida y rubia, en la roca...
-
(R.
Alberti)
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Dormida,
rubia y bronce, arena. Cielo
-
oculto de los ojos
por la umbela
-
de pétalos,
cristal y conchas. Vuela
-
la brisa entre la
espuma. Con anhelo
-
-
la luz el cuerpo
lame. Alzan el vuelo
-
los senos hacia el
sol. Tibia canela,
-
los muslos se
hacen sombra en la candela
-
del pubis, miel convexa, trigo y velo.
-
-
Dormida. Y por el
mar viene el ocaso
-
a hacer de carmesí
lo que ahora es oro,
-
a abrir la tumba
gris del blanco día.
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-
Despierta. Entre
los ojos se abre paso
-
la luz azul del
Sur y canta un coro
-
de ángeles
triunfante sinfonía.
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-
-
-
Del
sabor de las moras tus pezones,
-
cerezas en tus labios libo y mimo.
-
Mi boca, fresa y
agua, busca el limo
-
dulcísimo del
cuerpo y sus rincones.
-
-
Te beso. Encuentro
aroma de limones.
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Te beso con mi voz, te beso y gimo
-
bebiendo de tu
carne en un racimo
-
el ron de sangre
dulce y corazones.
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-
El mar te mueve el
vientre de algas tiernas,
-
de muérdago y
coral. Ebrio me arrojo
-
al bálsamo del
pubis y las piernas.
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-
Hundido remanal.
Me exprimo y mojo
-
las mieses de oro
y cobre, sempiternas,
-
que al tacto de tu
piel de luz recojo.
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-
Yo
muero en ti al morderte la madura
-
granada de la
boca, la amapola
-
del labio y al
sorber de su corola
-
el jugo de uva
tierna y lengua dura.
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Yo muero, amor, y
muero en la textura
-
de fruta verde,
pluma y caracola.
-
De azúcar, de almorí, de pulpa sola
-
la carne de tu
flor caliente, oscura.
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-
La carne de tu flor, la sangre ardiente
-
que suena por tus
labios como un río
-
crecido por la
lluvia de repente.
-
-
Yo muero, amor, y
muero en la corriente
-
sin límites del
beso, en el rocío
-
inquieto que
rezuma de tu frente.
-
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-
-
No
sólo flor y mar, también es fuego
-
constante el de tu
carne, el de tu rosa,
-
abeja zumbadora,
mariposa
-
de pluma, silbo y
sol, verano y juego.
-
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Derramas el caudal
de nieve, y luego,
-
liberas un volcán
que, ciego, osa
-
ungir el corazón
de mirto y fosa,
-
de sábana, hoja
azul, dulzor y espliego.
-
-
Yo sé que en el
silencio te han buscado
-
los pechos las
palomas de la tarde
-
vezadas de tus
labios al cuidado.
-
-
Yo sé que en ti
una flor de llamas arde,
-
que tibia entre
tus muslos ha anidado
-
buscando oscuridad
la luz cobarde.
-
-
-
-
Desnuda,
de jacintos y manzana
-
la piel, frágil
candor, los albos senos,
-
la sangre y su
tibieza en brazos plenos
-
de espliego y
azahar en la mañana.
-
-
Desnuda, dura,
limpia, tibia, ufana,
-
los lagos de los
ojos, azucenos
-
los dientes al
reír los labios llenos
-
de menta,
cornalina, vid temprana.
-
-
Desnuda, de
topacio el vientre esquivo,
-
de arena tibia.
Esencia de cristales
-
el cuello
reluciente y persuasivo.
-
-
Desnuda turmalina.
Entre mortales
-
tu cuerpo, tallo
eterno, siempre vivo.
-
Desnuda en ti el
clamor fluye a raudales.
-
-
- Pigmalión
-
-
Te
haré de mar, de céfiro, hojas tiernas,
-
de pétalo y
cristal. De dulce arcilla
-
haré -de piedra y
fuego- la sencilla,
-
caliente geometría
de tus piernas.
-
-
Te haré de rosa y
luz para que ciernas
-
la flor constante
y leve en la mejilla.
-
Haré nacer de ti
la buganvilla
-
que cubra de color
tardes inviernas.
-
De pájaros el
vientre y nieve el cuello,
-
de cal el sonreír,
vid en los ojos.
-
Al pelo la negrura
con que lidio
-
-
daré; sobre la
frente el rizo bello
-
caerá de tu manera
a los antojos.
-
El alma nacerá con
mi suicidio.
-
-
-
-
TERCER MOVIMIENTO
-
(Largo
maestoso)
-
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Voici venir les temps oú vibrant sur sa tige
-
Chaque fleur s´evapore ainsi qu´un encensoir;
-
(Charles Baudelaire)
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Silencio y soledad nutren la hierba
-
(Luis Cernuda)
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-
-
-
Tan
sólo soledad asola al día
-
de otoño triste,
opaco, que transcurre
-
en lenta
procesión. La luz se aburre
-
de puro batallar
la nube fría.
