Federico Hernández Aguilar

Antología poética

 
 
Del libro Apología del cinismo
 
 
 
PALABRA Y TIEMPO
(Paréntesis kantiano)
 
   Para callar no necesito mi silencio.
 
Me muevo.
Se mueve la hoja que cae y no lo sabe.
El aire es la denuncia natural del tiempo.
 
   Para callar no necesito mi silencio.
 
No puedo remover una pestaña
sin tocar un rostro.
La palabra es injusta si la tengo.
 
   Para callar no necesito mi silencio.
Necesito tiempo.
 
 
 
SONETO DEL PERDIDO TIEMPO
 
   Ahí donde el instante es un recado,
donde muere de prisa una palmera,
el reloj es la duda pasajera
de una caricia que aprendió el pasado.
 
 
   Vivir y haber vivido: ¿Quién —alado—
sobre las crestas de las horas fuera
visitante de honor en cada esfera,
espacio, tiempo, dimensión o estado?
 
 
   Pues el minuto, sin querer, devora
las entrañas del tiempo en cada hora
que finge el suave rostro de la espera,
 
 
   es en los huesos donde el alma, ruda,
penetra los abismos y desnuda
con otra exactitud tu vida entera!
 
 
 
DISTINGUIDAS CARRASPERAS
 
   Hay quien tose
—recurso de flemas incluido—
bajo la timidez de una ventana,
como jodiendo,
como por gusto.
 
   Y tose con elegancia,
con discreto y amable desenfado,
como extrayendo mariposas del esófago,
sin voluptuosidades abdominales
o posturas forzadas.
 
   Cualquier excusa es buena:
la impertinencia del vicio vecino,
el polvillo de un libro arrinconado,
la pluma de un faisán que se venga,
un mal trago de vino tinto,
el irritante perfume de la Sra. Von Krause...
 
   No es útil pedir pañuelos
porque no hay gripe de por medio
o infecciones de músico precoz.
La mano —cerrada en puño,
convenientemente— basta
para demostrar a los distinguidos comensales
que se puede toser con gallardía,
propiedad y buen gusto.
 
   La invitación al banquete
incluye no comer,
pero es imprescindible atragantarse.
 
 
 
EDAD DEL INSOMNIO
 
   Entendí que la lluvia muere
cuando escuché al agua decir: “Ya voy”.
 
Hay quien piensa que se puede mirar a un pato
y no sentir cosquillas en los dedos de los pies.
 
   Tu retrato no escucha la gotera.
Eso es seguro.
 
 
 
 
Poemas inéditos
 
 
VIVÍPAROS
 
   Mientras tanto
la muerte nos dura para siempre
y es suya nuestra frágil cintura
 
se acoda
aburrida
en los manantiales
 
no tose
no odia (como algunos piensan) los armarios
 
carece de párpados cuando nos mira fijamente
y lo hace profundo
exacto ahí donde lo único que escondemos
es la vida que queda
 
 
 
Del poemario inédito Síndrome de pulso
 
 
CREACIÓN DE UN ALMA
 
I
Acércate…
No temas a la luz.
 
¿Sabes de dónde vienes,
En qué memoria abreva tu pudor?
 
No, no huyas…
        No te alejes…
La vida te espera
Y su obligación es impacientarse.
 
 
II
Tu primera reacción es de temor
Y es porque nada sabes…
 
La ignorancia es codiciosa compañera:
Desde ya te rondan sus caricias.
 
Ella estrenará tu carne,
                         Pero sólo tu carne.
 
Tú lo estrenarás todo,
                         Menos el miedo.
 
 
III
Ninguna vida es inocente.
(De ello me hablarás a tu regreso).
 
Por lo pronto,
Asómate
Y no temas…
 
La eternidad no corre por tu cuenta.
9/XII/2003
 
 
 
Del poemario inédito Retornos y anti-dilemas
 
 
 
XXIX
 
Donde se conoció el amor
                                                                  se conoció también que la verdad no tiene constancia y que puede cosechar buenos augurios en el mismo lugar en que pernoctó la saliva equina del deseo.
 
Donde se conoció la venganza
                                                                  se conoció también que la inocencia anida mejor donde los turistas del vacío se sienten libres de admirarla y pedirle en voz baja que no se mueva para la foto.
 
Donde se conoció la tibieza
                                                                  se conoció también que las rendijas que exhiben algunas puertas desvencijadas no sirven para ver desnudas a las casaderas más hermosas y más arbitrariamente deseadas de cada pueblo.
 
Donde se conoció la prudencia
                                                                  se conoció también que el vietnamita menos hábil puede verte a los ojos con aprensiva rudeza para decirte que en su país se siembra el arroz con la esperanza de recogerlo antes del próximo bombardeo de alubias.
 
Donde se conoció la intolerancia
                                                                   se conoció también que las únicas golondrinas capaces de volar en pleno invierno son aquellas que en algún momento del trayecto coinciden con un arco iris retrasado por la misma causa.
 
 
Donde se conoció el amor, repito,
                                                            se conoció también que muere.
 
 
 
Del poemario inédito Síndrome de pulso
 
 
A LOS PASAJEROS, SU ATENCIÓN POR FAVOR
 
   Seamos imprecisos con la muerte:
reconozcamos su tibieza…Es todo.
Hallará en tu cadáver acomodo
su sombra solamente. Poseerte
 
 
es imposible para tal vacío.
Lo que queda se queda junto a nada
y se va lo preciso. Tolerada,
la muerte no es el mar. (Tampoco un río).
 
   Merezcamos la noche tras el día.
Respiremos con toda alevosía,
con premeditación, ¡muy hondo y fuerte!
 
   Y cuando —como es obvio— nuestra suerte
nos ponga ante su ambigua puntería,
¡perdonemos el fraude de la muerte!
11/III/2000
 
 
 
Del poemario inédito Carne a la deriva
 
 
 
EL MAPA AZUL
 
Bajo la piel que ofreces
el azul mapa de tus venas
no lleva a parte alguna
 
Transito mis labios
por las arterias que nunca
empapará mi saliva
 
Envidio la navegación del plasma
que puede treparte y desandarte
bajar a tus pies cuando te escapas
subir a tu rostro cuando no lo quieres
 
Los horizontes por dentro
de tus aurículas abriéndose
están vedados para mí
(para mí que las abro, según tus cuentas)
 
Es el mapa azul que doblo
cuando por la mitad te rompe el orgasmo
cuando arqueas la espalda y te dejas
caer sobre mi pecho enfebrecido
 
El azul mapa de tus venas
bajo la piel que ofreces
no me ha llevado a parte alguna
 
El tesoro —¡qué delicia!—
me encontró a mí
pirata cojo y desdentado
sin loro sobre el hombro
sin hambre sobre el hombre
sin el esfuerzo de buscar la isla que me haga rico
11/X/2004
 
 
 
 

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