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- Viajes y encuentros
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- Tengo una cita con el mundo,
- voy a salir a la vida inundado de
la mejor de las sonrisas.
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- Ese día, me levantaré temprano,
- ducharé el cuerpo con perfume de
ambrosía,
- lo vestiré de esmalte y
terciopelo,
- colocaré sobre él, hermosas joyas
como yugo,
- y saldré a la calle.
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- Y saldré a la calle
- incendiado las voces y el canto de
los amigos,
- el rumor cansino de las ciudades,
- el silencio muerto de los
corazones,
- la alegría muda del que sufre.
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- Y saldré a la calle
- caminando sin rumbo, dejándome
perder
- en las simples alegrías de las
flores,
- en las antiguas miradas de dóciles
ancianos,
- en los siempre inagotados
panteones.
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- Y saldré a la calle
- y estaré listo para todo,
- tengo una cita con el mundo
- llevo el llanto, del niño en mi
bolsillo.
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- Oración
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- He disfrutado con tu olor a
sándalo,
- no pido más
- sólo el sol,
- solo las mañanas y los días,
- una sonrisa
- un amigo
- y el mismo corazón.
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- DE PAR EN PAR
- ¡Y si
despues de tantas
palabras…!
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César Vallejo
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- Mujer,
- tengo un buen recuerdo de ti:
- tu cuerpo,
- tu piel,
- tus piernas,
- tus caderas,
- tu sonrisa,
- tus miradas, más que tus ojos,
- tus labios, más que tu boca,
- tus vidas,
- t ú,
- tú, ti ,te, conmigo
- y que bien
- que bueno…
- Adiós.
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El Exilio
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- Hace tiempo fue
exiliado de la vida,
- vida suya que no lo
era:
- más bien era
oprobio,
- más bien era befa,
- más bien inercia
- o algo humano.
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- Ahora en su espalda
lleva una joroba
- que es su vida,
- en ese andar sin
andanzas
- atado a una silla,
- a un cuerpo inerte.
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- La esperanza que es
la envidia le enseñó
- el arte de odiar y
odiarse,
- a ser pordiosero en
bienes y adueñarse
- de un argamandijo
para la miseria.
- Se abrazó a la
ignominia como marca
- y en su mente parió
penas.
- Así fue como el
mundo le pudrió el alma,
- que ya estaba
muerta.
- Pero sin absoluto
que valga,
- los hados
benévolos,
- de esa morralla,
- de esa miasma,
- rescataron,
- lo febril de su
belleza,
- el brillo de sus
ojos tristes
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que siempre verán el
infinito…
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- Muerte
Prematura
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- ¿A quien no? ¿A
quién no le ha dolido el ocaso alguna vez?
- Barro, aunque lo
niegues te ha dolido, te duele. Me río. Lloro.
- ¿Qué será de
nosotros al alba?
- Polvo tal vez.
- Tal vez milagro.
- Lloremos todos:
- ha
nacido el hombre.
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- Caminos
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- Bendito mi pie,
- aunque mis ojos
lloren lo contrario,
- nadie lo recordará
en ésta tierra,
- ¿Cómo pudiera ser
posible su raíz
- si la mano que lo
siembra sucumbe
- a este día?
- ¿Cómo pudiera ser
posible su huella
- si el camino que
anda lo desvela?
- Bendito mi pie,
- que aun no se
marcha
-
y olvida echar sus
rejos.
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- Hecatombe
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- Aurora ¿Qué va a
ser de mí si tus dedos rosas
- no tocan ya mis
manos?
- Noche, envuélveme
pues en tú manto eterno,
- cúbreme hasta el
rostro si tú quieres,
- no intentaré huir
más a tus temores,
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a tus locuras de Xanto
y de Simois.
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- Aguaceros de
Invierno
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- Lluvia, tengo frío
hasta en los huesos,
- sigue lloviendo por
favor,
- que no siento ya
los dedos
- y mi corazón
palpita
- en otro pecho
- que tampoco siento.
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- Del Ciego y la
Ceguera
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- Fueron gentiles mis
párpados alguna vez:
- un juego en la
infancia, el golpe que no vi,
- el recuerdo que
forcé, la fútil oración,
- el beso que no di,
el llanto que probé,
- el viento y el
polvo evitado
-
como todo aquello que
no quise ver.
