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- Del libro
Apología del cinismo
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- PALABRA Y TIEMPO
- (Paréntesis
kantiano)
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- Para callar no
necesito mi silencio.
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- Me muevo.
- Se mueve la hoja que
cae y no lo sabe.
- El aire es la
denuncia natural del tiempo.
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- Para callar no
necesito mi silencio.
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- No puedo remover una
pestaña
- sin tocar un rostro.
- La palabra es
injusta si la tengo.
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- Para callar no
necesito mi silencio.
- Necesito tiempo.
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- SONETO DEL
PERDIDO TIEMPO
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- Ahí donde el
instante es un recado,
- donde muere de prisa
una palmera,
- el reloj es la duda
pasajera
- de una caricia que
aprendió el pasado.
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- Vivir y haber
vivido: ¿Quién —alado—
- sobre las crestas de
las horas fuera
- visitante de honor
en cada esfera,
- espacio, tiempo,
dimensión o estado?
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- Pues el minuto,
sin querer, devora
- las entrañas del
tiempo en cada hora
- que finge el suave
rostro de la espera,
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- es en los huesos
donde el alma, ruda,
- penetra los abismos
y desnuda
- con otra exactitud
tu vida entera!
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DISTINGUIDAS CARRASPERAS
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Hay quien tose
- —recurso de flemas
incluido—
- bajo la timidez de
una ventana,
- como jodiendo,
- como por gusto.
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- Y tose con
elegancia,
- con discreto y
amable desenfado,
- como extrayendo
mariposas del esófago,
- sin voluptuosidades
abdominales
- o posturas forzadas.
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- Cualquier excusa
es buena:
- la impertinencia del
vicio vecino,
- el polvillo de un
libro arrinconado,
- la pluma de un
faisán que se venga,
- un mal trago de vino
tinto,
- el irritante perfume
de la Sra. Von Krause...
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- No es útil pedir
pañuelos
- porque no hay gripe
de por medio
- o infecciones de
músico precoz.
- La mano —cerrada en
puño,
- convenientemente—
basta
- para demostrar a los
distinguidos comensales
- que se puede toser
con gallardía,
- propiedad y buen
gusto.
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- La invitación al
banquete
- incluye no comer,
- pero es
imprescindible atragantarse.
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- EDAD DEL INSOMNIO
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- Entendí que la
lluvia muere
- cuando escuché al
agua decir: “Ya voy”.
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- Hay quien piensa que
se puede mirar a un pato
- y no sentir
cosquillas en los dedos de los pies.
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- Tu retrato no
escucha la gotera.
- Eso es seguro.
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Poemas inéditos
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- VIVÍPAROS
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- Mientras tanto
- la muerte nos dura
para siempre
- y es suya nuestra
frágil cintura
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- se acoda
- aburrida
- en los manantiales
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- no tose
- no odia (como
algunos piensan) los armarios
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- carece de párpados
cuando nos mira fijamente
- y lo hace profundo
- exacto ahí donde lo
único que escondemos
- es la vida que queda
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Del poemario inédito
Síndrome de pulso
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- CREACIÓN DE UN ALMA
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- I
- Acércate…
- No temas a la luz.
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- ¿Sabes de dónde vienes,
- En qué memoria abreva tu pudor?
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- No, no huyas…
- No te alejes…
- La vida te espera
- Y su
obligación es impacientarse.
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- II
- Tu primera reacción es de temor
- Y es porque nada sabes…
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- La ignorancia es codiciosa
compañera:
- Desde ya te rondan sus caricias.
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- Ella estrenará tu carne,
- Pero sólo
tu carne.
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- Tú lo estrenarás todo,
- Menos el
miedo.
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- III
- Ninguna vida es inocente.
- (De ello me hablarás a tu
regreso).
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- Por lo pronto,
- Asómate
- Y no
temas…
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- La eternidad no corre por tu
cuenta.
- 9/XII/2003
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- Del
poemario inédito Retornos y anti-dilemas
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XXIX
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- Donde se conoció el amor
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se
conoció también que la verdad no tiene constancia y que puede cosechar
buenos augurios en el mismo lugar en que pernoctó la saliva equina del
deseo.
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- Donde se conoció la venganza
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se
conoció también que la inocencia anida mejor donde los turistas del
vacío se sienten libres de admirarla y pedirle en voz baja que no se
mueva para la foto.
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- Donde se conoció la tibieza
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se
conoció también que las rendijas que exhiben algunas puertas
desvencijadas no sirven para ver desnudas a las casaderas más hermosas y
más arbitrariamente deseadas de cada pueblo.
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- Donde se conoció la prudencia
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se
conoció también que el vietnamita menos hábil puede verte a los ojos con
aprensiva rudeza para decirte que en su país se siembra el arroz con la
esperanza de recogerlo antes del próximo bombardeo de alubias.
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- Donde se conoció la intolerancia
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se
conoció también que las únicas golondrinas capaces de volar en pleno
invierno son aquellas que en algún momento del trayecto coinciden con un
arco iris retrasado por la misma causa.
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- Donde se conoció el amor, repito,
-
se conoció
también que muere.
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Del poemario inédito
Síndrome de pulso
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- A LOS PASAJEROS, SU ATENCIÓN
POR FAVOR
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- Seamos imprecisos con la
muerte:
- reconozcamos su tibieza…Es todo.
- Hallará en tu cadáver acomodo
- su sombra solamente. Poseerte
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- es imposible para tal vacío.
- Lo que queda se queda junto a nada
- y se va lo preciso. Tolerada,
- la muerte no es el mar. (Tampoco
un río).
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- Merezcamos la noche tras el
día.
- Respiremos con toda alevosía,
- con premeditación, ¡muy hondo y
fuerte!
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- Y cuando —como es obvio—
nuestra suerte
- nos ponga ante su ambigua
puntería,
- ¡perdonemos el fraude de la
muerte!
- 11/III/2000
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Del poemario inédito
Carne a la deriva
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EL MAPA AZUL
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- Bajo
la piel que ofreces
- el
azul mapa de tus venas
- no
lleva a parte alguna
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-
Transito mis labios
- por
las arterias que nunca
-
empapará mi saliva
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-
Envidio la navegación del plasma
- que
puede treparte y desandarte
- bajar
a tus pies cuando te escapas
- subir
a tu rostro cuando no lo quieres
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- Los
horizontes por dentro
- de tus
aurículas abriéndose
- están
vedados para mí
- (para
mí que las abro, según tus cuentas)
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- Es el
mapa azul que doblo
- cuando
por la mitad te rompe el orgasmo
- cuando
arqueas la espalda y te dejas
- caer
sobre mi pecho enfebrecido
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- El
azul mapa de tus venas
- bajo
la piel que ofreces
- no me
ha llevado a parte alguna
-
- El
tesoro —¡qué delicia!—
-
me encontró a mí
- pirata
cojo y desdentado
- sin
loro sobre el hombro
- sin
hambre sobre el hombre
- sin el
esfuerzo de buscar la isla que me haga rico
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11/X/2004
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