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Estos días azules y este
sol de la infancia.
(A. Machado)
These are but shadows of
the things that have been.
(Charles Dickens)
-
- Las
hojas del almanaque
-
son cangilones de noria
-
que van susurrando al
agua
-
las voces que al viento
copian:
-
la parra verde en el
patio,
-
las sombras de las
magnolias,
-
la flor del higo en la
tuna,
-
los nidos de la
parroquia...
-
-
Sobre la mesa, olvidado,
-
el álbum de la memoria.
-
-
-
-
- UNO
-
- Volverás en verano
y encalaremos
juntos la fachada del tiempo
(Aurelio González Ovies)
-
-
-
Ha
bajado la noche a las moreras
-
y a las piedras regadas
de la calle,
-
ha bajado la noche
calurosa
-
con su paño de añil
oscuro y grande.
-
-
Noche plena de grillos y
naranjos,
-
noche clara de estrellas
y azahares,
-
embrocada en los muros de
los patios
-
cada estío que anima los
portales.
-
-
Noche alta. Dibujos de la
infancia
-
guardados en los pliegues
de la tarde.
-
-
Los
veranos en el pueblo
-
tienen color de amapola
-
y el aroma del enebro.
-
-
Cartago, Roma y Atenas,
-
lecciones en la ventana,
-
madreselva y yerbabuena.
-
-
El verderón en la jaula,
-
el pozo, brocal y soga,
-
el pozo, frescor de agua.
-
-
La brisa mueve las hojas
-
de la parra.
-
-
-
Ese
olor a melón que endulzaba la casa
-
en las tardes de agosto,
en las siestas calladas,
-
era un sueño ovalado, era
mudo fantasma
-
que llenaba alacenas, las
alcobas, la nada.
-
-
En aquella penumbra
silenciosa escuchaba
-
las palomas del patio,
los rumores del agua
-
y un sonido redondo de
costura en la sala.
-
-
Ese olor a melón aún me
anida en el alma.
-
-
-
-
Los
barcos se van al mar
-
por las mañanas y vienen
-
cargados de sal y plata
-
cuando los llama el
poniente.
-
-
Los barcos se van al mar
-
buscando las algas verdes
-
y el lapislázuli oculto
-
de las aguas de
septiembre.
-
-
Los barcos se van al mar.
-
Y por el río se pierden
-
las gavïotas cansadas
-
de embarcaderos y
muelles.
-
-
-
-
Luna
blanca
-
en las noches de la mar,
-
luz de plata
-
sobre los montes de sal.
-
-
El faro,
-
centella y cal,
-
guiña el ojo
-
a las boyas del canal.
-
-
Luna blanca,
-
luz redonda del pinar.
-
-
-
-
El
escalón de mi puerta
-
es de mármol. En verano,
-
rompiendo la siesta, pasa
-
el carro de los helados.
-
-
Luz de leche en las
paredes,
-
luz de cobre en los
navazos,
-
luz de azufre derramaba
-
el sol sobre los tejados.
-
-
Barquillo dulce. La tarde
-
tiene postigos cerrados
-
y un silencio caluroso,
-
un olor tibio y callado.
-
-
El escalón de mi puerta
-
es de mármol.
-
En verano
-
oigo la flauta dormida
-
del afilador lejano.
-
-
-
-
-
- De
aquellos pájaros de papel
persevera cuando el viento los
frotaba y la conciencia de saberlos
perdidos. (José Luis Lobato)
-
Cometa
al viento desde la arena
-
blanca, lejana sobre las
piedras.
-
-
Luz en las olas, madre
morena
-
bajo la sombra siempre me
espera.
-
-
Rumor de cañas. . . La
tarde alberga
-
rumor de insectos en las
albercas.
-
-
Velero blanco de blanca
vela,
-
de blanco mástil, de
blanca estela.
-
-
Blancas las aves, blanca
la euforia,
-
blanco es el sueño de la
memoria.
