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Galope
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El campo,
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breve y ajeno como un pañuelo.
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De pronto se enciende
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y palpita
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al conjuro del galope
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fino y lento
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que mece la blancura de su lino.
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Crece el galope
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rítmicamente perfecto
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sobre llanuras inmensas
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y el eco del tiempo
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se oye sobre la hierba.
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Cesa el galope:
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el campo, tibio como un pañuelo
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envuelve,
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a pausas,
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la plenitud del
prodigio.
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- Misiva de
Dánae
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Querido:
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recibí tu lluvia de oro
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envuelta en pergaminos de hace siglos.
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Aunque no traía remitente
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ni fragancias de mares o de bosques
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supe que llegaba de tí
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asaltando el tiempo
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para cruzar abismos
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y deslizarse, victoriosa,
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en una eternidad desconocida.
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Cálida,
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no supo que calmaba
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una sed indescifrable
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y que gota a gota
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transformaba la núbil caverna
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en prados y vergeles.
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Pero ya no envíes, querido,
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ninguna lluvia de oro
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porque ya no hay pergaminos
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que resistan los siglos
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y en la núbil caverna
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la luz podría transformar en piedra
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el oro de tu lluvia.
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- Ariadna invicta
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Desde el extraño laberinto
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de tus noches
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vuelo invadida
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de espermas y recuerdos.
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Pero he dejado antorchas
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en cada pasadizo
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donde bebíamos el vino
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y la cópula
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de cada día nuevo.
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- Y
tú
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ahora doblemente ausente,
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mitad toro, mitad hombre
-
buscas el túnel
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que abrasaba tu fuego
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con la ira
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de todos los relámpagos
- y
la furia
-
de todos los silencios.
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-
Estoy dejando atrás
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el extraño laberinto de tus noches:
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vuelo
-
sobre mar abierto,
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con alas cada día renovadas.
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- Y
muy cerca del sol
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invadida de espermas y recuerdos,
-
mis alas se templan
-
y emprendo, triunfal,
-
el retorno hacia
el olvido.
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-
- Misiva de
Eurídice
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-
No llores, Orfeo,
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la perdida fragancia de mi cuerpo
-
ni el lecho doblegado de deseos
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donde el tiempo fue vid y espiga presurosa.
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-
No llores ni lamentes
-
la ausente humedad
-
donde solías recrear tu estrella viril
-
y abrigarla entre rumores de hierba.
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-
No llores,
-
sino húndete en la herida
-
que sólo estuvo esperando por tu daga.
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No me busques en las tinieblas
-
porque sólo en la luz me acerco
-
al motivo de tu canto
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y sólo en ella soy música,
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rocío tempestuoso,
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fuego que busca tu calor,
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la sed de tu agua,
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la miel de tu panal.
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-
No me llores, Orfeo:
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devuélveme a la luz
-
antes que otra serpiente
-
devore la curva de mis senos
-
y se ahogue en el centro
-
donde ahora florece el hechizo de tu
canto.
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-
Bendita la palabra
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-
Bendita
la palabra
-
que
inaugura un paisaje,
-
una
piedra en el camino,
-
un
lento fuego que sucumbe.
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Bendita
la palabra
-
que
nace
-
cuando
se abre una puerta,
-
un
recuerdo,
-
una
herida.
-
-
Palabra,
-
incandescencia,
-
brota
para tus labios,
-
para
las cuatro esquinas
-
de tus
ojos
-
para el
perro sin nombre
-
que
espera tu llegada
-
-
Bendita
la palabra
-
que
resume
-
tu
lento ahogo de esperanza;
-
la que
alaba la dulzura
-
de tu
cena frugal;
-
la que
enarcede el simple gesto
-
que
anuda la correa de tu bota.
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-
Palabra,
-
vuelo
de piedra,
-
puño y
flor;
-
de
vastedad,
-
de
pequeñez,
-
de todo
lo
-
humanamente humano;
-
de todo
lo divino
-
que no
alcanza
-
a
llenar su dimensión
-
en
nuestros labios
-
sedientos de palabras.
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-
-
- Muñeca en la
vitrina
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-
-
No sé
desde cuándo
-
el
mundo empezó a crecer
-
frente a mis ojos
-
a derramar imágenes
-
a multiplicar siluetas.
-
-
-
No sé
desde cuando
-
el
vestido que llevo
-
empezó
a impregnarse
-
de sueños ajenos,
-
de sonrisas lejanas
-
e inconclusas promesas.
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-
Nada
hay en mí
-
en
donde pueda asirse
-
el más
mínimo recuerdo
-
ni átomo que transgreda
-
la incesante quietud donde mis ojos
-
y
mi cuerpo
-
se
hilvanan con la nada.
-
-
Me
dejaron de pronto
-
en
medio de un desierto
-
poblada
de signos invisibles:
-
apenas un rictus huidizo
-
que juega a ser sonrisa,
-
un remanso de color inventado
-
en las
pupilas
-
y en la
piel
-
-sin
aroma-
-
una ausencia terrible
-
de
inquietudes.
-
-
- No
sé desde qué
-
punto del planeta
-
encarné en esta envoltura
-
exenta de pecado
-
y de los más dulces jugos
-
con que el cuerpo alimenta
-
su fugaz recorrido.
-
-
- Me
dejaron al margen
-
del gozo sensual de cada día
-
y hurtaron de mi piel
-
la sacudida ancestral
-
donde se amarra
-
la vida con la muerte.
-
-
Estoy aquí
-
-mirando sin mirar-
-
recorridos vacíos de señales,
-
tropiezos, gestos sin historia,
-
renovados laberintos
-
donde la gente y los autos compiten
-
con la lógica fría
-
de un semáforo en rojo.
