Joumana Haddad

 

Antología poética

 
 

Árbol azul

 

Cuando tus ojos se encuentran con mi soledad

El silencio se convierte en frutas

Y el sueño en temporal

Se entreabren puertas prohibidas

Y el agua aprende a sufrir.

 

Cuando mi soledad se encuentra con tus ojos

El deseo sube y se derrama

A veces marea insolente

Ola que corre sin fin

O savia cayendo gota a gota

Savia más ardiente que un tormento

Comienzo que nunca se cumple.

 

Cuando tus ojos y mi soledad se encuentran

Me entrego desnuda como la lluvia

Generosa como un seno soñado

Tierna como la viña que madura el sol

Múltiple me entrego

Hasta que nazca el árbol de tu amor

Tan alto y rebelde

Tan rebelde y tan mío

Flecha que vuelve al arco

Palmera azul clavada en mis nubes

Cielo creciente que nada detendré.

© Joumana Haddad

(Traducido por Joumana Haddad)

 

 

Tu país, esa noche ardiente

 

1

¿Quién eres extranjera?

Tus máscaras borrando los rasgos de tormentos

son tu ventana ciega.

Con la avidez del relámpago robas el sueño

y de la lujuria de tus sueños te estremeces

Entregada al infierno de la carne,

tu fisura se abre sobre el vaso.

Cómo puede reposar tu soledad al fondo del corazón

a pesar de los días que hormiguean de nombres,

cómo puede revestir tu tristeza los párpados

y tu tarde profunda arrancar la mirada de la sima?

 

 

2

¿Quién eres tú, extraño recuerdo a la caricia,

raíces extrañas a la huida,

relajamiento oscuro como la densidad de la nube,

recogimiento semejante a sí mismo?

 

Tu carne vida se sacia en su deseo

desierto extasiado en su arena sedienta.

Estrecha es tu tierra estrecha,

pero m?s vasta que el torso del amante.

Y una gota de tu desnudez basta

para que llueva la luna.

 

 

3

No te engendré un árbol,

ninguna estación te maduré.

Tus puertas están cerradas

pero tú eres tierna como un placer que se abre.

Tu cabeza

en lo profundo

en lo profundo

se impregna de imágenes.

 

 

4

Tu cielo, que permanece alto,

endulza el aburrimiento,

lo rocía de un gusto vencido,

tal el horizonte que sabe.

 

Di cómo tu imaginario guarda la esencia,

cómo al alba se cicatrizan tus deseos

y encienden tu sed de desnudo.

?Cómo puede tener para cada salida del sol

su cuchillo, extranjera,

cómo te atreves!

 

 

5

Te pierdes en tu noche

y en los lugares de paso,

en cuanto a tu sombra ella busca tus manos múltiples

y oscila contigo bajo el arco de la voluptuosidad.

Extranjera tú eres

y tu lo sabes,

tú te rompes sobre tu reflejo,

después esperas la conclusión del viaje.

 

 

6

Tu país es esta noche ardiente

y no hay soles para apagarla.

Tus brazos ebrios bailan al borde de la presencia

cada vez que una mano se dispone a partir.

 

Tu país no tiene nombre,

ni fin tampoco.

Tu alma, cada vez que se acerca el instante de llegada

lo aleja.

 

 

7

Tú llevas tu soledad que corre en las llanuras

en busca de pájaros para el bosque

Tu soledad ligera

tal un seno que no ha atravesado el umbral de lo imaginario.

 

¿Dónde apoyas tu estrella cuando las tinieblas te tocan,

dónde brillas, astro peregrino?

 

 

8

Tu palidez te guarda, extranjera en desorden

y en la sombra tus rostros deshechos te esperan,

tu humor alfombra el sendero secreto

y en la noche tu alma

llora la realización de su delirio.

Las tristezas no son tu manantial.

Tampoco son el estuario,

sino el viaje que hace el oro del alma.

 

 

9

¿Extranjera, alma mía, quién eres?

Se te toma por la rebelde,

y no eres más que lubricidad que se traspasa.

Lo que se toma por rechazo

no es más de el vértigo del extravío.