-
-
-
-
-
-
-
La
fuente tiene agua clara
-
y libélulas nerviosas,
-
y tiene oblongos
cristales
-
que se rompen cuando
chocan
-
contra el mármol riguroso
-
donde beben las palomas.
-
-
La fuente alberga rumores
-
de pájaros que, a la
sombra,
-
dibujan cantos alegres
- con pinceladas
redondas.
-
- La fuente suena
en la tarde
-
de verano silenciosa
-
como el fagot de la brisa
-
que los visillos tremola.
-
-
-
-
-
-
Las
uvas, claro ámbar de septiembre,
-
son gotas de cristal
tostado y oro,
-
son lámparas de sol y de
rocío
-
que penden del silencio:
luz y polvo.
-
-
Son signos que el estío
en su agonía
-
ofrece hasta la tierra
desde el hondo,
-
oscuro corazón de las
raíces
-
en dócil parto lento y
armonioso.
-
-
La dulce voz de sombra en
los lagares
-
ya canta la presencia del
otoño.
-
-
-
-
-
- DOS
- Fuera, el otoño piensa su
elegía violeta,
- y prende en el ocaso un
recuerdo amarillo...
(J.R. Jiménez)
-
-
-
Tiza
blanca, mapa grande
-
y plumieres de madera
-
donde guardo las estampas
-
de este verano que cesa.
-
-
Septiembre, nube que
pasa,
-
septiembre de voces
nuevas,
-
septiembre, página blanca
-
sedienta de tinta negra.
-
-
Mi hermano sobre la mesa
-
tiene un borrador de nata
-
y yo un borrador de
fresa.
-
-
Septiembre, urna de
plata,
-
vasija de la tristeza.
-
-
-
-
-
Octubre
llega -silencio-
-
envuelto en el gris
de siempre,
-
difuso como el recuerdo.
-
- Octubre llega y parece
-
que ya lo ha notado el
viento
-
que sopla contra las
hojas
-
y tallos amarillentos.
-
-
Octubre llega, silencio,
-
tan triste como un poema
-
leído en un libro viejo.
-
-
-
-
-
-
Me
gusta como huele la tarde en los plumieres,
-
la luz que desde el atrio
se asoma a las ventanas
-
y baña los pupitres, los
mapas, los cuadernos,
-
los libros de hojas
gruesas y pastas ya gastadas
-
por años casi eternos;
son libros del hermano
-
que ya pasó de clase y
estudia la pisada
-
historia de este pueblo.
Me afligen esas letras,
-
de hielo y leche,
escritas en la pizarra amarga:
-
son símbolos cansados de
niños silenciosos,
-
tan tristes como el
Cristo que cuelga sobre el mapa.
-
Me gustan los colores,
las líneas de los ríos,
-
los montes, los países
que viven en el atlas.
-
Me angustia lo del
tiempo, lo eterno, irretornable,
-
y el miedo que no
entiendo por qué me aprieta el alma.
-
-
-
-
-
-
La
mañana llegó –húmeda y fría-
-
y con ella llegaron nubes
nuevas
-
y un revuelo de hojas
amarillas.
-
-
El silencio llegó, llegó
el silencio,
-
y el sueño de las flores
y los montes
-
llegó con viento gris y
paso lento.
-
-
Celestas armoniosas tiene
el aire
-
que mece el abandono de
las viñas
-
y forma con las hojas
ciego baile.
-
-
La sangre ya cansada de
la casa
-
se duerme entre visillos
y ventanas
-
cerradas a los pájaros
que marchan.
-
-
-
-
-
-
Niebla
de las soledades
-
duerme entre los pinos
blanca:
-
fantasma del cementerio,
-
sudario para las almas.
-
- Uno de
noviembre. Fiesta
-
del ave negra en las
dalias.
-
-
Lluvia gris, muda garúa,
-
silenciosas las pisadas
-
del tiempo sobre las
tumbas,
-
sobre la tierra y sus
larvas.
-
-
-
-
-
- Cuando
las primeras lluvias
- llegaron a las albercas
- se marchaban las cigüeñas
- ya, lentas, por las
dehesas.
