Antonio Cali

 

Antología tercera
 
 

 

 
De a poco el sol apareció,
como un barco rojo.
El autor
 
 
 
1
 
El viento:
un ejército de jinetes invisibles
El viento: empuja, choca
con todas las cosas se mete.
El viento:
una hélice que cava un túnel en el agua.
 

 

2
 
Hay un desierto reconocido por la arena,
un cielo paciente, guardando agua,
una carta sin terminar en cada mesa,
un mar sin olas donde van a morir todos los peces,
un jardín escondido, donde no llega el otoño.
 

 

3
 
Esta tarde se alargan los sonidos.
Parece escucharse la voz del suicida que murió de dolor.
Se encendieron los faroles en la calle, y los peces
resbalaron hasta el fondo del agua.
 

 

4
 
En el límite tanta muerte, tanto cielo rojo,
tanta mancha de sangre.
Tanto límite ...
 

 

5
 
Hoy, me parece importante el árbol de enfrente
saliendo de la tierra tierna del mundo,
mientras sus raíces siguen enquistadas
como un ancla buscando también su agua.
Hoy, creo que ese árbol de enfrente tiene la bondad del pan.
A través de la ventana no puedo explicarme tanto misterio.
Por eso resisto, agarrado, a este pocillo de café.
 

 

6
 
El último vaso de vino, volcado
sobre la mesa parece la noche, extendida
como una red puesta a secar.
 

 

7
 
La vida del hombre tiene el espesor
de la lluvia.
El destino del hombre tiene sólo una parte
de la luz.
La muerte del hombre tiene la penitencia
de su alma.
 
 
8
 
Este día es una copa transparente,
pero tiene el cielo encerrado en una caja.
Y estoy aparte,
mínimo,
arrinconado,
como un ojo que no sabe
llorar.
 

 

9
 
Una línea perpendicular baja del cielo
y el espacio que separa, ahora se une.
Termina su cuerpo en la tierra y rebota
creando este viento, este aire verde.
 

 

10
 
Hay un rincón para los insectos,
los grandes concertistas nocturnos.
La noche y su sangre negra conoce las partituras y
simplemente, las escucha.
 

 

11
 
El cielo parece un paraguas agujereado.
Dicen que la noche es del mismo color que las estrellas.
Todo el resto es pura escenografía.
Por eso parece un paraguas agujereado y se oye
caer el agua.
 

 

12
 
La medianoche se adelgaza
hasta el segundo exacto del otro día.
En su superficie negra, perforada
por espinas blancas, un ala, casi celeste,
nos dice que el cielo no está en venta.
 

 

13
 
Si pudiera
entender qué gestos me faltan, encontrar
el equilibrio de la balanza rota, saber
la mentira de los santos de yeso.
Si pudiera ...
 

 

14
 
Esta lluvia tiene la delicadeza de un agua
pobre de cielo.
La manzana sin luz que es el planeta,
pasa con sus guerras, sus muertos
y sus documentos inútiles
 

 

15
 
El trabajo del invierno es duro.
La ciudad funciona a gas y leña
y tiene chimeneas como hocicos levantados,
que echan su aliento desde su intestino caliente
a un cielo sin estrellas.
 
 
16
 
Esta es la esquina donde la ciudad pivotea.
Bebo los líquidos de la noche y me voy caminando
hacia atrás, como una rueda
que se incendia, sin remedio.
 

 

17
 
Tu dolor,
un eclipse fantástico,
una aguja de luz,
otra rosa golpeada.
Tu dolor,
la fuerza de los ríos y sus pendientes.
 

 

18
 
Llueve vertical en mi cabeza y mi ojo,
- que siempre miente -,
se inunda de / con una lágrima y tu mano
limpia, me recobra del sueño.
 
 
19
 
La tierra se abre como dos manos.
Una luz bebe lo que queda
de nosotros.
 
 
20
 
El cielo besa mi ciudad con una garúa tibia,
enviada por San Pedro o Satanás.
El cielo me besa.
Me besa a mí y mis pecados.
 

 

21
 
Como piedras nocturnas, estos días
opacos y estas gotas de vino
negro, caen de cabeza dentro mío.
Esta noche caerán también
ángeles de alas rotas, blancos como el cuarzo
- o pálidos de muerte -, a beber conmigo.
 

 

22
 
La tarde se estira, larga en mis ojos.
Lo breve en lo eterno.
Nada más.
Silencio.
 
 
 

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