Jorge Alas

Antología poética

 
 
Viajes y encuentros
 
Tengo una cita con el mundo,
voy a salir a la vida inundado de la mejor de las sonrisas.
 
Ese día, me levantaré temprano,
ducharé el cuerpo con perfume de ambrosía,
lo vestiré de esmalte y terciopelo,
colocaré sobre él, hermosas joyas como yugo,
y saldré a la calle.
 
Y saldré a la calle
incendiado las voces y el canto de los amigos,
el rumor cansino de las ciudades,
el silencio muerto de los corazones,
la alegría muda del que sufre.
 
Y saldré a la calle
caminando sin rumbo, dejándome perder
en las simples alegrías de las flores,
en las antiguas miradas de dóciles ancianos,
en los siempre inagotados panteones.
 
Y saldré a la calle
y estaré listo para todo,
tengo una cita con el mundo
llevo el llanto, del niño en mi bolsillo.
 
 
 
 
Oración
 
He disfrutado con tu olor a sándalo,
no pido más
sólo el sol,
solo las mañanas y los días,
una sonrisa
un amigo
y el mismo corazón.
 
 
 
 
DE PAR EN PAR        
¡Y si despues de tantas palabras…!                                                                 
                                                César Vallejo
 
Mujer,
tengo un buen recuerdo de ti:
tu cuerpo,
tu piel,
tus piernas,
tus caderas,
tu sonrisa,
tus miradas, más que tus ojos,
tus labios, más que tu boca,
tus vidas,
t ú,
tú, ti ,te, conmigo
y que bien
que bueno…
Adiós.
 
 
 
 
El Exilio
 
Hace tiempo fue exiliado de la vida,
vida suya que no lo era:
más bien era oprobio,
más bien era befa,
más bien inercia
o algo humano.
 
Ahora en su espalda lleva una joroba
que es su vida,
en ese andar sin andanzas
atado a una silla,
a un cuerpo inerte.
 
La esperanza que es la envidia le enseñó
el arte de odiar y odiarse,
a ser pordiosero en bienes y adueñarse
de un argamandijo para la miseria.
Se abrazó a la ignominia como marca
y en su mente parió penas.
Así fue como el mundo le pudrió el alma,
que ya estaba muerta.
Pero sin absoluto que valga,
los hados benévolos,
de esa morralla,
de esa miasma,
rescataron,
lo febril de su belleza,
el brillo de sus ojos tristes
que siempre verán el infinito…
 
 
 
 
Muerte Prematura
 
¿A quien no? ¿A quién no le ha dolido el ocaso alguna vez?
Barro, aunque lo niegues te ha dolido, te duele. Me río. Lloro.
¿Qué será de nosotros al alba?
Polvo tal vez.
Tal vez milagro.
Lloremos todos:
                ha nacido el hombre.
 
 
 
Caminos
 
Bendito mi pie,
aunque mis ojos lloren lo contrario,
nadie lo recordará en ésta tierra,
¿Cómo pudiera ser posible su raíz
si la mano que lo siembra sucumbe
a este día?
¿Cómo pudiera ser posible su huella
si el camino que anda lo desvela?
Bendito mi pie,
que aun no se marcha
y olvida echar sus rejos.
 
 
 
 
Hecatombe
 
Aurora ¿Qué va a ser de mí si tus dedos rosas
no tocan ya mis manos?
Noche, envuélveme pues en tú manto eterno,
cúbreme hasta el rostro si tú quieres,
no intentaré huir más a tus temores,
a tus locuras de Xanto y de Simois.
 
 
 
Aguaceros de Invierno
 
Lluvia, tengo frío hasta en los huesos,
sigue lloviendo por favor,
que no siento ya los dedos
y mi corazón palpita
en otro pecho
que tampoco siento.
 
 
 
Del Ciego y la Ceguera
 
Fueron gentiles mis párpados alguna vez:
un juego en la infancia, el golpe que no vi,
el recuerdo que forcé, la fútil oración,
el beso que no di, el llanto que probé,
el viento y el polvo evitado
como todo aquello que no quise ver. 
 
