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- Memorias de infancia
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Sucede que a veces
- ella
tiene un ángel seco para adorar a la tristeza:
- la
veo infinita,
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enamorando cedros para sus ojos de pájaro
- y
acunando trigales en sus cabellos.
- Sucede que a
veces
- ella
despierta los ecos
- y les hace
parir voces melancólicas:
-
abren sus alas de viento
- y se
alimentan del surco de arena que se dilata por sus labios.
- Y
puedo verte,
- en
las noches tapizadas de luciérnagas,
-
mientras endulzas
-
sombras de duendes y castillos encantados:
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ahora merodeo como un gigante,
-
sobrado de cenizos cielos,
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siendo infante que devora pedacitos de recuerdo.
-
Sucede Madre
- que
ahora tengo las manos llenas
- de
este sabor a niebla que va oxidando tu arcilla,
- y
así, detrás del agua que apaga tu sonrisa,
- del
tiempo urbanizado por los recuerdos,
- hay
tantos rocíos que bañan la ausencia,
-
tantas caricias mimadas por la nostalgia, y tantas cosas,
- que
el recuerdo de una sonrisa tuya
- basta para no olvidarlas.
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-
Oceánica
-
"… mi única patria, la mar".
-
José de Espronceda.
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Necesito un oleaje donde enterrar un sentimiento furtivo.
- Una
ola de música sonrojada que deje escribirse un silencio.
- Ahora
soy de nuevo agua:
-
salobre alegría tatuada sobre tu beso.
- Calla
de pronto el azul líquido:
- Se
pobló de soledad
- y
pasea su lengua marina por entre los huesos.
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Preciso de una ola donde rasgar una infancia caduca.
- Una
ola turbulenta que deje arrullarse una nostalgia.
- Para
viajar este mar no necesita marea,
-
avanza sigiloso trazando caricias azules,
-
besando la espuma en un infinito compás de espera.
- Ahora
deseo dormir
- pero
se crispa el sueño como un dolor enroscado,
- se lo
devora la arena mientras lapida
- los
híbridos gestos de tu ausencia.
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Necesito una tan sola ola que desee mecerse sobre tu aroma.
- Una
ola que añore el zarpazo de tu evocación.
- Entre
el mar y el cielo la noche fue oprimiendo la playa,
-
vislumbrando un quejido de la memoria
- y un
omnipresente latido de un sentimiento.
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Súbitamente esto soy ante tu color de puerto:
-
palabra náufraga que persigue el solitario ocaso de tu recuerdo.
-
Retorno a este mar al crepúsculo de una fábula.
- Mi
sombra se detiene sobre su espuma
- y se
posa en la arena sumida en un yodado letargo.
- Mi
corazón gotea caracolas de melancolía:
-
agoniza sobre la sábana líquida del océano.
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-
Variaciones sobre un mismo tema
-
“Yo
vivo en mi propia ausencia, ausencia solo mía,
- nadie tiene cabida en ella”.
- Marcela Serrano
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- Vida inerte que
se desliza por mis huesos,
- donde mi llanto
desnudo es castrado de consuelo,
- ante la quimera
de ser la heredera
- de tu pecho
desnudo y tus ojos negros.
- Vivo porque me
abraso,
- porque anhelo
vivir, porque deseo morir
- y tatuar con
lágrimas tu silencio.
- Déjame ser
sombra que nazca sobre tu boca:
- lentamente y
paso a paso
- como un incendio
de mariposas.
- Déjame ser
sombra y me posaré en tu letargo:
- hambrienta de la
espera y rígida del cansancio.
- Seré sombra
muda, anónima,
- soledad y vacío
que carcome los huesos,
- vena herida que
ate con sangre el otoño de tus cabellos.
- Déjame ser tú,
tu savia,
- río con emoción
de tormenta que se dispersa.
- Que sean tus
labios sangre en puntillas,
- primavera que
muere o sueña,
- endiablada miel
volcada sobre mi marea.
- Perversa, suave
y triste boca-amapola
- que de mi sombra
da caza,
- que desayuna de
madrugada mi corazón.
