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- Confesión de parte
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- Cuando llega la hora de
brincar al escenario, lo más difícil es hacerlo con el argumento
equivocado.
- En esta obra los
parlamentos del "padre" volaron del papel bajo los efectos de una
ráfaga feroz. Así que el lector no debe ocuparse en buscarlos, salvo
perfilados en aquellos diálogos en los que "hija" o "hijo" muestren
algún vestigio de estima por sí misma.
- Como la madre decidió
cegarse, lo mismo que "padre" exigió silencio, aunque por otros
motivos. En este caso, búsquese toda referencia a Dios y al becerro
de oro, ambos terrenos abrevan en el mismo barro.
- Las menciones a los
roperos como locaciones posibles, son literales, lástima que casi
hayan caído en desuso. Las lunas multiplicadas en el piso todavía
son un efecto óptico y familiar.
- Por todo lo anterior,
no se juzgue mal a quien lee "miedo" donde debería colocarse la
palabra "amor"; es un efecto, por decirlo de alguna manera, bíblico,
consecuencia de haberse estrellado a tan temprana edad (y
frontalmente) con el prójimo.
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Entre espinas
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Un hijo indeseado es rescoldo
que mastica el diablo.
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- Ella naufragaba en el
rápido de la noticia
- y su pupila se
rayó de miedo contra el párpado.
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Supo comer de la vergüenza,
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lo bajó del tiovivo de sus
brazos
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que fueron cable, hospital y
cementerio.
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- Él
- se escondió del
día, polizón entre los cardos.
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¿Cómo
arderá quien se gestó entre espinas?
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Cuadro con niño
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El cuerpo lunar fue sirgo sobre
la pared de aquella celda.
- Su redondez, suma de
rectángulos,
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era un cuadro de Munch en la
picota;
- crucigrama imposible donde
permearon horizontales
-
todas las promesas
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mientras caía vertical, la muerte.
- Quien obligó la mesura en
esta cárcel
- conoce lo
inmenso de sus sótanos
- y el olor de las cadenas en
tobillos quinquenales.
- Lo demás, son salamandras
exangües
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lamiendo óxido en los
barrotes
-
para
atardecer uniformes.
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- El infante vio pasar media
hogaza de luna y siete días después
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dijo adiós a la sonrisa blanca.
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- Selene, la nueva, hurta
su sombra. La noche se desahucia,
- el mundo espera por el
guiño de la luz para devolverla
- a esta creatura prendida
-
del pecho de su hambre.
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- ¿Cuánto de mí quedó
en la coladera de tus huesos
-
cuando tu corazón fue nada?
- ¿Cuánto de ti falta hoy en el
plenilunio de este muro aproximado?
- ¿Qué dijeron de ti aquella
cama y su candado miope?
- ¿Cuánto de nosotros sobrevive
al silencio?
- ¿Cuánto estamos dispuestos a
saber?
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- Los ojos de la niebla
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- Los ojos de la niebla
son mil ciegos de la mano.
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- Un niño se hiela interior,
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todos preferimos otra película,
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accionar el resorte del cuello.
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¿Crees que se
salven?
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- Canción
de las aldabas
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- Preciso notas para esta
canción definitiva.
- Tras la puerta vive aquél
inabordable ya pendiente;
- muy temprano
- suicidó su aldaba.
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- Mano, ¿te apresuras
postigo?
- Ilusión en hierro,
¡fórjame una llave!
-
- Ignora el poder del
vendaval
- quien escribe
cancioncitas cursilonas en galeones de humo
-
y canta
irresponsable en los incendios.
-
- Quiero regalarte este dolor
definitivo,
- el hálito del moribundo
deshojándose en la cuneta de su cama.
- Esto es serio, señoras y
señores.
-
- ¿Qué es esta vida sino el
tránsito de la inocencia al rehilete?
- Neurona, grano de
trigo en busca de horno, pan,
-
trozo de carbón que
quisiera procrear
-
otra
especie de señales de humo...
- ¡Recordarlo
todo
-
para olvidarme!
- Señoras y señores:
- ¿Qué arcángel
aplaudirá
-
la resurrección de las
aldabas?
- ¿Quién posee cantos para
este misterio?
-
Y Dios, al tocar ¿llamará exultante y a todos
por Su Nombre?
