Javier Campos

Antología poética

 
 
Del libro LA CIUDAD EN LLAMAS (1986), selección de 3 poemas.
 
  
 
3.
       
        Bailé con una mujer de fuego
        En las colinas brumosas del valle de California
        Me contó una historia
        Donde yo tenía que ser el actor de sus sueños
        En la pantalla gigante sólo aparecieron sombras ardientes
        Por los paisajes grises nadie vio correr
        A la actriz enloquecida de amor
        Ni nadie se dio cuenta del galán vestido de blanco
        Nadie tampoco pensó que ese film aún no existía
        La realidad de esa película era un pozo oscuro
        Pero los espectadores querían el beso final
        En algún lugar de esa ciudad imaginada
        Teníamos que encontrarnos
        El director nos buscaba para detener esta absurda filmación
        Bombardeó las imaginarias calles
        Los cuartos de hotel, los parques y las autopistas
        Quedó una cámara de filmación dando vueltas en el cosmos
        Yo y la actriz fuimos astronautas perdidos
        Abrazados en alguna parte de las galaxias
 
        En la pantalla nunca aparecieron los protagonistas
        Sólo un cartel mohoso sobre los edificios
        Anunciando el estreno mundial que nunca llegó
 
        Dos actores de una historia soñada
        Dos estrellas perdidas de Hollywood.
 
 
 
12.
 
        En una ciudad de Nevada
        Vi máquinas que hacían desaparecer gente
        Por las pantallas, que eran puertas al paraíso,
        Había sirenas en llamas
        Espejos de mi casa en los sueños
        Fueron noches de insomnio
        Esperando que me dejaran entrar
        Fue la visión somnolienta del futuro
        En aquella ciudad bombardeada por los mercaderes.
 
 
13.
 
        En las hogueras de las montañas de Utah
        Una vez escribí una larga historia
        Te la envié a una dirección que ya no existía
        Me la regresaron por el correo muchos años después
        Decía el sobre que tu casa había desaparecido
        Que tú no aparecías en los libros de esa ciudad dormida
        Si la hubieras recibido
        Habrías visto que el espejo secreto que iba dentro
        Reflejaba a un hombre apoyado en una ventana
        Contemplando una ciudad olvidada
        En las hogueras de las montañas de Utah.
 
 

 

 
Del libro LAS CARTAS OLVIDADAS DEL ASTRONAUTA (1991)
 
        
 
            LA ÚLTIMA CARTA DEL ASTRONAUTA
       
 
Yo siempre seré tu golondrina en llamas que regresa
        El que vive encerrado en esta nave del olvido
        El que necesita volar en el bosque de tu casa
        Y de allí emigrar desolado al jardín de la luna
        Revolotear perdido en los lagos del sol
        Dormir miserable en los volcanes congelados de Venus
       
Sé que nunca podré quedarme junto a tu nido
        Porque yo no nací en ningún árbol
        Ni en ningún bosque de este planeta
        Yo vivía escondido durante el día
        En la única rama sin vida de tu jardín
        Y nadaba somnoliento en las noches
        Bajo las aguas de un lago fosforescente
 
        Por eso mi vuelo es más veloz que la luz
        Por eso puedo desaparecer de ti  sin quererlo
       
De tu mismo amor salí entonces
        Un pájaro demente y luminoso
        Pero no tengo cadenas que me aten a tus besos posesivos
        No existen celdas de donde no huya
        Ni desiertos donde no encuentre siempre las ciudades
        Ni casas selladas donde no deseo nunca vivir
 
Estoy ardiendo de amor por ti
        Y a pesar de que muero en las hogueras de tus viñas
        Resucito de esas cenizas amorosas
        Para volver a ser un pájaro melancólico
        Un pedazo blanco de la luna embriagada
        Que pasa veloz por tus ojos una y otra vez
       
