Carmen Díaz Margarit

 


Fotografía propiedad del autor
 
 
 

 

Esbozo biográfico

 
Carmen Díaz Margarit (París, 1961). Doctora en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesora de Universidad y de Enseñanza Secundaria, especialidad en Lengua y  Literatura Española. Tiene en su haber numerosos artículos y ediciones, especialmente sobre poesía española del siglo XX. Como poeta, ha publicado los siguientes libros: 
 
·         Gacelas de la selva alucinada, Colección Adonais, Madrid, 1991.
·         Perfil de sirenas, Primer Premio IX Certamen Internacional de Poesía Barcarola, Albacete, 1994.
·         Orlando o el desconcierto de las alondras, Finalista del Premio Gil de Biedma 1998, Ayuda a la creación del Ministerio de Cultura  de España 1997, Calima, Palma de Mallorca, 1999.
 
Figura en diversas antologías poéticas y ha colaborado como poeta y crítica en diversas revistas culturales y literarias españolas. En breve se publicará su poemario Donde el amor inventa su infinito.

 
Selección Poética
 
Gacela entregada
 
Tu risa es una desbandada de aves azules.
 
Tu cuerpo es la selva del universo,
y en tu vientre duerme un pájaro blanco.
Por tu espalda está bajando
una bandada tierna de palomas.
 
Eres todo de espuma
como los niños muertos a las orillas del mar.
 
Te pertenezco tanto
que en mi pecho tu ausencia es sólo herida.
 
 

 
Gacela de la cueva rumorosa
 
No conozco cueva alguna
que tengas más recovecos
ni más ciervos, ni más hadas
que la tuya, amor mío,
que la mía.
 
 

 
Gacela del insomnio de Polifemo
 
Sólo un ojo inmóvil
observa cómo le aumenta
la dimensión de su párpado,
y en cristales,
ese párpado indomable,
de repente,
arrastrado por el caos,
se convierte en diamante,
en un cuchillo de cristales,
y de ríos sin orillas
que nos cuentan
cómo los nenúfares viven ahora en mares,
donde el murmullo, los tigres y los cristales
flotan en sus aguas sin fondo,
y de hilos transparentes
que dirigen al ojo,
ahora pálido y blando,
hacia laberintos de visiones circulares,
que infinitamente le conducen
a una mano que le tiende
al precipicio del único hilo transparente,
y esa mano que lo envuelve,
erizando su piel frágil,
es la mano traidora de Galatea,
la última presencia infantil de su inocencia.
(De Gacelas de la selva alucinada, Adonais, Madrid, 1991).
 
 

 
Sirena de la selva
 
El agua inundó la selva alucinada
y crecieron escamas en las yeguas.
 
El paraíso anida hoy en nucas y barcas celestes.
 
Pregúntale ahora a los brazos de los pájaros dormidos
si el amor existe.
Hoy quiero declararte mi amor.
 
Murmullos de sirena sólo se escuchan cuando tu cuello se
abandona en mi hombro.
 
Sólo tu ausencia es triste como los lagartos.
 
Sólo quien te haya amado puede sentir
porque sólo tu pérdida es inmensa como el océano del dolor.
 
Pregúntale a la risa de los nardos si existe la alegría.
Dirán que la alegría sólo la conocieron en tu pecho
desvalido, dulce y tremendo.
 
Yo te amo,
Y ese amor se engendró en mi garganta.
Tu amor es tempestad que estira de un barco
hacia la inmensidad,
pero también seguro, como el alivio del cielo.
 
Eres como un pirata perdido en una selva de agua
y tus párpados sólo son ternura.
 
Tu voz suave es melodía de espaldas amarillas
y de axilas que laten como rosas antiguas.
 
Encántame.
Cuéntame un cuento de lunares salvajes,
y de Sevilla y Málaga entre rejas.
( De Perfil de sirenas, Primer Premio IX Certamen Internacional de Poesía Barcarola, Albacete, 1994).
 
 

 
Un hombre de color llega sin alas
a la meta del hambre y de la muerte.
Es un ángel desnudo que desafía
La velocidad de las alas.
 
Selva de África para turistas boquiabiertos.
 
Dos niños, nenúfares de tres años,
parece que duermen en la selva del desierto.
Un hacha les ofrendó la eternidad del sueño.
 
Una mujer, sentada en su trono de polvo,
ofrece su pecho a un niño hinchado de metralla.
Todo muy europeo.
 
Burundi es un cementerio vivo
de ángeles mutilados,
de cadáveres de color amatista
 
 

 
Los lunes, Orlando se suicida como Píramo.
Tisbe le imita los martes.
En Hiroshima nacen todavía hijos de la bomba atómica.
 
El miércoles, Ovidio se disfraza de Cupido.
Eneas mata a Dido los jueves.
En el mundo hay miles de millones de pobres.
 
Los viernes, Ulises sirve de cena el ojo de Polifemo.
En Moscú los mendigos se alimentan con carne humana.
 
Melusina, los sábados, es serpiente de cintura para abajo.
En el mundo hay miles de millones de mujeres castradas.
 
Los domingos es Marta de Nevares
una gacela de la selva alucinada.
 
En la guerra de los Balcanes,
todos los días Sísifo dibuja su pregunta.
(De Orlando o el desconcierto de las alondras, Finalista del Premio Gil de Biedma 1998, Ayuda a la creación del Mº de Cultura 1997, Calima, Palma de Mallorca, 1999)

 

 
 

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