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Esbozo biográfico
Carmen Parra.
Nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 7 de enero de 1966.
Es madre de tres hijos. Educada en un ambiente muy religioso, cursó
sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal,
descubriéndose como una expresión de las bellas letras.
Desde muy
pequeña sintió fuerte pasión por el canto y las artes. Motivada por
su madre llegó al coro de Catedral Primada de América, paseándose,
posteriormente, por diversos escenarios de la noche dominicana.
Escribe poesía en el espacio de tiempo que le deja su ocupación de
trabajadora social. Libros editados: El cuarto Rojo, editorial
gente, República Dominicana, 2005.
Selección
Poética
Libro:
El Cuarto Rojo
Nada hay tan
dulce como una habitación
Para dos, en
un hotel tranquilo,
Y parejas
dudosas y algún niño con ganglios.
Jaime Gil de
Biedma
En qué
puerta, en qué boca introducirá
Ansiosa esa
lustrosa cima.
Ana Rossetti
I
Ella que por alguna vereda
Había venido
Con la
sonrisa que le asiste,
Aún guarda en
sus ojos la noche.
Ella que se
estremeció de besos
Y se llenó de
hombre,
Ese que ama
ella,
El que llegó
como llega el recuerdo,
De repente y
la inundó como
La mansa
Y ciega caída
de las hojas.
III
Si en tu cogollo
Existiera
La
posibilidad de habitar,
En tus
hombros
Haría morada,
Con el riesgo
de que
Al treparte,
resbale y caiga
En la altura
De tu
profundidad,
Y luego
Me encuentre
sin mí.
VI
Fumo un cigarrillo y pienso en ti.
Con el humo
escapo al aire,
Vuelo hasta
llegar
A
transformarme en el oxígeno
Que te
permite respirar.
Aprovecho tu
descuido y pienso en ti.
VII
Para ser el primero
Deberás ser
el último
Y el servidor
de todos.
Vive una vida
de servicio.
Tú tienes
mucho dentro de ti
Que dar a los
seres
Que amas; los
que te rodean
Y lo más
importante
Es que no
puedes empezar
Hoy mismo.
Ahora
No lo
postergues
Mas!
VIII
Penétrame…
Tan profunda
que haga explotar esta
Mina de
deseos comprimidos.
Que me haga
brotar espumas
De placer.
Esa que has
Aspirado con
tu boca,
Que es uno de
mis mayores goces,
Cuando
disfruto de ella creo estar
Comiendo una
que otra fruta
En el edén de
mi jardín.
En esta
penetración
Iré hasta tu
abismo,
Luego de tú
haber explorado el mío,
Tomaré el más
bello de los corales
Con el color
propio de una preñada
Noche de
locura y pasión.
XI
Amanece.
En la prisión
que me asigno
A mismismo,
al no permitirme
Ser cual
gaviota y hacer surcos
Con los
colores de uno
Que otro
arco;
Ese que vemos
luego de la lluvia,
Como gratitud
del creador.
Vuelvo pues a
mirar el cristal
Con mi
reflejo,
Y hablo cual
desconocida
Le repito una
y otra vez,
Te quebraré
para ser libre y volar,
Volar hasta
encontrar
Alimento y
fuego
Porque el
invierno es cruel
Y estoy sin
abrigo.
Alzo mis alas
y aquí estoy
Volando con
alas propias,
Ya no más
alas prestadas.
XIV
Duele la noche
Escribo un
sueño,
Sueño un
cuento,
Cuento y
canto,
La luz me
baila.
La música
En cuerpo me
sonríe.
Aplaude el
viento
Mi paso.
La voz del
aire
Me habla, me
toca
Y bailo
La triste
danza
Del silencio.
XVI
Amo lo que soy,
Lo que eres,
Lo que somos.
Odio lo que
miras,
Ese paisaje
Dormido, como
tu voz
Que se
deshace.
Tocas y bailo
Tu música
Que me llueve
y me moja,
Me palpita y
me vive,
Donde
desnuda, desfallezco
Y muero.
VIII
Noche de vértigo y sombra.
La música
inclemente
Menos dos
ojos miran el ansia
Bañó con
leche su cuerpo,
Sándalo
encendió su piel.
Fue
deslumbrante y cruel su mano;
Lienzo que
tembló y cayó
Entre mesas y
sillas.
Luces de
colores perdidas
En la ilusión
del trompetista.
Baila con su
máscara de sombras
Y silencios.
Sigue la
danza.
La música del
aire la domina,
La margarita
la embriaga.
Baila la
palabra y la viva música
Del agua.
Cuerpo perdido.
Manantial
doblado, pierna abierta,
Mono tocada,
labios de agua en el
Borde de la
sombra.
Acaba la
música, pierde
Su encanto la
noche.
Abre sus
ojos, vuelve al mundo
Y la luz
duele.
XXII
Quiero penetrar en ti,
Que tu rostro
me llueva,
Que tu lengua
como seda
Me seque
Muy adentro
las pupilas
Dilatadas:
las tuyas y las mías,
En esa fogosa
pasión
Que moja mi
hueco.
Ahogada sin
aliento
Me has dejado
después
De aspirarme toda.
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