Soy el cartero enamorado que no quiere entregarte nada
        Un pájaro doméstico que vuela con un bastón blanco
        Un animal salvaje de nadie
        Que canta perdido en un bosque de Hadas
        Que emigra en los sueños buscando los puertos
        Preguntando por las olvidadas estaciones de trenes
       
No me sigas porque soy yo quien realmente te busca
        Soy yo el que te espía tras tu ventana cuando te desnudas
        El que desea bailar y esconderse contigo
        En el trigo caliente de los graneros de la luna llena
 
En las noches cuando los astronautas embriagados
        Bajan de sus naves espaciales
        Y lloran mirando la luna
        Buscando con desesperación la estrella de donde vinieron
        Yo sólo deseo entrar por tu ventana a dormir contigo
        Y dejarte soñando que soy una golondrina inválida
        Golpeando los cristales de tu ventana
       
Nada sacarás con transformarte en lobo
        Y salir al bosque a capturarme cuando despiertes
        Nunca verás el árbol donde pienso en ti
        Ni por mis huellas encontrarás mi rastro
 
        Nunca
 
Pero deseo tanto que me encuentres
        En alguna parte del Universo
        Y me sigas como si yo fuera un amante fuera de la ley
        Quisiera que fueras poniendo carteles
        En todos los árboles
        Y escribas allí que me deseas o vivo o muerto
       
Estoy condenado a seguirte sin quererlo
        Siempre seré el pájaro que sueña estar lejos de ti
        Pero que sólo quiere esconderse en tu casa
        Y allí pudiera abrir la ventana hacia otro planeta
        Volara encantado por una película en colores
        Donde veo montañas y árboles para cantar
        O esperara el pasaje de un tren a otro mundo
        Subiera sin equipaje a una nave espacial
        Y partiera para siempre sin despedirme jamás de ti
 
Pero también sé que no me he ido a ningún lugar
        Que la nave donde aún vivo
        Siempre viaja en sentido contrario       
        Pasando veloz por los territorios donde viví
                                                            hace muchos años
        Y donde no reconozco nada mío
        Es allí donde me veo amarrado
        En el más bello árbol de mis posesiones
        Sitiadas por un ejército de la muerte
        Condenado a cantar para ti y para siempre
        Como toda ave perdida
        En los bosques y en la praderas invisibles
                                                                de la nostalgia
       
        Sólo los sueños del futuro.
       

 

 
 
 
Poema inéditos (escritos todos entre 2004-2006)
 
 
 
Cuando Apollinaire era un joven poeta
 
                           A la memoria de Silverio Muñoz
 
 
 
Hay un verso de Apollinaire que no podré olvidar:
“Mi pequeña Louise, quisiera morir en un día que me amaras”
 
Apollinaire lo escribió el 13 de abril de 1915
o sea a los 35 años y de eso hace casi un siglo
 
Dicen que Apollinaire era feo y gordo
y ninguna mujer se volvió loca de amor por él
La historia también dice que enloquecido de amor,
y por su propia voluntad, se enroló en el ejército
para pelear en la primera guerra mundial
 
Fue por el despecho de una mujer indiferente:
ella era la aristocrática y bella Louise de Coligny-Chatillon
 
En ese tiempo no había televisión ni menos la radio era masiva
recién comenzaba el cine en Paris y el primer film francés,
“Viaje a la luna” de 1902 (donde se parodiaba a los intelectuales)
fue el más famoso
y quizás el joven Apollinaire se dejó fascinar por la imagen visual
(hay que recordar que fue él quien inventó los caligramas
y los poemas ilustrados con dibujos)
 
Pero Apollinaire partió a la guerra por amor
y no por convicciones políticas ni patrióticas,
por eso no le importó el ruido de los fusiles o cañones
ni caer despedazado su cuerpo por las balas enemigas
 
