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- Oldmine
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- Me he encontrado detrás de los
espejos
- Allí donde hay museos de museos
- Y las antiguas corbatas se ahogan
en silencio
- Ésa es mi cara, mi vieja cara
nueva
- Que yo clavaba en un bastón y la
paseaba por las aceras
- Y ésta es mi carne, la que era
- Transmitida por teléfono
- Empacada en lindas valijas de
viaje
- Pedida cablegráficamente por los
salchicheros de Oxford
- Y falsificada en los mejores
restaurantes
- Todo éste era yo
- Ese muchacho con golilla de encaje
- Que salía con Zurita los Jueves
Santos
- Pero más tarde los automóviles me
saludaban con agrado
- Mientras las señoras conservaban
- Sus pensamientos y sus cabellos
peinados
- Los señores serios siempre han
tenido la manía
- De tirarse de atrás del pantalón
de manera obscena
- Mis ojos veían las rosas y estas
costumbres poco limpias
- Adivinando los tristes secretos de
las perfumadas
- Descubriendo que en Palacio los W.
C. están sucios
- Entonces dispuse bajarme la
tensión arterial
- Y acomodarme a la imperfección de
las locomotoras
- Como se acomodó a los besos con
bigotes la esposa del Káiser
- Aquí están mis otros pies que se
podían
- Destornillar a discreción
- Mis otras uñas, mis antiguas uñas
que repartía
- Cada domingo entre los pobres
- Y estas orejas que permanecen
adimentadas
- A mi cuerpo, buenos
descubrimientos
- Pero ya bastante primitivos como
los gramófonos de rodillo.
- Aquí estoy lejos de Luxemburgo, mi
país de pequeñas
- Carreteras,
- De pequeños cielos, de pequeños
esfuerzos, de
- Pequeñas lágrimas, de
pequeñas mujeres
- Lejos de Dantzing, mi ciudad
ciudad
- También lejos de Estela, lejos de
toda
- Vieja marca de cigarrillos
- Lejos de lo lejos, de los faros,
de las telefonistas y de
- Los luceros
- Cerca de esta ciudad alegre en la
que se confunden los
- Calcetines
- Los hijos
- Y se permite a las culebras llevar
sombrilla
- Cerca de mí mismo a una gran
distancia
- Cerca del horrible ruido de la
gente que mascaba hielo
- Cerca de los balidos de los
espejos
- De este espejo detrás del cual me
asalta un viejo gesto
- Como asaltan a los que leen versos
los gatos muertos.
- ©Joaquín
Pasos, 1934.
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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- Revolución por el
descubrimiento del mar
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- Varios pájaros han averiguado los
secretos del sol
- Y se dedican a gritarlos en la
sombra,
- Las flores de la rivera se
inclinan en el río
- Diciendo algo muy bajo a la
corriente,
- Todo el valle de veintidós
kilómetros
- Siente pasar el viento de una
revolución
- Cada diez años sucede lo mismo
- Dos o tres pájaros son los que
comienzan el movimiento
- Que es apoyado por todos los
pájaros de la comarca
- Y que termina siempre en un
invierno copioso,
- Pero ahora la cosa es distinta,
dicen los chocoyos,
- Las mariposas vuelan con alas
prestadas
- Y las patas se suicidan dejándose
caer del árbol,
- He oído hablar de revoluciones en
Nicaragua,
- Pero yo no sabía lo que era una
revolución,
- Sólo supe que los liberales y los
conservadores eran
- Babosos,
- Pero aquí los pájaros están
sobreexcitados
- Siempre han pedido a gritos la
lluvia
- Como los chamorristas, el gobierno
- Y hoy algo nuevo ha llegado hasta
lo más profundo del
- Río,
- Porque con su ojo imbécil salen de
punta los peces
- Y se asoman asustados como
hicieron en el diluvio.
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- Los pájaros sajurines,
- Los que aclaran con sus gritos el
porvenir de la
- Mañana,
- Los que dirigen el tráfico aéreo
de las pequeñas
- Pipilachas biplanas
- Y de las grandes garzas de la
White Star Co.
- Los pájaros sajurines averiguaron
los secretos del sol,
- Los pájaros sajurines hicieron
confesar a una gaviota
- Perdida,
- Los pájaros sajurines recogieron
en el río una alga
- Marina,
- Que lleva uno de ellos en el pico
en signo de guerra,
- Para oponerlo a la paloma del ramo
de olivo,
- Los pájaros sajurines son ahora
los que inquietan el
- Viento
- Los que inquietan a las vacas
llaneras cantándoles que
- Hay vacas acuáticas y a los
caballos hablándoles
- De los hipocampos,
- Los que inquietan los árboles
soñadores que tiemblan de
- Emoción pensándose islas,
- Los que inquietan también mi pobre
corazón marino, mi
- Rica sangre viajera,
- Los que hicieron esta inútil
revolución —inútil como
- Todas las inútiles revoluciones
nicaragüenses—,
- Pero que estalla fuera y dentro de
mi con la violencia de
- Cien mil pájaros
migratorios
- Y que yo trato en vano de calmar
mientras sonrío y me
- Pongo a leer.
- ©Joaquín
Pasos,
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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- Liebpostal
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- Una casa. Un árbol. Un camino. Un
perro.
