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ESTIGMA
- ¿Cómo puede crear un
hombre
- en estas
circunstancias?
- Sin siquiera un
espumoso inicio de amor
- que acabe con el
aleteo de una golondrina.
- La roca será muy
útil para los basamentos,
- pero su rostro
irritado,
- ¿enardecerá la
fruición en el amante?
- ¿Al indigente le
añadirá algunas monedas?
- Todos saben que
mientras llueve
- crece la lujuria, el
sueño.
- Pero en esta alma,
la perfidia
- podría reducir el
mundo
- a un despreciable
carbón.
- ¿Para qué entonces
la búsqueda del poema?
- El amor es como el
vello incipiente
- de un infante.
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©Guillermo Fernández
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(De: Atrios)
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EXPOSICIÓN
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- Como bailarines que
saltaran al foso de la noche.
- Casi orondos.
- Viejos apenadísimos.
- Empresarios
apenadísimos.
- El pintor se encorva
apestando dulzura.
- ¡Clic!
- Y una espesa miel
serpea en el ambiente.
- Y cuando ya no se
puede hablar de asuntos interesantes.
- Cuando la voz es un
externo cloquear por el ruido,
- entra la niebla:
- sin mirar un cuadro,
pues ya los ha comprado todos.
- Sin saludar a nadie,
pues ya los ha comprado a todos.
- Más tarde, entra la
niebla.
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©Guillermo Fernández
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(De: Atrios)
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AKUTAGAWA
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(Después de una lectura de Los engranajes)
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- Lo que nadie sabía
era que,
- tras la naturaleza
palpable
- o el esmalte
exterior, el odio del dios
- de la venganza
afilaba sus cuchillos.
- Y cada gesto
- encubría la
verdadera catástrofe,
- que solo se descubre
por el peligroso contemplar
- y cuando éste nos
rebasa, socavando las líneas
- de un mundo
amortajado.
-
- La enfermedad crece
- o la inocencia se
agudiza,
- poniendo ese horror
al desnudo
- de lo que
sospechosamente vivo
- se adhiere a la
nada.
-
- Cuando la locura nos
toca el hombro
- con un semblante
convexo
- –opíparo semblante
del alrededor–,
- el cautiverio
infernal niega los visos.
-
- Pero la capacidad
por resistir admite ropajes
- y en ello, ¿estriba
la falacia?
- Porque solo unas
cuantas disipaciones se operan
- a través de la
tribulación.
- Y está bien que
tomemos un libro por la noche
- aunque los enormes
visitantes se aglomeren.
- Está bien que nos
afane la actividad
- o la envolvente
costumbre.
- Ya que
necesariamente lo opuesto es irse para abajo,
- como un lingote.
- Caer con el peso de
alguna convicción;
- al empuje de lo que
hasta ahora ha sido vedado
- y de aquello
tumultuoso que nos persigue.
-
©Guillermo Fernández
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(De: Atrios)
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CALMA
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- Es esta calma la que
acosa.
- Ni los hombres
luchando con sus fantasmas.
- Ni los niños que
temen los sueños del abismo.
- Es la calma sin paz
la que acosa
- con sus dientes de
fino pedernal.
-
- Primero con una
ilusión de placer,
- en la que cada
objeto resume una proporción perfecta
- con tu equilibrio.
- Y luego con la idea
de que un exceso de orden
- solo anuncia una
extinción irrevocable:
- ese sonido del
desierto sin lindes...
-
- Es mejor la lucha
acérrima de los hombres.
- Huir de la calma con
la boyante pasión
- de quien todavía
necesita el tormento.
-
©Guillermo Fernández
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(De: Atrios)
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- USTED VIAJA
-
- Usted viaja conmigo
en el mismo autobús.
- Los rostros aledaños
le producen natural antipatía,
- mientras sudan este
invierno desabrido.
- ¿Tendrán historias?
¿Buscarán una verdad?
- ¿Se creerán llenos
de buenas intenciones?
- ¿Por qué cuando
bosteza uno, otros también lo intentan?
-
- Usted tiene la
sospecha.
- Y como yo se aburre
de los bultos
- que copian una vida.
-
- En un instante
peligroso nos miramos:
- ¿Y ese quién
será?
-
- El autobús se
arrastra: triste galeote
- en un mar de
fachadas sin brillo,
- cavernaria réplica
de un rinoceronte humillado
- que bufa, tose,
rogando, como tal vez nosotros, menos peso.