Quien sabe si cuando recibió una esquirla de un cañón en la cabeza
miraba la luna, o las estrellas,
o recordaba nostálgico las aguas de el Sena
bajo el puente Mirabeau
Se dice que gran parte de la esquirla quedó pegada en su casco militar
y se salvó por milagro de la muerte
hay una foto famosa de Apollinaire con su cabeza vendada de blanco
como un poeta embalsamado aún por el dolor que le causaba
la bella e indiferente Louise de Coligny-Chatillon
 
Pero la historia también cuenta que sorprendido Apollinaire,
cuando ya estaba encuartelado, y antes de recibir aquel impacto
en el casco militar,
Louise vió en ese gesto del poeta
un profundo acto de amor que ella no imaginó nunca de
un poeta
gordo y feo
 
Y partió la bella joven en un carruaje a buscarlo al cuartel
donde Apollinaire se había enlistado y ya marchaba a la guerra
quizás quería morir peleando
o que una bala le atravesara el corazón
puesto que nada había atravesado el corazón de la hermosa
y aristocrática Louise de Coligny-Chatillon
 
Es decir, ella nunca fue tocaba por ningún avance amoroso del poeta
ni menos por los versos que le escribió en vida
mirando las aguas de el Sena desde el puente Mirabeau
 
También dicen que cuando Louise partió casi enloquecida de amor
buscando a Apollinaire
-pero la verdad sea dicha es que nunca estuvo loca de amor por él-
ella fue su amante sólo por ocho días
y ella misma arrendó un cuarto de hotel en la ciudad de Nimes
donde estaba el batallón de reclutas preparándose para partir a la guerra
 
Pero al noveno día Louise lo dejó solo en el cuarto del hotel de Nimes
más abandonado de amor que antes
 
La pasión de Louise de Coligny-Chatillon se había enfriado y era falsa
y Apollinaire quedó desconsolado
 
Pero aquella pasión, o sea Louise de Coligny-Chatillon,
que originó la más bella poesía de amor de comienzos del siglo XX,
nunca fue verdadera porque ella jamás amó al poeta
 
Más aún -y esto quedará quizás como un misterio
en la vida de Apollinaire y en la vida de todo joven poeta-:
el pedazo de proyectil que luego iría a recibir en la cabeza
durante la guerra
fue igual a lo que en vida significó el desprecio amoroso
de Louise de Coligny-Chatillon
 
La ironía es que 20 años después
cuando la aristocrática Louise de Coligny-Chatillon
era vieja y fea
-y el poeta ya había muerto de pulmonía y joven,
pero sin ser amado por ninguna mujer en vida-;
Louise autorizaba publicar por primera vez 
todos los poemas de amor que fueron inspirados por ella
 
Por eso hay unos versos de Apollinaire que nunca volveré
a olvidar:
 
Mi pequeña Louise quisiera morir en un día que me amaras
Quisiera ser hermoso para que me amaras
Quisiera que fueras mi vida para ser únicamente para ti
Quisiera que fueras la noche para amarnos en las tinieblas
Quisiera que fueras un proyectil alemán para matarme con
Un brusco amor”
(Paris 2004, con Alba cerca del puente Mirabeau)
 
 

 

 
Adiós a Berlín
 
                                Para Alfredo y su mamá, allá en Centro Habana, Cuba.
 
 
Yo nunca viví en Berlín rodeado por un Muro
de gruesas paredes de concreto
 y alambres de púas
 
Era una isla cercada por torres grises de vigilancia
apuntando desde la sombra con metralletas de largo alcance
hacia ti
sentada ahora en mayo de 2003 en el aeropuerto
de Tejel en Berlín
en viaje de negocios
 
Tienes el pelo rubio y corto,
jóvenes ojos verdes, pero tu belleza de 28 años
no le teme a nada
 
Viviste cerca de la puerta de Brandemburgo y cuando cumplías
los 14 años comenzaron a derribar el muro
(dice la historia que nadie supo ni el día anterior
-ni menos los días anteriores-
que eso iba a ocurrir en 1989)
 
Tenías un primo de tu misma edad quien venía a visitarte
desde el lado Oeste
¿qué hacer con tanto dinero occidental en el lado Este
si no había mucho que comprar ni en qué gastarlo
a parte de tomar té, una sopa rusa, o comprar libros
sobre Marx, Lenin y los poetas rusos?
 
