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- MI ROSA
Mi rosa es de las blancas, quisquillosa,
de las que no reparan en ser puras.
Es de esas que incomodan, silenciosa,
y usan siempre las mismas vestiduras.
Es de las que sus pétalos, undosa,
mueven al viento en propias aventuras.
Es rosa que impasible y azarosa
sonríe con espina en sus honduras.
Hondo el color de su insistencia muda
a la pregunta de por qué desnuda:
mueve el hombro, sonríe y se rehúsa.
¡Cómo explicar la rosa que nos nace
y mucho menos lo que hacer nos hace!
Tengo la rosa blanca por excusa.
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- LA SEÑAL
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¿Quién sabe dónde está lo que anhelamos?
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Quizá distante como estrella cruda;
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transparencia, quizás, que se desnuda
- y
en sus manos de luz no reparamos.
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¡Tan sordos a la voz del día estamos?
- El
alba danza cálida y saluda
-
bella en sus dedos y en sus labios muda,
- y
nosotros los signos no atisbamos.
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- ¿Y
qué esperamos ver frente a nosotros?
- ¿La luz del día en gritos que nos
llama?
- ¿Si confundimos la señal de otros?
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- Triste será la noche solitaria
- al descubrir la luz que fue
emisaria
- y, ciegos, no supimos ver su
llama.
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- PIOJOS
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- Cuando en nosotros piojos la
cabeza
- hospedaba, gustábamos las horas
- en que las manos muy exploradoras
- nos arrancaban sumas de pereza.
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- En la escuela, carentes de
destreza,
- las maestras nos daban revisoras
- cartas con las sentencias
electoras.
- Nuestras madres, con gran
delicadeza,
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- amarraban pañuelos con veneno
- en los despelucados, pegajosos
- cabellos de nosotros. Tanto freno
-
- se buscaba, que noche y día,
ociosos,
- sobre nos un pañuelo en muerte
pleno,
- sin bañarnos, portábamos celosos.
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- LOS CANALES
DE RIEGO
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- Los canales de riego siempre
fueron
- irresistible tentación
bañista.
- Corría amable voz veloz y
lista
- que el agua en el canal ya la
pusieron.
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- Pronto acudíamos al baño todos
- los niños en tropel con
calzonetas
- y desnudos niñitos de
indiscretas
- partes, pero a gozar, de todos
modos,
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- en la alegre corriente que
pasaba.
- Con bateas llegaban las
señoras
- igual de presurosas. Se lavaba
-
- la ropa como nuestro cuerpo
hermoso,
- que gozaba del agua hasta por
horas
- nadando y chapoteando en
alborozo.
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- INSTANTE
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- Se marchitan, las flores se
marchitan.
- La gloria nunca ansíes, es
tan breve
- que en el deleite de un
suspiro leve
- se marcha. Nunca elogios que
te invitan
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- a ufanarte, bien sabes que
transitan
- la eterna sombra del doblez.
Si llueve
-
dicha en tus manos, si el placer
te mueve
-
la voz, las seducciones se te
agitan.
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No busques ser la flor, sino su
aroma.
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Se debe el cuerpo al tan vital
aliento.
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Un árbol es raíz que poco asoma.
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No seas cima, busca ser cimiento.
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No busques ser el libro, sé su
idioma.
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La eternidad nunca es más que un
momento.
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- VAMOS A VER…
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- A la luz te has vestido de
esmeralda
- y púrpura los pétalos.
Fragancia
- madura que revive la
sustancia,
- cargando la hediondez sobre la
espalda.
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- Desde el rostro del día hasta
la falda,
- tu verde y purpurina son
constancia.
- Vamos a ver, muchacho, qué
ganancia
- deja bajo tus pies quien todo
salda.
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- La rosa que temprana es
esplendente
- por la tarde es basura
simplemente,
- y nada es a la sombra de la
luna.
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- Gocemos la esmeralda en tu
vestido
- antes de que, muchacho, estés
perdido,
- deshojado y marchito en tu
fortuna.
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LAS HOJAS
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- El rumbo de las hojas, ¿quién
lo sabe?
- Ni el árbol que les dio la
vida entera.
- Sólo vagan, sin rumbo ni
frontera,
- hasta que el viento su volar
acabe.
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- Van por los aires como triste
nave
- sin saber el final de la
quimera.
- Obviando su presencia
pasajera,
- resuelven su camino en cada
clave.
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- La vida... La recogen del
momento.
- Llevar se dejan leves por el
viento
- siendo el día la fuente y el
ocaso.
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- Contenidas y libres en la
brisa,
- las hojas por llegar no tienen
prisa
- y nombran su camino en cada
paso.
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-
PINO
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- Ha de partir mi cuerpo de esta
tierra
- y ¿qué será del Alma en ese
viaje?
- Ha de buscar en verde su
ropaje
- para quedarse verde en la alta
sierra.
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- Un alto y verde pino que se
entierra
- con sus raíces al verdor del
traje,
- en estío e invierno su
boscaje,
- hondo en sus ramas el verdor
se aferra.