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- Derrota
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- No me preguntes por
los días,
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¿Qué no veis acaso que
sonrío?
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- Entre Vicios
y Amores
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Quizás sea la condición
vital de cada instante, de éste instante, o de éste sumado a otro, lo
que motive el estar aquí, el permanecer y existir y el que tu existas
frente a mí
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- entre
vicios y amores, como solipsismo inédito y no
- ardid, no
efímera,
- sino aquí,
- conmigo,
para mí. Nunca pretérito, ni efeméride mujer,
- que seas
real, coetánea, sin parapetos, mía…
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- Y no es que yo te
ame, tampoco es miedo;
- pero a
veces te pierdo,
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me eres impropia en un mundo propio de evo
convulso,
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tú, portavoz celíaco de la ignominia de un alma,
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o de un menester mefítico y canceroso.
- pero a
veces te encuentro
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solícita y no renuente, gentil y diáfana,
-
hermosa, la Hurí de la vida,
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juntos:
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odres y laudables
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pero todo cambia para
mal en el mejor de los momentos (por que ya no se puede más que
descender), y nos convertimos en energúmenos insipientes y solubles: nos
quedamos vacíos, sin la condición vital de cada instante, de aquel
instante que si amo, donde mi boca pleitesía de tu sexo ufano es muesca,
apoteosis bizarra y fruición heurística; acusma sin término ni límite.
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En ese momento tus
labios, tu boca, tu cuerpo, todo él, sin intersticio, exigen, demandan
de mí: savia procaz y desmesurada, copiosa. En un violento estimulo
desbocado y colérico tu cuerpo también nos regala, en ese instante, pero
sólo en ese instante, como del alma o en mi boca: trementina…
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Luego te marchas,
delirio onírico. Como si nada me dejas solo, lánguido y aletargado.
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- Miedos Sencillos
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Y en esos días el miedo
era simple:
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abrir los ojos y mirar
las mañanas,
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tener las manos libres
y palpar el camino elegido,
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tener pies y andarlo,
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-
tener el corazón y
sentirlo,
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la vida y vivirla.
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¡Ay miedo! Eso eras…
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- Reminiscencias o
Comentarios al Paso de los Días
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- I
- ¿Transcurrirá
hoy, como suelen hacerlo siempre, estos días de hojarasca?
- ¿Se nos gastará
la vida a idéntica manera que ayer, que antes de ayer o tal vez como
lo hará mañana?
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- II
- El día me da
miedo, y yo,
- envuelto sigo
en ésta noche de sonrisas.
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- III
- Ya la
nostalgia, hoy, significa verte más cerca,
- así como
aquella primera vez, en la niñez,
- creí alcanzar
un poco más las estrellas,
- en el vuelo
aquel a la Habana, y darme cuenta de
- no ver nada,
nictálope anhelando la noche de tus ojos.
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- IV
- En la Habana el
tiempo es otro, no es el mío.
- No es la edad,
es sólo su extrañeza.
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- V
- La noche, sus
olores, sus sabores, la infancia, tu cuerpo destrozando el
crepúsculo y sus mil colores, las mañanas y el mar. Éste día
mariposa y aire.
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- VI
- Podría llorarte amor, pero me
da miedo el llanto.
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- VII
- La cara muerta
de un beso,
- la sonrisa viva
del llanto.
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- VIII
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¡Se me olvidó
hablar!
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Mi lengua echa nudo
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Hace seis años, mi
alma en silencio,
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desnuda.
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- Amores y
Odios
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¡Odia! Odia al padre,
al hermano y al hijo, odia al día y su noche, odia el cielo y su
mampostería estrellada, odia al río y a la mar, odia esto y aquello,
odia todo, resiente todo ¡Esa es la consigna! Recuerda: odia siempre y
donde sea, que el mundo sienta de ti al menos tu odio. Pero, no te
olvides de ti mismo, tampoco pienses solo en el mundo, piensa para ti,
que ni tú más fértil odio lo será todo: Ama algo, tan solo una cosa,
pequeñita si es necesario. Escogedla de entre todas las cosas,
conviértela en única, tal vez sea una hormiga, tal vez una hoja, tal vez
una presa y su dolor…
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