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- Recuerdos
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- Mares nacientes
- recorridos de espuma
- horizontes broncíneos surcados
- por veleros de plumas,
- risotadas de niños,
- ¡Deliciosos sonidos!…
- atrapados por siempre
- en el ritmo cadente de un verso
florido.
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- Marejadas nacientes,
- pasadizos de bruma
- avenida de almendros dorados,
- olorosa campiña madura
- ¡Territorios salados!…
- elevadas piscuchas,
- archivados por siempre
- en un verso guardado de sales y
frutas.
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- A mi abuelo
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- Desde luego que ya nadie te
recuerda
- como yo lo hago,
- aunque hayan caminado contigo
- mil desiertos de penumbra
agonizante
- y aunque ahora griten orgullosos
- a los cuatro vientos
- los nocturnos episodios
- en los que te internaste
- en campo abierto, franja abierta,
- claro abierto,
- para rescatar a campesinos caídos
- en combate.
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- Desde luego que ya nadie te
recuerda
- como yo lo hago,
- aunque hayan plantado contigo
- un portal de matutinas rosas
- en la silvestre morada del alba
- aunque hayan bailado mil noches
- con el ritmo cadente de tu vieja
guitarra
- y aunque hayan probado los ricos
maizales
- emergiendo en la vereda azul
- de tus manos anchas.
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- Desde luego que ya nadie te
recuerda
- como yo lo hago,
- las edades no importan
- la contabilidad mundana de los
días
- no basta,
- pues contigo conocí, por primera
vez,
- los antiquísimos túneles del
tiempo,
- en cuyas paredes vibraban
- los misteriosos cantos
- de los vivos
- y los muertos.
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- TÚNELES DE GUERRA
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- He
recibido desde lo alto del cielo
- desde el retumbo del llano
- desde los tórax partidos,
- desde el rojo amanecer
- de horizontes incendiados,
- desde los pasos perdidos,
- perdidos en la búsqueda
- de un refugio cercano,
- desde el amargo llanto de un niño
- quien pregunta por un padre
- que jamás cruzará nuevamente los
umbrales
- de su rústico patio,
- desde el sofisticado Dragón “F”
- que escandalosamente surca los
cielos
- para vomitarnos su odio
milenario,
- y desde todos los clamores
confusos
- que resuenan allá afuera
- en furiosa y cruel desbandada de
espanto
- recibo disparos
- recibo ronquidos
- recibo finalmente, una
felicitación de cumpleaños
- un amargo y doloroso cumpleaños,
- en la primera ofensiva guerrera
- de mil novecientos ochenta y uno.
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- No, por favor (1985)
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- Dedicado a una maestra que no
comprendía
- la experiencia de vivir los
horrores de la guerra
- No, por favor, ¡no me hablen de
patria!
- Yo no quiero una patria de
sangrientas fábricas,
- resplandores decadentes o
fronterizos ríos
- injustamente masacrados.
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- No me deleiten con himnos
- mientras un millar de huesos
- entonan con horror un negro canto
- desde el clandestino espacio
- de terrenos y playones olvidados.
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- Ni se atrevan tampoco a
prometerme
- la llegada de un mañana
- con brillantes soles torturados,
- ni la seguridad perfecta
- custodiada por la brigada
angelical
- que ha gritado la consigna
escalofriante
- por cientos de calles y colonias
anegadas
- por el llanto.
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- No, por favor, no me hablen de
patria.
- Yo no quiero una patria de
ladrones y
- abusivos traficantes
- quienes a punta de fusiles y
granadas
- se han robado nuestra infancia,
- hasta dejarnos
confundidos en la siniestra
- cotidianidad
- de una vida fragmentada.
- ¡Ay, generación de infantes!
- ¡Generación perdida, atrincherada
en las
- tinieblas de una ráfaga!
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- No, por favor, no me hables de
patria,
- pero si quieres que renueve el
cielo,
- el intenso azul marino, el gorro
frigio
- y las montañas
- repara y limpia de una vez,
- en tu discurso,
- tus ridículas falacias.
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- VERSOS DEL MAR
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- Sueño
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- Algunas veces sueño
- que una fresca lluvia de rocío,
- cual un beso dulce y frío,
- me desnuda la boca
- y solo entonces, desemboca
- tu secreto caudal marino
- te sumerges en el cieno de mi
arena
- y amanezco anegada en el voraz
- oleaje de tu aliento,
- macerado en el olor salobre de un
hechizo,
- conjurado en la oscuridad
- secreta de tu cuerpo,
- tan cercano al mío,
- que cada amanecer tristemente
seco,
- te remontas, navegante
intempestivo,
- sobre tu barca lunar más remota.
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- Reencarnación
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- Has emergido desde el fondo del
abismo
- para darme el secreto lunar
- de nocturnas humedades
- tus cristales de sal
- desmigajan mi arena
- y nos tornamos pececillos de luz
- tornasolados seres naufragando
- en el azul profundo
- de un aliento confundido,
- en el remolino dulce
- de sudores primitivos,
- en la desembocadura tibia,
- de antiguos sueños reprimidos,
- y reencarnamos frente a frente,
- elevando nuestras ansias
- amotinándonos en la espera
- remontando en corrientes
-
- –Antidiluvial estrecho de
silencios y quimeras-
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- Reconociendo nuestros cuerpos
- traslúcidos de tanto amar
- sobre votivos restos de alabastro
- y flotantes trozos de madera,
- desafiando las bitácoras,
- conjurándonos en la espera,
- sin peligros nocturnales,
- sin minúsculas peceras,
- sin temor a leviatanes,
- sin timón,
- sin red,
- sin lámparas,
- sin tregua.
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- Tesoros
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- Tengo muchas cosas para darte
- la ancestral llama
- de mis volcanes primitivos,
- la tibieza de mis manos
- surcadoras del palpitante sueño
adormecido,
- un camino abierto a mis auroras
corporales,
- sin la fragilidad amarga de mis
túneles crepusculares,
- un calendario vivo para que lo
llenes
- con los días más aciagos de tu
octubre
- o con la desbandada sed
- de turbulencias instintuales,
- un antiguo canto conjurador
- de terrible leviatanes,
- y un umbral secreto
- para que construyamos juntos
- la versión apasionada
- imprecisa y siempre nueva
- de infinitas realidades.
- Pero en los volcanes primitivos,
- en la tibieza de mis manos,
- en el calendario vivo,
- en el antiquísimo canto,
- en el umbral secreto
- y en la oscuridad perpetua
- de mis tesoros milenarios
- me hace falta la lámpara de
aceite
- la vital energía volcánica
- a quien llamo: Tú…
- Entonces
- No
- Tengo
- Nada…
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- Mi hijo
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- Te regalo mi bitácora
- de laberintos y renacimientos
- para que no desconozcas las
huellas
- que antiguamente he transitado,
- te regalo el ritmo más tierno de
mis versos
- que se ponen de puntitas
- para arrullar tus oídos en cada
madrugada,
- te regalo las horas más intensas
y desenfadadas
- de mi horario,
- mi capacidad elástica para
arrastrarme
- como juguetito nuevo
- en el piso donde guardas
- tus triciclos,
- la fortaleza de mi cuerpo
- para sembrar la tierra donde
anidarán tus sueños,
- y las aguerridas armas que
escondo
- para acribillar a los dragones
grises
- que se cuelan a través del
agujero abierto.
- Pero sobre todo, una guarida
cálida
- en este loco y
- silvestre
- corazón.
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