Ernesto Bautista

Antología poética

   
Un día encontré un caracol... y en las entrañas del caracol encontré el universo
 
Yo soy el peregrino.
El que anida en la lluvia y extiende sus manos para beberla.
Yo soy la ventisca
y los gritos intermitentes del silencio.

Búscame cuando tengas frío, porque soy el fuego de los relámpagos.
Búscame cuando quieras volar, porque soy la criatura de las alas enormes
y los espacios vacíos con eco en su pecho.

Búscame, porque estoy sólo,
porque soy un dios hecho trizas en el fondo de un pozo.

No hay mares profundos que no me nieguen el entierro hacia sus entrañas
ni frío que me nieguen las tumbas de piedra.

 
 
 
El ladrón de las ventanas de la casa de fuego
 
Eran lumbreras ahogándose en el desierto
sus dos cruces de sal lloradas por el mar.

 
Y un grito ahogado de ojos negros era
un roce de piel latiendo en los cristales.

Una mujer me miraba en los ventanales
y una despedida echaba raíces en su cuerpo
eran los pasos que debía cobrarle al cansancio del suelo
y la distancia que se acomodaba en su regazo
rogándole:

Acércate más
para quitarte el silencio de las alas.
 
 
Tres pájaros quebrados en las solaires

 


Toma I (El encuentro)

Una fila de sombras abren puertas
y se rinden a una voz de soles
y de piedras.
Cabalgan en potros de madera
y besan jinetes de fuego en el papel
un fuego muerto de sal y tela
encerrado en un salón azul
sentado en un banquito hecho de lunas secas
Y los árboles nos miran
de luz y de metal
al lado de las persianas .

 

 

Toma II (Ocasiones Empañadas)

Una lluvia borrosa ha abarrotado el techo de ojos
y el suelo de zapatos.
Unas gotas de semáforos caen como cuchillos intermitentes
y los rostros cambian
como cambia el rostro de las nubes en una tarde muerta.

 

 

Toma III (El abandono)

Así como tú vistes que me fundía con las paredes
así, quiso escapar mi cuerpo de estos escombros bardos:
cantándole un poema de ermitaños mudos
a sus oídos quebrados.-
 
 
 
Beso
Hay un mar de palabras llegando a mi boca
¿Lo sientes?
Bebe este fuego desnudo
es tuyo
y de mis ojos el encierro
y de tu voz el espanto.-
 
El jardín
Mi felicidad
está atrapada
en un ataúd de hielo
donde nacen rosas de metal.-
 

 

En el interior de 3 voces
Te recordarán de mí
Una ausencia del color del agua.
Y los abismos de tus sueños
Y mis besos en ámbar
cayendo eternos de tu cuello
antes que tu silueta
se nuble de pena y se convierta en escarcha.-
 

 

 
Cuando me nombres
cien soldados de fuego
te buscarán rompiendo cadenas
contra esta pared de silencios
y este grito ahogado en la tierra.

Más allá de mis escombros
más allá de las hogueras
donde aun arden cenizas de guerra
donde la piel de la brisa te cobija de lumbre
a ti y al cuerpo sobre ti.

A tu voz que tiembla y a su voz que arrancaré del pecho.

Y con mis gritos de piedra partiré la tierra
y me tragaré el silencio
y al silencio y a la piedra y a los cien soldados y al amante.

Y verteré el sonido de mis labios en la tormenta
y caerá temblando y esparciendo huracanes.

Y sus ramas oscuras tatuadas de luz y relámpagos
te tocarán el pecho y buscaran tus labios
y abrazarás al fuego porque el fuego seré yo
y la tormenta serán mis manos.

Y el grito tomará vuelo
y su amor que va sangrando estrellas
nos tocará la espalda y tu voz abierta
convirtiendo este fuego de piel y tormentas en sombras desbandadas.-
 

 

La confesión: Negaciones sobre un sueño
 
Dudé un instante
y en ese instante fui sincero.
Te quise decir demente
en este viaje
pero puedo verte:

Esta vez estoy
desparramado en un espejo roto
reflejado y lleno de silencio.

