Francisco Gavidia

 

Antología segunda
 
 
 
 
(La presente selección de textos poéticos de Dn. Francisco Gavidia, ha sido realizada por André Cruchaga, con el propósito de enaltecer la obra de este patriarca salvadoreño de las letras hispanoamericas)
 
 
ESTANCIAS
(Impresión de un lejano viaje de Gaviria a tierras de Guatemala)
 
Fragmento.
¡La Colonia! Legado terrífico y sublime:
La puerta de la historia sobre sus goznes gime
Cuando se abre al viajero al ermita secular;
La mano que en sus losas grabó el rótulo antiguo,
Bajo el dintel barroco y el carácter ambiguo,
Sobre el punzón indocto se mira palpitar.
 
La cima de sus dombos, que a los cielos se lanza,
Hizo del pueblo, al cielo, propender la esperanza:
Del rumbo de su flecha volaba la fe en pos:
Sus naves silenciosas cargadas de oraciones
Han llevado a su bordo doce generaciones,
Por el mar de los tiempos hacia el puerto de Dios.
 
Sus campanas sonando de dolor o de gloria,
Marcaron los azares de nuestra vieja Historia;
Era su piedra el símbolo de la Fe y la Verdad;
Sus criptas, como lastre, en los sepulcros hueros,
Del macerado monje llevan polvos severos,
Príncipes de la iglesia y olvidados guerreros,
Y en su ambiente de olvido sopla la Eternidad.
 
 
 
ATLACATL, EL JOVEN, AL ZENZONTLE
 
Avecilla misteriosa,
Que así tienes de la hermosa
Un puesto en el corazón,
Dividiendo el señorío
Del que es dueño, que es el mío
                                De un león;
¿Por qué dejas su camino?
¿Anuncias el mal destino?
                                 Es esperar
Es tormento y es arrobo:
La hizo presa el puma? Un Lobo?
                                 Algún jaguar?
¡Por el sol!... No puede ser:
Mas es bella y es mujer!...
¿Dime si estamos, por Dios,
En su corazón sencillo,
Sólo los dos, pajarillo,
                       ¿Solo los dos?...
 
 
 
ROMANCERO DE CUZCATLÁN
 
I
—¡Démosle de culatazos,
Porque es el traidor Lesaca!
—Así vuestros centinelas
A culatazos mataban
Al bondadoso de Celis;
Y después con su corbata,
Lo colgaban de la reja…
—¡Vida por vida se paga!
Hubo quien dijo: —¡Que muera!
—Lessaca gritó: —Me matan…
La esposa que está en la calle
Gritó: —¡Matan a Lessaca!...
Toda la noche los gritos,
Unos eran de amenaza,
Otros eran de terror,
Otros de angustia y de alarma;
Llenaron de San Vicente
El dentorno de la plaza:
—Así mataron a Celis!...
—Me matan! Lessaca grita…
Y ella: —¡Matan a Lessaca!...
Así sonó a media noche;
Así por la madrugada;
Hasta que al venir el sol,
La escolta republicana,
Camino a San Salvador,
Lleva al realista Lessaca
 
 
III
—Sangre es de amigos y hermanos
¡Vicentinos, migueleños!
¿Es Concepción de Ramírez
Está bien que nos matemos?
De uniformes de realistas
Azul y blanco en el pecho,
Y el rojo de los patriotas
El campo habemos cubierto…
Son cadáveres de hermanos,
Vicentinos migueleños;
¿En el Campo de Ramírez
Está bien que nos matemos?
Esto piensan unos y otros,
Y la alta noche en silencio,
Sin tambores ni clarines,
Marchan los rumbos opuestos…
En la villa y la ciudad, —
Vicentinos, migueleños, —
Las gentes al verlos dicen:
—Victoriosos vienen éstos.
 
 
 
GRILLO Y CADENAS
 
La flota se hace al mar… Lastrada de oro
La onda sumisa oprime a su partida.
La turba humana eleva con decoro
La altiva sien y el himno de la vida.
 
Y mientras engalanan las antenas
Y flotan las alegres banderolas,
Sólo un hombre respira entre cadenas
Y en torno de él gimen por él las olas…
 
¿Quién? Cristóbal Colón, el almirante.
¡Quién? El descubridor del Nuevo Mundo—
Privado de su nombre resonante
Y sus destinos, de su amor profundo.
 