-
-
Rosario de
quietud. Avemaría
-
de
lluvia por los árboles escurre.
-
Incólume granado a
lo que ocurre
-
al álamo caduco de
la vía.
-
-
Oh, tardes del verano devorado
-
a orillas de la
mar y del estero,
-
en brisas de
equinoccio abandonado.
-
-
Calmado manantial
sentado espero,
-
oh, tardes del
invierno deseado,
-
oh, tardes del
invierno venidero.
-
-
-
-
Digamos
que no tengo lo que tuve:
-
el alma almidonada
de la infancia,
-
del tiempo el
manantial y la fragancia
-
de vida que en la
cuna ayer retuve.
-
-
Digamos que alimento hoy esta nube
-
de sílice y arena,
donde escancia
-
mi voz el vino, en
esta oscura estancia,
-
que a lomos del
recuerdo al llanto sube.
-
-
Digamos que, aún,
perpetuo a los escombros,
-
perdura un capitel
de fuste fuerte,
-
erguido y adecuado
a sus asombros.
-
-
Digamos que,
asombrado, estoy de suerte,
-
aún llevo la
cabeza entre los hombros.
-
Digamos que ando
en tregua con la muerte.
-
-
-
-
(Mirando mi primer reloj)
-
-
De
cuando en cuando vienen los colores
-
tiñendo los
recuerdos; primaveras
-
pasadas,
luminosas, verdaderas,
-
grávidas de
campanas y de flores.
-
-
Memorias que son
plumas o rumores,
-
regresan manejando
mil esferas
-
de días
transcurridos en quimeras,
-
de
tiempo aprisionado en los tambores.
-
-
No queda al
mecanismo más que espuma
-
del mar, que
muerto, permanece atado
-
al fósil del metal
y de la bruma.
-
-
No queda en el
reloj más que pasado,
-
cristal espectador
del tiempo. En suma:
-
pasado en el
presente anquilosado.
-
-
-
-
No
puedo resignarme, no comprendo
-
lo hueco del
destino silencioso.
-
Morir a pendulazo
cauteloso,
-
vivir a secas, no
es vivir viviendo.
-
-
Apenas has llegado
y te vas yendo,
-
a penas, por
camino farragoso,
-
sabiendo que el
final es mar viscoso,
-
trocando limpia
música en estruendo.
-
-
No sabes descifrar
sinos inciertos,
-
ni quién detrás de
ti o dentro gime
-
robándole sus
ritos a los muertos.
-
-
Y aúllas, que no
hay tedio que te estime,
-
queriéndote
escapar de los desiertos
-
de la vagina
inmensa que te oprime.
-
-
-
-
Callado
en la oquedad del cuarto oscuro
-
me vuelvo a la
ventana como sombra
-
del hombre
silencioso que se asombra
-
de ver la tarde
gris tocar el muro.
-
-
Las flores del almendro blanco y puro
-
derraman sobre el
patio lenta alfombra,
-
la brisa con su
voz canora nombra
-
historias de la
tarde en su conjuro.
-
-
La luz evanescente
en los cristales
-
dibuja en la
pared, de cualquier modo,
-
fantasmas de
acuarelas y metales.
-
-
¡La gasa
blanquiazul del aire, el yodo
-
del cielo y sus
penumbras desiguales,
-
la augusta soledad
que colma todo!
-
-
- Cuelga el espejo a
Venus, donde miras
- y lloras la que
fuiste en la que hoy eres.
-
(F. de Quevedo)
-
-
-
Si
hoy es puro candor, mañana ocaso
-
será lo que ayer
fue alba temprana,
-
la tarde justo
antes fue mañana
-
nacido ya el
destino en su fracaso.
-
-
Si ónice eres hoy,
serás payaso
-
del tiempo y
asomado a la ventana
-
de plata
observarás tu cara vana
-
cansada de viajar
paso tras paso.
-
-
Te espera en su
lugar la hija de Ceres,
-
narcisos en sus
manos, luto viste.
-
Ayer se hace
mañana aunque no quieres.
-
-
Un hacha hay que
tu espalda no resiste.
-
Ya nadie te verá
como ahora eres
-
y tú verte querrás
como antes fuiste.
-
-
-
-
Perdurarán
la estatua, el verso, el rito
-
del alma en el pincel, la geometría,
-
del templo las columnas, la poesía
-
escrita en el adobe en lento grito.
-
-
La flauta elevará en su monolito
-
de tiempo y musgo etérea sinfonía,
-
eterna, siempre viva, día a día,
-
creando el inmortal, perenne mito.
-
-
Las lluvias pasarán, también los hielos,
-
así la primavera en tibio nido
-
madurará la vida y los anhelos.
-
-
Y el día cuando el pacto esté cumplido
-
las obras cubrirán con amplios velos
-
al hombre y su esqueleto en el olvido.