-
- Llegaron nubes oscuras
- esparciendo el agua
fresca
- que reclamaban los campos
- para la paz y la siembra.
-
- Llegaron nubes cenizas
- mojando nuestras cabezas:
- templos de sueños
agraces,
- templos de sol y
calendas.
-
- Cuando llegaron las
lluvias
- se hicieron tristes las
siestas.
-
-
-
-
-
- Aquellos
días viven en un álbum
- que huele a chocolate y
pegamento,
- a estampas de otros mares
y a almanaques
- que andan de puntillas
por el tiempo.
-
- Aquella tarde, alcoba del
otoño,
- tenía una penumbra de
colegios
- y un silencio de mosca
solitaria
- y un pulso de campanas en
el viento.
-
- Un nido de cuartillas en
la mesa:
- la vez primera que
doliera un verso.
-
- La tarde era un cristal.
Sentí un poema
- caer como una hoja sobre
el sueño.
-
-
-
-
-
- Algún día
se pondrá el tiempo amarillo
sobre mi fotografía.
(Miguel
Hernández)
-
-
-
- Os
miro y viene el humo de la infancia
- opaco y amarillo a mi
cabeza
- expuesta del otoño a la
tristeza.
- Os miro en esta foto
quieta y rancia:
-
- Jacinto, Luis, Manuel,
Jesús, fragancia
- de tinta y borrador. Con
qué presteza
- el tiempo, sueño ayer,
hoy despereza
- su voz de liquen negro en
la distancia.
-
- ¿Quién pudo aquí amarrar
el tiempo al nudo
- escueto del papel y la
memoria?
- Quien pudo sostener el
tiempo pudo
-
- parar en luz de ayer la
lenta noria
- de olvido y soledad, de
llanto mudo,
- de efímero soñar y vana
historia
-
-
-
-
Las
horas amarillas, y amarillas
-
las copas de los árboles
del sueño,
-
amarillo el reloj en la
repisa
-
del salón amarillo por el
tiempo.
-
-
Amarillas las fotos de
fantasmas
-
en la mesa amarilla del
abuelo.
-
-
Amarillos los libros y
amarillo
-
el luto fallecido del
silencio.
-
-
Amarilla la luz del
almanaque,
-
amarillo el orín de los
recuerdos.
-
-
Sé que existe una pátina
amarilla
-
debajo de la piel que
teme al viento
-
que arrastra los confetis
amarillos
-
del eco indivisible de
los muertos.
-
-
El otoño es un túnel
amarillo
-
con lluvias de farolas y
de miedos,
-
es un sueño amarillo en
las bodegas
-
de tardes amarillas. Y un
sendero.
-
-
Los pasos amarillos del
otoño
-
arrastran sus cadenas al
invierno.
-
-
-
-
- TRES
-
- Sube y baja el
invierno en su trineo
(Rafael Alberti)
-
-
-
Este
tiempo de hojas y amapolas dormidas,
-
esperando en la sala las
cigüeñas lejanas
-
y las yemas macizas de la
parra desnuda
-
a través de la fría,
siempre turbia ventana.
-
-
Ese frío callado de las
aulas oscuras
-
anhelando vencejos en
palmeras y tapias
-
y un tumulto de alas y
libélulas rojas
-
en la brisa nerviosa que
alborota las cañas.
-
-
Este invierno cansado, de
ponientes nubosos,
-
en la lluvia postrado,
tan antiguo en las aguas,
-
es un musgo paciente,
ceniciento y opaco,
-
encorvado en el tiempo
que enmohece a la plata.
-
-
-
-
-
Humo
blanco en los tejados
-
y silencio en las
antenas,
-
ocaso en el mar de plomo.
-
-
Más allá de las cancelas
-
ladra el perro y le
responde
-
el silencio en las
higueras.
-
-
En la taberna, la radio,
-
melodía de la pena,
-
y en mi mesa libros
sordos
-
y mudas estampas.
-
-
Suena
-
la lluvia que cae en la
calle
-
adormeciendo a las
piedras.