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Sin cuerpo, ha de volver mi Alma en pino
-
que en la cumbre se eleve y, verde
y fino,
- ha de lucir su rostro en la
espesura.
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- Viaje del alma en busca de la
hondura
- que le lleve a surgir como
alto pino
- y quede siempre verde allá en
la altura.
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TIEMPO
-
a José Ábrego
- ¿Y quién ha de escaparse de
la arena
- que de cono a cono anda en
hilo fino?
- Grano a grano se marca con
gran tino
- cuándo inicia la senda y
cuándo frena.
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- Se ha de cruzar la rigurosa
pena,
- pero también hay vida en el
camino,
- en el cuerpo, en los ojos y
en el vino,
- y en las manos la vida libre
y plena.
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- Llegará, hermano, el día de
ese juicio,
- y ya sabemos qué es lo más
propicio,
- la dicha haber en cada
instante andado.
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- En la carne y el vino es la
respuesta
- y cuando se haya que bajar la
cuesta,
- se habrá la vida en goce
consumado.
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- AMOR ES...
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- Amor es el violín del universo
- que canta al borde de un
despeñadero.
- Amor es el espanto pasajero
- que se vuelve inmortal en cada
verso.
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- Amor es el estuche medio terso
- que deshiela campanas en
febrero.
- Amor es dulce lágrima y salero
- que vuelve irremediable lo
perverso.
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- Amor será, quizás, algún
reflejo
- de un beso-torbellino, y no me
quejo
- si al menos me tropiezo en su
pasillo.
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- Sea ascensor o bien oscuro
pozo,
- amor es todo paso sudoroso
- que baila con el triste son de
un grillo.
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- DULCE JOVEN
-
para Alfredo Espino
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- ¿Cómo celebraré, liras
doradas,
- al más bello cantor de la
campiña?
- Voy a trenzarte en un laurel
que ciña
- las rosas de las Piérides
sagradas.
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- Blandos y amenos prados tus
labradas
- tiernas manos celebran y la
riña
- del agua con la tierra a ser
quien tiña
- con más altos colores las
miradas.
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- Me deleitas, me amas y me
arrullas
- con las más melodiosas flores
tuyas
- que juntas, dulce joven,
dondequiera.
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- Ahora quiero ser quien te
celebra
- y te junta de flores, hebra a
hebra,
- la más bella corona en la
pradera.
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CARMEN
-
a Claudia Lars
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Línea robusta y luminosa huella,
-
voz pastoril del universo dueña;
-
pulso en los labios como el santo y seña
-
tejiéndose en la sangre la querella.
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Eres, ante el asombro de luz bella,
-
Eva que se adelanta y se despeña;
- y
en tu pecho de pájaro que sueña
- un
vibrar de luciérnagas se estrella.
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- Yo
te canto con un encantamiento
-
bajo la puerta que me dio su aliento.
- En
mi tierra hay estrellas, oh cantora,
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que brotan iniciales y, descalzo,
- yo
te veo a los ojos mientras alzo
- mi
mano ante tu luz, mi Gran Señora.
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-
COMPAÑERO
-
a Walt Whitman
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-
Bello pastor del cántico liberto,
-
silvestre voz feliz del verso crudo,
-
también adoro al hombre que desnudo
-
nada en el río con latido abierto.
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También sé que me adoras y lo advierto
- en
tu insondable carne que, a menudo,
-
está tumbada sobre el pasto mudo
-
viendo nadar mi cuerpo descubierto.
-
- ¡Oh
compañero, abrasa mi locura,
- yo
abrazo tus caderas y cintura
-
que, libres, sin cesar, como cualquiera,
-
- se
entregan al placer desenfrenadas.
- Oh
amante de robustos camaradas,
-
también yo te amo a ti, como a
cualquiera.
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- CANTO PERFECTO
-
a Raúl Contreras
-
- Cuando oíste la voz de la
señora
- de sombras, sin palabras, ¿qué
dijiste?
- ¿Del alba qué remanso
perseguiste
- en el paso veloz que se
demora?
-
- ¿Qué señal de partida fue la
aurora?
- Tu luz de estrella, sin abrir,
abriste.
- De tu nieve encendidas brasas
viste
- en brazos de la amiga
segadora.
-
- La amiga que vigila en la
ventana
- y nuestro nombre gritará
mañana.
- El pulso eterno que te abrió
la puerta
-
- y en sus grietas la luz veo
filtrada.
- Canto perfecto de la voz
cerrada,
- yo soy aún el de la voz
abierta.
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OTRO SONETO
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- Decir tu nombre en este llano
verso
- sería dar el nombre del
sentido.
- Hacerlo en el tercero es muy
adverso,
- pues todo ya estaría
cometido.
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- Ni quiero verme en grande lío
inmerso
- si en el sexto dijera lo
prohibido.
- Por más que de esta voz
busque reverso,
- acabo otro cuarteto a lo
debido.
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- Y no es que busque freno para
el canto,
- pero acaso yo busco ser
discreto,
- y esta voz te publica a todo
encanto.
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- En doce versos nada es ya
secreto
- para tus ojos que me ocupan
tanto;
- y qué más
da, te tengo otro soneto.
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