-
-
-
Estoy aquí
-
-oyendo sin oír-
-
las voces absurdas de los cláxones
-
el llanto inerme de los niños
-
la frívola substancia del negocio
-
el susurro
-
la palabra soez
-
la cita presentida
-
El ahogo indeleble
del que pide
-
o
despoja por hambre.
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-
No sé
desde cuándo
-
fabricaron mi sombra
-
ni la aureola de sueño
-
-familiar y apacible-
-
que circunda mi frente;
-
-
-
-
Ni en qué turbio momento
-
amarraron al tiempo
-
y a mi cuerpo sin vida
-
sin fragancia
-
sin sangre
-
a todas las mujeres de la tierra.
-
-
-
Estoy aquí
-
-mirando sin mirar-
- a
las niñas que suspiran
-
por mecerme en sus brazos
-
renovando el sarcasmo
-
de las cortas ideas y los largos cabellos.
-
Sin embargo
-
la fábrica
-
no me dió las lágrimas
-
ni la ira
-
para llorar con ellas
-
esta afrenta de siglos.
-
-
Desde mi mundo
-
irremediablemente inverosímil
-
rodeada de abalorios
-
y amigos sin raíces
-
Me aferro al tiempo
-
sin saber que existen los
relojes
-
y miro sin
mirar
-
-en mi vitrina-
-
el viejo péndulo
que
-
amarra la palabra
-
de
-
-
este cuerpo sin alma
-
- que
solloza.
-
-
-
-
-
Nos
habita el paraíso
-
-
-
En
nuestros templos
-
habita el paraíso:
-
profundo y claro
-
en la oquedad que dejan
-
los besos
-
y el temblor de espasmos milenarios.
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-
-
Ahora
-
el
fuego es apenas un roce
-
en la
curva del tiempo,
-
un
trecho recorrido
-
en algas,
-
tibiezas y recuerdos.
-
-
-
Nos
habita el paraíso
-
ungido de fragancias;
-
tatuamos en la piel
-
arcángeles inermes
-
y
dejamos así
-
-balsa y fuego-
-
las
próximas estrellas de quietud
-
en la memoria.
- (* de Nos
habita el paraíso)
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-
-
-
-
Luz en
contra
-
-
-
Envueltos en la sombra
-
avanzan
-
ojos,
-
luz
-
y eternidades.
-
-
-
La
balsa ancla
-
su inmóvil lucidez
-
en la
proximidad del paraíso.
-
Ahora
-
luz en
contra
-
navegan ecos nemorosos
-
y algas retenedoras del silencio.
-
-
-
Pasto
etéreo
-
retoña
-
en
olvido de sábanas.
-
-
-
Aves de
paso,
-
veleros indecisos
-
cresta y estuma
-
eclipsan su dorada epifanía.
-
-
-
Paso al
tiempo:
-
ardida claridad
-
navega en mar abierto.
- (* de Nos
habita el paraíso)
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-
-
Tierra
-
-
El sol
-
rompe su círculo.
-
-
Pedernales de cristal
-
dominan el silencio
-
sobre la algarabía de las velas
-
y
el paisaje
-
eternamente próximo.
-
-
Distantes
-
-historia o ráfaga oscura-
-
los pájaros
-
construyeron catedrales
-
en la viaje sequía de ultramar;
-
ahora
alargan sus alas
-
en pirámides
-
de vértigo
-
hacia el cielo.
-
-
-
Ahora
-
se
sublevan las velas
-
frente al sol
-
desvaído en los pájaros;
-
en el tiempo del iris
-
duplicado en los cerros
-
y en los tréboles deshojados
-
con un sabor ardiente
-
parecido al rocío.
-
-
¡Oh
victoria del ansia
-
desde la curva vertical de la ola
-
hasta la tierra
-
que tiembla por primera vez
-
en la entraña y la piel!
- (De Ultramar)
-
-
-
Espada
en tierra
-
-
Más
honda y vertical
-
que la
ola
-
primeriza en el tiempo
-
se hundió la espada en la tierra
-
-
Olvidaron la eternidad
-
de las estelas
-
y las cresterías
-
que besaron el cielo
-
surcando escalinatas
-
de ciencia irrepetible.
-
-
Dejaron
bajo el árbol de Ixquic
-
las siete calaveras de
-
ultramar
-
y las
siete virtudes con las que el ángel
-
de la bola de oro
-
empeña su palabra.
-
-
Negaron
la sabia geometría
-
de los templos
-
la fragancia suspendida
-
en las
flores del jade
-
y las palabras del glifo
-
que rumiaba silencios.
-
-
Más
honda y vertical
-
que la ola primeriza
-
cayó la espada
-
sobre los hombres
-
que dieron redondez
-
al círculo eterno de la
-
tierra.
- (De Ultramar)
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-
-
-
Hijo
del sol
-
-
Turbio
de soles
-
desenvuelve su melena
-
de rayo y tempestad.
-
-
El
férreo estandarte
-
sacude entraña y virgo
-
de lunas primigenias
-
e
hilvana terremotos
-
desde la última sima
-
donde Abel recupera
-
la quijada del buey
-
y los frutos ambiguos de la muerte.
-
-
Turbio
de soles
-
-cometa vulnerable
-
usurpa el fuego de los dioses
-
para quemar a los dioses
-
que tienen en sus llagas
-
testimonio
-
del fuego de su paso.
-
-
¡Oh
capitán
-
de mástiles violentos:
-
dura entraña se quema
-
en el sol de tu nombre
-
y por tu nombre,
-
capitán
de ira impostergable,
-
de amarilla crin rebelde
-
que ruge en el rojo
-
de todas las colinas
-
de sangre indescifrada!
- (De Ultramar)
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