-
©Guillermo Fernández
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(De: Para días posibles)
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SOLDADO MUERTO
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- Quizá tu infancia
fue tan espléndida como la mía
- y la lluvia y sus
truenos
- te asustaron igual
en tu escondite.
- Viste un cielo
despejado
- y unas nubes que se
transformaron a tu gusto.
- A tu casa también
penetraron los duendes.
- Sobre la pared un
hada desglosó su leyenda.
- Con tus amigos
amaste ciertas crueldades
- y como yo te
arrepentiste
- lleno de
remordimientos insólitos.
- A la plaza de tu
pueblo
- te llevó una alegría
solar.
- En el castigo
planeaste una tímida venganza.
-
- Hoy solo eres
dispensable, muchacho.
- Tu corazón, tu furia
intempestiva
- están yertos en la
selva.
- Hoy nuestra ternura
está inerte.
-
©Guillermo Fernández
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(De: Para días posibles)
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-
PORDIOSERO
-
- Fui un pordiosero en
otra vida.
- Aún cuento las
sucias monedas de mi suerte:
- esas que tuve por
gracia de obsesivos planetas.
- Hoy cubro mi
harapito con circunspección
- y me felicito por el
baño cotidiano.
- Las cosas cambian
desde la otra vida.
- Pero aún sigo
llamando a las puertas altas.
-
©Guillermo Fernández
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(De: Para días posibles)
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SIN SECRETO
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- Hasta el horrendo
sonido
- que emite la mosca
en las fauces de la araña
- es algo cruel.
- La invisible tela
construida para el macabro efecto.
- Las patas del
devorador: insidiosas, flexibles, ágiles.
- Tantos millones de
evolución para que tanta fiereza y súplica
- emerjan ahora en una
grieta de la ventana.
-
- Creo que nunca seré
tan feliz
- como este viejo
terror sin secreto.
-
©Guillermo Fernández
-
(De: Para días posibles)
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-
- A
LA AMIGA
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- I
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- es una gran lucha de mi cuerpo por
invadir el tuyo
- y ser parte de tus tejidos
venas
- adiposidades
uñas cabellos
- gritos corazonadas
deleites intuiciones
- y asomarme en el húmedo laberinto
- de tus flancos axilas
coyunturas
- con ansia de tu misterio interior
- de la llama que te ilumina por
fuera
- como una ciudad cosmopolita
-
- es una lucha de mi olfato por
entender lo que eres
- y soñar en tu olor como los perros
- que se entusiasman y se festejan
- cuando entre ellos se descubren
hermanos de la grandiosa lujuria
- que nos une a todos los animales
felices
-
- es una lucha insidiosa de mi
cuerpo por habitar tu ser
- y hacerme dueño de la vibración de
tu risa
- como si de pronto estuviera en las
aguas de tu matriz
- alimentándome como un parásito
- de los alimentos y bebidas que
digieres
-
©Guillermo Fernández
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(De: Para días posibles)
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-
-
- II
-
- no oses dejarme
-
- no podría configurar de nuevo mi
vacío
- sin tu soledad
- ve que arrojarías a un hombre
sobre el inmenso Ártico
- y que mi amor es un fruto mimado
de los trópicos
- un mar poseído por la locura del
sol
-
- ve que romperías el cauce nuevo de
un río
- y que el planeta necesita hoy más
que nunca de los ríos
-
- ve que anularías una forma de mi
ser
- que se viste hoy de pequeños
milagros:
- libros que tus dedos palpan con
ardor
- ricos alimentos de la tierra: tus
palabras
-
©Guillermo Fernández
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(De: Para días posibles)
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-
- III
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- ¿me invitas a un café?
¿paso por tu casa y me ofreces una tacita de universo?
sería lo justo ahora que cae el día
y que el ruido de cien mil puertas
traspasa el aire impuro de las ciudades
¿me hablarás de tu último poema escrito a un distante amigo?
¿me dirás que prefieres
el pan que yo te llevo
a los predios de tu soledad llovida?
¿me invitas a olvidar mi cita con la muerte?
una tacita de café me bastará
para alejarla de mi sangre y de mis mortales ideas
que son a veces paisajes apocalípticos
-
©Guillermo Fernández
-
(De: Para días posibles)
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