Homero Aridjis

 

Antología poética

   
A veces uno toca el cuerpo
 
A veces uno toca un cuerpo y lo despierta
por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los brazos marinos
 
y como al mar lo amamos
como a un canto desnudo
como al solo verano
 
Le decimos luz como se dice ahora
le decimos ayer y otras partes
 
lo llenamos de cuerpos y de cuerpos
de gaviotas que son nuestras gaviotas
 
Lo vamos escalando punta a punta
con orillas y techos y aldabas
 
con hoteles y cauces y memorias
y paisajes y tiempo y asteroides
 
Lo colmamos de nosotros y de alma
de collares de islas y de alma
 
Lo sentimos vivir y cotidiano
lo sentimos hermoso pero sombra
©Homero Aridjis
 
 
 
 
Es tu nombre y es también octubre
 
Es tu nombre y es también octubre
es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las turbaciones
y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la torre
y es la amada acechando el amor en antemuros
y es lo dable en cada movimiento y los objetos
y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y es el Cantar de los cantares
y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de vigilancia sola al borde de la noche
al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y noviembre
y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que absorbe la luz de los espejos
y es tu capacidad de trigo
de hacerte mirar en las cosas
y eres tú y soy yo
y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensión de arco
y a solas con tu impulso decirte la palabra
©Homero Aridjis
 
 
 
 
Te amo ahí contra el muro destruido
 
Te amo ahí contra el muro destruido
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos
 
Te amo contra tus ojos que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio
 
Te amo más allá de puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se hundieron ascendiendo
ventanas periódicas y estrellas
 
Te amo contra tu alegría y tu regreso
contra el dolor que astilla tus seres más amados
contra lo que puede ser y lo que fuiste
ceremonia nocturna por lugares fantásticos
 
Te amo contra la noche y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invencible de los
muertos
©Homero Aridjis
 
 
 
 
Autorretrato a los 13 años
 
Sobreviviente de mí mismo,
el pelo largo,
me siento en la silla del peluquero.
En un caballete está el espejo,
atrás de mí las casas,
más allá el cerro.
Los resortes del sillón pican la espalda.
Sobre el descansapiés miro las lenguas
de mis zapatos viejos.
Chon me hace la raya con el peine,
a tijeretazos avanza sobre mi cabeza
echando mechones sobre el empedrado.
Moscas sin vanidad se asolean en las piedras,
o se pegan a la frente de Chon.
Él las ahuyenta moviendo las orejas.
El peluquero me muestra su obra maestra:
un corte de pelo perfectamente redondo.
En el espejo de mano
miro en el cerro el sol que se pone.
"Cantaré la luz", me digo,
sintiéndome ya poeta
©Homero Aridjis
De: La Jornada Semanal, 6 de octubre de 1996.
 
 
 
 
 
Te recuerdo corriendo por la calle
 
Te recuerdo corriendo por la calle,
envuelta en un impermeable percudido,
yo vestido de verde y de día viernes,
tapándote la cabeza con un periódico
para que no nos viera tu padre.
Era noviembre y lloviznaba,
tu pelo empapado sobre el impermeable
era una mariposa que volaba.
De tu bolso abierto caían monedas
que recogía un mendigo.
Andábamos de luna de miel de calle en calle,
sin ceremonia civil ni religiosa,
casados por el santo sacramento del amor.
Nuestros pasos pesaban en el piso,
y los zapatos ahogados en el agua
hacían ansiosa nuestra fuga.
Mojados nos metimos en el metro,
a empujones abordamos un vagón,
y las puertas sobre tu espalda
plegaron como dos alas tu impermeable.
Mirándonos nos fuimos en el tren,
que nos llevó en su propio mundo,
lejos del día y lejos de la noche.
Yo besé tus labios con sabor a lluvia.
©Homero Aridjis
De: La Jornada Semanal, 6 de octubre de 1996.
 
 
 
 
Llamaré
 
hasta que las puertas de tu ciudad
fortificada con estatutos inviolables
me acojan como habitante
de la vida que en ti se desenvuelve
igual que la lluvia de silencio
sobre tu cabeza
Gradualmente me impregnaré de ti
hasta que sea humo en tu voz
luz en tus ojos
y haga sobre mis hombros tu futuro
Cuando llegue el otoño
te descubriré al rostro de los  hombres
para que en tus vasos alimenticios
vengan a nutrirse de esperanza
©Homero Aridjis
 
 
 
 

Las palabras no dicen

Las palabras no dicen lo que dice un cuerpo
subiendo la colina al anochecer
las palabras no dicen lo que dice un colibrí
en el aire al mediodía
las palabras no dicen lo que dice un perro
esperando a su amo que nunca volverá
las palabras no dicen lo que dice el paso de la mujer
y el movimiento en el árbol de la mañana
las palabras no dicen lo que siente un fresno
al ser fulminado por un rayo
las palabras no dicen la sensación de nacer
de amar y de morir
las palabras son las sombras atadas a los pies de un
hombre que avanza demasiado rápido entre
la multitud
son párpados de sueño con que el hombre cubre
el amor que no alcanza a comprender.
©Homero Aridjis
 
 
 
 
Cuarto vacío
Asientos de café en una taza rota,
periódicos de ayer sobre una mesa,
migajas de pan como moscas muertas,
comida de gato (sin gato) en el suelo,
toalla sobre una silla con la mugre hecha tela,
cama sin sábanas con una colcha rápida,
zapatos con la cara vuelta al piso,
gota de agua en otro grifo, en otro tiempo,
geranios rojos en la ventana,
tarde gris.
©Homero Aridjis
(En el cuarto de Leif Larsson)
 
 
 
 
Teotihuacan
 
Idos los hacedores de soles y de lunas
los constructores de templo y de tumbas
desvanecidos los dioses en los cerros
y perdidos lo hombres en la noche
por la desierta calle sólo vaga un peroo hambriento
con toda el hambre de la historia en sus entrañas
y todas las puertas cerradas a su paso
¿Quién siguiéndolo por la Calzada de los Muertos
atravesando los espectros que flotan en la tarde
entre serpientes mariposas y pájaros
al penetrar el espacio de la ciudad fantasma
no ha de llegar por siempre al destino del hombre?
 
Aquí donde se cosntruyó una y otra vez
el templo sobre el templo y el hombre sobre sus cenizas
aquí en el poniente extremo
donde se precipitaron juntos sacerdotes y edades
y donde el quinto Sol se ha de hundir en la noche terrestre
brilla todavía nuestro sol cotidiano
 
Muertos los dioses y deshechas sus obras
los siglos al final se hacen palabras
ruinas mordidas por la luz y el viento
y el hombre en su agonía no sabe
hacia dónde reclinar la cabeza
ni con qué voces dirigirse a la muerte
mientras por el valle desolado sólo pasa
el más inasible de los dioses del aire
©Homero Aridjis

 

 
 

Copyrigh© todos los derechos reservados por el autor