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- Terminado el poema
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- En principio,
- Como más fácilmente engañables.
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- Los simples poco esperan, lo mismo,
- Y lo reciben y cuidan intuyendo
- Vagamente que Dios impele los sonidos
- Y a la vez alerta,
- Y los sofisticados
- Analizan, examinan, consultan
- Espejos en lugar de entregarse
- A lo que provoca una sensación,
- O al dolor que provoca un goce,
- Y elaboran abstracciones, jamás
- Reconocerían por el contacto físico con algo
- El conocimiento del género de ese algo.
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- Mientras los simples,
- Actores natos, espontáneos,
- Se identifican con lo que se les pide,
- Los sofisticados no vacilan
- En concluir que carne y hueso
- Sólo cuentan en la mente,
- Ilusorios contornos.
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- Sin discutirlo, unos
- Pretenden que todo corresponde
- A un tiempo, pertenece a un sitio,
- Y otros fluctúan, escépticos,
- Del pensamiento al vacío:
- Y así,
- Cuando el simple Boom aferra un cuchillo
- Meramente está aferrando un cuchillo,
- En tanto que al sofisticado Dedalus
- Su tacto no le sirve, no mantiene
- Presente sino la idea de cuchillo
- Y se excita más por lo que le transmite
- (Incesantes sacrilegios, césares inmolados),
- Que por puntas y filos de acero
- En manos de Bloom.
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- Simples se saborean,
- Sofisticados que envilecen
- Adoptando la cosa como idea
- Y la idea como cosa.
- ©Alberto Girri
- De: Diario de un libro, 1972.
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- De la vida doméstica
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- Quien,
- Tras apelar a la estricnina
- La deshecha por temible
- Arma de doble filo, exterminadora
- De roedores pero también
- De compañeros del hogar,
- Útiles presencias,
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- Y quien sueña
- Rehabilitar a los gatos,
- Devolverles su anárquica
- Ferocidad, aletargada
- Bajo blandas manos,
- Asépticas comidas.
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- Quien,
- Adquiriendo versación en drogas
- Que provocan derrames internos,
- Asegura la mortalidad
- De varias generaciones,
- Hasta que ve agotar su eficacia, drogas
- Que pasan a la condición de estimulantes
- Del apetito de las grandes ratas,
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- Y quien,
- Inocente o descabellado,
- Predica sustituir los gatos
- Por serpientes, mangostas,
- Y es pagado con irrisión, el fracaso
- De que nadie se pliegue a convivir
- En bodegas, sótanos, graneros,
- Con tan peculiares cazadores.
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- Y quien,
- Enciende el estupor, aterroriza,
- Con la precisión de sus cálculos,
- Anunciando que cada rata, imperturbable
- Dueña de la vida como propósito
- Que ninguna intimidación aplacaría,
- Sigue afanada a extraer de sí
- Doce crías anuales,
- A razón de diez
- Ratitas por camada.
- ©Alberto Girri,
- De: Poesía de observación, 1973
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- Poesía de observación
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- En los viejos de Yeats,
- Asistiendo a un acumularse
- De experiencia e historia
- Que impreca con doctos
- Y respetables harapos,
- Informes ruinas eruditas,
- La sagrada Bizancio
- Como urbe hostil a viejos,
- Y el persistente rencor
- Hacia la vida, que agravia
- Por acabar siempre pagando
- Con moneda de desgracia,
- Soledad, separación,
- Y la fácil, trivial conjetura,
- De que la indignidad de la vejez
- Fue más llevadera
- En siglos distantes.
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- Y cuando,
- Vanamente, por las plazas,
- Quisiéramos reconocerlos
- Entre el anónimo, ininterrumpido
- Tremolar en los bancos,
- No nos parecen de Yeats
- Esos ancianos que nada
- Comentarían si Catulo pasara por allí,
- Mientras balbucean sus crueles
- Datos, para encuestas:
- “¿De qué sirvo ahora? Mis hijos
- Apenas si vienen a verme una vez al año.
- ¿De qué sirve un viejo?”
- ©Alberto Girri,
- De: Poesía de observación, 1973
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- Lector hipócrita
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- Por sorpresa
- Te asomará ese estado de atención
- Propicio para empezar a darte cuenta
- De que nada de lo que te toca pudo
- Enseñársete fuera de las páginas,
- O haberte sido dejado en herencia.
- Fraterno legado.
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- Ten paciencia, por sorpresa,
- Aquí y allá, cuando tu cara
- Enrojezca de vergüenza, de sentirse
- Contempladora de dramas, ajena éxodos,
- Crucifixiones, hégiras,
- Y cuando vaciles,
desconcertado,
- Deslizándote por el conflicto de Pascal
- Entre corazón y mente
- (Finesse y géométrie),
- o sufras
- De algo similar al vértico
- Que ante el vacío despidieron
- Las postreras tentativas de Mallarmé,
- El último Mallarmé, su conciencia
- De apostar, inspirarse, atreverse,
- Con objetos inaccesibles.
- ©Alberto Girri,
- De: Epigramática.
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- Paisaje nocturno
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- Hasta los tejados llegan
- Los gritos del guardián de los furiosos,
- Él también aterrando
- Con alaridos, aunque más secos,
- Sin
contorsiones
- Como en los reclusos,
- Sin
- Los amaneramientos del terror,
- Sin
- La fantasía de calmar desahogándose,
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Anillados
- De guardián que los lanza
- Para que lo identifiquen sin dudas,
- Para complacerse en que al lanzarlos
- Se pulverizan los patios de recreo,
- Se fragmenta la unidad del hospicio, confundidos
- Con los de las ratas que en los comedores
- Chillan al desviar, eludir el filo de las palas.
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- ¡Y la entera grey
- Que como sacudida por una melopea
- Escolta y asciende,
- sigue en el guardián
- A un Cristo, ungido y salvador, conduciéndola
- Con el exasperado ritmo, caos de sílabas
- Hacia redentoras mutaciones,
- Hacia un orden sin lunáticos!
- ©Alberto Girri
- De: Quien habla no está muerto,
1975
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- Quien habla no está muerto
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- Un curioso se interesa por la frase,
- Literalmente
- Vertida del alemán, un verso.
- La aparta, la
despliega
- Sobre la mesa, bien manifiesta, intuyendo
- Al margen de su obviedad el ánimo
- De sustentar lo que se quiera
- En cualquier circunstancia, aseverar
- Monólogos o diálogos,
- Desmentirlos;
- Fácil de ser memorizada
- Como tersa y metálica variante
- Del bíblico “Tienen la boca más no hablan”.
- No le dura casi. De improviso
- Es como golpeado, despertado,
- La vecindad de otra lectura
- Previniéndole que no existen
- Verdades objetivas,
- Y que si así no fuera
- ¿cómo,legitimarlas, a través de qué?;
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- y su inicial devoción, sumisión
- A la frase, se tambalea,
- Vacila hasta desleírse,
- Escudriñándola de nuevo, extrañado,
- Como un inquisidor, ensombrecido,
- Recriminándole no haberle hecho entender
- Que su corteza, irrefutable en lo exterior,
- Tiene tan descorazonadores límites
- (No,
- “Quien habla no está muerto”,
- Sino,
- “Quien habla probablemente no está muerto”;
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- y desazonado, indispuesto
- Consigo mismo, a sí mismo
- Puesto bajo la acusación
- De quimérico, crédulo,
- De culpable ligereza
- En entregarse a deducir
- Que lo evidente es verdadero.
- ©Alberto Girri
- De: Quien habla no está muerto,
1975
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