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- amores de aeropuerto
- (selección)
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- sala de espera
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- tengo más de cien razones para no amarte
- y una sola sin razón para morir por ti.
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- tengo todo mi
equipaje y, sin embargo, me siento desarropada y con la soledad
revuelta.
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- soy una gitana que ha
extraviado su bola de cristal y su carruaje.
- todos los relámpagos
sobre este viaje solitario.
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- aquí estoy de nuevo,
con el alma deshilada y el corazón hecho una cáscara de sangre.
- tengo mis zapatos
andaderos, unos pantalones sucios
- y un abrigo que no
reúne los botones suficientes para cubrirme de este frío.
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- he dejado atrás mis
verdaderas pertenencias : el sobresalto de mi pecho, la pasión a tientas
de mis dedos y unas cuantas, encarecidas certezas.
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- es otra la mujer que
regresa, amarilla y cabizbaja. con las costuras de la piel mirando hacia
fuera, como deben llevarse las prendas para no atraer malos presagios.
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- tengo toda la
tristeza reunida en estos ojos ciegos y severos, como mamíferos de agua
dulce. todas tus batallas y tus muertes bañándome en la sábana púrpura
donde se reinventan los milagros de las iglesias.
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- tengo todo mi
equipaje y, sin embargo, no logro volver a esa mujer sedimentaria que
abre sus ojos en la página segunda del pasaporte. es otra mujer la que
regresa; tijereteada, devuelta en un rompecabezas.
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- sin ti he perdido mi
centro y he olvidado para siempre mi periferia.
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a los que dejan su alma en los aeropuertos
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- será que tu amor es tan profundo
- que pueda guardarlo
- por los siglos de los siglos
- amén de los días
- que transcurrirán antes de vernos.
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- será que el nudo que siento
- cerrándome la voz
- del lado del abismo
- es tu corazón que se ha metido
- cual murciélago en el
- naranjo de mi pecho.
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- será que esa puerta
- rechinará nuestros nombres
- y sobrevivirá nuestra ausencia,
- que el olor de mi sexo se clavó
- en sus entrañas de madera
- y despertará el deseo
- de otros noctámbulos amantes.
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- será que tus ojos de destierro
- volverán cada noche
- a comerse los sueños
- de la espiral-serpiente de mi rutina.
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- será que me gustan los amores desgarrados,
- las entregas de aeropuerto.
- será que yo también me enamoré.
- qué pequeñita soy,
- dirás,
- qué ingenua.
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- chaleco salvavidas debajo de su asiento
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- a mí no hay nada
que me salve de este llanto y este vértigo. de esta voluntad de
comerme las horas para sacarte esa rabia cocida con hilos negros. ya
ves, mi mala costumbre de abrir corazones con la lengua enredada,
con las manos hambrientas. mi afán de no hablar, de sólo intuir, de
pensar que basta un silencio cortando los labios para ser
transparentes. una advertencia bastante anunciada: ese diablo en tu
pecho no es apto para turistas. no es un lugar que se deja, que se
bebe en la esquina, que se olvide en la playa, en el cuarto de hotel
o en las sábanas limpias. porque uno corre el riesgo de anclarse, de
marcharse sin ojos y ser uno más de los que dicen amar encerrados en
casas. a mí no hay nada que me salve. me sé muy bien esta historia
de náufragos. no necesito instrucciones ni salvavidas.
-
- landing
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- se hace necesario
volver. volver de vez en cuando sobre una misma. escuchar la saliva
untándose en los labios, el tronar de su paso en los dientes, su
desliz delicado bajo la lengua hasta que atraviesa la garganta y
rompe el desierto.
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- es necesario
callar. salir de este cuerpo de títere, romper sus amarras y
lanzarse al naufragio. hundirse en la profunda claridad que se teje
al final de nuestra cueva interna y observar. ser testigo del propio
abismo.
- Nicaragüense
- se hace necesario
volver. para revivir la tristeza y escuchar su paso aletargado
detrás de las puertas de los cuartos apagados. abrir el oído hasta
que la angustia del trueno se deshaga y deje pasar los sonidos
enanos de la calma.
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- es necesario
mirar. ver cómo transcurren las sombras bajo el capricho de la luz
para entender que no hay voluntad que no dependa de la luz de otra.
ver la sangre herida, envejeciendo en cicatrices anecdóticas,
doblando al propio cuerpo, hasta quedar vencida por el tiempo.
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- pero sobre todas
las cosas, es necesario volver a ti, para que no se mueran las
ansias, para no perder la poesía escurridiza en la engañosa rutina
del día, en esta vida ordinaria, en esta calculada trampa.
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