Álvaro Menén Desleal

 

Antología poética


 
 
 
 
(La presente selección poética ha sido realizada por el poeta André Cruchaga, tomando en cuenta su obra unitaria y la aparecida en diferentes antologías impresas)
Oídlo: esta es mi voz
Oídlo: esta es mi voz y este es mi acento
Y es esta su más casta vestidura.
Esta es mi voz que se fugó en el viento
De los fieles cristales de su altura.
 
Esta la voz que me inspiró el acento
Para ser un Quijote en la aventura:
En su aliento prospera el sentimiento
De que es cielo esta gris arquitectura.
 
Esta la que en mis júbilos sencillos
Ha derribado todos sus castillos
Para ver una nueva dimensión;
 
La que canta mis dichas y mis duelos
Y os da, para alegrar vuestros desvelos,
El vino de mi rojo corazón.
 
 
Arco iris
Hamaca de siete paños
En que se mece la brisa.
 
Listón que han puesto las nubes
Colgando en la lejanía.
 
Banderola de señales;
Semáforo sin esquinas.
 
Alada cuerda de seda
Donde los pájaros brincan.
 
Alfabeto del color
Con que se escriben los días.
 
Cartelón de propaganda
En que se anuncia anilina.
 
Viudo párpado del cielo
Y divorciada pupila.
 
Iris, polícroma flor
Sin aroma y sin espinas.
 
¡Siete lazos con que Dios
ata las siete cabritas!
 
 
Romance de San Andrés
Se ha cubierto el San Andrés
De un amarillo amarillo,
A la luz del sol semejante
Por lo encendido encendido.
A cada soplo del viento
—de diciembre frío frío—
Se le caen las campanas
Al San Andrés Florecido.
 
Del árbol de San Andrés
Las flores se han ido ido,
Navegando en la vereda
Celeste de río río
¡Campaqnas del San Andrés
Del amarillo amarillo,
Buscad luego un campanero
Para alegrar el oído!
 
El árbol de San Andrés,
Mientras camino camino,
Me guía por las veredas
Con su amarillo amarillo.
San Andrés de las Campanas
Florecido florecido,
Aún lejos de la patria
No te eché nunca en olvido.
San Andrés de las campanas;
San Andrés verde-amarillo.
 
 
Oración que ayuda a bien condenarse a un tirano
Señor,
Cuando se muera —porque, como el tiranosaurio, por grande y por feroz que sea, por agrio y bien armado que esté, ha de morir, y será entonces como un pequeño volcán de huesos sobre el que los otros animales del bosque se orinen impunemente—
 
Cuando se muera,
Señor,
No te acobardes como se acobardó tu iglesia, que puso sus blancos odres
Para llenar sus odres esperanzada en robar sus odres;
No te acobardes,
Señor,
Y no te niegues:
Tú mismo abre la puerta
—no mandes una virgen, ningún ángel
Te cumpla ese mandato—;
Abre tú mismo y lo verás:
Un alma enjuta, un alma miserable que moró como gusano y que gusano
Es y será, que se arrastró de milagro pata tocar a Tu puerta,
Para llegar hasta ella con el juego de siempre.
Abre tú mismo y mira que a ti llega no con el gesto insumiso de aquel
Que allá en la tierra, en su país, pareció hacer temblar tus firmes
Montes, tus sólidas montanas;
Abre tú mismo y mira que ya no tiene más la sombra que mataba tu hierba
En los jardines de Brasilia, de Managua, de Asunción,
De La Paz, de Madrid, de Lisboa;
De Buenos Aires, Por -au- Prince y Guatemala; de Santo domingo,
Bogotá y Caracas,
De Lima y San Salvador;
De casi toda tu tierra, en fin, porque el reino de la maldad
Nunca se pone al sol;
Abre y mira como pretende engañarte fingiéndose el más humilde
                                                                           /de tus hijos.
Con un rasgo de humor, aprecia su arte.
Mira cómo maneja sus cartas credenciales
Y estudia su baraja compuesta sólo de ases,
Su juego organizado para nunca perder.
 
Cuando te hable para pedirte acceso a los serenos claustos celestiales,
No usará el vozarrón con que ordenó a sus guardias el exilio
Y la muerte de tus mejores ángeles.
Quizás ni te hable, y sólo baje humildemente la vista.
 
