Jonathan Velásquez 

Antología poética

 
 
Insomnio
 
Cuando el insomnio
danza su macabra sonata
con mis parpados
desempolvo el alfabeto
de las aves y los sonámbulos peces
que trae la tormenta.
Cuando el insomnio
me obliga a que te piense
desentierro los secretos
de la tierra y de los árboles,
me enamoro de los ángeles
que se escapan de mi sueño
y alzo un vuelo interminable
hacia el huracán de tu mirada,
invento una y mil formas
de gritar tu nombre con mis ojos,
cuando el insomnio llega
tiendo una emboscada a tus piernas,
dibujo tu cuerpo con la oscuridad de mi sombra,
abro el baúl del silencio
y ciudades dormidas, sin plazas ni a venidas
escapan de mis manos
como una ráfaga de viento clandestino.
Cuando el insomnio llega
bebo café,
enamoro las estrellas
invoco las lechuzas y los búhos
y te sueño despierto
esperando nunca despertar.
 
 
 
 
 
La muerte de la montaña.
 
Con majestuosidad Acaricias el vientre
Desnudo del cielo.
Crosby Lemus.
 
 
 
Las hojas están hartas de caer sobre la frondosa hierba
Y tus pies descalzos,
Quieren mutilar el tiempo con el filo de su lengua
Tratan de cortar la voz del sol
Mientras el olvido cae como el fruto prohibido.
Las raíces de los árboles Penetraron el vientre de la tierra
y beben su dolor interminable,
Las hojas siguen meciéndose sobre el viento
No quieren caer, (quieren seguir existiendo)
El cielo abrió los ojos y se echa en llanto,
De su ojo de cíclope vomita las estrellas,
Mientras las hojas aun siguen cayendo…
El rió de mi mano no termina, y universos nacen de mi pluma,
Un demonio, acecha la montaña milenaria,
Se devora su fresco cuerpo aun virgen
Pide auxilio, la sangre de sus venas
Corre por el rió y su vida corre hacia la muerte, (las hojas aun caen),
Un último grito estalla el silencio se ha roto,
El fantasma de un árbol toca mi espalda
Las hojas han dejado de caer (La montaña ha muerto.)
 
 
 
 
 
 
Mañana.
 
Mañana será igual,
la tarde morirá
el crepúsculo reclamará tus ojos,
la lluvia tu cabello.
Mañana será igual
la noche se embriagará
de oscuridad y nostalgia,
la montaña será herida de muerte,
las aves reclamaran tu voz,
el río dirá tu nombre,
el viento cubrirá la corteza de tu cuerpo,
será igual mañana
sonará la radio
el niño llorará,
será igual, los ángeles
pelearán contra el demonio.
Mi cuerpo necesitará
el oxigeno de tus labios.
El aroma a café de tus s(u)e(ñ)nos,
el sabor a tarde de tu vientre,
mañana será igual
la muerte vendrá sin previo aviso,
la guitarra romperá el silencio
con su grito,
La ciudad rugirá monstruosamente
mañana será igual
tu piel, tus ojos, tus manos,
vos no vendrás…
 
 
 
 
10:00 a.m.
 
Asesine un ángel,
con la espada de mi lengua,
queme sus cristalinas alas,
con mis manos que ardían
sobre su cuerpo luminoso,
bese su cristalino rostro,
su sexo sin sexo.
Asesine un ángel,
bebí su sangre con mi cuerpo
y un remolino de luz
brotó de su cansado pecho,
un ángel murió bajo la lluvia,
y mis oídos ensordecieron la música.
El cadáver de un ángel
yace sobre lo tibio de mi almohada,
una mujer irrumpe de sus huesos…
 
 
 
 
Mujerguitarra…
 
Eres mejor que una guitarra cuando toco tus curvas,
y mi cuerpo se congela,
cuando escucho tu musical voz
y tus cuerdas invocan mi nombre
eres mejor que una guitarra
cuando me emborracho con tu sangre.
Cuando lloras a la luna, y te desnudo con los ángeles,
eres mejor que una guitarra cuando gritamos nuestros nombres
y la tormenta canta un cataclismo,
eres mejor que una guitarra cuando se detiene el tiempo
y se paraliza la ciudad,
eres mejor que una guitarra cuando tu dorado cabello
enamora el sol y las galaxias,
cuando soy tu canción,
cuando te escondes del otoño entre mis huesos,
eres mejor que una guitarra cuando el ritmo de tus labios
revive el canto del silencio
eres mejor que una guitarra cuando toco tus curvas
y el mundo baila a nuestros pies…
 
 

 

A un rio.
 
A mi también me duele 
la oscura sangre de tus venas
que fue cristalina en algún tiempo.
a mi también me duele 
el pedernal ensangrentado en tu pecho
y los pájaros de agua que cantan por tu muerte.
tus peces libres como el viento,
tu canto mudo de silencios,
tu voz verde como el árbol,
 tu piel clara y fresca como el cielo.
a mi también me duele tu llanto cósmico infinito,
tu tristeza interminable.
Tu grito de auxilio frente a la muerte,
tu exilio de la vida y de ti mismo,
a mi me duele como a vos
 ver tu risa hecha pedazos.
 
 
 
 
 
Cotidianamente.
 
Dios también se emborracha,
pasa el invierno envuelto en cartones,
duerme bajo un puente,
camina por las calles
y es victima de un robo.
Sí, el también deambula por los parques
pide limosna en una esquina, hurga la basura
o es soldado en una guerra.
También el se fuma un cigarrillo,
va por la plaza en bicicleta disfrazado
de niño sin infancia.
Va mugroso y harapiento
silbando por la calle con el estomago vacío.
 

 

 
 

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