 
 
Derrota
 
No me preguntes por los días,
¿Qué no veis acaso que sonrío?  
 
 
 
Entre Vicios y Amores
 
Quizás sea la condición vital de cada instante, de éste instante, o de éste sumado a otro, lo que motive el estar aquí, el permanecer y existir y el que tu existas frente a mí
       
        entre vicios y amores, como solipsismo inédito y no
        ardid, no efímera,
        sino aquí,
        conmigo, para mí. Nunca pretérito, ni efeméride mujer,
        que seas real, coetánea, sin parapetos, mía…
 
Y no es que yo te ame, tampoco es miedo;
        pero a veces te pierdo,
                        me eres impropia en un mundo propio de evo convulso,
                        tú, portavoz celíaco de la ignominia de un alma,
                        o de un menester mefítico y canceroso.
        pero a veces te encuentro
                        solícita y no renuente, gentil y diáfana,
                        hermosa, la Hurí de la vida,
                juntos:
                        odres y laudables
 
pero todo cambia para mal en el mejor de los momentos (por que ya no se puede más que descender), y nos convertimos en energúmenos insipientes y solubles: nos quedamos vacíos, sin la condición vital de cada instante, de aquel instante que si amo, donde mi boca pleitesía de tu sexo ufano es muesca, apoteosis bizarra y fruición heurística; acusma sin término ni límite.
En ese momento tus labios, tu boca, tu cuerpo, todo él, sin intersticio, exigen, demandan de mí: savia procaz y desmesurada, copiosa. En un violento estimulo desbocado y colérico tu cuerpo también nos regala, en ese instante, pero sólo en ese instante, como del alma o en mi boca: trementina…
Luego te marchas, delirio onírico. Como si nada me dejas solo, lánguido y aletargado.
 
 
 
Miedos Sencillos
 
Y en esos días el miedo era simple:
abrir los ojos y mirar las mañanas,
tener las manos libres y palpar el camino elegido,
                                       tener pies y andarlo,
 
tener el corazón y sentirlo,
la vida y vivirla.
 
¡Ay miedo! Eso eras…
 
 
 
Reminiscencias o Comentarios al Paso de los Días
 
 
I
¿Transcurrirá hoy, como suelen hacerlo siempre, estos días de hojarasca?
¿Se nos gastará la vida a idéntica manera que ayer, que antes de ayer o tal vez como lo hará mañana?
 
 
II
El día me da miedo, y yo,
envuelto sigo en ésta noche de sonrisas.
 
 
III
Ya la nostalgia, hoy, significa verte más cerca,
así como aquella primera vez, en la niñez,
creí alcanzar un poco más las estrellas,
en el vuelo aquel a la Habana, y darme cuenta de
no ver nada, nictálope anhelando la noche de tus ojos.
 
 
IV
En la Habana el tiempo es otro, no es el mío.
No es la edad, es sólo su extrañeza.
 
 
V
La noche, sus olores, sus sabores, la infancia, tu cuerpo destrozando el crepúsculo y sus mil colores, las mañanas y el mar. Éste día mariposa y aire.
 
 
VI
Podría llorarte amor, pero me da miedo el llanto.
 
 
VII
La cara muerta de un beso,
la sonrisa viva del llanto.
 
 
VIII
 
¡Se me olvidó hablar!
Mi lengua echa nudo
Hace seis años, mi alma en silencio,
desnuda.
 
 
Amores y Odios
 
¡Odia! Odia al padre, al hermano y al hijo, odia al día y su noche, odia el cielo y su mampostería estrellada, odia al río y a la mar, odia esto y aquello, odia todo, resiente todo ¡Esa es la consigna! Recuerda: odia siempre y donde sea, que el mundo sienta de ti al menos tu odio. Pero, no te olvides de ti mismo, tampoco pienses solo en el mundo, piensa para ti, que ni tú más fértil odio lo será todo: Ama algo, tan solo una cosa, pequeñita si es necesario. Escogedla de entre todas las cosas, conviértela en única, tal vez sea una hormiga, tal vez una hoja, tal vez una presa y su dolor…

 

 
 

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