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Rubén Oyarce
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| Antología poética | ||
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LLANURA
El horizonte de los ciruelos ya esta en flor
EL arcángel
con mejilla de lirio ha llegado
El ímpetu me
sofoca y con mi voz respondo a este claustro.
No te alegres
en el humo inconcluso
porque el
tiempo nos transformará en estatuas de sal.
Las cenizas
ocupan ahora la mente del hombre
heredan los
disfraces de la roca y del lobo
y de la vida
los últimos desechos.
Con rapidez
profana diré
unas últimas
palabras
aunque en la
llanura se ocultará mi propia sangre.
RAYO DE LUZ
Me imagino a
veces resbalando desde una montaña con un bosque encendido en llamas. se trata de la fascinación que tengo por mirar objetos un voyerismo de loco así como veo las calles llenas de gente inexplicable y corro desesperado por las páginas de los calendarios me miro tres o catro veces en el espejo y escondo de vergüenza mi rostro porque un rayo de luz inunda mi cerebro. NOCHE PERPETUA Infinito paisaje de olvido que disemina la clara extensión de su reflejo no existen más que las sombras y sus desvelos. Allí anduve enloquecido entre el terroso armazón de las terrazas y la espesa niebla mañanera La bestia de las tinieblas se desmontó de su corcel de plata y azabache en el lugar de nuestros lejanos sueños y desorientó con sus pasiones los cuerpos durante una perpetua noche. BANDONEON En los anocheceres salimos, a encontrarnos con los orates a la luz de la luna caminábamos por Boedo hasta llegar al bar de los recuerdos en San Juan El más loco de todos inventaba las brasas del fogón y respirando profundo sentíamos el olor de la ceniza mientras los demás vigilaban que no se les escapara el alma. Después de unas horas de silencio sonaba lejos un bandoneón y como si fuera un sueño recuperábamos poco a poco la memoria. ARRABAL Yo soy del arrabal más oscuro, de las casas más humildes donde termina el empedrado de las calles de barro sin aceras de las noches de aflicción con broncas y borracheras de la región del hambre donde los pibes sufren frente a una olla de desechos y miserias. Mi madre me dijo que nací en el lodo cerca de la alcantarilla más confusa en la última barraca de los desamparados en una tarde cuando ganó Boca. Yo soy del suburbio más mersa, de las casas más modestas donde se liquida el pavimento de los callejones de plasta sin veredas donde ya no hay lamparitas sino una esquina de pobreza. NOCHE DE LUNA Una noche de luna en los arroyos de la niñez los pies húmedos al salir de la pileta y mi mano atrapando la mano de mi viejo en San Antonio de Areco Hoy el tiempo es sólo una mueca torcida un naufragio que se arrastra con la vida después de una tormenta. SEMAFOROS En un vendaval de pesadillas los sueños se burlan atravesando el pensamiento, circulando como calesitas de colores en un gran parque de juegos. Las preocupaciones son tan normales como un viaje en colectivo entre dos paradas. La intimidad se pierde entonces entre las calles se llena de gentes y de semáforos. En un huracán de disparates las ilusiones se extravían cuando cruzan la mente. MUÑECAS En los tardes de verano encontrarnos a los cafishios de la calle Santa Fe recorriendo las cafeterías con sus muñecas a la busca de algún viejo petitero que ande a la deriva y con guita es como volver al siglo XX a los tangos de Razzano y Lepera En los anocheceres de verano los rufianes y caralisas de la calle Santa Fe circulan por las confiterías con sus maniquíes tras la pista de algún anciano cajetilla que ande al garete y cargado a la mosca es – así como lo veo - volver a la chantada y a los tangos de Canaro y Pugliese. RECUERDO Los recuerdos me juegan una mala pasada Recuerdo a veces el porvenir con los ojos abiertos como sueños transformados irrealidad que se confunde tenuemente con la más abyecta locura. Por eso mejor recuerdo el pasado porque el futuro a veces es sinónimo de demencia. CONVENTILLO Me quedé un día viernes de improviso sin fasos y sin mina a quien hincarle el diente en un viejo conventillo de San Telmo luego de un terrible cataclismo. Salí a la calle como loco en busca de un amigo pero me encontré con puros fanfas y trolos de pavura. Perdí entonces la fe en mí y me llené de mufa y quise volver a mi casa de pibe, pero estaba estupefacto en plena calle Corrientes sin un mísero mango en el bolsillo en medio de extraña gente. Me ocurrió un día viernes (de la noche a la mañana) después de una espeluznante tragedia en un estropeado caserón de San Telmo que resulté sin puchos y sin minerva.
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