-
-
-
-
-
-
-
¿Cuánto
me dan por la estrella y la luna?
(G. Diego)
-
-
-
Noche
larga de diciembre,
-
mi dormitorio es Belén
-
con un pesebre de barro.
-
Barro María. José,
-
barro mudo. Los pastores,
-
barro, vino, pan y miel.
-
Espejo helado del río.
-
Un sendero de café,
-
tres camellos y tres
Magos
-
con sus tres pajes a pie.
-
Miro la luna del techo.
-
Mi dormitorio es Belén,
-
blanca tez la de María,
-
barba negra San José,
-
noria lenta, rauda
estrella,
-
verde serrín del vergel,
-
blancas de harina las
cumbres,
-
musgo y corcho, cal.
-
Después
-
un sueño claro de nieve,
-
un sueño negro tal vez.
-
Paredes de sombra y luna,
-
altos montes de papel.
-
-
-
-
-
Una
lluvia sin pausa como un sueño constante
-
y un silencio de alas de
ceniza en los árboles.
-
-
-
-
-
Hoy
la calle no tiene el rumor de otros días
-
ni andan niños jugando a
la luz de la tarde,
-
hoy la calle es un pozo
de silencio en la lluvia
-
y es el tiempo un balcón
como espuma en el aire.
-
-
Tiene voz este invierno
de semilla enterrada
-
y una música oscura de
reló en los cristales.
-
-
Cuervos negros se ocultan
en las torres perdidas.
-
-
De la tierra mojada nace
un río incesante
-
de futuros recuerdos, de
pretéritas noches
-
y de días que irán
oxidando las llaves.
-
-
-
-
-
- Ya no tengo valor
para la huida,
porque no me queda tiempo
para el olvido.
(J. Siroco, marqués de Malandar)
-
-
-
Callado
en la oquedad del cuarto oscuro
-
me vuelvo a la ventana
como sombra
-
del niño silencioso que
se asombra
-
de ver la tarde gris
tocar el muro.
-
-
Las flores del almendro
blanco y puro
-
derraman sobre el patio
lenta alfombra,
-
la brisa con su voz
canora nombra
-
historias de la tarde y
su conjuro.
-
-
La luz evanescente en los
cristales
-
dibuja en la pared, de
cualquier modo,
-
fantasmas de acuarelas y
metales.
-
-
La gasa blanquiazul del
aire, el yodo
-
del cielo y sus penumbras
desiguales,
-
la augusta soledad que
colma todo.
-
-
-
-
-
-
Desnudo
se refleja en el espejo
-
el péndulo sin vida de la
infancia,
-
y el humo detenido de la
ausencia
-
me asfixia con su fiebre
en esta sala.
-
-
No conocí un invierno tan
herido
-
de oscuro bisturí ni de
campanas,
-
no tuve el corazón con
tanta nieve
-
ni tanta lluvia gris
cerca del alma.
-
-
La tarde es invisible en
este invierno
-
tan lejos del calor de la
almohada.
-
-
La lluvia no es la misma,
ni el reflejo
-
del aire ya es el mismo
en esta casa.
-
-
Busqué por el cristal
turbio del tiempo,
-
busqué por el cristal
blanco del alba,
-
busqué por el espejo del
recuerdo.
-
-
Miré, miré, miré.
-
-
Y ya no estaba.
-
-
-
-
-
- Siempre es
invierno en el recuerdo
(Joaquín
Márquez)
-
-
-
He
salido del cine esta tarde de invierno
-
y el domingo bosteza.
-
Un cuaderno me espera
-
en la mesa apagada de mi
cuarto. Soy viejo
-
aunque tengo diez años y
me sabe a tristeza
-
esta niebla en la boca,
la resina del sueño.
-
-
He salido del cine
caminando hacia el miedo
-
de los lunes sin luz, de
las lluvias con grietas,
-
de las horas eternas del
oscuro colegio.
-
-
(Aunque tengo diez años.
Y está quieta la adelfa
-
en el patio vacío de
palomas y viento)
-
-
-
-
-
-
Es
una mezcla de
perfume y sueño.
