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Graciela Wencelblat Wainbuch
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Antología poética |
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(La compilación y selección de textos de la poeta argentina Graciela Wencelblat Wainbuch, ha sido realizada por André Cruchaga) Estallan soledades El hombre es un animal de soledades. Pero, algunas noches que caen revueltas, entre las paredes sin ojos los rincones estallan. Y no quiere llorar porque en el llanto hay una aventura fatigada. Le cuesta respirar, y sufre la ausencia de la palabra que engendra la poesía. Hay que rehacer el argumento La medida de esta terca ternura irá disminuyendo, hasta lloverle calendarios al olvido. No sé si es tu nombre el que araña mi tristeza, o la imperiosa necesidad de cambiar la memoria. Me está quedando chico el cerco de tu boca, y sé , que nunca se amarrará tu tiempo a mi cintura. En soledad nace el deseo para descubrir nuevas madrugadas. No me voy a escapar por los andamios. Hay que rehacer el argumento. (el enemigo me acecha desde adentro) Heridas Las palabras producen heridas parecidas a la rajadura del mármol. Son frías a los ojos, pero dejan el corazón deshabitado, las manos quietas y la interrogación interrogando incesante lapidaria, trepanando los sesos. Interrogándose Nació para vivir? insiste persevera, ¿a lo mejor en un lugar equivocado? Juncos de bambú cantan alrededor de su piel es noche es muro tiempo anónimo desorden aire de un pájaro herido. Agua Hay en la nada reversible el corazón de una única paloma hay una gotera en el techo del espejo esclava, donde la paloma busca día a día calmar su sed. Hay agua que surge para salvar o ahogar hay de todo y todo se consume se evapora así el agua. En blanco Los que me habitan me siguen. Murmuran en mi boca en mis oídos saltan sobre lo más hondo. Algo saben de mí que desconozco. A veces tropiezo y caigo. De un sillón a otro de una casa a otra, de un país a otro. No sé si ir hacia atrás o hacia adelante. Hasta ser un espacio en blanco. Algo que hacer con la poesía Abrazar la poesía crearle una vivienda fuera de uno, con espejos un reloj que no dé las horas para no abrir el silencio. Hablarle con gestos infinitos no hacerle reproches practicarla con o sin estilo. En una tarde cualquiera llevarla a beber el viento. Al alba mostrarle la pulpa del mundo. Entonces preguntarle ¿que piensas? Toda cosecha Sostengo el poema con manos de ausencia el vaivén del silencio se desliza rompiendo toda regla. Cualquier color aroma de tierras extrañas un grito en la noche hondo tajo en el día. Que sea el poema un atardecer de uva el ojo ajeno, los ojos de mi locura que penetran el beso. Café con leche y después que se anuncie el deseo. Que el poema se atreva a ser mi amante lengua que atraviesa mi cuerpo el verbo en acción que se abra en las noches. Que absorba de esta mujer toda la cosecha. Lamento Cuando el alma se desnivela rugen todos los leones. El bosque se pone umbrío un alarido sospechoso recuerda: el costado el filo la rajadura. El motivo del lamento del pájaro más hermoso. La mujer distraída caminó sin zapatos ni reloj por las calles por el campo de petunias por las paredes de la casa por la línea de agua que serpenteaba en el zócalo. enjuagó sus manos en la niebla para escribir su mejor poema. cedió cada músculo de las palabras al perfil de un conjuro, y se perdió por la grieta de la puerta. Luna ciega Entre tanto ropaje de palabras el cuerpo aprovecha para desaparecer, atado por serpientes , seducido por lobos no hay tormenta ni océano ni marea que lo asusten más que el retorno del supuesto olvido. ¿Por dónde llegan y amenazan estas agonías? ¿Quién reta y porqué a esta tibieza de piel que se vuelve áspera? Cuerpo no encuentra belleza, algo que lo sostenga , huye. La luna ciega lo encierra en la noche. Viaje Cada viaje es una salida que deja el contorno de mi cuerpo incompleto. Un salto sin preámbulos hasta que voy y vengo. Entonces comprendo la necesidad de movimiento para desenvolver pensamientos sacar la confusión de mis ambientes internos. Llevo mi infierno y oasis vuelvo llena de metáforas escribiendo con fuego. Remontaolas corazón y late revelando secretos y este intenso sabor a tierra. Raíz en lo profundo. Abrí las puntas Abrí las puntas del color para teñir el aire y cambiar su peso. Abrí las puntas del olor para desparramar un aroma que desviara la tristeza. Abrí las puntas del abecedario para que las letras pudieran respirar mejor. Abrí las puntas de la esperanza para que las uvas cayeran sobre labios secos. Abrí las puntas de los corazones carcomidos, para que la sangre –gastada– dejara de obturar el placer. Y en el centro de uno mismo empezar otra vez el juego. En el medio Vibran los huesos cuando la noche llega sola, sin siquiera el reflejo de tu voz. Como el pájaro en la jaula, estoy cautiva. Hemos perdido vuelo cayendo, pero no hasta el fondo. Estamos en el medio un lugar sin sabor un puente cubierto de ausencias. Parir me peino con bronca arranco las plumas de la piel. piel transparente que se contagió del gallo. no me miro al espejo porque temo encontrar la gallina y no" la de los huevos de oro". voy con la poesía a cuestas la llevo adentro afuera en el medio hace nudos en mi garganta se acomoda en mi sexo enturbia mis ojos me acaricia me prolonga me mata. Dame vida loca mi loca maravillosa tierna y bruta "percanta que me amuraste" qué me pasa? Soy un barril que explota un pájaro que vuela un signo de vida y muerte una entrega total emblema del misterio carroza que lleva los gritos el llanto, la pasión lo oculto la magia. está por nacer un libro y sufro celebro me acaloro en estos últimos momentos antes de parir otra vez , una criatura que hará en este mundo lo que quiera y ya empieza a abandonarme. Hoy Hoy voy a derribar las puertas arrancar los candados abrir el corazón de la noche. Quiero descoser los lamentos del aire, destornillar los dolores anclados darle batalla a la desesperanza. Hoy que en el techo descubrí una grieta, me sentí fatal. Hoy decido llevar mi cuerpo al viento vivir en las pausas renacer en el goce persistir en la insolencia. Otro otoño desconocido Pronto marzo será desgarrado y el verano envuelto en pañuelos. Otra vez cambiarán los colores llegarán los ocres y el amor dibujará nubarrones inciertos sobre la parábola del tiempo. Nadie sabe como llegará el corazón de este otoño qué estuvo haciendo a quién hundió o que buenas ondas dibujó del otro lado del universo. Hay miedo en la lengua de las rosas y tiemblan los árboles al ir quedando desnudos. En la hora de nadie Cuando el corazón de la rosa cae entre las piedras y sangra, los pétalos se demoran en gritos sin remedio. Algo de lo inconcebible sucede: la humanidad queda a la intemperie, la memoria del hombre llora en el declive de un patio retorciéndose en la brisa echándose a perder. Resucitando entre atorados pájaros, en la hora de nadie. El abrazo Fue el abrazo fue la manera de dar el abrazo fue la fuerza del abrazo fue la postura la forma de guarida de cavidad la conducta del abrazo responsable, de sostener sin poseer de brindar sin pedir. Fue el color de bienvenida fue ese primer instante que le propuso a mi piel cambiar la temperatura intercambiar latidos. Después nacieron las palabras.
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