¡Misterio de la suerte! ¿Fue clemente
Al desuncir los leones de su carro?
¿Habría él sido un Hasting de Occidente?
Mal estaba en sus manos de vidente
La espada de Cortés y de Pizarro, —
 
Y es más pura su gloria,
Siendo para la Historia,
El genio que completa
La esfera azul para la humana mente,
Y para las naciones, el planeta.
 
 
 
SIGNOS DEL PAÍS
 
¿Se me pide el distintivo
Del país en que yo vivo?
Cielos, y estrellas y flores
Que forman constelaciones,
              Y jardines,
              Y balcones,
Y casas de serafines,
Con voces de ruiseñores…
Son constante distintivo
Del país en que yo vivo.
 
 
 
CASCARONES Y FIEBRE AMARILLA
 
La bella San Salvador
Triste pero no abatida
Va tomando la medida
De morir de buen humor.
 
Cosa que en verdad apruebo
Pues, si muere, quién extraña
¿Qué antes alce una montaña
De cascarones de huevo?
 
La risa nunca se agota:
¿Por qué llamó cierto poeta
La muerte, obra de Pateta?
Porque es todo una chocota.
 
No sería buena guisa
Hacer la carta formal
Y morir en carnaval
Y no morirnos de risa.
 
 
 
II
EL INSOMNIO
 
Forma como remansos y recodos
La luz que tiembla loca y destrenzada,
Y esqueletos de sombra en la estirada
Penumbra, dan traspiés como beodos.
 
La medianoche es ya: ¡de cuántos modos
Suspira la Natura fatigada…
¿Qué oímos cuando no se escucha nada
Oyendo ese suspiro que oyen todos?
 
El día es el combate; ¿pues acaso,
Ese rumor, latente en los oídos,
Es el eco que aún vibra de la lucha?
 
¿O señuelo de un numen que al regazo
Del hondo sueño, llama a los sentidos?
¿Y después?... Habla Dios… y “alguien” escucha.
 
 
 
LEYENDO LA DIVINA COMEDIA
 
I
EN LA ÚLTIMA PÁGINA DE EL INFIERNO DEL DANTE
 
¡Oh tú que tienes los cabellos canos!
Tú, dime: en el camino de la vida,
¿Nadie llega hasta el fin de la partida
La frente pura, cándidas las manos?
 
Dime si por ventura son hermanos
Egoísmo y virtud, fuerza y caída?
¿Nunca entran sin terror a la escondida
Mansión de los recuerdos, los ancianos?
 
El juez, el acusado y el que acusa
Se miran con rubor que a todos quema:
Herencia de maldad ¿quién te rehúsa?
 
¡Poema del rey Pecado es tu poema!
Dante; ¿quién está en pie? Tu noble Musa
Clamando sobre todos ¡anatema!
 
 
 
II
EN LA ÚLTIMA PÁGINA DE EL PURGATORIO DE DANTE
 
¡Pálidos resplandores en que se une
Al terror de las llamas la plegaria;
Figuras de elegíaca estatüaria
Que el dolor y la súplica reúne;
 
Mal que espera; justicia que desune
Lo que unió el hombre, escala inmensa y varia
Que no admite jamás que una precaria
Sonrisa de dureza quede impune!
 
¿Qué luz blanca la roja del castigo
Con sus benignos rayos compenetra
Y los males y bienes eslabona?
 
¿Quién sirve de benéfico testigo
Entre el ser que condena y el que impetra?
La musa del poeta, que perdona.
 
 
 
III
EN LA ÚLTIMA PÁGINA DE EL PARAÍSO DE DANTE
 
¡Oh angélica explosión de jerarquías;
Empíreos, olimpos y valhalas,
Y las coronas místicas de alas
Entre los eslabones de los días!
 
¡Oh Sol de polícromas pedrerías,
Que con la luz beatífica que exhalas
Gobiernas a los seres e igualas
Aduares y vetustas monarquías!
 
¿Quién habla hoy con el ángel y el asceta,
Selló la eternidad de la desgracia
Y el bien que entre las penas reflorece?
 
¡Oh misterio!... La Musa del poeta,
Graciosa entre las hijas de la Gracia,
Hija de Dios como ellas, resplandece.
 
 
 
LA FLOR DE IZOTE
 
La girándula hermosa
Que suspende al poeta, —
El izote, a que llaman bayoneta,
¿Qué anuncia o qué defiende
Con sus explosión de espadas?
Pues, —la yucca gloriossa
Que sabe en sus raíces el que sabe;
Las llamadas mandioca;
Y del gran Bello “blanco pan” llamadas.
Y hecha pan es cazabe;
Y lo que más bien sabe, —
En la más noble sopa, es la tapioca.
 
 
 

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