Te veo vencido
y me veo en tus cenizas
cavilando y lleno de olvido.

No somos más que espuma a merced del soplido.
No somos más que la belleza de la pausa,
y el astro que se cansa y se oscurece.-
 

 

 
Nadie
quizás
solo la luna y yo
somos
lo que ahora somos:
Escombros
contemplándonos mutuamente.-
 
Sexo
 
Y una figura ha muerto en la boca del silencio
mientras besa el arte de tu pelo.-
 

 

 

La peregrina silenciosa
 
El amor es una figura traviesa
arrimada a tu cuerpo en la lluvia
que se acuesta contigo en silencio y se va.-
 
Bitácora del desvanecimiento
 

 

I (La comunicación básica)
Deja que mi cuerpo te hable
deja que sea ortográfica y caligráficamente humano
una emoción sin labios
y un alarido.
 
II (La explosión)
Respira las esquirlas de mi cuerpo
en la sombra tibia.
Donde estuve yo
quedó.-
 

 

Nuestra casa
 
Un hígado descalzo
un árbol de cometas
un ala membranosa de fósforos
un banquito de agua
una pancarta de dioses llena de vidrios rotos
una esfinge de acero
un dios oxidado
una estrella abandonada
una explosión galáctica en la acera
un río de espuma de sangre esparcida
y tus uñas de hierro
tus huesos de madera
tu maquillaje de piedra
tus gafas de piel.
Áspera una bala de presas rotas
un algodón azucarado de vómitos
un rojo color azul
una mujer de alambre en un marco de escombros
un Apocalipsis de soledades en un techo armado de promesas de muerte

y un abismo inquieto bajo los ladrillos.-
 
 
 
 
Solo estuve
 
Extraño sus voces... llenas de plumas y truenos.
Sus manos, armadas de espinas.
Su aroma, buscando dormir en mis ojos cerrados.

Nunca dejé que se le escapara un huracán de los ojos
y nunca le devolví las olas a su cuerpo.

Tan solo estuve cuando no había nadie.
 
 
 
 
Una tormenta encerrada en una caja.

 
Te hace abrazar huracanes con los ojos llenos
un par de latidos de fuego haciendo ruido
y la tentación incompasiva de querer siempre dibujar fantasmas
tragar relámpagos
desde los labios.

A veces
algún sentido es poseído.
 
 

 

El sueño del verdugo en la ventana
Un niño ve rodar cabezas.
En un eclipse de calaveras de piedra
un perro negro le ladra a la muerte.
 
 
 
 
 
Entonces habrás invocado celajes marchitos… y 20 puertas dormidas.
 
Cuando me nombres
cien soldados de fuego
te buscaran rompiendo cadenas
contra esta pared de silencios
y este grito ahogado en la tierra.

Mas allá de mis escombros
mas allá de las hogueras
donde aun arden cenizas de guerra
donde la piel de la brisa te cobija de lumbre
a ti y al cuerpo sobre ti.

A tu voz que tiembla y a su voz que arrancaré del pecho.

Y con mis gritos de piedra partiré la tierra
y me tragare el silencio
y al silencio y a la piedra y a los cien soldados y al amante.

Y vertiré el sonido de mis labios en la tormenta
y caerán temblando y esparciendo huracanes.

Y sus ramas oscuras tatuadas de luz y relámpagos
te tocaran el pecho y buscaran tus labios
y abrazaras al fuego porque el fuego seré yo
y la tormenta serán mis manos.

Y el grito tomara vuelo
y su amor que va sangrando estrellas
nos tocara la espalda y tu voz abierta
convirtiendo este fuego de piel y tormentas en sombras desbandadas.
 
Tomados de ¡Silencio!: Puertas dormidas)

 

 
 

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