Y el exceso de las máscaras borra tu rostro.

© Joumana Haddad

(Traducido por José Luis Reina Palazon)

 

 

Cuando me hice fruta

 

Hombre y mujer fui concebida bajo la sombra de la luna,

Pero Adán fue sacrificado en mi nacimiento,

Inmolado a los mercenarios de la noche.

Y para colmar el vacío de mi otra esencia

Madre me bañó en aguas del misterio,

Me instaló en la orilla de cada montaña,

Moldeó la luz y la penumbra

Para hacer de mí mujer-centro y mujer-lanza,

Traspasada y gloriosa,

Ángel de los placeres innominados.

 

Extranjera crecí y ninguno cosechó mi trigo.

Diseñé mi vida en una hoja blanca,

Manzana a la que ningún árbol dio a luz.

Y la horadé y salí,

En parte vestida de rojo y en parte de blanco.

No solo estuve en el tiempo o fuera de él

Porque maduré en los dos bosques

Y recordé antes de nacer

Que soy un tumulto de cuerpos,

Que dormí largo tiempo,

Que viví largo tiempo,

Y cuando me hice fruta

Supe

Lo

Que

Me

Esperaba.

 

 

Pedí a los magos que cuidaran de mí,

Y entonces me llevaron consigo.

Dulce era mi risa

Azul mi desnudez

Tímido mi pecado.

Volaba sobre la pluma de un ave

Y me hacia almohada a la hora del delirio.

Cubrieron mi cuerpo de amuletos,

Y untaron mi corazón con la miel de la demencia.

Protegieron mis tesoros

Y los ladrones de mis tesoros,

Me obsequiaron historias y silencios,

Desataron mis raíces.

 

Y desde aquel día me voy

Me hago nube de cada noche

Y viajo.

Soy la única en decirme adiós

La única en acogerme.

El deseo es mi camino y la tormenta mi compás.

En el amor no echo anclas.

Gemela de las mareas,

De la ola y de la arena

Del candor y de los vicios de la luna,

Del amor

Y de la muerte del amor.

Durante el día mi risa es de los otros

Y la cena solo a mí me pertenece. .

Quien sabe mi ritmo me conoce

Me sigue

No me alcanza.

© Joumana Haddad

Traducido por Joumana Haddad

 

 

Dueto

 

-Tus ojos han tejido una luz extraña en mi mirada.

-Es que has despertado el bosque y los marinos del bosque.

-Hace azul, ¿Dónde estoy?

-En mis brazos. Allí donde tu río se incendia.

-¿Y esta luna sobre mi cuello?

-Es mi noche que quiere sellar tu piel.

-¿Comienzo?

-Comienzos.

-¿Y por qué te abres los párpados cerrados?

-Para mejor ver tu prisa salpicar mi espera. Par oír a nuestros labios despegar.

-Tú y yo, vuelo de gritos.

-Tú y yo, alas migratorias del poema.

-Seré para ti el pájaro y el cazador.

-No me vencerás: yo me ofreceré a tu fusil.

-Lo plantaré en tu corazón hasta la conquista.

-No es más que perdiendo que se merece el viaje.

-¿Cómo llegar? Tú tienes el cuerpo numeroso de la ilusión.

-¿Por qué llegar? Sé la mano duradera de los fantasmas.

-Tus caderas, pórticos del purgatorio de los perezosos.

- Mis caderas, barrotes de la prisión que libera.

-Mujer tengo sed, viértete.

-Que tus nombres te abreven: ellos perlan sobre mis labios.

-Dejaré a los pecadores llegar hasta ti.

-Pero el violín queda cerrado. ¿Sabrás desbotonarlo?

-Aprenderé. Lo sacudiré como a un árbol hasta hacer fluir todas sus músicas sobre mi lengua. Lo trabajaré como un artesano su oro, como el depravado su condena.

Lo aprenderé.

-¿Y me harás tuya, bandido?

-Sin cesar y nunca.

-Amo el estremecimiento que arrancarás de mi garganta.

-Entonces ven. El vino retrocede sin ti.

© Joumana Haddad

Traducido por José Luís Reina Palazon

 

 
 

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