¡Tú reconócelo, Señor, porque es el mismo,
El uno y mismo!
 
¡Sé implacable, Señor: no te conmuevan las misas que por encargo
De los embajadores dijeran, previo pago, algunos curas!
¡No lo perdones! ¡Dale una celestial patada en el trasero y envíalo
A su sitio, a los antros que
Le son merecedores!
 
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo;
En el de los poetas clavados en sus huesos;
En el de las viudas que muerden sus almohadas
Y en el de todos los muertos levantando sus puños,
Gracias te doy, Señor.
Amén.
 
 
Recetas a una vieja burguesa para que sea feliz del todo
Sepulta cuidadosamente las páginas insólitas de
Viejos cascarrabias como Marx, el gran culpable;
 
Destruye hoja por hoja los versos de Rambaud,
Joven durazno con vicios milenarios, y quiebra
Ojo por ojo a todo baudelaire, harapo brujo,
Alcohol mistificado, viejo corozo de durazno
Con vicios renovados;
 
Escupe por las rejas de la cárcel en que moran,
Empotrados en sus huesos, algunos jóvenes poetas.
Vigila que el guardián ponga las llaves
Y agrega siete que te sean de confianza;
 
Espulga el Nuevo testamento y abomina del Antiguo,
Cargados de puercas porquerías para lapidar
Perezosos; de pechos como paloma para reyes
Lúbricos y junturas de muslos como goznes
Labrados de mano maestra;
 
Compra galas chillonas sedosas suntuosas para
Halagar al gazmoño;
 
Lávate cada hora, refriégate de alcohol, pues el
Talento, con todo y no ser contagioso, podría
Afectarte de ictericia;
 
Castiga tu pensamiento sin pausa ni misericordia,
Si es que puedes pensar y si te sobra alguna
Misericordia.
 
Clávate las uñas en la carne cuando veas el amor
Adolescente;
 
(Desde luego, te prevengo contra mi persona);
 
Pero, sobre todo, enciende hogueras altas
Relucientes pulidas pendencieras piras funerarias
Para quemar, quemarnos;
 
Verás entonces, varicosa, que todo es más tranquilo.
Y más tuyo.
Al fin y al cabo
Dios te hizo cortada a su medida.
 
 
Nota a una señora que me acusa de inmoral
En la hora del gusano y de la hormiga;
En la hora en que no bastan los cuervos del mundo
Para arrancar los ojos a los muertos cosechados en la guerra;
En la hora en que los niños hambrientos no encuentran
Ya más seno para su hambre;
En la hora en que está seco todo seno,
Y extraños híbridos, cruces de araña y mariposa,
Pueblan el campo y la ciudad del hombre.
En la hora del sálvese quien pueda;
En esta hora, digo,
En que me sirven aún tres veces diarias la mesa y
Bebo de vez en cuando un vino;
En esta hora en que, desvergonzado de mí, voy al cine,
Leo libros y converso con amigos;
En la hora del cereal atribulado,
En que duermo no menos de seis horas y procuro
Encontrar tibia la cama;
En esta hora en que es tanta mi fortuna que tengo
Todavía una cama;
En que elevo mis ojos al cielo y sigo el ritmo de los cambios
De forma de las nubes, y en las tardes espero
Hasta que sale una estrella;
En esta hora en que el sapo y el búfalo de agua se
Asquean de la sangre que llena los charcos de los
Arrozales vietnamitas;
En que el hijo patea repetidamente el vientre de su
Madre y aplasta los testículos del padre;
En que el mosquito se adapta al insecticida en tanto
El hombre ahoga al hombre echando gases en las cuevas;
En esta hora de barbas y de hígados heroicos, de santos
Laicos, de ángeles hermafroditas y corderos violentos;
En esta hora en que calla mi garganta el penúltimo
Crimen del que he sido testigo;
En esta hora de vírgenes impúdicas, de sanguijuelas y
Parásitos varios; de ojos que no ven de frente, como
Figuras egipcias;
De puños que se ablandan,
De iras que no estallan,
De verdades selladas a cal y sangre,
De obispos bien cebados,
De cópulas sombrías,
De héroes mutilados y monedas vergonzantes,
De abortos santificados,
De viudas apacibles,
De esperma ciega,
De lluvia desatada,
De huesos habitados emponzoñados de estroncio,
De hostias ensangrentadas…
En esta hora
Yo te doy la razón.
 
