Aleyda Romero

 

Antología poética

 
 
 

 

 
A veces.
 
“Sucede que me canso de ser hombre”
Walking Around.. Pablo Neruda.
 
Sucede que me canso de ser mujer.
De mis dolores de siempre,
y mi amargura mensual.
 
Me cansa la faena, la rutina, el apuro
por  las “cosas importantes”,
me cansa tener que llegar siempre a la misma hora,
Salir atropellando sueños,
sobrevivir a dentellada limpia.
 
Me canso de ensordecer y enmudecer a veces,
Me cansa la radio, la televisión…
estos años que se me vienen encima
sin ningún respeto, esta memoria que cavila
con fechas y nombres que fueron importantes.
 
La tristeza y hasta la felicidad
me aterra, puede ser un mal presagio.
 
No me cansa la sonrisa de aquel niño mío,
Un libro, un atardecer, un poema, un buen amigo
y  la visión de aquel ángel.
©Aleyda Romero
Choluteca 1998.
 
 
 
 
Don Salva.
 
“Mamá ya tiene canas, malhumor y bisnietos”
Rigoberto Paredes.
 
Papá envejece, aunque
lo disimula bien.
 
Oye  poco, habla menos,
se hace niño.
 
Enciende la televisión
y se queda dormido.
 
Nunca ha visto
El arco iris del cine
y su único universo
es nuestra casa vieja.
©Aleyda Romero
Tegucigalpa. 1991.
 
 
 
 
 
DESTIEMPO.
 
Tiempo descocido en sus medidas,
que transcurre sólo en la piel
y  sus miradas.
 
Edad  sin límites,
vivencia eterna.
 
Locos que seguirán entretejiendo
telas de arañas,
mientras engullen sueños.
 
Para ellos el amor
-si un día nace-
                                                         es imposible:
no tiene pasado,
no tiene futuro
y el presente…
©Aleyda Romero
 
 
 
 
 
DUNCAN.
 
Me mirás como sólo vos
podés mirarme:
fijo,
largo,
tendido.
 
Esperás una caricia
para entregarte todo,
ternura incondicional,
silencio perfecto,
amor sin pretensiones.
 
Lluvia de pelos y cariño,
huracanes de entendidos,
fiel a mi tristeza,
invisible a mi ira.
Inmune a los surcos del tiempo
a las carcajadas y al llanto.
 
Dolor escondido,
para que nadie sufra.
Mi Duncan, desafiando la vida
desde su mundo perruno.
©Aleyda Romero
Tegucigalpa. 1990.
 
 
 
 
Sueños literarios.
 
Para: mis alumnos de Vida Abundante Choluteca.
 
Viajo con mis alumnos en una máquina del tiempo,
los hago suspirar por Helena, Blanca, Efraín, Gustavo, María.
Después nos detenemos a cuestionar la eterna lucha entre civilización y barbarie, tomamos partido por los Luzardos.
 
Nos conmueve, la determinación del viejo Santiago.
El memorando que le pueden mandar a Gregorio Samsa,
el viaje inútil del coronel al correo.
 
Después miramos la pintura de Castel y entendemos a María Iribarne,
aterrizamos en Comala, queremos explicarle a Juan Preciado,
porque esas voces vienen de tan lejos,
hemos intentado mandarle un  e-mail a Santiago Nasar, imposible
ese día no revisó correspondencia.
 
La literatura tiene más tristezas que alegrías,
reniegan a veces,
sueñan,
ríen,
piensan,
disfrutan,
 
Finalmente los despierto para cambiar de clase.
©Aleyda Romero
Choluteca. 2002.
 
 
 
La transparencia del tiempo
 
Para Víctor Manuel
 
Me descubro en tus ojos
Como la primera vez,
No me oculto.
Pero vos sos predecible
No intento triquiñuelas,
Ya me conoces,
Puedo descansar en vos.
 
Te encuentro,
Disfruto ese romance de tu mirada
Ese preludio
Ese ritual.
Esa batalla donde sucumben mis emociones.
Renovada,
Por este amor que no corroe el tiempo,
Que vence la rutina,
Que busca otra vez;
Sumergido en la transparencia del tiempo.
Desaparecemos.
Ni vos,
Ni yo,
Ni antes,
Ni después…
Juntos.
©Aleyda Romero
Choluteca, 2004
 
 
 

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