Abigail Guerrero

 

Antología poética

 
 
Recuerdos
 
Mares nacientes
recorridos de espuma
horizontes broncíneos surcados
por veleros de plumas,
risotadas de niños,
¡Deliciosos sonidos!…
atrapados por siempre
en el ritmo cadente de un verso florido.
 
Marejadas nacientes,
pasadizos de bruma
avenida de almendros dorados,
olorosa campiña madura
¡Territorios salados!…
elevadas piscuchas,
archivados por siempre
en un verso guardado de sales y frutas.
 
 
 
A mi abuelo
 
Desde luego que ya nadie te recuerda
como yo lo hago,
aunque hayan caminado contigo
mil desiertos de penumbra agonizante
y aunque ahora griten orgullosos
a los cuatro vientos
los nocturnos episodios
en los que te internaste
en campo abierto, franja abierta,
claro abierto,
para rescatar a campesinos caídos
en combate.
 
Desde luego que ya nadie te recuerda
como yo lo hago,
aunque hayan plantado contigo
un portal de matutinas rosas
en la silvestre morada del alba
aunque hayan bailado mil noches
con el ritmo cadente de tu vieja guitarra
y aunque hayan probado los ricos maizales
emergiendo en la vereda azul
de tus manos anchas.
 
Desde luego que ya nadie te recuerda
como yo lo hago,
las edades no importan
la contabilidad mundana de los días
no basta,
pues contigo conocí, por primera vez,
los antiquísimos túneles del tiempo,
en cuyas paredes vibraban
los misteriosos cantos
de los vivos
y los muertos.
 
 
 
TÚNELES DE GUERRA
 
He recibido desde lo alto del cielo
desde el retumbo del llano
desde los tórax partidos,
desde el rojo amanecer
de horizontes incendiados,
desde los pasos perdidos,
perdidos en la búsqueda
de un refugio cercano,
desde el amargo llanto de un niño
quien pregunta por un padre
que jamás cruzará nuevamente los umbrales
de su rústico patio,
desde el sofisticado Dragón “F”
que escandalosamente surca los cielos
para vomitarnos su odio milenario,
y desde todos los clamores confusos
que resuenan allá afuera
en furiosa y cruel desbandada de espanto
recibo disparos
recibo ronquidos
recibo finalmente, una felicitación de cumpleaños
un amargo y doloroso cumpleaños,
en la primera ofensiva guerrera
de mil novecientos ochenta y uno.
 
 
 
No, por favor (1985)
 
Dedicado a una maestra que no comprendía
la experiencia de vivir los horrores de la guerra
No, por favor, ¡no me hablen de patria!
Yo no quiero una patria de sangrientas fábricas,
resplandores decadentes o fronterizos ríos
injustamente masacrados.
 
No me deleiten con himnos
mientras un millar de huesos
entonan con horror un negro canto
desde el clandestino espacio
de terrenos y playones olvidados.
 
Ni se atrevan tampoco a prometerme
la llegada de un mañana
con brillantes soles torturados,
ni la seguridad perfecta
custodiada por la brigada angelical
que ha gritado la consigna escalofriante
por cientos de calles y colonias anegadas
por el llanto.
 
No, por favor, no me hablen de patria.
Yo no quiero una patria de ladrones y
abusivos traficantes
quienes a punta de fusiles y granadas
se han robado nuestra infancia,
         hasta dejarnos confundidos en la siniestra
cotidianidad
de una vida fragmentada.
¡Ay, generación de infantes!
¡Generación perdida, atrincherada en las
tinieblas de una ráfaga!
 
No, por favor, no me hables de patria,
pero si quieres que renueve el cielo,
el intenso azul marino, el gorro frigio
y las montañas
repara y limpia de una vez,
en tu discurso,
tus ridículas falacias.
 
 
 
VERSOS DEL MAR
 
Sueño
 
Algunas veces sueño
que una fresca lluvia de rocío,
cual un beso dulce y frío,
me desnuda la boca
y solo entonces, desemboca
tu secreto caudal marino
te sumerges en el cieno de mi arena
y amanezco anegada en el voraz
oleaje de tu aliento,
macerado en el olor salobre de un hechizo,
conjurado en la oscuridad
secreta de tu cuerpo,
tan cercano al mío,
que cada amanecer tristemente seco,
te remontas, navegante intempestivo,
sobre tu barca lunar más remota.
 
 
 
Reencarnación
 
Has emergido desde el fondo del abismo
para darme el secreto lunar
de nocturnas humedades
tus cristales de sal
desmigajan mi arena
y nos tornamos pececillos de luz
tornasolados seres naufragando
en el azul profundo
de un aliento confundido,
en el remolino dulce
de sudores primitivos,
en la desembocadura tibia,
de antiguos sueños reprimidos,
y reencarnamos frente a frente,
elevando nuestras ansias
amotinándonos en la espera
remontando en corrientes
 
–Antidiluvial estrecho de silencios y quimeras-
 
Reconociendo nuestros cuerpos
traslúcidos de tanto amar
sobre votivos restos de alabastro
y flotantes trozos de madera,
desafiando las bitácoras,
conjurándonos en la espera,
sin peligros nocturnales,
sin minúsculas peceras,
sin temor a leviatanes,
sin timón,
sin red,
sin lámparas,
sin tregua.
 
 
 
Tesoros
 
Tengo muchas cosas para darte
la ancestral llama
de mis volcanes primitivos,
la tibieza de mis manos
surcadoras del palpitante sueño adormecido,
un camino abierto a mis auroras corporales,
sin la fragilidad amarga de mis túneles crepusculares,
un calendario vivo para que lo llenes
con los días más aciagos de tu octubre
o con la desbandada sed
de turbulencias instintuales,
un antiguo canto conjurador
de terrible leviatanes,
y un umbral secreto
para que construyamos juntos
la versión apasionada
imprecisa y siempre nueva
de infinitas realidades.
Pero en los volcanes primitivos,
en la tibieza de mis manos,
en el calendario vivo,
en el antiquísimo canto,
en el umbral secreto
y en la oscuridad perpetua
de mis tesoros milenarios
me hace falta la lámpara de aceite
la vital energía volcánica
a quien llamo: Tú…
Entonces
No
Tengo
Nada…
 
 
 
Mi hijo
 
Te regalo mi bitácora
de laberintos y renacimientos
para que no desconozcas las huellas
que antiguamente he transitado,
te regalo el ritmo más tierno de mis versos
que se ponen de puntitas
para arrullar tus oídos en cada madrugada,
te regalo las horas más intensas y desenfadadas
de mi horario,
mi capacidad elástica para arrastrarme
como juguetito nuevo
en el piso donde guardas
tus triciclos,
la fortaleza de mi cuerpo
para sembrar la tierra donde anidarán tus sueños,
y las aguerridas armas que escondo
para acribillar a los dragones grises
que se cuelan a través del agujero abierto.
Pero sobre todo, una guarida cálida
en este loco y
silvestre
corazón.

 

 
 

Copyrigh© todos los derechos reservados por el autor