Héctor Avellán

Antología poética

 

 

salmo gay
 
padre
hasta aquí llega tu sangre
derramada en cóncavos
tiestos de eternidad
en burdeles como constelaciones
lácteas
 
padre
hasta aquí llega tu voz
tus pasos
tus certezas
tus dudas
tu nombre
 
 
 
epigrama
 
al modo de Ernesto Cardenal
 
aquel a quien escribo estos versos
sabe que son para él
 
conoce que no gana celebridad
en estas líneas
sino que
con cada palabra
le doy muerte
 
 
 
 
glacial
 
nunca tuve casa
ni en tus brazos hice guarida
 
sobre la tierra estoy desnudo
no tengo lugar donde morir
conozco el frío
 
pero
cuando fluye mi carne
y te recuerda
un soplo de calor
me calma
 
 
 
 
culpa
 
quién me ve cuando aprisiono
mi cuerpo
lo amortajo, amasijo
restriego desnudo
sobre el borde de la cama
 
quién me ve sino
ese ojo con delirio
que lo mira todo y
es Dios mismo
 
 
 
 
cuerpo
 
este cuerpo llevado a cabo
a horcajadas sobre sí mismo
ha llegado al límite
donde el borde se hace oscuro
y la línea se confunde
 
la sombra es una extensión de la propia sombra
como una larga pregunta
que redunda
 
la sombra es el cuerpo
ese que surge a contraluz
como una fotografía sin revelar
 
el cuerpo es un agua nostálgica
silueta en una tarjeta Hallmark o
en una etiqueta de shampoo
 
el cuerpo es una invitación de neón y lipstick
intermitente en la noche policial
el cuerpo no paga impuestos
 
 
 
 
filosofía del tiempo
 
I
pasa el tiempo y nada pasa
nuestra voz muere mientras se borran
las letras en los pergaminos
en los libros perdidos con la inundación
y en los versos grabados en el mármol
que el viento carcome

II
qué tiene que ver la luz y el tiempo
en la cama te pregunto
cuál es la relación entre la luz y el tiempo
si la luz que entra por la puerta
que dejás entreabierta
para que entre el aire
bien pudiera ser la luz
que dibuja tu sombra
cuando te vas
 
III
el presente es
el eterno regreso
el tiempo es
algo que también
vuelve
para llevarse
lo que no se ha ido
 
 
 
 
factura
 
sólo cuando las aguas
se calman se puede
hacer cuenta de lo perdido
 
 
 
sin título
 
cómo nombrar hoy
lo que antes se llamaba
soledad
 
 
 
j:
 
decidí
que todos mis días
fueran iguales
hasta que regresaras

 
 
 
paraísos artificiales
 
vuelo lejos de aquí
vengo de otra parte
un lugar que conoce el dolor
y las revoluciones muertas
juego con la muerte y el fuego
con dados en noches de juergas
y al amanecer
a la ruleta rusa
no sé si sueño
o camino
me llevo tus lágrimas
a mi paso todo se seca
 

 
 
“I have a dream”
Martin Luther King
 
Querido Johnny:
ayer en sueños
nos quemaban en plaza pública y
de nuestras migas no alzaban blancas palomas
sino simple ceniza que se iba en el viento de la tarde
 
el viento no chisporroteaba en nuestros oídos
todo era silencio y costumbre
 
un pájaro de trapo mecido eternamente
sobre una rama de nada
 
comprendo que todo ha sido
nos queman
pero el fuego de nuestra pasión
antes
mucho antes que lleguen con sus Biblias
de fino pergamino para incendiarnos
nos habrá consumido
 
 
 
lenguajes perdidos
 
dónde en el tiempo están guardados aquellos instantes
en que los viajes eran largos y era igual despertar solo que no
dónde en el agua estará aquel sudor que trabajamos
de los días agolpados como pasajeros rutinarios
en un bus de la zona franca kilómetro 17
de la carretera norte de Managua
dónde en tus brazos estará
temblará la carne como brincan
los muertos
dónde en la música estará tu voz
un lenguaje se ha perdido y hoy
no tenemos nada
para heredar 
 
 
 
 
ínfulas de primadona exquisita en el discurrir de su tinta
 
imposible contar libros leídos
no es afectación literaria
ni que me jacte de culto
vago y que
conozco anaqueles laberinto
iluminación interna
de la ceguera
 
para bien de la literatura
es sano que
padezcamos
este olvido
 

 
 
la luz revisited
 
todo inicia con la luz
quién ha inventado la luz y
para quién
la luz no canta para todos
esa luz
ofrecida al final de túnel
porque luz es
no tener luz
allí donde no llega un pan
llega ahora la luz
siempre vespertina
la luz es el choque
de bolas de billar
a las nueve
grito de luna ahorcada
 
en la barra de la esquina fiel
se me dijo que
la luz es
como un renacuajo
la luz el cuerpo
y la cola
las ondas
 
 
 
hombre que se aleja
 
Detrás de cada uno
                        vela su casa, el campo, la distancia.
      Jaime Gil de Biedma
 
tanto tiempo estuvimos cercanos
como manos
del mismo
único cuerpo.
 
Y así nos distanciamos,
a la velocidad que cae el marañón maduro al suelo
y explota en jugos azucarados
que devoran hormigas
igual que a un cadáver humano.
 
Él se aleja con el bigote crecido.
Queda la mugre en
mis uñas y una mosca verde ronda mi pelo.
Con orgullo
y desentumeciéndome,
la espanto.
 
 
 
 
esto sólo es el decir
 
me he comido
las ciruelas
que estaban en
la hielera,
las cuales
probablemente tú
guardabas para
el desayuno.
 
Perdóname,
estaban ricas,
tan dulces
y tan heladas

 

 
 

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