-
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-
Cosas así
-
La noche que
desaparecieron la madre y las arañas,
-
no
hubo en este cuarto más esquinas cortafuego
-
ni
atmósferas seguras.
-
¡Ay, madre!
-
El techo joven
perdió las arrugas;
-
la risa, aquella hamaca sostenida de milagro
-
y Penélope su
avidez restauradora.
-
Los intentos
alongaron su exilio hasta geografías desiertas: tus cosas.
-
-
No miraste, no
quisiste ver.
-
Llovieron lágrimas
por el doble vértice infartado,
-
antes embudo
arterial;
-
fuimos corazones de arena
en flujo profano.
-
Los arácnidos
mudaron el nido y algunos abalorios.
-
Así, cualquier
correría del ojo resulta inhumana:
-
astilla la
memoria del cristal,
-
brújulas rumbo al territorio de la nada.
-
-
Conflictos así
han de matarme:
-
mirar la
omnipotencia del padre y sobrevivir su desvanecimiento,
-
oler la tierra
prometida
-
y en la antesala,
atestiguar el contraespejo del Arcángel.
-
Todo, o casi todo, madre,
-
consecuencia del
nada original pecado
-
de hincar el diente
en las manzanas.
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-
-
- Quién
pudiera verse
-
- Esta luna en su
herrería consuma el alma
- lo humano aporta al mundo un
cincel insospechado y un artista:
-
el sufrimiento.
- En el brocal apestañado se
convocan mil imágenes adversas
- hienden hasta la corteza
sensible.
-
- ¡ Ay amor , cuánto revés en
las retinas!
-
Espectros retenidos por memoria cancerbera,
- lo genético, sitio donde
se fraguan incontables cadenas
-
desde
mentidos polvos.
-
- Y una, hueso contra hueso,
rasguña para escarmentar la roca
-
desde su colectivo arenoso
-
y
rogar acceso a lo sacramental,
-
la
cera.
-
- - Pedimos un préstamo de
luz
-
que siempre está
por verse-
-
- Selene, la nueva,
gravita nuestro globo,
- redondel
entre lo feliz y su contraespejo.
-
- ¿Quién pudiera
–luna- verse cuando observa
-
y conocerse mientras huye?
-
-
-
-
-
No hay trampa virgen
-
-
Me envuelvo con el manto del Paraíso,
- tú
ya estabas allí
-
desde la fronda.
-
X
-
Qué fácil –decías- ser el vaso transitorio,
-
la probeta del génesis,
-
el conejillo y las indias.
-
Caín y Abel, estructura, caos;
-
un leproso y su campana.
-
X
-
Sí. Algún día existieron las vírgenes,
-
todas ellas aterradoras;
-
el vientre insaciable en su sequía,
-
arenas movedizas... ¡Canallas!
- Los
brazos, cerco de púas,
-
reiterada corona de espinas
- o
nido para infantes ciegos,
-
topos bebedores de lunas.
-
Todos somos hijos del hambre.
-
-
Las vírgenes paren de noche
-
niños y niñas de fondo;
-
hilanderas en el telar más frío,
-
cantan tañendo un violín nevado.
-
Escucha el coro.
-
-
Heraldos de luz,
-
las vírgenes dan a sombra.
-
Creen que el fruto es piedra
-
y voluntaria -
mente locas, olvidan.
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-
- Niña
-
- Niña,
- no guardes tus
sentimientos
-
en alcancías de noche
-
y luna
llena.
- Cada uno será azadón
-
sobre tu frente.
-
El único
fruto conocido.
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-
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-
-
Manéjese con cuidado
-
- Más
de tres mil niños y niñas son violados diariamente
- en
las calles en América Latina. UNICEF
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-
- Nacen con esa instrucción
sobre las córneas.
-
- La vi caer de tus brazos
al nido de la sierpe,
-
quebrarse la columna,
- bailar sobre un alambre al
rojo con una sombrillita en llamas.
-
Bajó al infierno en un segundo.
-
- Era mansa como las
alcantarillas e inventora de úteros.
-
- Hoy es gárgola.
-
- Prostituye su
historia en los nichos de su iglesia.
-
Es una muñeca sin sexo
en tu regazo.