-
-
-
-
Al
hombre que me mira en el espejo
-
apenas lo conozco,
es un extraño
-
que vive junto a
mí y año tras año
-
conmigo lentamente
se hace viejo.
-
-
El rostro que me
mira es fiel reflejo
-
del otro
sorprendido por el daño
-
del tiempo que en
cautela fluye a caño
-
dejando su ira
atroz en el pellejo.
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La misma soledad,
el mismo hastío,
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el mismo batallar
por estar vivo,
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la misma sinrazón
y el mismo frío
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llevamos a la mar
en nuestro río,
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perpetuo celador,
gregal esquivo,
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extraño del
espejo, hermano mío.
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- Algún día
- se pondrá el tiempo
amarillo
- sobre mi fotografía.
- (Miguel
Hernández)
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Os
miro y viene el humo de la infancia
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opaco y amarillo a
mi cabeza
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expuesta del otoño
a la tristeza.
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Os miro en esta
foto quieta y rancia,
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Jacinto, Luis,
Manuel, Jesús, fragancia
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de tinta y
borrador. Con qué presteza
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el tiempo, sueño
ayer, hoy despereza
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su voz de liquen
negro en la distancia.
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¿Quién pudo aquí
amarrar el tiempo al nudo
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escueto del papel
y la memoria?
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Quien pudo
sostener el tiempo pudo
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parar en luz de
ayer la lenta noria
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de olvido y
soledad, de llanto mudo,
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de efímero soñar y
vana historia.
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- Mais non, -ma jeunesse
est finie...
- Adieu, doux rayon qui
m`as lui, -
- Parfum, jeune fille,
harmonie...
- Le bonheur passait, -il
a fui!
- (Gerard
de Nerval)
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¿Te
acuerdas de aquel sol, de aquel venero
-
de paz, de aquella
infancia vigilada
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- espléndida de
mar - por la mirada
-
dulcísima del aire
del estero?
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¿Recuerdas hoy,
María, el avispero
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del pecho y de la
boca avergonzada
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del beso, la
caricia inmaculada
-
del trigo de tu
pelo, mies y albero?
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He visto pasear
contigo a solas,
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sin rumbo ya, el
fantasma aniquilado
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del tiempo. A tus
oídos caracolas
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buscando aquellos
días has llevado.
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No es ya la misma
voz la de las olas
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ni el mismo aquel
rumor de tu pasado.
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¿Tendré
los labios fríos de la aurora
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o cálidos de
fragua sobre el alma?
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¿Será mi navegar
perpetua calma
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o habrá loco
huracán hora tras hora?
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¿Será de mis
momentos la señora
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la dicha, o el
hastío, seca palma,
-
barrer conseguirá
de toda el alma
-
atisbos de alegría
cegadora?
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Acaso, Prometeo
sobre la roca,
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me vea en el
destino acompañado
-
por ave que
derrame furia loca
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hundiendo su
cerviz en mi costado.
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Se torna sin cesar
seca mi boca.
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¿Tendré la soledad
siempre a mi lado?
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FINAL
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(Allegro ma non
troppo)
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Esa llegada de la luz que descansa en la frente
(Vicente Aleixandre)
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Antes que el sueño me haya vuelto carbón de pino,
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antes que la marisma color de hoja de laurel fresco me haya
vuelto raíz de diente bravo frente al mar;
-
(Miguel Ángel Asturias)
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Va, pensiero, sull´alli dorate…
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(Temístocle Solera)
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Remonta,
pensamiento, el universo
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añil, todo de luz, como bengala
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ansiosa de destino, plena de ala,
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preñada de alegría en blanco verso.
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Remonta, que tu luz sea el reverso
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del tiempo cadencioso, larga escala
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de flor y soledad. Viste de gala
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al sueño en manantial leve y disperso.
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Apártame del llano proceloso,
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del ansia al despertar en la mañana
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cargada de mazmorra negra y foso.
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Emprende vuelo enhiesto a la ventana,
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veloz, cadente, limpio y armonioso
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huyendo de esta senda estrecha y vana.
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Quiero
vivir, vivir, estar despierto
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al mar, al cielo
azul, a las caderas,
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al labio. Festejar
las primaveras
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quiero. Vivir,
vivir y no estar muerto.
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Quiero vivir,
vivir, notarme cierto,
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amar, alzar la voz
a las esferas,
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que dejen su telar
las Hilanderas,
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danzar de sol a
sol, de puerto en puerto.
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Yo siento digerir la luz ardiendo
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mi alegre corazón
y con los dientes
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devoro este festín
de estar viviendo.
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Quiero vivir,
vivir, sentir valientes
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los golpes de mi
sangre repitiendo
-
trompetas de
clamor por todas fuentes.
- (Vejer de
la Frontera, noviembre de 1989-mayo de 1991)
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