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Antonio Cali
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| Antología segunda | ||
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Geografía original I El silencio es lo más parecido a un tren solitario. Es un tren solitario cargado de memoria El silencio es lo más cercano al ojo del viento. Es el viento llegando a los rincones. El silencio es lo más idéntico al suspiro de un melancólico. Es un suspiro enrejado. El silencio es una puerta que se abre y no hay alguien esperando. Es una puerta abierta hacia nadie. El silencio es como un grito que condena. Es un grito y una condena. El silencio es el verde sin pájaros. Es un verde solitariamente solo. El silencio es un tren, es el viento, es un suspiro, es una puerta abierta, es un grito y es un verde condenadamente solo, Cuando todo deja de girar y juntamos los cuerpos. II Puse el corazón a toda máquina, las manos a toda exploración, los ojos a toda mirada, la piel a toda caricia. el cuerpo entero a todo amor. III Guardás Una luna Entre tus dedos. Soy todo cielo Nocturno Para tus manos. IV Piel donde anclo... tibio. fui buscador de tesoros abismados. en nuestras manos, enorme... la noche. V Recorrés el límite de mi existencia, y sos una cascada de caricias. Tengo el calor de tu piel, y no hay lugar para la luz, y es una agitación en la sangre, y son dos cuerpos con sus almas, asistiendo al rito de la danza. VI Para acariciarte, una tempestad de mariposas cayó sobre tu piel. VII Pensarte es una tormenta de besos, batallar en un naufragio, equilibrar la soledad. VIII Un lugar donde sumergirse. Donde las ventanas continúan al ojo, hablar en voz baja la única dictadura, la piel nuestra única voluntad. IX La noche tiene ojos de pez, olor a manzana, color de alquitrán... Tu cintura y la mía. X Tu sonrisa explota como granada o limón donde el sol cuelga su oro. Pequeño eslabón de inundación planetaria. Tu deseo es abierto como un surco que espera. XI Entre pecho y espalda tengo este corazón devorador de guerras, penas circulares, quimeras y desiertos. Sólo tu mirada lo quiebra. XII Se parte la lluvia en este lado del mundo. El fuego en su batalla ignora la humedad. Una voz distinta, me golpea en el pecho, flota y se libra en el aire. La lluvia se amanece. XIII ¿ Qué es la tristeza ?. Es el juego cruel entre el miedo y mi duda, mi sed y mi vaso vacío, el marrón incomprensible de tus ojos, mi melancolía. XIV ¿ Qué es la calle ?. Es un mundo de voces y cielo, un sinnúmero de tacos apurados, un laberinto de vidrieras vacías, un planeta con ojos abiertos. XV ¿ Qué es la soledad ?. Es la pausa de la noche, El oscuro en la carene, Una respiración agitada, Un combate del alma. XVI ¿ Qué es un pájaro ?. Es la libertad en su forma mínima, la flecha del cielo, el interrogante en la caída, la ceguera del sol. XVII ¿ Qué es el abrazo ?. Es tu corazón dentro mi pecho, un único latido, una existente comunión, llegar juntos. XVIII Tu desesperanza cabe en mi copa. La bebo despacio. Geografía original del hombre. XIX El dolor - ese hermano - va por el mundo montado en una estrella, armado... silencioso... XX Una ilusión es un caballo de luz sobre la duda. XXI La tristeza es un manotazo al corazón, una suma de siglos en el alma, el sacrificio de la poca luz que n os queda. XXII La memoria del mundo es sangre fastidiosa, un demonio viejo, otro ángel abatido, un último rayo de sol, chorreando en la pared como un hilo de vino tinto, como una delgada línea en el agua. XXIII Hay que poner el corazón de lado en ángulo agudo contra la carne y esperar. Esperar que la sangre se eclipse en el sístole próximo y regrese toda nada, toda silencio, toda todo desde la distancia de siempre. XXIV La nostalgia, - nadie sabe porqué - crece de noche en las pupilas de una lenta vejez. XXV Mi corazón suena a ciudad, a trote de walkirias. Esmeralda quemante, cielo solo, fuera de la ley de los hombres. XXVI El mundo es una biblioteca triste, lluvia delgada golpeando una puerta oscura. Un cuerpo sin gobierno. Arena historial de siglos. XXVII La noche se abre con ley botánica. Camino apretando el alma. La pregunta es un escorpión clavado a mi izquierda, a mi carne, a mi sangre. Perra ciega, haciéndose camino a golpes de piedra. XXVIII Por tanto amor estoy triste. En el pecho el silencio de una