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- ¿Cómo saber que
el ayer está encerrado en el mausoleo del tiempo?
- cómo saberlo
- si no crecieron
alhelíes en las heridas enterradas
- si el basalto
fulminó la caritativa memoria de las arterias
- si el reloj
arrastra reminiscencias de soles antaños
- ¿Cómo saberlo?
-
- Ayer noche nos
preocupó la muerte
- y bordé con mis
venas un camino hacia mi propia alma
- que se frustró
en la niebla como un famélico estropajo sin nombre
- pero ya alguien
había hecho un festín con la luz y con la llama
- Y me encontré
solo
- con una multitud
que celebraba el nacimiento de mis años de condena
- mientras
quemaban mis manos
- y un bufón
contaba la historia de mis dedos pulgares.
-
- Sé que soy
culpable
- que cierro los
ojos para no oírme pronunciar tu nombre
- que desciendo a
las aguas para lavar la sangre que hice a la medida de tu sangre.
-
- Ahora estoy solo
- y en cada
amanecer el sol está tejido de tristeza.
- No hay desayuno
para el hambre de las puertas
- No hay camino
que nos quite la distancia
- No hay palabra
que nos traiga de regreso
- a la presencia
de un inefable corazón que no hemos visto.
-
- Mas qué será
dentro de 3 ó 4 días de este corazón muerto hace siglos
-
- La vida sufre el
yugo de la vida
- con las cadenas
del tiempo y el espacio aprisionando la decadencia de su carne
- sumergida en los
seísmos de una muerte anunciada
- y se hunde en un
promontorio de infancias muertas
- de pequeñas
cruces trabajadas a la luz de cerrojos y candados.
-
- Fuimos sólo un
sueño
- una lastima
- el coito
gangrénico de algún dios
- primera y última
conjugación del verbo.
-
- *****
- Mi infancia
fue la herida concertada por partituras de tempestades brutas
- un pesebre
golpeado despiadadamente fue testigo
- brillaba un
sol magro
- en un cielo
gris de grises nubes
- en un cielo
gris que perdió su sangre en el primer intento de acallar a la
muerte.
-
- Esos días se
perdieron entre una multitud de memorias amarillentas
- no sé qué le
sucedió a las cosas
- qué sucedió
con la risa
- con la voz
del aire golpeando las hojas del castaño.
- Qué pasó con
el canto, con el trino
- con las
marcas dejadas sobre las huellas del arado
- y mi madre
que plantó tierra, ojos y tormentos en la tierra
- mis manos
siemprevivas, siempre lirios intermitentes entrecortados
- las grietas
vegetativas para el arrepentimiento de los cristales
- y los nidos
de llagas que se comen entre sí en el epicentro de los miembros.
-
- Olvidé el
amor que subió al cadalso de las paternidades del desprecio
- de crines
desdentadas y profusas comisuras que colgaban de un rostro vuelto
sangre de
- ceniza
- y un altar
de ridículas beldades y serenidades tan leves como las costuras de
un suspiro
- la manera de
no querer que la noche venga
- y sepulte
vivas las alas de una niñez adormecida con el hartazgo de segar
todas las
-
inmolaciones posibles.
- Porque a
tientas he salvado el rigor de los escaños
- las
escaleras interminables de una herida interminable
- y el
extracto de vidrio aun más vidrio
- y el
extracto de alma con su rostro orinado por el tiempo.
-
-
-
- *****
- Y vine al
mundo
- ciego de las
venas y las manos
- como una
fuente donde reverberan manojos de sangre ennegrecida
- sin la
esperanza de un riñón que pueda enrojecer la sangre.
-
- Hoy he
abierto mis alas descarnadas en el pináculo del mundo
- y ha sido
frustrante caer y no dejar de caer
- llegar a un
horizonte de oropeles mutilados
- saberse
nimio junto a la suciedad de las uñas
- sentir
quillas y nudos en la garganta tibia.
- Consolarse a
solas
- porque el
alma está condenada a un silencio más eterno
- condenada a
no palpar esta ausencia sólo comparable a sí misma
- ausencia de
la edad y del momento
- ausencia de
nuestra voz calmando la híspida conciencia.
-
- Nos salva
esta manera de estar tristes
- este odio
mutuo contra los espejos.
-
-
- *****
- En algún día
caerá la deshora de mi muerte
- mostraré mis
ópalos contra barlovento
- un cajón
saldrá al encuentro de las calles
- Al fin ha
muerto!
- Al fin ha
muerto!
- Mi madre,
compungida, romperá en lágrimas de carne
- y mi sangre
se irá con el viento
- seré menos
que luz herida por negros párpados de tiempo.
-
-
-
- *****
- Me hubiera
gustado venir al día con un poco más de suerte
- sin
importarme el zapato, la congoja y esta manera lapidaria de crecer,
- esta hora
donde la sed y el cilicio trepanan la carne
- y el
desaliento se come el amor que queda en cada ser vivo de la ciudad
- un
tergiverso mar de sed me lanza
- fuera, hacia
el límite craso de lo concreto
- y soy
- estéril,
fugaz y cognoscible
- como un
balido de cordero.
-
- Un poco más
de suerte
- y no la vida
- entonces me
ocuparía del líquido que arde en el corazón de cieno
- trataría de
quitar de vuestros hijos el vendaje que la ceguera elaboró sobre sus
manos
- intentaría
no marearte con el acorde de mis músculos que se rompen
- que se
desligan como tiernas raíces en el hambre ebria de un hombre
setecientas veces
- ebrio
- podría
construir en tu regazo la ternura de nuestra primera sangre
- y despreciar
el cáliz hecho para mí, para la consagración de las desgracias
-
y la condenación
de las constelaciones en su despreciable eternidad quejumbrosa.
-
- Mas no tuvo
razón la palabra soñada
- no tuvo
razón el delirio en consonancia con el sueño
- porque no
hay suerte
- tal es algo
aprendido en los interiores de la luz
- y yo odio el
polvo
- (soy
parricida)
- odio sus
miles de brazos que buscan la sensibilidad de mi sangre
- su palabra
que me designa como heredero de lo cautivo, como hijo suyo,
- como
herrumbre en el metal de hoces que no siegan,
- como liquen
en la copiosa hecatombe de las canteras.
- Odio el
polvo que hace sus nidos en las coyunturas inamovibles de las
lámparas
- donde mi
herida se abre en relámpagos, voluciones y destellos
- y se nutre y
multiplica en los crematorios de la viña del señor
- y muere
- resucitando
el ayer anciano
- al que aun
le palpita el corazón grotesco.
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-
-
- ****
- Y vine al
mundo
- ciego de las
venas y las manos
- como una
fuente donde reverberan manojos de sangre ennegrecida
- sin la
esperanza de un riñón que pueda enrojecer la sangre.
-
- Hoy he
abierto mis alas descarnadas en el pináculo del mundo
- y ha sido
frustrante caer y no dejar de caer
- llegar a un
horizonte de oropeles mutilados
- saberse
nimio junto a la suciedad de las uñas
- sentir
quillas y nudos en la garganta tibia.
- Consolarse a
solas
- porque el
alma está condenada a un silencio más eterno
- condenada a
no palpar esta ausencia sólo comparable a sí misma
- ausencia de
la edad y del momento
- ausencia de
nuestra voz calmando la híspida conciencia.
-
- Nos salva
esta manera de estar tristes
- este odio
mutuo contra los espejos.
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