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- ÁBRETE SEXO
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- Ábrete sexo
- como una flor que accede,
- descorre las aldabas de tu
ermita,
- deja escapar
- al nadador transido,
- desiste, no retengas
- sus frágiles cabriolas,
- ábrete con arrojo,
- como un balcón que emerge
- y ostenta sobre el aire sus
geranios.
- Desenfunda,
- oh poza de penumbra, tu misterio.
- No detengas su viaje al
navegante.
- No importa que su adiós
- te hiera como cierzo,
- como rayo de hielo que en la
pelvis
- aloja sus astillas.
- Ábrete sexo,
- hazte cascada,
- olvida tu tristeza.
- Deja partir al niño
- que vive en tu entresueño.
- Abre gallardamente
- tus cálidas compuertas
- a este copo de mieles,
- a este animal que tiembla
- como un jirón de viento,
- a este fruto rugoso
- que va a hundirse en la luz con
arrebato,
- a buscar como un ciervo con los
ojos cerrados
- los pezones del aire, los dos
senos del día.
- De "Verbo
madre" 1995
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- AL DOLOR DE PARTO
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- Hola dolor, bailemos.
- Serás mi amante breve
- en este día.
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- Tu sirena de barco,
- tus anillos sonoros en mi boca:
- ya lo sé.
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- Oh bestia de Jehová,
- muerdes a quemarropa.
- Hola dolor.
- Bailemos, qué más da.
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- Ya te miraré arder, rabioso,
- solo en tu ronda
-
- y yo botando espuma por los
pechos,
- gozando al reyezuelo,
- oliendo el grito de oro
- del niño que parí.
- De "Verbo
madre" 1995
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- ALGÚN DÍA
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- Algún día
- algún misterioso día húmedo
- me volcaré en mí misma para
siempre,
- y no podrá nadie llamarme
- por mi nombre,
- porque seré un encierro de
paz,
- único y eterno.
- Algún día húmedo,
- con el sello infinito de dos
palabras:
- no volveré.
- Y la vida abierta y dolorosa
- bajará rodando por las gradas.
- De "Poesía
escogida" 2002
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- ALUMBRAMIENTO
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- Vino de mí
- salió del fondo
- el médico aplaudía
- yo vine con el mar en la
barriga
- como un intenso parasol
- un mapamundi
-
- yo era la esfera que rodó en
la madrugada
- de corazón latí como un
caballo
- lo digo así
-
- es que la crin
- me perfumó
-
- el vientre se movía
- como suelen moverse los
rebaños
- venía con mi molusco mi
amapola
- mi potranco
- con mi gorrión redondo
-
- yo no podré faltar
jamás
- me dije
- a nuestra cita
- así que estoy aquí
- con esta fiesta
- brincando por el talle
-
- hice mi baile de rosas
- mi aleteo
- mugí como los barcos
- el vientre daba vueltas
-
- me esperaba
- oculta en el carmín
- donde el médico buscaba con su
ceño
-
- yo empujaba
- el ventarrón del orbe en mi
testuz
- soplaba como un faro
- Como los dioses marinos de los
cuentos
- una granada real a punto de
volar
-
- recuerdo que por suerte
- César me retuvo del cabello
- estaba emocionado
- sin saber si tintinear o si
envidiarme
- de entero dedicado a mis
pulmones
- expirando inspirando y
expirando
- me miraba de adentro de sus
ojos
- como sólo una vez me mirará
- en toda la vida de su vida
- y a mi vientre que cambia de
paisaje
-
- y así
- vino de mí
- salió del fondo
- nos bendijo de un golpe con su
grito
- se puso a beber sol como una
fiera
- de lana o amaranto
-
- yo estaba enamorada y me reía
- de loca de centella de
rodillas
- quería besar el sexo el
vellocino
- de César que lloraba
- tomar a mi criatura
- correr a derrocharla por las
calles
-
- qué llovizna de leche que
cabalga
- toda la luz del mundo en el
pezón
- De "Verbo
madre" 1995
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- ANUNCIACIÓN
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- ¿Y este baño de nieve?
- ¿Y este aserrín de almendra en
los pezones?
- Y en mis regiones lunares,
- ¿por qué esta Pócima lenta de
tu boca
- volcada como aceite,
- saliva somnolienta?
- ¿Cuáles palabras, cuáles,
- me has puesto sobre el sexo?