catedral a medianoche me late, lento. XXIX Los días del hombre son agua bendita, sol y desierto, lluvia negada, donde da vueltas su historia. XXX Te pido, sol, que hoy también Nos dejés girar como buitres sobre la carroña, como una historia sin piernas, mientras el planeta da vueltas, devorando ciudades en un duelo terrible. XXXI La esperanza del hombre tiene un lado secreto. Buscarlo es dejar los pasos en una vereda inútil. XXXII El sufrimiento de este mundo es una cuña inexplicablemente hundida por la maza de los hombres. XXXIII Éste es un dolor congénito. Sólo nos resta ser para contener la vida. XXXIV Detenido en la herida cambié los zapatos, no el camino. XXXV Donde muere cien veces el silencio... asombra. XXXVI La luz del día es venganza de pájaro, nombre incendiado. Flecha que perfora la cáscara del cielo. XXXVII Este invierno tiene dientes e jabalí, el frío de un olvido, muchas estrellas desnudas, demasiado alcohol, pocos zapatos y un solo silencio, irrecuperable. XXXVIII Una lágrima gris es todo lo que puedo. XXXIX Llegaste en un relámpago. Con dentelladas de hambre te clavaste a mi carne, ciego pez abisal. La voz de planeta era una curva imposible. Fuiste la manzana del pecado, el último jardín del mundo, el zodíaco del hombre, el ojo de un lagarto espantado, un plato vacío, el cimiento futuro. Fuiste poesía. XL Entro al espejo por el perfil. Viajo en imágenes usadas, Soy parte del espejo que dice la verdad. XLI Un río rojo me recorre Temblando como un alma pasada por agua. Alambre líquido ardiendo que desespera como una ciudad a oscuras. XLII No es fácil naufragar terrestre. Hay un sacudón de lluvia en la noche más noche. XLIII Las sábanas de los que duermen solos tienen algo de furia, un poco de clavera vacía, un pulmón solitario, el murmullo de una oración, muchas piernas olvidadas y algún recuerdo repentino. Pero todas las noches reviven nocturnamente. XLIV La historia le pasó por atrás, numeral de siglos orientados por una brújula indiferente. Hombre marítimo sin barco ni derrotero propio. Presagio final de un golpe de ancla en tierra. XLV La luna es una esfera de tiza. Una cansada cabalgadura celeste. Un misterioso habitante de jerarquía lejana. XLVI Estoy cansado. Es la costumbre vieja de la lluvia que regresa. XLVII Esta tarde llueve distinto. El agua son las rayas de todos los tigres que habitan el cielo, las plumas de todos los ángeles jóvenes que no comprenden su altura, o, simplemente, almas muy delgadas, cayendo... XLVIII Las nubes de este cielo parecen enormes castillos en el desorden de un espejo roto. XLIX El cielo se lamenta. La lluvia cae. Cae, molestando los ojos de los que no tienen dónde ir. Cae, como pájaros lentos, en círculos. L Un poco de lluvia entre los dedos me dice que el cielo está perdiendo otra línea. LI Ato el cielo con hilos a la tierra hasta que no sea más que un ventanal astillado. LII La escritura de la noche tiene una página aparte. LIII La noche es un golpe. Un enigma incierto sobre nuestras cabezas. ¿ Dónde se multiplica el rocío ?. LIV El horizonte es una interminable línea de ojos cerrados. LV Es en el vértice de las cosas donde los reflejos amanecen, se continúan los absurdos, siempre el agua se suspende, y la palabra... se rompe. LVI Se sale de las ausencias. Muchos se fugan en un barco moribundo hacia nada. Pasa que el agua se cansa de tanto cielo. Hay inviernos negros y ventanas rotas. Para que el tiempo ahoga a quienes no saben nadar. Pasa que hay grietas en las paredes, en la piel, en el corazón. Un desequilibrio sorprende cada fruta madura. Y pasa que siguen pasando cosas. Y pasa que volvemos a ser barro oscuro. LVII Hubo quien lo vio caminando sin esperanza. Otro dice que llegó a la frontera de los dioses desnudos. Alguien todavía lo espera. Pero es el aire el que no regresa. LVIII El sol es el ojo de un colosal pájaro celeste. LIX Si enterramos una lágrima ¿nacerá un ojo ?. LX Un ala sigue a un pájaro. Un pecho sale hacia una flecha. LXI Del hierro machacado al rojo blanco, de la locura del planeta, del vino tintorosadoblanco, de otro en mis venas, del agua sin movimiento, te rescato. Te rescato sin nombre, sin luz, sin destino. Así, sin nada de nada. Ni siquiera un llanto humilde para tu cuerpo breve. Hijo mío, pequeña lámpara jamás encendida. | |
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