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- Buscando
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- Conduciré por los
canales brillantes,
- aquellos que
quisieron mostrar,
- pero un día oscuro
taparon.
- Navegaré por sus
mares sin costas, donde
- la paz perfecta
sea el salvavidas.
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- Seguiré abriendo,
soplando para ir al lado,
- buscaré más
cielos, aguas desheladas.
- Respiro profundo,
cerca del lago casi vacío
- de corazones
tristes y peces llorando.
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- Son los deseos,
los ojos grandes,
- los que endulzan
las brisas cálidas
- interminables del
abrazo fresco.
- También son esos,
los asombrados
- trabajadores de
risas,
- los que mueven al
mundo.
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- Seguiré buscando,
tibio mojado,
- mojado en lo más
profundo del hueso.
- Allí donde nunca
quisieron llegar,
- los cobardes
normales del presente.
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- Puedo sentirlo,
puedo cambiar.
- Y encontrar quizás
la piedra,
- ese tesoro quieto,
el perfecto peso
- el aire duro que
quiero respirar.
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-
- Nada
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- Nada, así llaman a
lo irreal,
- a lo inhumano, a
las verdades ocultas
- que quieren
brillar en un día soleado,
- por las calles más
oscuras de la ciudad.
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- Es quizás, la
lluvia del invierno que
- cae a pedazos en
un descuido de
- las bestialidades.
Es una sombra que irradia
- luz y hace mil
sombras.
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- Nada, tal vez se
llame al mundo,
- por no concluir
una noticia,
- por no descubrir
una verdad.
- Pero sobra
espacio, y también
- ideas, que
revolotean por los caminos
- sin crueldad.
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- Entonces... Nada
es de todos
- y nosotros en ella
estamos.
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- Despierta
Asunción
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- El Sol es quien
temprano ya calienta
- tus calles
pequeñas, pero grandes de historia.
- Son tus sombras
nocturnas, fieles
- a la Luna, que
iluminan mi peregrinar.
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- Oh, bella
Asunción, ¿quién te ha herido?
- ¿Será acaso el
frío invierno que deshecha tus
- aromas tranquilos?
- ¿Será tal vez el
tiempo, a veces inexistente
- que juega con el
delirio, las épocas templadas,
- el futuro
acelerado?
-
- Te has quedado
dormida, yo, que soy tu hijo
- te lo digo: las
bestias han quitado tu color, esas mágicas melodías
- de los sábados.
- (Como una noche
sin luces, como
- un banco sin
enamorados).
-
- Tu esencia, oh
ahora triste Asunción,
- sigue viva, me lo
ha dicho el tiempo,
- que siempre fue tu
fiel compañero,
- me lo han dicho
los lapachos,
- que en un otoño
cualquiera,
- en tus pies han
nacido, feliz quedaron
- al poder sentirte
y que seas parte de ellos.
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- ¿Tendría sentido
un atardecer sin ti,
- sin tu piel
acogedora, que estés cerca y yo lejos?
- El río me ha
confesado, no quiere perderte,
- los pequeños
cerros, no desean arrancarse.
- Y, yo, oh eterna
Asunción, que me haces
- feliz, no puedo
quitarte ya de los latidos de mi pensamiento.
-
- Despiértate,
iremos juntos a un nuevo suelo.
- Hoy es nuestro
día.
- Oh, sabia Asunción
mía.
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-
- Entre la Tierra
y tú, inerte
-
- Te vi por la
mañana, y estabas calma.
- Más, cuando hablé
contigo sentí que
- no sentías nada,
¿he perdido tiempo
- con un cuerpo
inerte que habla, pero
- que no piensa ni
siente?
-
- Me asusté al oírte
porque creí que
- no estabas, pensé
por un momento
- que no aguardabas
nada, sentí de cerca
- el rubor y la
misma historia de hablar
- con una silla.
- Sólo, que a
diferencia de la madera trabajada,
- tú ni siquiera me
escuchabas.
-
- Te encontré
nuevamente por la tarde,
- te noté un poco
preocupada,
- ¿molesta por qué?