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-
Vacío
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- Mis ojos se posan
- en la estela disfrazada de
ausencia
- y siendo sangre anónima
- reventará soledad como mariposa de
sombra.
- Su lluvia alertará mi espera
- donde se asfixia la pupila que no
conoces,
- húmeda, virgen,
- igual que el placer
donde habrán de exiliarnos.
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Sucede que ahora añoro
tatuar el silencio
- que te menstruó la pureza,
- pureza vestida de noche suicida,
- de
beso pensativo,
-
de sueño coagulado.
- Su estallido humano callará mis
fantasmas;
- saciará de voces desnudas al
instinto.
- Y sobre tu sexo de miel desbocada
- parirá estrellas sobre lo que fue:
- simplemente, un vago recuerdo.
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- Vuelo final I
- "Todo es sangre o
amor o latido o existencia"
-
Vicente Aleixandre
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- Abrir ahora el cielo todo.
- Hoy a la quejumbrosa brisa voy a
decir:
- amor es humedad y sollozos...
-
humedad disfrazada de ausencia,
-
sollozo ausente de consuelo.
- Hecha de nuevo patria nocturna,
- hecha bocanada de pájaro,
- tengo el corazón opaco de raíces
- y tengo mi vuelo rodando
- en esta vorágine de recuerdos.
-
- Inútil es tener los labios
henchidos de estrellas,
- dormir con la luna inerte dentro
de los huesos:
- quimérico es ya desear pescar el
viento,
- estéril es ahora el batir del
plumón
- que abriga a esta soledad que
desconozco.
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- Aquí, hecha del silencio vagabunda
morada,
- todavía consigo evocar tu
pensamiento:
- perenne tristeza que me envía su
saludo lastimero.
- Acaso la nostalgia esté venciendo
- (para deshojar los labios, para
esconder la sangre)
- tal vez se ha sumado a este viaje
- y va dejando estela,
-
haciéndose gris,
-
y dejando eco.
-
- Qué gélido vacío
aspiro
- en este vuelo desplegado como
farola.
- Qué congoja la de estas alas
abiertas al horizonte.
- El amanecer se descuelga sobre tu
sombra ausente:
- arriba la certeza de saber que muy
pronto
- he de aprender a sollozar en
tierra.
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-
- Vuelo final II
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- No eres tú muerte,
- orquídea de
pétalos destronados,
- la que el
condenado a praderas
- lleva entre los
ojos ausentes:
-
es un triste vuelo de
ala truncada,
-
un beso de piedra
vacío de viajeros
-
o el frío azul que se
olvidó en el vientre.
- Puse la frente en
tu espuma profana
- y atravesó el
granizo mi máscara férrea;
- sin campanas,
- sin
insectos,
-
sin alma,
- sola fui lo que no
pudo renacer:
- una nueva patria
del silencio.
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-
Corpus nocturno
-
“Ya lo he
dicho. No duerme nadie”
-
Federico García
Lorca
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Soy yo ante tu color de puerto:
-
rodeada de gemidos sin voz,
-
de pesados suspiros
-
envueltos en sacrificio.
-
Bajo mis sábanas esos ríos
heridos
-
pasan cargando risas
huracanadas,
-
nidos de orquídeas desnudas
de sangre.
-
Y el espanto cuelga del
aire:
-
se esconde de la vena
enlutada
-
que se profana en llanto.
-
Porque solo una vez
-
llega el corazón opaco
en sus raíces,
-
llega el polvo con
los ojos desabrochados,
-
llega un verso
sumergido en sus noches de histeria,
-
llega un
día desnudo de silencio,
-
llegan las sombras con traje estrellado,
-
y los
huesos llegan castrados de protesta.
-
Ahora quiero dormir
-
pero se crispa el dolor
como un sueño enroscado:
-
se lo devora la hora
-
y esta frente hilada con
ceniza y mortaja.
-
Esto soy ante tu color de
puerto,
-
ante tu trébol
fatigado,
-
ante
el llanto de hojas secas,
-
ante tu voz de sexo ahogado.
-
Y a tu congoja,
-
a tu aceite de noche
detenme
-
para hacer sal de la pureza
-
mientras dormimos,
-
agonizamos,
-
y callamos.
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