Gema Santamaría 

 

Antología poética

 
 
amores de aeropuerto
(selección)
 
sala de espera
 
tengo más de cien razones para no amarte
y una sola sin razón para morir por ti.
 
 

 

tengo todo mi equipaje y, sin embargo, me siento desarropada y con la soledad revuelta.
 
soy una gitana que ha extraviado su bola de cristal y su carruaje.
todos los relámpagos sobre este viaje solitario.
 
aquí estoy de nuevo, con el alma deshilada y el corazón hecho una cáscara de sangre.
tengo mis zapatos andaderos, unos pantalones sucios
y un abrigo que no reúne los botones suficientes para cubrirme de este frío.
 
he dejado atrás mis verdaderas pertenencias : el sobresalto de mi pecho, la pasión a tientas de mis dedos  y unas cuantas, encarecidas certezas.
 
es otra la mujer que regresa, amarilla y cabizbaja. con las costuras de la piel mirando hacia fuera, como deben llevarse las prendas para no atraer malos presagios.
 
tengo toda la tristeza reunida en estos ojos ciegos y severos, como mamíferos de agua dulce. todas tus batallas y tus muertes bañándome en la sábana púrpura donde se reinventan los milagros de las iglesias.
 
tengo todo mi equipaje y, sin embargo, no logro volver a esa mujer sedimentaria que abre sus ojos en la página segunda del pasaporte. es otra mujer la que regresa; tijereteada, devuelta en un rompecabezas.
 
sin ti he perdido mi centro y he olvidado para siempre mi periferia.
 
 

 

a los que dejan su alma en los aeropuertos
 
será que tu amor es tan profundo
que pueda guardarlo
por los siglos de los siglos
amén de los días
que transcurrirán antes de vernos.
 
será que el nudo que siento
cerrándome la voz
del lado del abismo
es tu corazón que se ha metido
cual murciélago en el
naranjo de mi pecho.
 
será que esa puerta
rechinará nuestros nombres
y sobrevivirá nuestra ausencia,
que el olor de mi sexo se clavó
en sus entrañas de madera
y despertará el deseo
de otros noctámbulos amantes.
 
será que tus ojos de destierro
volverán cada noche
a comerse los sueños
de la espiral-serpiente de mi rutina.
 
será que me gustan los amores desgarrados,
las entregas de aeropuerto.
será que yo también me enamoré.
qué pequeñita soy,
dirás,
qué ingenua.
 

 

chaleco salvavidas debajo de su asiento
 
a mí no hay nada que me salve de este llanto y este vértigo. de esta voluntad de comerme las horas para sacarte esa rabia cocida con hilos negros. ya ves, mi mala costumbre de abrir corazones con la lengua enredada, con las manos hambrientas. mi afán de no hablar, de sólo intuir, de pensar que basta un silencio  cortando los labios para ser transparentes. una advertencia  bastante anunciada: ese diablo en tu pecho no es apto para turistas. no es un lugar que se deja, que se bebe en la esquina, que se olvide en la playa, en el cuarto de hotel o en las sábanas limpias. porque uno corre el riesgo de anclarse, de marcharse sin ojos y ser uno más de los que dicen amar encerrados en casas. a mí no hay nada que me salve. me sé muy bien esta historia de náufragos. no necesito instrucciones ni salvavidas.
 

 

landing
 
se hace necesario volver. volver de vez en cuando sobre una misma. escuchar la saliva untándose en los labios, el tronar de su paso en los dientes, su desliz delicado bajo la lengua hasta que atraviesa la garganta y rompe el desierto.
 
es necesario callar. salir de este cuerpo de títere, romper sus amarras y lanzarse al naufragio. hundirse en la profunda claridad que se teje al final de nuestra cueva interna y observar. ser testigo del propio abismo.
Nicaragüense
se hace necesario volver. para revivir la tristeza y escuchar su paso aletargado detrás de las puertas de los cuartos apagados. abrir el oído hasta que la angustia del trueno se deshaga y deje pasar los sonidos enanos de la calma.
 
es necesario mirar. ver cómo transcurren las sombras bajo el capricho de la luz para entender que no hay voluntad que no dependa de la luz de otra. ver la sangre herida, envejeciendo en cicatrices anecdóticas, doblando al propio cuerpo, hasta quedar vencida por el tiempo.
 
pero sobre todas las cosas, es necesario volver a ti, para que no se mueran las ansias, para no perder la poesía escurridiza en la engañosa rutina del día, en esta vida ordinaria, en esta calculada trampa.

 

 
 

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