- La casa blanca. El árbol verde. El
camino plomo. El
- Perro negro.
- El árbol verde junto al camino
plomo. El perro negro
- Junto a la casa blanca.
- El perro negro junto al camino
plomo. El árbol verde
- Sobre la casa blanca.
- El camino plomo se aleja del árbol
verde. El perro
- Negro entra en la casa
blanca.
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- Sin perro negro, sin camino plomo.
- Solos. Locos de gozo.
- El árbol verde y la casa blanca.
- ©Joaquín
Pasos,
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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- Brass
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- Águilas sin párpados, en jaulas de
grueso y pulido
- Metal de bar,
- También de cobre es el timón y las
barandillas,
- La cerradura de las puertas y el
olor de manteca.
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- —In God we trust—. Ese dios es
dorado y la confianza
- Es dorada.
- Como una torta recién frita.
- El trago de whisky también es
caliente, como todo lo
- Dorado, como el sol.
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- Pájaro dorado, pez dorado
- Hecho de calor y de oro, como la
pez hirviente.
- Quién se va a acordar ahora de lo
que los franceses
- Piensan al decir
dorcé,
- Quién se va a acordar ahora de la
compra de la
- Louisiana
- Si ellos solamente conocen el
bronce?
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- Tráeme un álamo y un abedul.
- Da la vuelta de pronto al recodo
del río
- Y entra, show-boat, entra gritando
con tus hombres
- Rojos y en tirantes,
- Con tus águilas sin párpados en
jaulas de grueso y
- Pulido metal de
bar.
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- También de cobre es el timón y las
barandillas,
- Entra, show-boat, brillando con
todos tus metales
- Relucientes,
- Con tus calderas y tus dos remos
de pato.
- ©Joaquín
Pasos,
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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- Dejadlo todo
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- Dejadlo todo, ya. Dejadlo todo.
- Hay nuevas ocupaciones, rápidas
labores de última hora,
- Parece que vamos a perder el tren,
que llegaremos
- Tarde al naufragio que nos
corresponde,
- Ese naufragio que nuestra familia
se tiene señalado en
- El mapa
- Y en el cual el viejo criado
tendrá a su cargo el trabajo
- De recoger los zapatos de los
muertos.
- ©Joaquín
Pasos,
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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- Canción de cama
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- Este gozo de alcoba, tan de lino,
lleno de sábanas,
- Este palpitar de almohadas bajo
las sienes dormidas,
- Este nuevo llegar hasta el corazón
de la cama
- Y luego saber que el pie, la mano,
lo que a uno le queda
- De pecho, busca, dice, escribe,
grita tu nombre,
- Y cualquiera siente el momento que
se aproxima de
- Morir acostado.
- ¿Qué es esto si no la ausencia de
tu sueño,
- La pérdida de tu respiración a mi
lado?
- Se ha perdido ya el hueco de tu
cuerpo
- Que era la voz de tu carne desnuda
hablándote
- Íntimamente a la ropa planchada,
- Diciéndole a qué horas el brazo
servirá de almohada
- Y cómo el tibio vientre palpitaría
como otra almohada
- Viva, funda de seda de nervios y
de sangre.
- ©Joaquín
Pasos,
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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- Poema inmenso
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- En estas tardes tu perfil no
tiene línea precisa
- pues no hay un límite en tu gesto
para el principio de
- tu
sonrisa
- pero de repente está en tu boca y
no se sabe cómo se filtra
- y cuando se va nunca se puede
decir si está allí todavía
- lo mismo que tu palabra de la
cual jamás oímos la primera
-
sílaba
- y nunca terminamos de escuchar lo
que decías
- porque estás tan cercana en esta
lejanía
- que es inútil preguntar cuándo
vino tu venida
- pues entonces nos parece que has
estado aquí toda la vida
- con esa voz eterna, con esa
mirada continua,
- con ese contorno inmarcable de tu
mejilla,
- sin que podamos decir aquí
comienza el aire y aquí la carne
- viva,
- sin conocer aún dónde fuiste
verdad y no fuiste mentira,
- ni cuándo principiaste a vivir en
estas líneas,
- detrás de la luz de estas tardes
perdidas,
- detrás de estos versos a los
cuales estás tan unida,
- que en ellos tu perfume no se
sabe ni dónde comienza ni
- dónde
termina.
- ©Joaquín
Pasos,
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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- Día
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- Para hacer un día tan lleno de
raíces
- bastó un árbol.
- Para empaparlo en miel dorada y
embriagante
- bastó una abeja.
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- Vengo acumulando piedras por si
acaso
- falta una en la construcción de
la torre,
- vengo guardando cántaros para
cuando
- logre derramarse el líquido.
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- Para hacer un vuelo de nidos
viajeros
- hoy basta un solo pájaro,
- para fabricar un pez
- hoy basta el agua.
-
- Gran día de edificios y de
montaje de puentes,
- de fecundo mugir de vacas
- y señales de lluvia.
- Día moreno y brillante que me
recuerda
- mi obligación de cantar.
- ©Joaquín
Pasos,
- De: Tres
poetas centroamericanos,
- Compilador:
Raúl Hernández Nova,
- Ediciones
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1987.
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