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- Compañera
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- Tu voz, viajera
de muchos siglos,
llegó apoyándose en un sueño.
En ningún país la reconocían.
No cabía en ningún recuerdo.
No sigas. Quédate. Eres mía.
Lo sé desde el alba del tiempo.
- Tus ojos
perseguidos
todavía tiemblan de miedo.
Oscuras jaurías de angustia
los acosaban.
Cierra. Hay viento.
Descansa. Es la dicha tranquila.
El reposo. El silencio y el fuego.
- Iban tus manos
entre mis libros,
entre mis flores y mis versos
naturalmente, sin asombro.
Tampoco había asombro en ellos.
- Las rosas que
ahora te miran
son nietas de las que te vieron.
Descansa. Quédate. Eres mía.
Lo sé desde el alba del tiempo.
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- Haruko Sam
Amante silenciosa de una noche,
fina muñeca de marfil antiguo,
cuando mi cuerpo duerma el sueño largo
recuerda al extranjero que te quiso.
Mi alma estará en la sombra, solitaria,
y en la neblina viviré perdido.
Entreabre las ventanas, y tu lámpara
será como una estrella en el camino.
Entonces en las alas de los pájaros
y en el rayo de luz vendrá mi espíritu
a reír en el agua de la fuente
y a encender la mañana de mis hijos.
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- Claro de Luna
- La luna entre los árboles
ennobleció el silencio de la noche armoniosa
y tomaron las fuentes vaguedad de pupilas,
y hubo meditaciones albm en las magnolias.
- El misterio nocturno se aromó de
azucenas,
conmovidas palabras vinieron de la sombra
Los amores antiguos, -seda triste, oro turbio,-
vivían en la voz helada de las hojas.
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- Lámparas
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- Amante
silenciosa de una noche,
- fina muñeca
de marfil antiguo,
- cuando mi
cuerpo duerma el sueño largo
- visítame
una vez en el olvido.
- Mi alma
estará en la sombra, solitaria
- y en la
neblina viviré perdido;
- quema un
farol chinesco y la ceniza
- será como
una estrella en el camino.
- Entonces en
las alas de los pájaros
- y en el
rayo de luz vendrá mi espíritu
- a brillar
en el agua de la fuente
- y a
encender la mañana de mis hijos.
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- Elegía del reloj sin dueña
- Habla el reloj
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- Ya se fue para siempre
- el tiempo de su voz, el de sus
manos.
- ¿Para qué andar horas vacías
- en que su rostro no aparece
- si era vida mejor morir con ella
- y andar con ella por la muerte?
- Como aroma la flor su cercanía
- todo lo embellecía su belleza.
- ¿Para qué andar
- horas deshabitadas, horas secas,
- horas desposeídas de su gracia?
- Huérfanas de sus ojos
- y de la suavidad de su mirada.
- Llegaba el día de sus alas.
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- Yo que canté la hora de sus manos,
- la hora de sus ojos,
- debo decir que ya se ha ido
- y callar para siempre.
- Veladora del sueño,
- albor, llave del cielo,
- cofre de los milagros,
- ¿para qué andar por la hora muda
- y para qué decir -cantar- la hora
- si entramos en el tiempo ya sin
ella?
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- Desde
mi rincón
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- A Raúl Contreras,
- Gran Poeta y Mago
- de los jardines
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- Libre la muerte en la tierra
-
yerra
- y el sabio la muerte
atiza,
- iza
- banderas de odio y al
- arma
- las manos de los hermanos,
- manos
- en caricias adiestradas,
- hadas
- del cariño, del intacto
- tacto
- de las formas bien amadas.
- Hadas!
- Manos de la creación,
- de siembra, no de la guerra,
- divina prolongación
- de las de Dios en la tierra,
- ¿qué desventurados hados
- os deshonran y deprimen,
- oh manos de los arados,
- hasta ser manos del crimen?
- ¿Qué emponzoñada malicia
- os vuelve, manos amadas,
- ¡oh manos de la caricia!
- en manos de las espadas?
- Sabio antidiós, asesino,
- sino
- del asesino te aguarda!
-
Arda
- Dios en furia y te maldiga,
-
diga
- tu condena y te destruya,
-
huya
- la ternura de tu vera.
-
Era
- de espanto y de cobardía,
-
día
- que manchará la memoria
- de las memorias sombrías,
- eternizando en la historia
- la vergüenza de los días,
- mueran contigo, antidiós,
- recreador de la nada
- y se extinga tu jornada
- que avienta la obra de Dios.
- -¿Era aquí la primavera?
-
-Era.
- -¿Y el trigo de la pradera?
-
-Era
- -¿Y la niña espigadera?
-
-Era!
- -¿Y la casa que era amparo,
- pan y sombra, aceite y vino?
- -En donde estaba hay un claro:
- por allí pasa un camino.
- Raúl, junto a mi rincón
-
con
- la visión de este milagro,
-
agro
- que embelleció tu maestro
-
estro
- huyendo de venda y bando
-
ando
- por tus jardines de ensueño,
-
sueño
- el gran sueño que tú sueñas,
- no el que el asesino fragua,
- mientras se irisan las peñas
- con la ternura del agua,
- sueño de la tierra honrada,
- de la justicia y el bien
- para siempre iluminada
- por la estrella de Belén.
- Al agradecer mil veces
- el refugio que me ofreces
- pienso grave y conmovido,
- viendo su dedicatoria,
- que me salva del olvido
- piedra de buena memoria.
- Hermano, en las horas malas
-
alas!
- Para el frío desencanto
-
canto,
- sobre nuestras carabelas
-
velas
- con aletazos de viento
- que, en la furia de las olas,
- nos lleve a riberas solas
- en tierras de canto y cuento;
- y al fin del viaje belleza
- de un jardín salvadoreño
- en que la rosa del sueño
- abra su olor de tristeza,
- y nos traiga su fragancia
-
ansia
- de inmensa paz, exquisita
-
cita
- con las saudades más hondas,
-
ondas
- de los recuerdos preclaros,
-
claros,
- que alumbraron nuestra vida
-
ida
- y esperar que lo inefable
-
hable.
- San Salvador, 1960.
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- Viajero inmóvil
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- Despedida de El Salvador
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- -Viajero inmóvil, ¡parece
- que te vas pero te quedas!
- -Se me quedan sus miradas,
- su gracia y su voz de seda,
- se me queda un cuento de hadas,
- a la sombra de una ceiba.
- Me faltará su sonrisa.
- No olvidaré una promesa.
- Se me queda un roce de alas
- y un aroma de violetas,
- y una rosa y unas manos,
- no podré vivir sin ellas.
- Se me queda un «pudo ser»
- y un sueño casi de veras.
- ¿Viviré sin la preciosa
- compañía de esta tierra?
- ¿Y el embrujo de unos ojos
- y la voz de sus poetas?
- ¿Cuándo estuvo el alma mía
- de almas amigas más cerca?
- Se me quedan sus volcanes
- que con sus lámparas cercan
- los jardines que son versos
- vivos de Raúl Contreras.
- La tierra que me dio un hijo
- y un rincón. ¡Bendita sea!
- Un rincón donde va mi alma
- cuando la apaga la pena.
- -¿Para qué se va? ¿Y adónde?
- ¿Si casi todo lo deja?
- Se nos va el viajero inmóvil
- ¡se nos va pero se queda!
- San Salvador, 1962.
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