Bernardo González Koppmann

 

Antología poética

 
 

 

 
Me aburren los poetas llorones

 
La tarea de los poetas es pajarear
                                   P. Neruda  
 
 
Es mejor
en vez de buscar culpables
a diestra y siniestra
de nuestra contumaz falta de asombro
en vez de agregar otro suspiro
a esta larga noche de impudicia
en vez de pretender la salvación del hombre
con ecos de estertores emitidos desde el púlpito
como si ello fuera un acto decoroso
como si la hermosura naciera de la bilis
es mejor, es mejor
en vez de llorar tanto, digo
leer a los inefables pájaros
cuando dibujan en el aire su pequeño poema
ese vuelo fugaz que nos percude el alma
© Bernardo González Koppmann
 
 
 
El pueblo

A Elias Letelier
 
Hay una manera de ser
que madura hacia adentro:
el fruto es su momento
un pájaro es el aire
 
Hay una lentitud en los caminos
que se puede prolongar de tiempo en tiempo
hasta que se acostumbre a la intemperie
a ese andar que tienen las palabras
 
Hay una rebeldía en cada cosa
buscando su canción, su agua
porque duelen los gritos de las piedras
cuando ya nada vemos, nada oímos
 
Hay una desnudez en la porfía
que sufre su respirar, su nombre
es una herramienta que callada espera:
somos hijos de nuestras propias manos
© Bernardo González Koppmann
 
 
 
Origen del silbo

 
         
         “El solitario reconoce
                                                una voz entre las sombras”
                                                                   Cesare Pavese
 
 
Mis sueños brotan de las míseras piedras
que pisan los ganados y las horas secas
- el aire es una canción sin voz
sendero agreste que viene por el valle
cuando el atardecer es un prodigio -
Así, lento, palpo la primera inocencia
niña de tus ojos, la sabiduría del hueso
la vieja sencillez de las cosas usadas
porque no todo yace en la lujuria ni
en las despiadadas fauces del capullo
Necesaria es la piel y el sudor y la sangre
para que ahí navegue la preciosa mentira
de sentirnos carozo en el perfume, ay
pero, aves de paso, dejamos el vacío
lleno de algo: un silbo, acaso otra palabra
© Bernardo González Koppmann
 
 
 
 
Li Po conversa con el viento
                  
 A Ramón Riquelme
 
Yo escribo para el que pueda leer
como quien escucha a un pájaro en la rama
pero quién escucha a un pájaro en la rama
quién siente caer gotas de rocío desde el pétalo?
Yo escribo para uno o dos amigos
que de tarde en tarde nos llamamos por teléfono
o salimos a los alrededores de la ciudad a mirar valles
amapolas, puentes, bosques de pinos
donde se ocultan amantes furtivos
o celajes detrás de montañas azules
Pocos tienen hoy el pudor de callar
Muchos van de puerta en puerta ofreciendo sus ojos
por un resto de agua, apenas por un pan
que olvidado endurece su gesto primitivo
Yo escribo para nadie
como quien lanza al viento palabras desde el púlpito
en la nave vacía de una iglesia rural
y éstas caen y se duermen sin que alguien escuche
el gemir de los muros
la canción del visillo
el himno del carbón
así, después de siglos, un eco se repita
en el cajón oscuro donde espera otra voz
Yo escribo para mí
cuando estoy solo
como quién habla a un pájaro en su árbol
pero quién atina a sentarse bajo un árbol?
© Bernardo González Koppmann
 
 
 
 
Canto de la herida tenaz
                  
  "Existe sólo una mujer en el mundo,
una mujer con muchos rostros"
 N. K.
 
Hay mujeres que duelen, así pasen los años:
la muchachita siempre lejana, rumorosa
que cruzó descalza el paisaje
y se llevó mi adolescencia
la fruta silvestre abriendo su carozo
en las infinitas siestas de la aldea
la novia azul tendida sobre el piano
de su piel transparente salieron mis pupilas
y la desconocida que borda su soledad
bajo un árbol florido simplemente desnuda
como una mariposa sedienta de rocío
Hay mujeres que amo, así pasen los días
cuando cae la tarde en las playas del sueño
y vuelven a musitar sus rostros invocados
en lentos labios húmedos que rondan mi secreto
al amparo de un canto que nos deja más sabios
Y hay mujeres calladas, sentadas junto al fuego
que guardan el perfume de las cosas antiguas
el nombre de la aldea en sus huesos cansados
esperando en silencio que la muerte sonría
 © Bernardo González Koppmann
 
 

 

Canto al Descabezado Grande
                  
  A José Aliste
 
Jadeante aún, sin aire en los huesos
dentro del cráter, pienso:

Antes que se poblara el territorio
con silencios traídos por el puelche
antes, mucho antes, que los hombres de la tierra
llegaran desde donde nace el sol
y se quedaran entre los árboles más antiguos
amansando sus herramientas
antes que los caballos galoparan sobre el trigo
y la locomotora espantara a las perdices
antes, digo, que naciera todo remordimiento
tú, Padre Volcán, purificabas los contornos
lanzabas hacia los pastos de otros valles
fecundas aguanieves
ensanchabas los ríos que bajaban al mar
con pómez, lamas burbujas
y hoy nos descubres tus hondos barrancos
para que trepemos desvencijados hacia los vahos
de azules termas donde maceramos
estas intrusas palabras manchadas de sangre
Jadeante aún, sin aire en los tendones
dentro del cráter, sueño
© Bernardo González Koppmann
 
 
 
 
La eternidad es simple

 
 
A los N. N.
 
Amor           
aquí ya bajo tierra
tendido frente a la noche sin término
desnudo como un pétalo
te digo que la vida es hermosa
Las células muertas gritan en la piel
su lenta excavación hacia un abismo
que cae lento, lento, al cielo
y, sin embargo, te digo que la vida es hermosa
En profundo silencio, diluyéndome
oscuro, aún pienso en ti
y como un náufrago a la deriva en alta mar
arrimado a los huesos
con mi última señal hecha lucero
te digo que la vida es hermosa
Amor
por sobre este efímero paso por el tiempo
sin premura de ser, acaso informe
a todo lo que nos era imprescindible
mientras tenga sentido algún recuerdo
que también se me escapa
te digo que la vida es hermosa
muy hermosa
                        hermosa
                                         hermosa...
© Bernardo González Koppmann
 
 
 
 
Morandé 80

 
           
   A Fernando Hermosilla
    + 2004
 
 
Aún escucho la voz de Allende por la radio
llenando mi anhelo de banderas
de murales proclamando la reforma agraria
de trenes llenos de vacunos
Cuando hojeo diarios viejos
y lo veo sonriendo en los balcones
con su dedo índice rayando el cielo
de blanco delantal
de guayabera
disparando al aire
a la luz de la luna
el alma me dice que era bueno
que era un hombre especial
un carismático
mi compañero Presidente:
“Viva Chile, viva el pueblo
vivan los trabajadores...”
Pero todo es un mito
Hoy la realidad es diferente
hemos conocido la maldad
del Traidor en carne y hueso
y esto y aquello otra vez nos recuerda
que la violencia es la partera de la historia
© Bernardo González Koppmann
 
 
 

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