Pensé desde mis entrañas,
- ¿será que siente
algo realmente en la casa abandona
- de las luchas
diarias con la vida cotidiana?
-
- Me dijiste que una
vez alguien te partió
- el corazón y por
ese supuesto amor
- que no duró, ya no
tendrías compasión.
- Más, te advertí
que no dijeras ya nada, para
- que continuemos
viendo el atardecer
- que tímidamente se
apagaba.
-
- Me preguntaste
¿qué me pasaba?
- Yo te dije te
quiero, sin saber por qué
- ni cómo, ni
cuándo.
-
- Te reíste de mis
sentimientos
- y yo, lloré sin
consuelo.
- El mundo es basura
desde su nacimiento,
- me afirmaste,
cuando ya otros amigos,
- a lo lejos, traían
algo grande, de madera,
- como la silla
también, era una escoba larga
- que me decía:
vámonos, que la suciedad
- es tanta, que la
Tierra pide a gritos,
- hoy y siempre, ser
limpiada.
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-
- Escritor de la
vida
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- Son los lápices de
la vida
- los que dan
sentido a
- la misma, no
importa
- el escritor de
esta gran novela:
- la existencia.
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- Quien se atreva a
escribir
- incorrectamente,
no es aquel que
- intenta transmitir
con tintas azules
- su destino, sino
el que no escribe nada
- pero disfruta como
si fuera un gran premio.
-
- Son pocos ya los
escritores de este
- camino, son muchas
las novelas.
- Quedan millones de
palabras,
- para tan pocos
sentimientos.
-
- Adelante, no
ganaremos
- el Nobel ni el
cielo,
- tendremos más que
eso,
- lucharemos hasta
sentir de cerca
- la hoja pura de la
cabeza,
- el sabor a papel
de la vida.
- El olor a juego, a
juego
- de personas
escritas.
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-
- Frontera
-
- Y había una
frontera que
- no me dejaba
salir, no era la bella
- Argentina, tampoco
el colorido Brasil.
- Era un límite que
no me dejaba respirar,
- que incluso
afixiaba a mi sombra
- y no me permitía
volar.
-
- Aquella frontera
no parecía de concreto,
- sino más pesada,
era un triste espectáculo
- como las
luciérnagas sin luces.
-
- Aquella frontera
que me negaba crecer
- no fue un río
inmenso, ni una montaña
- de papel, esa
frontera se llamaba
- ignorancia, fue el
país más chico
- con que la
humanidad luchó.
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- Amanecerá
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- Amanecerá como
siempre, desearía
- el paisaje tierno
con los rayos del Sol
- que quieren
abrazarnos.
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- Amanecerá muy
temprano, para
- que demos gracias
a la vida al oír el
- sonido,
despertador de pajarillos.
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- Despertaré con
ansias, sueños
- inalcanzables para
que así afirme
- que un día,
aquellos serán posibles.
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- Trabajaré
sonriendo al mundo,
- diciendo suave y
gritando, que estoy
- aportando mi
esencia a este barco grande
- de la existencia
inaufragable.
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- Amanecerá con las
sombras
- molestosas de
ayer, mejor
- despertar primero,
mucho antes del amanecer.
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- Besos
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- Como estrellas en el
nunca firmamento
- quiero tus besos.
- Para que en una
noche eterna no se acabe
- por el desconsuelo.
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- Ni contarlos ni
apagarlos, ya que siempre
- estarán allí.
- Como quisiera, hoy
en diciembre,
- un amanecer con el
rocío
- insistente de un día
de invierno, para que en vez
- de la lloviznilla
dulce, me cubran los tiernos
- besos de tus labios
y sin despreciarlos, yo
- habré de amarlos.
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- Como peces sin
medida en una fría corriente,
- por los soplos de la
vida, quiero tus besos.
- Para que en un
abrazo suave, me los lleve como
- rosas en un jardín
sin veredas.
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- Quiero tus besos,
yo, hoy que estoy despierto,
- para llevarme
conmigo mañana,
- cuando me habré
dormido.
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