Estás hablando en tu celular
desde el antiguo lado Este del Muro
(¿o es a ti a quien llaman?),
pero a tu hermosa sonrisa no le preocupa
aquel lejanísimo círculo de piedra y alambres de púas
 
Decías que tus primos y tus tíos venían vestidos con ropas de colores
para pasearse por el lado oscuro de la  RDA ;
pero allí nadie se moría de hambre, todos recibían medicinas
y todos tenían un trabajo asegurado, y nadie vivía en la calle
ni era mendigo, además que se acogía fraternalmente
al exiliado político de otras partes del mundo
 
Tampoco el dinero allí era importante
(según el socialismo utópico)
igual como escribiera Ernesto Cardenal
sobre la economía de los Incas en un poema famoso
en los años 60 donde el poeta entremezclaba,
imaginativamente,
las sagradas escrituras con el marxismo
y la experiencia soviética
 
Era un poema que durante ese tiempo los jóvenes del mundo
lo sabíamos de memoria
y alzábamos la mano izquierda en alto cuando lo recitábamos
 
También -continúas hablando por tu celular-
había diversión para todos, música, literatura, ballet,
es decir “Los cantores sólo cantaron la historia oficial”;
 
por eso no permitieron la horrible televisión occidental
ni se conocía la cultura de la imagen que alienaba,
incluso a los animales domésticos,
ni el consumo se permitía
porque la gente pensaría únicamente en los bienes materiales
o soñaría sólo con cosas innecesarias
para su realización humana
 
no, nada de eso se permitía, además porque eso hacia pensar
en el dinero como meta principal,
y el dinero se convertiría en un medio de alienación superior;
por eso en la RDA todo era casi gratis, o no costaba nada, y el dinero
no debía tener importancia
como no lo tuvo nunca en el Imperio Inca, según
el poeta Ernesto Cardenal en aquel poema famoso cuando  escribió:
“No tuvieron dinero, el oro era para hacer la lagartija
 y NO MONEDAS”
 
Sigues hablando por tu celular desde el otro lado del Muro invisible
( ¿existe aún?)
allí el paisaje era viejo y grisáceo, 
pero aún así los entonces arquitectos socialistas
construyeron sólidos monumentos, pesados,
pero que al pueblo (decían los dirigentes) no le preocupaba
porque eran los edificios del pueblo
y no los edificios de las compañías transnacionales
 
los edificios eran iguales que las largas carreteras de piedra
del Imperio Inca,
que eran construidas por orden de los arquitectos de Estado
y el pueblo donaba su tiempo libre para construirlos,
como en el Imperio Inca
 
¿Es eso lo que escuchas en tu celular
o de eso ni remotamente se habla por ninguno de los nuevos
medios masivos del Tercer Milenio?
 
Hace catorce años que pasas libre de un sector a otro,
viejos puntos de vigilancia quedaron como reliquias
como aquel teatro socialista de diseño Deco
en la parada del metro Oranienburger Tor
 
Tu padre aún vive pero tiene la memoria fragmentada
dice que el otro país lo enterraron bajo los edificios modernos,
reparando los oscuros edificios cuadrados,
hoy aquel territorio se llama “la ex- RDA”   -dice tu padre-
pero él piensa que es una frase que borra la memoria para siempre
para no dejar vestigio del pasado
ni siquiera la parte del socialismo utópico
que vivió el pueblo
 
Tu padre vive ahora como un astronauta
vagando por el nuevo cielo de Berlín,
pero tú no
 
a ti te gusta viajar y cruzar fronteras, y ser feliz,
llamar por celular a tu primo que no te visita como antes
en Alexander Plaz
donde escuchaban juntos los cantos del pueblo socialista
los cantos de solidaridad con todo el mundo;
pero
donde nadie tenía el derecho a viajar a ninguna parte,
y todos debían morirse allí donde nacieron
 
idéntica historia tenían los súbditos del Imperio Inca,
en la versión cristiana-marxista del poeta
Ernesto Cardenal que decía
-repitiendo un verso del poeta Pablo Neruda-
“no hubo libertad, pero sí hubo seguridad social”
 