-
-
Llovía por los muelles. Y
los barcos
-
anclados dormitaban. Era
un viento
-
del Sur. Sobre la arena y
las espumas
-
los pájaros, sombreros
del invierno,
-
volaban del silencio
hasta las dunas.
-
-
Llovía ferozmente sobre
el limo
-
abisal de las tardes. Yo,
en la bruma,
-
viajaba por los mares de
mis libros
-
con London, con
Stevenson, Melville...
-
-
Con John el Largo
en la taberna oscura
-
pasé un invierno al lado
de un candil.
-
-
- CUATRO
-
-
- ya canta
- la primavera
en el huerto
(Luis Rosales)
-
-
-
-
Despierta
del olvido de las cañas,
-
despierta ya del sueño de
la cera.
-
-
Florecen semidioses y
abanicos
-
de flores amarillas. Por
las sendas
-
del barro vienen guerras
y manadas
-
de insectos agridulces y
cerezas.
-
-
Despierta de la noche del
invierno,
-
asómate al balcón de las
estrellas,
-
arranca en el silencio
nuevas hojas
-
del limo verdiazul de las
agendas.
-
-
Dormiste en el establo
del recuerdo
-
e hiciste de la leña
blanca hoguera
-
donde quemar las nubes
del invierno,
-
donde extinguir las
ascuas de la pena.
-
-
Levántate, no duermas.
Son los días
-
más largos, no más
bellos. En las hiedras
-
anidan las crisálidas de
marzo,
-
clarean los cristales de
la espera.
-
-
No duermas que te llaman
las acacias.
-
-
Esta tarde otra vez la
primavera.
-
-
-
-
-
-
Como
se abre una puerta
-
con una llave de viento
-
se ha abierto la
primavera.
-
-
Me desperté amaneciendo:
-
un libro sobre la cama,
-
la flor del sueño en los
huesos.
-
-
Tiene un aire la mañana
-
de golondrinas de patio
-
y de campana olvidada.
-
-
Mi libro es como un
armario
-
con mapas, tratados,
guerras
-
y monasterios y atrios.
-
-
Sombra blanca de la
escuela,
-
por el camino del miedo
-
en mi corazón abierto
-
revienta la primavera.
-
-
-
-
-
-
La
yema de la viña
-
viene anunciando
-
su parto a la albariza,
-
que llega marzo.
-
-
Pasó febrero.
-
Se mustia en los
almendros
-
la flor de enero.
-
-
-
-
-
-
Porque
tienen las calles esquinas transparentes
-
y pasan bicicletas con
sonidos de siesta,
-
porque son más enormes
las paredes del patio
-
y hay un ramo de sol
reflejado en mi mesa.
-
-
Porque van las muchachas
con las piernas desnudas
-
y los brazos al sol como
estatuas inquietas,
-
y hay más luz en el aire
y más aire en la carne
-
y más fuego y ardor en la
flor de las venas.
-
-
Porque hace una tregua el
vacío en mis ojos
-
y en mi lengua renace un
sabor a planeta.
-
Porque tiene la tarde
otra luz y otro cielo,
-
porque huelen los parques
como en días de fiesta.
-
-
Porque suena la savia y
se encienden las noches
-
con farolas de voces y
cristales de menta.
-
-
Porque habita en mi
cuerpo un tumulto de insectos
-
y se hunde en el gozo
este alma que tiembla.
-
-
-
-
-
-
Llaman
las campanas. Arden
-
los tejados. Y se apagan
-
en el cielo los espejos
-
azules. En la balanza
-
-
del sueño y de la memoria
-
hay campanarios y plazas,
-
hay golondrinas y sombras
-
de silencio en las
fachadas.
-
-
Vuelven las visitas
tristes,
-
vuelve a sonar la campana
-
de la iglesia. El tiempo
es agua.
-
-
Yo soy cristal de ventana
-
de una tarde de domingo
-
de primavera lejana.
-
-
-
-
-
-
-
Qué
verdes tus ojos verdes,
-
qué verdes tus ojos, sí,
-
tan verdes como las hojas
-
del almendro.
