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Herber Sorto
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Antología poética |
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Historia
No derribé el único árbol del mundo para poner el sol en tus ojos. primero hice figuras con las sombras de mis manos imitando el pájaro de madera exhibido en la sala. Fue después que cultivé la poesía sin entresueños ni asombros. La poesía debe ser como la flor de los jardines públicos. Antes la miraba en el horizonte, hundida, calumniada, separada de mí y de los barcos de papel que los niños ponen en las aguas de la calle. Pero hoy, un pájaro se detiene en todas mis esquinas y la niña tímida en un laberinto de espejos, sonríe.
Bienaventurada sea la poesía.
Recuerdo
Crecí imaginando mariposas en las bisagras de mi casa.
Ayude en las cosas cotidianas y viví como un barco muerto entre veraneantes.
A veces soplaba sobre los ojos de mi hermana, cuyas pequeñas pupilas conocían ya el peso de una montaña sobre un ojo dulce.
Era el tiempo en que los madreados estiraban los brazos y lloraban hasta que yo lograba dormirlos.
Pregunta al espejo
¿Por qué amamos el lugar donde nacimos aunque tenga una rata muerta en la memoria?
Fotografía
Viendo caer las hojas de un mismo árbol, resistiendo palabras, palabras punzantes, papá siempre encontraba la sonrisa, los gestos. El viento de oriente se retenía en su mano, hasta que un día sin oxígeno abandonó la casa como un niño que viaja en su cometa, pero su mano sobre mi cabeza aun permanece en la fotografía.
Autopsia
He cruzado esta calle con la ilusión de llegar a otro mundo, por lo que digo: aquí no hay nada, no existe nada. El paisaje se hace camino en las alturas, el horizonte regresa a su lejanía, la fábula es lo que he vivido y el lado roto de la vida, lo que crece.
Del cansancio
Esto de mirarse en los peatones que pasan con la herida planta del amor, con promesas, con silencios, como frutos de un tiempo perpetuamente construido.
Esto de querer esconderse debajo de las lámparas o levantar con desahogos la única defensa contra los reflectores.
Esto de quebrarse como un plato de porcelana, apoyarse en las paredes, visitar ciertos rincones, quedarse hasta tarde debajo de una bombilla pensando en cómo se van las horas entre lo que no se sabe.
La ventana
Nunca pensé en sacar el rostro a la calle, una lluvia desafiante como un árbol cerró las ventanas dentro de mis ojos, el presente entonces, era sólo un chorro de palabras que goteaba de la fuente de mi mano. Siempre amé las ventanas aunque nunca tuve una para compartirla, pero alguien me habló, que de a ratos el paisaje se mira a través de paredes o de lágrimas, que el horizonte llora de espaldas como el océano, que los niños golpean el río para deshacer las tormentas, que hay que cruzar muchas calles para legar a otros ojos, que el silencio se hace de borrones, que el espejo de pronto se abre y nos traga, pero yo, siempre abrí la ventana que no tuve y tengo árboles y calles y lunas y también tengo aquello que siempre quise encontrar; la ciudad que no conozco donde recojo mis pedazos. |
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