Tú en cambio no tienes nostalgia del pasado
y quizás nunca has viajado por las ruinas Incas
ni caminado por Machu Picchu que no era
-según últimas investigaciones- ningún lugar sagrado como
se pensaba,
sino que era el Palacio de Recreo del Inca quien desde allí
dictaba las órdenes socialistas a su Imperio;
 
Sin embargo tu belleza ahora es diferente,
tu libertad es distinta,
 
y tu Imperio también es otro.
 
 
 
 
 
El poeta olvidado
 
       
Escribo tu nombre en esta biblioteca virtual de Alejandría
y hay miles; 
tu primer nombre es de millones,
 
tu nombre y apellido juntos también es de miles;
y cuando escribo “poeta” ante tu nombre
y tu apellido
la máquina entre billones de nombres
no encuentra el tuyo en ninguna parte
 
ni siquiera sabe que fuiste un poeta de un pueblo
de mi país 
que escribiste dos libros que nadie te publicó,
o quizás era sólo uno, o probablemente ninguno
 
que leías tus poemas en lugares que sólo interesaban a los poetas
o cuando hace siglos los poetas eran queridos por las muchedumbres;
pero de eso ya ha pasado mucho tiempo
 
nada dicen de ti en esta biblioteca cibernética
aún cuando tu nombre y tu apellido aparece miles de veces;
tampoco hay referencia alguna que mencione que fuiste un poeta maldito
o quizás eso fue una leyenda y eras realmente un poeta romántico
ni tampoco hay información de que tenías un único abrigo gastado
y eras pálido (o pálida) como la luna
 
menos que alguna vez fuiste un guerrillero o guerrillera
y te metiste por meses o años en un selva
de eso sí que nadie se acuerda en aquel pueblo
del sur de planeta
o quizás aquello fue también una leyenda que a nadie importa
ni siquiera hay una foto de ti
ni aquella al lado de un poeta famoso quien decían era tu amigo
y cuyo nombre ya nadie tampoco recuerda
hermosa o bello te encontraban las muchachas
y los muchachos adolescentes suspiraban por ti,
y eso parece que era verdad
 
querido poeta olvidado
quizás aún deambulas por el pueblo aquel, envejecido, o anciana,
con tu gastado abrigo desteñido, solapas alzadas,
pelo encanecido, y tu bella sonrisa destruida,
con alguna cicatriz de una bala que recibiste
cuando vivías en una selva, en una montaña,
cuando te enamoraste de una boina con una estrella
 
ni siquiera la post modernidad (ni menos la modernidad)
se acordó de ti;
 
quién sabe si en un par de segundos ahora aparezca tu nombre y apellido
y quedes para siempre en esta biblioteca cibernética
 
a lo mejor alguna muchacha (o algún muchacho) del futuro
encuentre tu nombre
y sepa que fuiste una poeta pobre y olvidada,
 
o quizás a esa muchacha del futuro (o a ese muchacho)
ya no le interesen ni los poetas viejos
tampoco los poetas muertos, ni menos los poetas jóvenes,
 
o quizás sí
porque hay que tener fe en el futuro
 
y aún dentro de este paisaje virtual y cibernético
que rodea al Universo
tendrá que haber en alguna parte del planeta
una muchacha (o un muchacho)
que volverá a repetir la historia del poeta olvidado.
 