-
Me rompí
-
en cien pedazos de oliva
-
aquella tarde.
-
Sentí
-
como quemaban tus labios
-
en mis labios.
-
Qué feliz
-
entró tu luz en mi
cuerpo,
-
entró mi locura en ti.
-
-
Qué viento de primavera
-
por las tapias del
jardín.
-
-
Qué verdes tus ojos
verdes,
-
qué verdes tus ojos, sí.
-
-
-
-
-
-
-
Muere
el sol –naranja rota-
-
ahogando de sangre al
mar.
-
Picotea la gaviota
-
la herida crepuscular.
-
-
La tarde –antes mañana-
-
enterró su juventud
-
en los pinos de Doñana.
-
-
El pueblo, silencio y
sombra,
-
monótono en su vivir,
-
se tiende como una
alfombra
-
a pies del
Guadalquivir.
-
-
-
-
-
-
De
cuando en cuando vienen los colores
-
tiñendo los recuerdos:
primaveras
-
pasadas, luminosas,
verdaderas,
-
grávidas de campanas y de
flores.
-
-
Memorias que son plumas o
rumores
-
regresan manejando mil
esferas
-
de días transcurridos en
quimeras,
-
de tiempo aprisionado en
los tambores.
-
-
No queda al mecanismo más
que espuma
-
del mar que, muerto,
permanece atado
-
al fósil del metal y de
la bruma.
-
-
No queda en el reloj más
que pasado,
-
cristal espectador del
tiempo; en suma:
-
pasado en el presente
anquilosado.
-
-
-
-
-
-
Aire,
nube, tiempo, luz
-
en la alcoba de mi alma.
-
-
El aire se fue vencido,
-
la nube se fue descalza
-
con el tiempo, sin ruido,
-
la luz se la lleva el
alba
-
mientras duermo.
-
No la veo
-
tras el muro de la
infancia.
-
-
Brisa, sueño, lengua,
voz,
-
paisaje, murmullo, agua.
-
-
La brisa se hizo viento
-
que al sueño apagó sus
ascuas
-
donde crujían cien
lenguas
-
sin voz, sin murmullos ni
alas
-
que batieran por paisajes
-
engañados de agua.
-
-
Nada.
-
-
-
-
- ESTAMPA FINAL
-
-
Yo tuve sueños que todavía
-
me hacen cosquillas en el
corazón.
(Juan A. Gallardo)
-
-
-
Viña
baja de luna, alta nube de pinos,
-
ofrecedme las manos desde
entonces inertes,
-
ofrecedme raíces
contagiadas de vinos
-
encantados de sueños
olvidados de muertes.
-
-
Ofrecedme la niebla sobre
el árbol podado,
-
y la luz amarilla de la
playa y la arena,
-
y los higos de sangre, y
el silencio olvidado
-
en la esquina dormida de
la calle serena.
-
-
Atended la llamada que en
el eco se pierde
-
como mágicas sombras en
la noche indolente.
-
Atended a este miedo que
descansa en el verde
-
remanal del cansancio y
en la oscura simiente.
-
-
Ahora sueño en el viento
con retazos de vida,
-
preguntando a la tarde y
esperando que mienta.
-
¿Volverás algún día a los
campos de menta
-
donde habita el aroma de
la infancia perdida?
-
POST SCRIPTUM.
-
-
A Leopoldo
Javier Dueñas Garrido lo enterraron una tarde de otoño en el cementerio
de un pueblo que no era el suyo. Empezaba a hacer frío. Asistieron al
funeral tres compañeros de oficina, un representante de tinta para
fotocopiadoras, una vecina octogenaria y el dueño del bar que
frecuentaba. Yo fui testigo.
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Fue la suya una
muerte repentina e incorrecta. El cura, en el sepelio apresurado y
breve, olvidó hacer mención al descanso de su alma.
- Dejó media
hipoteca del piso, una colección de sellos antiguos y este poemario sin
fechar.
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Dios lo tenga en
el limbo.
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