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- Apunte interior
Hoy mi vida no
tiene peso alguno:
es un viento,
menos que un viento, menos
que una raya de
luz.
Ahora ninguno
puede serme
oneroso.
No hay terrenos
resquemores debajo de mi alma.
Mi sangre es una
roja armonía viva.
Estoy en armonía
con la brasa y la calma,
con la voz
amorosa y la voz vengativa.
Parece que mis
manos no existieran, parece
que mi cuerpo
nadara en un agua inocente.
Como un viento
desnudo de mi corazón se mece
y hace sonar
campanadas dulcemente.
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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Desvestido
La noche,
deseosa, apenumbrada,
te quitó sin
pensar las zapatillas...
y –por sentirse
blanca y alumbrada–
desnudó
blancamente tus rodillas.
Luego –por
diversión, sin decir nada–
la noche se
llevó tu blusa larga
y te arrancó la
falda ensimismada
como una cosa
tímida y amarga.
Después te
colocaste travesura:
desnudaste tus
pechos por ternura
y –hablando de
un amor vago, inconexo–
Porque sí y
porque no, a medio reproche,
desnudaste
también, entre la noche,
la noche
pequeñita de tu sexo.
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
Dioses
Los dioses son
estatuas de humo y viento
que se tuercen,
alargan,
y se cambian de
ser
como cambian de
blusa las muchachas.
Alguna vez
usaron cuernos, luego
se envolvieron
en carne de montaña,
aprendieron a
usar huesos de hombre
y se vistieron
una barba blanca.
Una noche
compraron zapatillas
y perdieron sus
prístinas sandalias.
Y un día
cualquiera rodearán la tierra
charlando
amables con los cosmonautas.
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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Eternidad
Antepasado mío,
hoy te he visto
gozoso,
reencarnado en mis dos hijos.
La tarde olía a
madurez y a mango.
Por las mejillas
de mis niños
–dulce y
amadamente– resbalabas.
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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Este sitio de angustia
Uno quisiera
siempre tener su mano amiga,
su buen pan
compañero, su dulce café, su
amigo
inseparable para cada momento.
Quisiera no
encontrar un solo fruto amargo,
una casa
sangrando, un niño abandonado,
un anciano caído
debajo del fracaso.
Pero a veces los
días se ponen grises,
nos miran con
miradas enemigas,
y se ríen de
nosotros,
se burlan de
nosotros,
nos enseñan
cadáveres de jornaleros tristes,
de muchachas
vencidas, de niños sin tinero.
Se mira uno las
uñas, como haciéndose viejo,
encoge las
rodillas para no perecer,
y nada, nada
bueno agita las campanas,
nada bueno
florece en los hombros del mundo.
Entonces es que
uno llama al apio y le dice,
llama al rábano
amargo y le dice también
que esta corteza
de hombre debe ser un castigo,
un paisaje
maldito donde el hombre no quiere,
no soporta vivir
porque le sorben sangre,
porque le chupan
sangre hasta dejarlo ciego.
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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Milagro Abierto
Esta vida en
silencio
en la sombra
desnuda.
cayendo,
meditando,
de machacada y
ebria se hace pura.
Flotas tú
restregada
en el tronco y
el nervio.
Blancos se abren
tu voz, el viento,
el alma...
Porque esta vida
es un milagro abierto...
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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Salmo de las maderas
Hay maderas
oscuras y profundas
como tus ojos y
tus cabellos.
Porque tus ojos
y tus cabellos son
como maderas
profundas y charoladas.
Hay maderas
suaves y livianas
como tu piel y
tu alegría.
Porque tu piel y
tu alegría son
como maderas
suaves y livianas.
Hay maderas
recias y macizas
como tus piernas
y tus espaldas.
Porque tus
piernas y tus espaldas son
como maderas
recias y macizas.
Hay maderas
húmedas y rojas
como la piel de
tus labios y de tu lengua.
Porque la piel
de tus labios y de tu lengua es
como una madera
roja y empapada de savia.
Hay maderas
olorosas y vivas
como el olor de
tu cuerpo.
Porque el olor
de tu cuerpo es
como el olor de
las maderas
cortadas en los
tiempos de lluvias.
Hay maderas que
al ser trabajadas
dan notas
musicales y perfectas.
Tu amor es una
nota musical y perfecta
como el sonido
que dan ciertas maderas
cuando son
trabajadas.
Hay maderas que
se quejan en las noches de lluvia
y en las tardes
de tormenta.
Porque eres
triste, y esto te embellece y purifica,
te pareces a
esas maderas que se quejan
en las noches de
lluvia y en las tardes de tormenta.
Hay maderas que
tienen un sabor y perfume
tan propios que,
cuando se las huele o se las besa,
ya no son
olvidadas nunca más en la vida.
Porque eres
fatalmente inolvidable,
te pareces a
esas maderas que se recuerdan
hasta la muerte
cuando se las huele o se las besa.
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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Prevalecer
Cuando el cielo
os absorba las entrañas
y quiera
avergonzaros comparándose
con el cielo
animal de la mirada,
volved los ojos
hacia la infinitud
que lleváis
escondida debajo de los párpados.
Volved los ojos
hacia los ojos mismos.
Con eso basta.
Y cuando el
viento os quiera avergonzar
comparando sus
manos infinitas
con vuestras dos
sencillas, tiernas manos,
hundid las manos
en el amor, echadlas
a madurar en
pura sangre humana.
Echad las manos
entre las manos mismas.
Con eso basta.
©Jorge Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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Más que cualquier ciudad es poderosa
Más que
cualquier ciudad, es poderosa
la ternura del
hombre.
Más que
cualquier camino, es caminante
la pisada del
hombre.
Más que
cualquier silencio, tranquiliza
lo piadoso del
hombre.
Más que
cualquier olor, es delicioso
el perfume del
hombre.
Y más que
cualquier dios, es creadora
la esperanza del
hombre.
- ©Jorge
Debravo,
- Compilación:
Adriano Corrales
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