 

 

Llama cálida y desnuda
 
Ya no alcanzaré la belleza que pasa cerca de mí,
una llama cálida, desnuda,
a la que me condenan no tocar
¿de qué vale haber recorrido todo el universo?
pregunta mi todavía sangre en llamas
 
Sin embargo nada me asusta, vi infinitas como ésta 
y las pude palpar cuando quise
y me besaron con su fuego cálido por siglos,
en los graneros olorosos de la luna llena
en los árboles sin ramas de una ciudad abrasada por el fuego
así fui feliz sin darme cuenta del paso del tiempo
 
Y he aquí que me sigue esta belleza que hoy me es prohibido siquiera rozar,
está tan cerca de mi cuerpo, me quema su perfume calcinante
 
Aunque he perdido la memoria de todos los lugares del pasado
y en libros está escrito que viajé a las partes más remotas del Universo;
sólo me han dejado para que sobreviva
una mirada melancólica
y también, como tormento,
el fino olfato del tigre salvaje.
 
 
 
 

 

 
              El poeta pobre
 
                                Juventud, divino tesoro
                                                                          Rubén Darío
 
 
 Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante.
                                                 Roberto Fernández Retamar
 
 
 
Yo también en mi dorada juventud fui un poeta pobre,
miles de noches me dormí, como el poeta ruso Serguei Esenin,
mirando las estrellas desde un pajar;
navegué a regiones desconocidas, sonámbulo,
en barcos estancados en la arena de mi pueblo,
y como Ulises regresé cuando quise a mi lejana Itaca
sin que ningún cíclope me impidiera el regreso
 
También en mis momentos más tenebrosos o despechado de amor
cometí cientos de suicidios con el mismo revólver del poeta Maykovsky
cuando a los 30 años se disparó en la cabeza;
o anduve por kilómetros sin rumbo fijo
hundiéndome en el mar un día hermoso al atardecer
como se suicidó la poeta Alfonsina Storni
entrando semidormida en las olas del océano
 
También bebí los vinos más deliciosos del planeta
sin siquiera tener un viñedo propio
ni tampoco un racimo entero de uvas que llevarme a la boca
en el verano
como Lázaro de Tormes
 
Me embriagué con otros manjares venidos desde los Jardines de Babilonia
o de un vaso de oro que tomaba Sherezade
mientras contada mil historias maravillosas cada noche
para que no la mataran
 
Probé los venenos de las hierbas más milenarias de la tierra
aquellas que los toltecas tomaban mirando el atardecer
en una playa de Oaxaca
o las que bebían los faraones antes de morir
para soñar con el paraíso que les esperaba
 
Leí miles de libros en una biblioteca vacía de mi madre pobre
mientras en nuestro palacio de oro yo esperaba por siglos,
muerto de hambre, de sed y de frío,
para que ella me hiciera dormir
leyéndome uno de esos libros inexistentes
de nuestra extensa biblioteca de Alejandría
 
En mi adolescencia como todo poeta pobre
escribí hasta altas horas de la noche
en papeles inmaculadamente blancos
fumé todas las hierbas alucinógenas sin volverme demente
ni perdí la lucidez rescribiendo inútilmente por horas,
afiebrado de imágenes,
nada más que un sólo verso
 
También vestí los más hermosos trajes
y me rodearon hermosas mujeres invisibles
de todos los lugares del planeta,
viaje por lugares ignotos, hasta llegar a otras galaxias,
sin moverme siquiera de mi miserable guarida
 
Me envidiaron miles de otros poetas jóvenes pero ricos
esos que obtuvieron todos los premios inimaginables
y también me envidiaron los tocados por el don de la Poesía,
los que fueron aclamados por reyes, presidentes,
dictadores y príncipes,
o recibidos por las azules muchedumbres como le ocurrió
al poeta Rubén Darío joven
y al poeta Rubén Darío viejo
 
Aunque todos ellos me desdeñaron y me quitaron el saludo
-mientras continuaban recibiendo premios,
invitados por los países ricos y por los países pobres-
ellos jamás citaron en sus libros al poeta pobre
aunque sí copiaron todos mis versos inéditos
y plagiaron todos los libros que nunca escribí.

 

 
 

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