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De a poco el sol apareció,
- como un
barco rojo.
- El autor
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1
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El viento:
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un ejército de
jinetes invisibles
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El viento: empuja,
choca
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con todas las
cosas se mete.
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El viento:
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una hélice que
cava un túnel en el agua.
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2
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Hay un desierto
reconocido por la arena,
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un cielo paciente,
guardando agua,
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una carta sin
terminar en cada mesa,
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un mar sin olas
donde van a morir todos los peces,
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un jardín
escondido, donde no llega el otoño.
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3
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Esta tarde se
alargan los sonidos.
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Parece escucharse
la voz del suicida que murió de dolor.
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Se encendieron los
faroles en la calle, y los peces
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resbalaron hasta
el fondo del agua.
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4
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En el límite tanta
muerte, tanto cielo rojo,
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tanta mancha de
sangre.
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Tanto límite ...
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5
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Hoy, me parece
importante el árbol de enfrente
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saliendo de la
tierra tierna del mundo,
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mientras sus
raíces siguen enquistadas
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como un ancla
buscando también su agua.
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Hoy, creo que ese
árbol de enfrente tiene la bondad del pan.
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A través de la
ventana no puedo explicarme tanto misterio.
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Por eso resisto,
agarrado, a este pocillo de café.
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6
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El último vaso de
vino, volcado
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sobre la mesa
parece la noche, extendida
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como una red
puesta a secar.
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7
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La vida del hombre
tiene el espesor
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de la lluvia.
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El destino del
hombre tiene sólo una parte
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de la luz.
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La muerte del
hombre tiene la penitencia
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de su alma.
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8
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Este día es una
copa transparente,
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pero tiene el
cielo encerrado en una caja.
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Y estoy aparte,
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mínimo,
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arrinconado,
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como un ojo que no
sabe
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llorar.
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9
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Una línea
perpendicular baja del cielo
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y el espacio que
separa, ahora se une.
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Termina su cuerpo
en la tierra y rebota
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creando este
viento, este aire verde.
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10
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Hay un rincón para
los insectos,
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los grandes
concertistas nocturnos.
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La noche y su
sangre negra conoce las partituras y
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simplemente, las
escucha.
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11
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El cielo parece un
paraguas agujereado.
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Dicen que la noche
es del mismo color que las estrellas.
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Todo el resto es
pura escenografía.
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Por eso parece un
paraguas agujereado y se oye
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caer el agua.
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12
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La medianoche se
adelgaza
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hasta el segundo
exacto del otro día.
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En su superficie
negra, perforada
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por espinas
blancas, un ala, casi celeste,
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nos dice que el
cielo no está en venta.
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13
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Si pudiera
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entender qué
gestos me faltan, encontrar
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el equilibrio de
la balanza rota, saber
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la mentira de los
santos de yeso.
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Si pudiera ...
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14
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Esta lluvia tiene
la delicadeza de un agua
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pobre de cielo.
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La manzana sin luz
que es el planeta,
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pasa con sus
guerras, sus muertos
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y sus documentos
inútiles
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15
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El trabajo del
invierno es duro.
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La ciudad funciona
a gas y leña
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y tiene chimeneas
como hocicos levantados,
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que echan su
aliento desde su intestino caliente
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a un cielo sin
estrellas.
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Esta es la esquina
donde la ciudad pivotea.
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Bebo los líquidos
de la noche y me voy caminando
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hacia atrás, como
una rueda
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que se incendia,
sin remedio.
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Tu dolor,
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un eclipse
fantástico,
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una aguja de luz,
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otra rosa
golpeada.
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Tu dolor,
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la fuerza de los
ríos y sus pendientes.
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18
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Llueve vertical en
mi cabeza y mi ojo,
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- que siempre
miente -,
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se inunda de / con
una lágrima y tu mano
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limpia, me recobra
del sueño.
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19
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La tierra se abre
como dos manos.
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Una luz bebe lo
que queda
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de nosotros.
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El cielo besa mi
ciudad con una garúa tibia,
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enviada por San
Pedro o Satanás.
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El cielo me besa.
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Me besa a mí y mis
pecados.
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Como piedras
nocturnas, estos días
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opacos y estas
gotas de vino
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negro, caen de
cabeza dentro mío.
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Esta noche caerán
también
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ángeles de alas
rotas, blancos como el cuarzo
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- o pálidos de
muerte -, a beber conmigo.
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La tarde se
estira, larga en mis ojos.
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Lo breve en lo
eterno.
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Nada más.
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Silencio.
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