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(La presente ha sido compilada y seleccionada
por el poeta salvadoreño André Cruchaga)
PLAGIO
A todas mis hermanas
Me acabo de reír de
cuajo se me sale mi madre,
por los cuatro costados del cuerpo.
Con la cabeza, las tripas, el corazón me estoy riendo
y a nadie le debo el desparpajo.
Nunca he sido tan Altagracia como hoy padre
da olvido, desplumándome por el barrio
(157 Street and Broadway), ejecuta un ronco saxofón
venéreas nocharniego, pero esta risa madre?
Pin pun la mueca, el
estallido, el punto de remate
con que me cierro a una, traigo de ti una sombra
intermediaria de comunicación tierra y cielo.
(Para los nacidos bajo el signo de Virgo: te favorece
el No. 14, el 26,
y "cuídate de esa mujer de piel trigueña".
Con tus ojos lo
verás con tus manos.
Descaminar la risa, avance quilombos, tragaespaldas
miserable,
y mamá rodando al piso. (Versión original: "y al
unísono mamá, rodando abajo es que me orino").
Cacofonía de la
calle (pero cacofonía física),
que termina en una bandeja de fiambre con galletas
de soda.
Dándome contra el imbécil bribón que me camina
(altagraciano), con los buches repletos de comida.
De:
Si Dios quiere y otros versos por encargo, 1997
DICEN LAS MALAS
LENGUAS QUE SOY
A Cayo Claudio Espinal
Poeta: eso dicen las
malas lenguas que soy: un decir
parásito al coro.
Argamasa de música y letras con todos los sentidos,
haciéndole la vida imposible a los buceadores de sueños,
a los enamorados que, en los palcos
de la luna, les desenrollo la lengua y la sacudo.
Bah, dizque poeta, y
no poder empinarme en tus palabras
para echar florecitas a ese amor que me dieron
en préstamo.
Ni tampoco llevar, con legítimo orgullo
y sacerdotal desasosiego, el matrimonio de dos cuerpos
por mi poesía.
Error de la benevolencia (¿de cálculo?),
seguro que error de apreciación:
grave, muy grave, en el saludo rotundo que circula
(amantísimo),
lirismo del viento de Long Island.
(Para corazones de capa y espada,
una tonadilla de niebla y alcanfor).
De: Si Dios quiere y otros versos por encargo, 1997
En esta tierra de oro,
Yacen, colectivamente,
Los chinos de Bonao: amigos
Del Jefe y del país.
La comunidad cantonesa
En República Dominicana,
Siempre laboriosa y altruista,
Ruega a Dios, todopoderoso,
Por el eterno descanso
De estos comerciantes politeístas:
El oído del mundo.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994
Lo dispuso así Dios
Y no tuve más que aceptar,
A regañadientes, bajar a la noche
De los elegidos. De modo
Que ya no tendré que devanarme
Los sesos, articulando mentiras,
Ni hacer que todo un pueblo,
Se dirija embobado a Plaza Lama.
Aquí disfruta Efraim Castillo,
El de Los ecos tardíos.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994
Una calle sin fin: mas diminuta,
Acogió mis pasos futuristas,
Evaporados, en mi chacabana dos
Lirios.
Ahora, ascendido a difunto,
Recuerdo aquellos días de Puerto Plata
El Atlántico, almacenados en la Poza
Del Castillo, como una superficie
Sórdida de gemidos.
Llegado el momento, me tocó, pues,
Entregar mi voz, como en efecto
Entregué, a la inquietud del desierto,
Que no imaginé tan confortable.
Hago constar y certifico
En esta hora postrera,
Poeta Ramón Francisco.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994
¡Válgame Dios! ¡Por
fin
la muerte! Ciñe de
la poesía
su diadema. Sobre la
mesa
dejo el romance, el
soneto y la lira,
para ganar en piedra
o mármol tu homenaje
postrero,
es mi tormento
mayor.
Así termina y se
oferta
Mi obra, de un polvo
a otro
Con fin, (¡sálvame
Dios!),
Rodeado por el
diapasón
De tu
lengua.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994
Una pena me embarga,
Mi hermano,
El día de mi
entierro,
No podré
contabilizar
Los asistentes.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994
Como espiga llena de
luz,
Bajó a la oscuridad
A ilusionar la
tierra, la poeta
Soledad Álvarez,
hija
De la noche y el
día.
Ayer gustó transitar
a corazón
Abierto la ciudad,
descalza,
Entre el ser y la
nada.
Ahora, podrás,
caminante
Inadvertido,
encontrarla
En cualquier recodo
Del
camino.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994
Muchos vieron arde
la sombra en la madrugada
Del puente.
Casas dormitando su miseria en el río
Después de un
nutrido bombardeo… vuelve,
Volvió a ser roble
la ceniza:
Piedra caribe
El muro gnomo y la
casa de oración…
Abrió luego su
pórtico el aullido. Oremos.
Vísceras de
menesterosos, ¿quién dijo?
Cartílagos de
plástico, fibras de vidrio y poliéster
Por las reventadas
vitrinas, hierve la vida
En un oscuro
convivio de ratas invioladas,
Colgados maniquíes
en desfile,
Frente a mis ojos:
Chorreantes las
luces de mercurio.
De: La tregua de los mamíferos, 2005.
Cerca de aquí se
escucharon ayer dos explosiones.
―Dios bendiga este
hogar.
En toda puerta de
Cristo, sálvese quien pueda.
Hijos del hombre,
¡Padre!,
Por qué me has desprotegido;
De tu carne a mi
carne, hay un grito abandonado;
Retorcidas calles
lacrimógenas por casas nudos;
Sombras por árboles
abismándose al oído,
Tiembla la luna de
los hambrientos.
Flanco derecho del
río,
Sale un cuerpo en mi cuerpo,
Flanco izquierdo,
Sigilan los endriagos
Día y noche
nochísima en los rostros del tiempo
Sorprendido:
Se
cubren las cabezas suplicantes.
De: La tregua de los mamíferos, 2005.
El día se alarga, se
alargaba, añadiendo
A su guardarropía
naturaleza, el zapato de Pedro
Piel y agua;
La
casaca Olivero, digamos
Piedra y sol,
somormujada en los cascotes;
Casas fueron
aquellas que habitaron allí,
Juan carpintero y su
mujer tan mucho;
Cheché Demetrio,
Perdido entre sus huesos,
Con leche de bija
levantaba la cría.
Aquellas fueron
casas cobijadas por hombres
Bajo el sermón de
las piedras.
Tierra de luz,
estragada, sitiada en lengua
Sarampión de
micromitin que lame los hidrantes
De las esquinas,
Otea el Máuser la cabeza que acogerá
Su ardiente plomo
(cuerpo y cabeza
De hidra);
La
oscura boca del Máuser.
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