- Navegan hacia un cielo
- mis dos muslos sonámbulos,
- y en tan tierno declive
- un ramillete helado de
fresquísimos berros
- deslizas del tobillo hacia mi
gozne.
- ¿Y este aroma viril, sus
estrellas saladas?
- ¿Cuáles palabras, cuáles,
- escozor de jengibre
- de tu barba crecida, entre mi
sexo?
- ¿Cuántos besos has puesto
- sobre esta ventanita?
-
- Adiós. No escribes más
- con tus húmedos dedos.
- ¿Qué cosa has dicho? Un algo,
- un ya no supe cuál de
anunciación.
- Te has puesto la bufanda. ¿De
dónde viaja a ti
- toda la luz?
-
- Adiós dardo bellísimo del sol.
- Te yergues todavía. Te estás
por ir.
- Devuelves hacia el lecho
- esa boca sanguínea
- y alcanzas con el borde de tu
lengua
- las cimas de mis senos,
- sus morenos torreones de
azúcar diminutos.
- Abro los ojos. ¿Dónde
- miro pasar volando
- un abrigo raído?
- ¿Por qué, como la nieve, en el
tejado?
- Un dios se mueve en mí.
- Adiós, arcángel.
- De "Verbo madre" 1995
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- DE LOS CUERPOS CELESTES
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- El firmamento me convoca.
Restriega
- su plácida testuz,
- su pelusa de argento, su
pescuezo
- de hielo troquelado
- en las lanas calientes
- de mi panza de loba.
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- El universo
- restriega su frágil cornamenta
- en este globo terráqueo de mi
cuerpo.
- De "Verbo madre" 1995
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- LA SUAVIDAD DEL PAN QUE NO
HA NACIDO...
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- La suavidad del pan que no ha
nacido
- sostiene sus caderas,
- un lomo terso de venado,
- la curvatura del melón,
- altas mejillas donde escribió
- su adiós final la espalda.
- Cómo no amar a este varón
- sentado en sus dos lunas,
- volcado como un río sobre el
lecho.
- Amo su boca tocada por la
abeja,
- amo sus higos apretados,
- amo esta órbita doblemente
dulce:
- detenidos ocasos sus dos
nalgas,
- oh gloria de la esfera, las
dos copas
- en que lo habrán vertido un
día.
- Su grávida ternura me devuelve
- a las cosas más terrenas.
- Los ángulos equinos, el traje
circular del universo.
- Cómo no amar a este varón
tocado
- con piel de albaricoque en la
cadera.
- De "La
estación de fiebre y otros amaneceres" 1983
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- MI ÚNICO PÁJARO
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- Hoy llevo puesto
- mi vestido tierno.
- Y la casa está dorada
- como un jarro de miel.
- Hoy,
- cuando el cielo ascendía de
nuevo
- sobre mi árbol
- he arrancado de un soplo
- el único pájaro que tenía.
- Cuando se alejaba,
- parecía que el alma se me
llenaba de plumas.
- Y un solo pájaro atravesó la
mañana.
- Debe de estar desangrándose
- en el tejado oscuro de tu
casa.
- Esta mañana el único pájaro
- que me quedaba
- se ha roto hasta apagarse,
- aurora que se desgarra.
- Esta mañana,
- cuando el sol
- sembraba de margaritas
- todos los rincones.
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- —Tu puerta estaba cerrada—
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- SOBRE TU FRENTE
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- Sobre tu frente
- los lirios mal heridos.
- Si de un racimo terso
- como agosto,
- al leño duro vas y vienes
- ¿qué me queda?
- Acuno tu vehemencia,
- la sosiego,
- un pecho y otro doy
- a tu embestida. Cristales
- me acoracen. ¿Qué me queda?
- La luna por almohada
- ha de lavarte
- la pena calcinada de la nuca.
- La hilacha fiera
- de la angustia
- traza tristes telares,
- tiende un ovillo persistente
- en tus pupilas.
- He de zurcir en tu iris gramos
brillantes.
- Tanta faena. ¿Qué más yo
puedo,
- qué dos brazos cruzados,
- qué nada que me asista, ni qué
nadie? ¿Y así?
- Sobre tu frente
- estos lirios mal heridos:
- pues hierbabuena y mi fe.
- ¡Bebe el
milagro!
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