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-
Hablemos, ojos ciegos
-
-
A
Miguel Fajardo
-
- I
- Pienso en ojos ciegos
-
como maldad nocturna
-
en misa
nueva,
- jamás en iris
silentes.
-
- Mi yo visible no ve
- y espera el arribo de cuervos
que ayunan
- con dos
semillas en el fondo de mi cráneo.
- Cuida de tu cuerpo entre
cirios miopes,
- que no te confundan la
oscuridad enhiesta, ni el sostén del muro;
- espera noches deslunadas,
-
la parte liminal de
cada uno
- II
-
- ¿Viste, ojos
ciegos?
- (Ignoran nuestros rasgos
quienes tantean el perfil y dicen, “lo sé”).
-
¡Qué metáfora las yemas!
-
Lechos de memoria sobre manos de
sal.
-
- La sombra nunca envejece en
ojos ciegos.
- Toda máscara niega su
precedente
-
si el ascenso resulta ineludible,
-
como el rostro.
-
Tú, ¿no lo
harías?
- III
-
- A menudo despierto en los
ojos de los peces;
- me horroriza la desmesura en
horizontes salinos,
-
la inmensidad del fondo y su
omnipresencia.
-
- Los abisales cargan un
farol sobre la frente;
- Océano también
procrea sus tropos. (¿Topos?) .
-
- IV
-
- El espectro bendice los
párpados.
- Suma, sustrae,
-
cambia el total.
- Es y no un ojo que
se recuerda
-
ardiendo bajo la lupa
- y huye de esta red que
multiplica,
-
un no ser infinito.
-
-
-
-
-
Adolescente y regadera
-
-
- Silencio.
- Se hartó de
separar la simiente del cianuro,
- de mirarse en blanco sobre
las retinas de la culpa,
- de no entender que la
estación del crucigrama
-
es un juego de
tonos
- y que los trenes repiten sus
corridas
-
cuando admiten al pasajero
equivocado.
-
- No pudo -la neurona-
intervenir en el cambio de vías,
- sus palabras se quebraron.
-
- Se convirtió en sal
sobre lenguas tezontle,
-
fue pura
pedacería
-
y el cerebro, honda:
-
una hormiga en tierra de
filisteos.
-
- Responde
- ¿Cómo acepta
–sin odiarse- un misil su contenido, si
- el dedo nunca está en las
pesadillas de la bala cuando duerme?
-
- A veces creo que Dios
permite demasiado,
- deja
niños muy solos a la amnesia de las sombras,
- bufones dramáticos,
piruetistas en ríos de lava, salmones de piedra
- que cobran su
jornal en rápidos de hielo y –al final- se funden.
-
- “Te quiero”
fue cera líquida perforando el caracol
-
hasta enfriarse entre la
soga y su cuello,
- entre la regadera y el chacal
que la acosó hasta el límite.
- La bestia era
de bronce,
- y no pudo
hincar los dientes en su melena.
-
- No diré más:
- gritó a su manera,
- hasta que
la voz se hizo capullo de otra especie.
-
- Su Mañana es un
camaleón
-
que disimula en el Scrable
-
la ruta horizontal del término,
-
El peor de
los remitentes: Víctima.
-
-
-
-
Soga en casa del ahorcado
-
-
- Reclama al brujo que
convirtió halcones en gusanos,
- así podremos
hablar del polluelo en este nido
-
calcinado.
- Fabrica un conjuro,
devuelve a los cuervos el alba,
- que su plumaje olvide la
obsesión
-
por
los tinteros,
- sólo así volveremos a
ser ojos sin sospecha.
-
- Clava -de una vez- al
vampiro con su reflejo,
- pon tres ajos al norte
- y una cruz de sal en nuestra
estirpe.
-
- Necesito que Heráclito
triunfe
- y nadie
- nunca
- vuelva a
bañarse en las aguas amnióticas
-
de
otro caldero cómplice.
-
- Hablo de la soga
- en la casa
del ahorcado:
- una
película donde Eva yace junto a Caín,
-
Abel se entierra solo
-
y hasta Dios
-
calla.
-
-
-
- De tigres
y panteras
-
-
- Si
sobrevivir al tigre os parece
-
heroico,
-
-
domesticar la jaula...
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