 
Matin Luther King Narra cómo la Guardia reprime
una manifestación en Mississipi
                                          No gesticulo
                       No hago gestos
Pero de cierto os digo
                          Os aseguro
                  Que es molesto hablar
Con las manos esposadas
                      Por eso seré breve
Aunque no todo esté dicho
                            Y la bodega más íntima
                            Reserve grandes sacos
                            Bolsas de frutos bien maduros
                            Pacas enérgicas del odio
                            Acribillado
                            Gajos de crudeza
La cosecha esperanzada
                            Nadie que siembre odio cosechará
                            Patatas.
En África puestos de pie los ríos y dormida la selva
El Abuelo nos dijo que Dios preguntó al negro
Que había hecho de su hermano
                                  La culpa lo puso blanco
                                  Y blanco sigue
Con esa piedra dadme e el rostro
Con esa piedra golpeadme
                                       Eso cuenta el Abuelo
Despierte ya la selva y los ríos
Se arrimen a su cauce
Eso cuenta el Abuelo
El guardia es blanco
El presidente es blanco
Los tenderos son blancos
El Mississipi se saldrá de madre
Ya hoy nos mira de perfil.
 
 
El señor Muhammed Alí se niega
A ingresar en las Fuerzas Armadas
En el nombre de Alá, el piadoso,
El apiadable,
El señor Muhammed Alí se niega a ingresar en las
Fuerzas armadas.
 
Rechonchos funcionarios se turnan para enviar
Telegramas a otros 20.000 jóvenes que deberán
Entrar a filas.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
El señor Presidente acaricia sus perros en el rancho
De Texas…
 
 Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
 El napalm cava albores equívocos en aldeas
 Que tuvieron un paso fugaz por los mapas.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Los árboles aprenden a correr y las flores
Se desgarran a gritos.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Los viejos entierran sus raíces y las mujeres
Clausuran su garganta.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
En el Delta, los peces engordan con carne de niños.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Los huesos inocentes se  calcinan y la muerte
Se divierte de lo lindo.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Los huesos culpables se calcinan lo mismo
En tanto el capellán reza en inglés.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Los soldados duermen con los ojos abiertos
Y procura el corazón no molestar.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
(El coro de lamentaciones llega al cielo y en
Washington la vida sigue igual…)
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
En retaguardia un cómico repite sus chistes, una
Actriz muestra las piernas y la alegría queda
Sola como un hongo.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Más tarde, los soldados se masturban en las tiendas.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Los ángeles del luto cosechan lo sembrado (La
Guerra es buen negocio: invierta a su hijo).
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Los muertos deambulan en las calles arrastrando
Sus pequeñas historias.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Las viudas se hunden las uñas en el rostro.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
Campos sembrados de cruces
Y bosques de femorales,
Semillas del ser humano
Que el odio cosechará.
 
Sordera, estupor, ceguera, y ellos no volverán.
 
 
 
Naturaleza del suelo en R. F. de Alemania
Lluvia, nieve, lágrimas…
En Alemania hay mucho lodo.
Lodo en la Selva Negra. En las colinas
Y en las ciudades, lodo.
Al nevar, los plumones del ángel
Se detienen un tiempo en el aire;
Ya en el suelo son lodo.
Lodo-Erasmo. Lodo Holbein- Lucero.
Tú ecuaciones, y pisas lodo Leibniz.
Piensas, y pisas lodo Kant.
Tú vives, y pisas lodo Goethe.
Vibras, y pisas lodo Beethoven.
Tú luchas, y pisas lodo Marx.
Metes la mano en un corpiño
Y la mano te sale cubierta de lodo.
Miras televisión vas al cine,
Y el lodo cuelga de tus pestañas.
Lees los diarios, escuchas discursos,
Y tu cerebro, si no tienes cuidado,
Es ya lodo.
El lodo te rodea como una placenta
Y te nutres de él como de un líquido amniótico              
 
De todas maneras, siembra tu simiente;
Pero, al marcharte, límpiate los zapatos.
 
 
 

Copyrigh© todos los derechos reservados por el autor